LAS RESURRECCIONES MÁGICAS (REPORTAJE DE LA VERDAD DE MURCIA)

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Fuente: http://www.laverdad.es/murcia/cartagena/201507/08/resurrecciones-magicas-20150708010203-v.html

José Ortega Ortega es autor de tres novelas, productor de tres películas y director de documentales, además abogado de profesión

Conocí a José Ortega Ortega durante las sesiones del I Congreso Etnográfico del Campo de Cartagena pues fue uno de sus ponentes, fascinando al auditorio congregado allí por su brillante oratoria y sus grandes conocimientos en historia y antropología. Sabio, cercano y afectuoso. Hablamos de un cartagenero que ahora vive por tierras valencianas, licenciado en Historia Antigua y Arqueología, autor de tres novelas, productor de tres películas y director de documentales, además abogado de profesión que lleva a gala la defensa de los derechos civiles de los más débiles frente a los poderosos. Denunció la Ley de Costas española, consiguiendo del Parlamento Europeo una declaración contra la misma.Desde siempre se sintió fascinado por la mitología antigua y las enseñanzas que de ella se derivan para el hombre actual, concretamente la epopeya de Gilgamesh, un mito sumerio que se considera la primera obra literaria escrita por el hombre. Gilgamesh, rey de la ciudad de Uruk, que dará nombre a Irak, aunque no existe evidencia clara de su existencia histórica. De haber existido vivió en el siglo XXVII antes de Cristo.

Este monarca, conmovido por la muerte de un amigo inicia un largo viaje en busca de la inmortalidad que descubre que reside en una planta, la consigue, pero una serpiente se la roba y finalmente muere. Un tema eterno, el deseo humano de la inmortalidad que aborda el cristianismo pero que anteriormente lo hicieron otras religiones del Mediterráneo, cuna de dioses. En los rasgos de Jesucristo hallamos los del egipcio Osiris, según el propio Ortega estos procederían de un cuento narrado en los albores del Neolítico.

José Ortega siempre se sintió fascinado por la mitología antigua y las enseñanzas que destila

Canibalismo y resurrección

La Universidad de Murcia editó su libro ‘La resurrección mágica y otros temas de los cuentos populares del Campo de Cartagena’ (1992), una colección de cuentos de tradición oral que consiguió rescatar del olvido mediante unas encuestas conteniendo cincuenta preguntas, entregadas a los directores de colegios de nuestra comarca para que los profesores distribuyeran entre los alumnos, quienes debían entrevistar a sus padres y abuelos. Un hermoso trabajo llevado a cabo entre el otoño de 1980 y el invierno de 1981. Ya constataba en aquellos años que muchos relatos se presentaban incompletos, fragmentos o resúmenes de una narración antaño más completa y rica.
Dentro de la tipología del cuento maravilloso, minoritario en el repertorio del cuento tradicional de la zona, donde preferimos argumentos más realistas y cotidianos, encontramos cuentos que tienen en común el festín caníbal, la desmembración y la resurrección mágica. Uno de ellos es el de Periquitico y Periquitica, dos hermanos que sufrían a su mala madrastra, quien un día ordenó a la niña que fuera al bosque, mientras tanto cogió a Periquitico y lo metió en el puchero para guisarlo. El padre preguntó por el chaval pero la pérfida señora contestó que no lo había visto en todo el día, aunque su hermana descubrió que estaba en la olla. Todos comieron menos Periquitica, que salió a la calle al tiempo que pasaba una anciana, quien apreció la tristeza de la niña. Ella le confió su terrible secreto a la vieja, aconsejándole que cogiese todos los huesesicos del hermano, los subiera al tejado conformando el cuerpo con la garantía que al día siguiente el Señor le ayudaría a volver a vivir. Así ocurrió, Periquitico resucitó con un montón de caramelos. Tanto el padre como la madrastra le pidieron pero él solo los compartió con su hermana debido al mal comportamiento de los adultos.
Existen relatos similares en otros puntos de la geografía hispánica y del planeta, como en Rusia. Llama la atención que no aparezca expresada claramente la razón del acto caníbal, aunque Pepe Ortega advierte que en otros cuentos similares aparecen motivos aparentemente triviales como haber vendido una berza que el padre reservaba para la cena familiar de Nochebuena. El caso es que desobedece la orden o el tabú, por ello el padre matará al hijo y cocinará la asadura, así lo cuentan en Palencia.
Los Siete Cabritillos
Otra variante de resurrección mágica es el cuento de los Siete Cabritillos, que a semejanza de Caperucita, los protagonistas son devorados por el lobo, extraídos del estómago del depredador con ayuda de leñadores y sustituidos por una piedra. Unos leñadores buscaron al lobo que estaba durmiendo tras la comilona, lo rajaron, sacaron vivos a los cabritillos, le metieron piedras y lo cosieron. Cuando despertó sufría una gran sed, trató de beber agua en un río (o en un pozo) pero el sobrepeso ocasionado por las piedras hizo que cayera al agua y se ahogara. Guarda relación con mitos de culturas antiguas como hititas o griegas, recordemos como el dios Cronos, a quien se le profetizó que uno de sus hijos lo derrocaría, decidió comerse a toda su prole habida con su esposa-hermana Rea, pero cuando nació Zeus la madre entregó una piedra envuelta en pañales para que se la tragase creyendo que era su retoño. Zeus vivirá, disponiendo más tarde que le diesen a su padre un bebedizo para que expulsara la piedra y con ella salieron vivos todos los hijos, como ocurrió con los cabritillos: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón.
Todas estas narraciones, como si fuesen excavaciones arqueológicas, en opinión de Ortega, conducen a prácticas mágicas prehistóricas y al mundo de los chamanes, quienes realizaban ejercicios de concentración despojándose de la carne y de la sangre, de tal modo que queden solamente sus huesos para alcanzar un alto grado de perfección espiritual que les llevaba a resistir mejor el frío, el viento, el paso de los días.

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EL JINETE FANTASMA.

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CONTRIBUCION AL ESTUDIO DEL MOTIVO FUNERARIO IBERICO LLAMADO “HEROIZACION ECUESTRE” DESDE UN PUNTO DE VISTA ANTROPOLOGICO.

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Articulo escrito para la revista VERDOLAY, del Museo Arqueológico de Murcia, que no llegó a ser publicado porque se perdió en el correo (postal).

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1. EL REINO LEJANO

Los cuentos populares, al describir el viaje al mundo mágico -que representa simbólicamente el más allá- ponen mucho énfasis en su lenjanía. El cuento ruso dice que el héroe habrá de ir “al borde del mundo, al más lejano de los países”, sin refe­rirse nunca al más allá como tal excepto en algunas excep­ciones en las que bien por ser el interlocutor el mismo dia­blo, bien por afirmarlo el cuento, explícitamente se nos informa de que el fin del viaje es el reino de los muertos

Quizá el símbolo más universal y próspero de la puesta en viaje sea el calzado. A menudo la lejania se expresa en el cuento a través de frases como “tendrás que buscarme hasta gastar siete pares de zapatos de hierro”, o bien “debe ser muy lejos, porque dice mi madre que hay que romper unos zapatos de hierro para llegar allí” . En un cuento ruso, la heroina “encargó que le forjaran tres pares de zapatos, tres caya­dos tres bonetes… todo de hierro”. En este último caso, el deterioro del calzado indica la dureza del viaje y la leja­nía del reino: “los zapatos estaban ya dest­rozados, el bonete lleno de agujeros, el cayado desgas­tado… En un cuento de los indios norteamericanos, dice el viajero: “debo partir para un largo viaje. Te ruego que me hagas algunos mocasi­nes”. Por esta vía, el calzado espe­cial se convierte en un símbolo del viaje al más allá, y la Arqueología confirmma este dato, porque el calzado votivo está también documentado en el ritual funera­rio: En una tumba micénica del siglo XIII a JC apareció un par botas que sin duda tenían este significado de “puesta en viaje”. Estaban pintadas con unos motivos que pueden ser alas. En opinión de E. Ver­meule, la forma de puntera alzada que presentan estas botas es de origen hitita, y los dioses hititas presentan general­mente pies ala­dos, como los de Hermes psicopompo. Y cita el mensaje al dios men­sajero hitita Imbaluris: “coge la vara en la mano y ponte ágiles zapatos en tus (pí­es).

Hermes psicopompo aparece a veces, no sólo con sus sandalias aladas, sino también con este tipo de calzado de punta curva­da. Así podemos verlo en la decoración de algunos vasos. Pode­mos seguir la pista del calzado como simbolo del viaje al reino de los muertos hasta el extremo de que más tarde, en el sur de Ita­lia, todo un sarcó­fago está he­cho en la forma de un za­pato

El difunto griego era representado a veces via­ndo al más allá en un carro tirado por un grifo, pero esto no fue óbice para que el símbolo del pe­regri­no, posiblemente el más primi­tivo, fuera el simple cami­nar y, por tanto, el cal­za­do, como parece haber suce­dido también entre los vikin­gos a pesar de su viaje al más allá oceánico a bordo de un barco.

También en la Edad del Bronce en España aparecen sandalias votivas depositadas en las tumbas. Así, en la gruta II de Alapraia se encontraron un par de sandalias lisas de mármol, y otras parecidas en Almizaraque, que presentaban decoración parecida a las placas de esquisto y hue­sos tallados de esta fase cultu­ral

Y como prueba de la universalidad del símbolo del viaje, también en Japón el ritual funerario shinto quiere que se dote al difunto de unos calcetines (tabi) y sanda­lias especiales (Wara­ji) de paja para su largo viaje a pie

Así, parece que el viaje del difunto, en un buen número de sistemas religiosos, no es algo retórico, sino bien real. Un camino con dificultades físicas precisas. Como vemos, un elemento característico de la puesta en viaje ha llegado a convertirse en símbolo mismo de dicho viaje, algo que también comprobaremos que sucede al caballo y a su jinete.

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2. LOS CAMINOS SECRETOS Y EL ESPIRITU PSICOPOMPO

La mayoría de las culturas primitivas creen que el difunto debe emprender un viaje y lo han preparado a tal fin. El ritual funerario a veces es expresivo y muchos de sus actos simbolizan la puesta en camino. En Japón, aparte de aquellas sandalias y calcetines especiales, se dota al difunto de un saco de pere­grino, y que con­tiene dinero para pagar al barque­ro de la muerte y todo lo que puede necesitar en su viaje (el primer rizo de pelo que se le cortó en la infan­cia, peda­zos de barba, dien­tes, cortadura de uñas, una toalla, agujas, etc.) . Así debía suceder también con el difunto egipcio, a quien se dice en un texto religioso: “Has reci­bido tu vestido-sedeb, tus sandalias, tu bastón, tu hato de ropa y tus armas…”

Del itinerario egipcio sabemos bastan­te porque en las fuen­tes está muy detallado y además porque muchos textos glorifi­can el andar del sol, y éste era práctica­mente el mismo que hacía el difunto, que seguía a Osiris en su camino a occiden­te: “Tomo la barca y navego desde el Occidente hacia el Orien­te del cielo” (Libro de los Muertos, cap. 169). No así en otros casos, donde, frente a los detalles en la descripción del más allá propiamente dicho, la descripción del viaje en sí es más bien brumosa. Lo único característico en él es la lejanía, la dureza, o sus peligros, pero no tanto sus hitos principales.

Ahora bien, que en Egipto el difunto repita el camino del sol no debe entenderse como que el viaje sea un paseo seguro por un itinerario predeterminado. Al contrario, la preocupa­ción por el camino, y por gozar de “caminos abier­tos”, es permanente: “He abierto todos los caminos que existen en el cielo y en la tierra”, dice un texto; “¡Oh, Aquel que devora su parte, depéjame el cami­no!”, dice otro, donde “el que devora su parte”, según Blázquez y Lara, es un portero. Algu­nos papiros dicen aquí “el que devora su brazo”. En fin, el difun­to ilustrado, capaz de llegar a la meta, afirma: “Conozco los caminos misteriosos y las puertas de la campiña de las Jun­cias”… y “Abreme un camino para que pase por él”.

Todas estas expresio­nes indican la ansiedad del que tiene que ponerse en camino para atravesar regiones desconoci­das y peligrosas. Así también sucede en oros relatos, como un cuento de los indios Pies Negros en que el viajero se hace esta reflexiva pregunta: “¿Dón­de queda el remoto tipi del sol? ¿cómo hallar el camino que conduce hasta él?”. También en el cuento popular el héroe anda desorientado, sin saber qué dirección debe tomar, hasta que un anciano o un animal lo encaminan, a veces, mediante determi­nado medio oracular.

Por lo tanto, los caminos que conducen al más allá son misteriosos, y el conocimento que acumuló en vida el difunto es provisional e inseguro, y podría fallar en el momento definitivo. El difunto -como el viajero del cuento- necesita entonces apoyos. Necesita un guía.

Esto conduce a la necesidad de explicarse el papel del psicopompo, que aparece tanto en el cuento como en el mito. El psicopompo puede ser un animal o un espíritu, e incluso el sacerdote que oficia los funerales. Así, en la ceremonia zen, al sacerdote oficiante se le llama indöshi porque una parte importante de su función se supone que es guiar (indö shuru) al difunto en su viaje a través del reino de los muertos, y esta función de guía de los muertos es también una de las principales del chamán en las regiones donde esta función se conoce. Otras veces el guía es un animal: así sucede habitual­mente en los cuentos populares, y en sistemas religiosos como el hinduista, donde hace de psicopompo una vaca-vaita­ran­ï. En el maz­deísmo hay un espíri­tu psico­pompo: Vohu-manö (en pehlevi Vohuman), o buen espíri­tu, llamado tam­bién Srôosha (Srôsh), una versión de Hermes psicopom­po.

En cuanto a Egipto, se conoce generalmente la función de guía atribuída a Anubis. Sin embar­go, algunos textos permiten añadir alguna otra idea útil. El difunto clama: “¡Estrella de la mañana, ábreme el camino para que vuelva a entrar en paz en el hermoso Occi­den­te!”. Parece que aquí hubiera una alusión a Venus, que en nuestra propia cultura es llamada indiferente­mente “estrella de la mañana” o “estrella de la tarde”. La apelación estaría llena de sentido, porque Venus aparece todas las tardes sobre el crepúsculo, al extremo occidental, y se hace visible una vez se pone el sol. Quet­zatcoatl, cuando se marechó de Tollán, también se transformó en Venus: “cuatro días dejó de ser visto, porque haía bajado al reino de los muertos. Allí se proveyó de flechas durante otros cuatro, y al pasar los ocho días, salió como la magna estrella el lucero”. Es decir, parece que asumió, como Ve­nus, la función de guía a los infier­nos para las almas de los muertos, lo mismo que Hermes y otros dioses.

Otras veces la literatura egipcia hace referencia difusa a seres semidivinos que cumplen la misma funcion: “He pasado por la morada del rey. El insecto-ibayt es quien me ha condu­cido a ella”.

Ahora bien, Anubis es un chacal -un cánido como el perro, el zorro y el lobo- y el cánido es, junto al caballo, el animal más frecuentemente usado como guía al más allá.

3. EL PERRO Y EL CABALLO PSICOPOMPOS

La vinculación del caballo a la muerte y al viaje infernal es tan intensa que en la tradición oral de algunos países europeos, soñar con un caballo era presagio de muerte. Que el caballo es animal psicopompo en la generalidad de las culturas del norte del Mediterráneo no es ninguna novedad, y no preten­demos detenernos a describir lo que es generalmente aceptado y se deduce tanto de las estelas que en Grecia, Etruria y España representan la despedida del difunto como un jinete, el difun­to a caballo o asociado a un caballo, tema que, como se anticipó, ha dado en llamarse “heroiza­ción ecuestre”, como del sacrificio y ente­rramiento en las tumbas de caba­llos, según ha demostrado la Arqueología.

Por otro lado, la tradición oral confirma esta idea. En los cuentos populares europeos muy a menudo es el caballo el que traslada al héroe a su destino. Y no solo eso, sino, mucho más importante, le auxilia y aconseja en todo momento qué es lo que tiene que hacer. El caballo no es una simple plataforma móvil, sino un auténtico guía, un experto sin cuya ayuda el heroe nunca podría haber pasado con éxito los trances de su viaje y llegado al reino encantado. Intentaremos demostrar a qué obedece esta sabiduría del caballo.

Podríamos provisionalmente recordar que a veces el difunto griego va al más allá en un carro y, sobre todo, los bronces centroeuropeos con representaciones del carro del sol tirado por caballos, llamados con razón “caballos solares”. Así, el famoso “carro del sol de Trundholm”, en Dinamarca, del Bronce Antiguo (1300 a JC). Estos carros tienen además soporte míti­co: “Hicieron que Sól condujera a los caballos uncidos al carro del sol, que los dioses habían construído para alumbrar al mundo con las ascuas despedidas por Mús­pellsheim. Esos caballos se llaman así: Alsvithr y Arvakr”.

Desde luego, que el caballo lleve al sol explica que en el ámbito europeo el caballo sea psicompom­po, pues también ha de llevar al difunto que se identifica con el sol. Pero esto es sólo quedarse en la epidermis del proble­ma, e intentaremos ir algo más lejos.

El otro animal psicopompo por excelencia es el perro. Pero debemos desde ahora aclarar un importante punto: en esta función se alinean junto al perro otros cánidos como el chacal, el lobo y el zorro. Cuanto se diga del perro les será de aplicación a los demás, y por tanto, sugerimos abandonar desde este momento todo ánimo sentimental tendente a considerar que el perro es psicopom­po por su fidelidad al homb­re, o los sacri­ficios de perros a haber sido “los compañe­ros en vida” del difunto, o “sus valiosas posesio­nes”. La mentali­dad del forja­door de mitos y del inventor del ritual funerario está dotada de una lógica interna sorpren­den­te para nosotros y muy superior a lo que generalmente estamos dispuestos a admitir. En realidad el motivo del perro o cánido psicopompo, lo mismo que del caba­llo, es sumamente práctico.

Era ésta, entre otras, la función del chacal Anubis, pero quizá sea oportuno resaltar que en Egip­to desempeña un impor­tante papel funerario el lobo Upwaut, cuyo significativo sobrenombre es “el abridor de caminos”. De ellos ya dice Frankfort que la distinción entre Anubis y Upwaut es meramente conven­cional. El estandarte de Upwaut acompañaba al faraón en la procesión del festival Sed, y también en el festival de Osiris en Abyd­os, llamado “la gran procesión”. Se dice: “Horus de Nejen dio al rey muerto sus espíritus transfigurados (aju) los lobos”, para que le sirvie­ran.

Según Frankfort, Upwaut está emparentado con Horus y con el cielo. Es el señor de Shedshed, una protuberancia que aparece en frente de él en su estandarte, y se dice que el rey va al cielo sobre ese shedshed. También el lobo es psico­pom­po, así en los cuentos rusos. A veces se trata de un lobo blanco, lo mismo que son blancos los lebreles del Mabinogion o la conocida “cierva blanca” de las tradiciones orales. Que estos animales sean blancos indica su relación con el mundo de los espíritus, ya que éste es a menudo su color (por eso los titanes se pintaron de blanco en el trámite de seducir a Zagreo). En un cuento de los indios Pies Negros el lobo también está vinculado al cielo, lo mismo que Upwaut: “Luego el Sol le mostró la ruta más corta, que es el Camino del Lobo, la Via Láctea. El joven la siguió y pronto llegó a su tierra. El dato tiene interés porque, según vere­mos, la Vía Láctea puede muy bien ser el Hematy, el camino del cielo, el Hapy celeste por donde navega el difunto egipcio en pleno viaje.

En Egipto, todo lo que se refiere a los muertos parece tener que ver también con los perros. El epíteto “Jefe de los Occi­dentales”, según Frankfort, no es un título original de Osi­ris, sino al dios Jentiamentiu, que aparece titulado así en las inscripcio­nes más antiguas de la monarquía. Este dios se representaba también como un perro o un chacal que aparece tumbado, y a veces se identifica con el mismo Anubis.

Podemos detectar la fe en el perro o el caballo conductores al más allá tanto por la mitología como por el ritual funera­rio. En Assam, en la India, los miem­bros de la tribu de los garos sacri­fican un perro y lo dejan en la tumba para que pueda conducir al alma al paraíso, lo mismo que los gonds dejan imágenes en arcilla de caballos, que debe montar el difunto hasta el cielo. En época homérica, también po­drían haberse quemado en la pira funeraria perros y caballos a juzgar por el funeral de Patro­clo. Perros y caballos, ade­más de otros animales, se han dejado también ceremonial­mente en tumbas micéni­cas.

En su viaje al más allá, los aztecas tenían que pasar nueve pruebas para cruzar los nueve infiernos. Una de estas pruebas consistía en atravesar un río muy caudaloso, el Chic­nahuapan. El difun­to podía valerse aquí de la ayuda de su animal psico­pompo, un perro de color leona­do que se sacrifica­ba y se enterraba en la misma tumba. Este perro se llama el Xo­loitzcuintli. Según unas ver­sio­nes, el difunto cruzaba el río aferrándo­se a su cola, como quizá hacía el hindú con la vaca-guía que también se enterraba en su tumba.

Xolotl significaba en lengua náhuatl “perro” y “gemelo”. Xolotl era el doble de Quetzalcoatl, a quien había acompa­ñado en su descenso a los infiernos. Representaba la parte inma­terial del hombre, lo mismo que se ha dicho que el caballo representa al difunto o a su alma.

Los animales fantasticos que anuncian la muerte en Galicia suelen ser también cánidos. Como dice V. Risco, se trata a menudo de un perro, un lobo o un zorro. A veces se trata de un perro blanco o un lobo blanco que se aparecen en las encru­cijadas. Tamnbién anuncia la muerte un zorro mítico: la rapo­si­ña de Morás. En el mismo sentido, Perséfone aparece como una perra negra, y, según el folklore del norte de Italia y de Suiza, algunos elfos llamados servan pueden aparecer en forma de perro. Como Perséfone, también las brujas, en el folklore tradicional de Baleares, pueden aparecer como perras negras
De paso diremos que también los animales que son cazados por los cánidos son psicopompos. Citemos como breve ejemplo las figuraciones de ciervos, jabalíes y conejos característicos de las urnas ibéricas de incineración (donde también aparecen jinetes), o colgantes en forma que recuerda la de un conejo que aparecen en la necrópolis eneolítica de Murviedro y conservados en el Museo Arqueológico de Murcia.

Ahora bien, una vez constatamos estos hechos, que muy bien podríamos calificar del contexto simbólico del asunto que estamos tratando, es oportuno preguntarse por qué tanto el caballo como el perro, y de paso las piezas de caza, son animales psicopompos.

El perro ha pasado aquí más desapercibido que el caballo, sobre el que los especis­listas han volcado sus estudios, llegando, sin embargo, a conclusiones poco expresivas. Sólo sabemos que se ha acuña­do el ya aludido término técnico de “heroización ecuestre”. Pero que el difunto haya sido “heroizado” sólo significa que ha muerto, por lo que la expre­sion es un tanto tautológica y parece además carente de contenido. Otras conclusiones de los espe­cialistas no añaden demasiado. Así, segun Benoit “el caballo juega un papel sagrado en relación con la heroización ecues­tre”, y Blázquez dice que “esta tesis es perfectamente admisi­ble”.

Otras hipótesis sobre la “heroización ecuestre” son perfec­tamente erráticas. Así, Blázquez cita las opiniones de Romero de Torres, que sugería que el caballo es una alusión a la condición del muerto, que pertene­cería al orden ecuestre, y a Diego de Santos, quien afirma que el caba­llo atado a un árbol es una prueba de su carácter de “protector de la tumba”.

Por este camino sólo hemos consegui­do esclare­cer, gracias a F. Cumont, que a veces el caballo que aparece solitario en las este­las representó inicialmente el caballo mítico que tira del carro del sol, y más tarde simbo­liza al difunto mismo. Esta idea nos parece acertada y posible­mente surgida de un proce­so de intelec­tuali­za­ción y abstrac­ción creciente respecto a los motivos originales. Cumont afirma además esta susti­tución del difunto por el caballo como fenómeno generalizado en el ámbito mediterrá­neo amplio. El creciente simbolismo sería parecido, según creemos, al proceso según el cual el lobo Upwaut llega a identificarse con el rey muerto en algunos textos de las pirámdies. En los dos casos el animal psicopompo represen­ta y se con­funde con el difunto, pero no nos interesa demasia­do este dato, más propio de la Historia del Arte, sino el motivo por el que el caballo y el perro llegaron a ser psico­pompos y de qué forma cumplen su función.

Al parecer no ha sabido verse hasta ahora que el motivo del difunto a caballo, y del mismo caballo y perro psicopom­pos procede del tema de la cacería salvaje. Es fácil verlo si adver­timos que, en los cuentos populares, a menudo el héroe va en busca de aventuras a caballo y acompañado por un perro, y que en Grecia aparecen escenas de despedida del difunto a caba­llo y a veces junto al caballo aguarda un ciervo y unos pe­rros. En la cerámica ibérica de incineración, por otro lado, el tema de la caza aparece con claridad y abundancia.

Es evidente que este equipo, caballo y perro, que se usa para marchar al reino mágico, es el mismo que se utiliza para ir de caza. Se conoce la caza como tema funera­rio, pues tam­bién abunda en las estelas de este carácter, pero hasta ahora esto al parecer no había sabido explicarse, e incluso los especia­lis­tas, en lugar de asociar los dos motivos, los contraponen, como José María Blazquez, cuando comenta el hallazgo de un carrito votivo de Mérida, si bien en otras partes los rela­ciona, como al hablar de caballos de terracota encon­trados en tumbas en general, de los que dice que podrian tener relación con el tema de la caza, “frecuente­mente asocia­do al tema fune­rario en España.”

Por tanto, el siguiente paso será explicar algo más porme­nori­zadamente en qué consiste el tema de la cacería salvaje.
5. LA CACERIA SALVAJE

La caza como motivo funerario, según se acaba de decir, es tema habitual de las estelas de esta índole, con o sin caba­llos. Así, en una estela de Lara de los Infantes que se con­serva en el Museo de Burgos, se ve a un jinete armado de lanza que persi­gue a un jabalí ayudado de otro hombre a pie con escudo y espada. Más abajo aparece una especie de altar con dos palme­ras en los extremos. J. M. Blázquez estima que estamos ante un tema de caza con carácter funerarrio, y por los proto­nos de caballo que aparecen se indicaría “que el difunto está heroi­zado y forma parte ya del otro mundo”.

En los siglos XIV y XIII a JC en la Creta Minoi­ca y en Grecia se vuelve cada vez más hacia temas cinegé­ticos en un contexto funerario, y el motivo se encontraba ya vinculado a la muerte en Grecia continental desde las época de las tumbas de pozo en adelan­te. Con la ocu­pación micénica empezaron a aparecer los
temas en los sarcógagos pinta­dos: anima­les salva­jes, toros cier­vos y cabras, a los que un cazador alan­cea. Es­tos moti­vos cinegéticos no son un puro ador­no. Segu­ra­mente alu­den al tema de la lla­mada “cace­ría salva­je”.

Los arqueólogos identifican estas escenas como de cariz funerario pero sólo a causa del contexto en que se encuentran. En realidad en el tema de la caza no se ve por sí nada que señale al otro mundo, excepto quizá cuando la pieza es un jabalí, ya que éste es generalmente aceptado como símbolo infernal.

Pero que la cacería salvaje en su conjunto sea un motivo funerario está demostrado por la tradición oral y la mitología comparada, donde el cazador que persigue a ciertas piezas acaba llegando al reino de los muertos. Se trata de un tema muy extendido entre los pueblos cazado­res, y así, algunos pueblos finougrios dicen que la vía láctea es el rastro de la caza que persigue el caza­dor en la cace­ría salvaje o la huella de sus esquíes. La referencia a la Vía Láctea es intere­sante porque a veces el psicopompo-depredador es el lobo, y en algunas partes se la llama precisamente “el camino del lobo”.

La caza como modo de penetrar en el más allá aparece de forma elíptica en algunos cuentos. Así en uno de la recopila­ción de Espinosa, el héroe avista un castillo y pregunta:

“Oye ¿qué es aquello que hay allí?
El Castillo de Irás y no Volverás. Y no se te ocurra nunca ir por allí, porque no vuelves.
Pues tengo que ir un día de caza.
Pues todo el que va se queda allí.

Que este castillo es el más allá lo sugiere su propio nom­bre. Que el héroe pretenda ir de caza a este castillo sería una incongruencia, pues los animales salvajes no viven en los castillos, excepto cuando éste es el palacio del reino de los muertos, como intentaremos demostrar. En cuanto a este frag­mento, presenta rasgos de que en su origen el héroe llegó efectivamente al castillo persiguiendo una pieza de caza, como sucede en algunas leyendas medievales.

Parece que el motivo está muy extendido y es común a muchos pueblos cazadores. En el mito de los indios amazónicos mundu­rucu que explica el origen del mundo, se dice que un ser divino, el compañero del Crea­dor, llegó al mundo subterráneo persiguiendo a un tarú. Entre los pueblos de los urales se conoce el motivo de la caceria del Gran Ciervo mágico del reino mágico. Un cazador persigue a un gran ciervo que huye al cielo, y los mitos de esta zona especifican que los animales huían primitivamente con facilidad prodigiosa porque tenían seis patas, hasta que un personaje divino les quebró las suple­mentarias. A esta estirpe de primitivos animales de seis patas debió pertenecer el caballo de seis patas Sleipnir, el veloz caballo psicopompo de Odín.

Otras veces, entre los finohugrios, sucede que el ciervo se transforma en una muchacha encantada de deslumbrante belleza y que sólo puede recobrar su forma humana casándose con un ser humano. Esto no es más que un juego de imágenes, pues perse­guir el ciervo hasta el más allá no es más que un modo de llegar a la princesa que allí vive.

Del mismo modo hay intercambio de imágenes entre el ciervo y el señor de los muertos, cuando el héroe persigue al diablo herido como si fuera una pieza de caza, siguiendo el rastro de su sangre hasta que se introduce en un pozo que es la puerta del infierno. Aquí, con toda claridad, el diablo mismo asume el papel de psicopompo ocupan­do el papel del ciervo que huye.

“Fue echando sangre el diablo hasta un pozo. Cuando llega­ron los otros, le preguntaron que qué le había pasado.
-Mirar, Mirar por dónde va la sangre del diablo!

Cogieron una soga y una esquila y se marcharon a buscarlo. Ya llegaron al pozo…”.

Si admitimos el valor universal del motivo de la cacería salvaje, forzosamente admitiremos también la relación que guardan con ella el perro y el caballo, porque éstos son auxiliares esenciales de la caza, tanto más cuanto en muchos otros relatos es así como el héroe persigue a la cierva blan­ca: a caballo y con ayuda de perros
Por tanto, parece que ya podemos enunciar provisionalmente que el motivo de las representaciones del difunto a caballo, es decir, la función del caballo como psicopompo, y también la del perro, no son autónomas, sino derivadas del tema de la cacería salvaje. Por esto también en el cuento popular el caballo y el perro aconsejan y guían en todo momento al héroe: ellos, como animales, están especialmente adiestrados para seguir el rastro de la caza. Y por eso también todo otro animal psicopompo es un depredador: el lobo Upwaut, el chacal Anubis, la raposiña de Morás, etc. Todos ellos son animales cazadores y saben seguir el rastro.

Si esta teoría es cierta, podría quizá contribuir a poner fin a la ambi­güedad de los arqueólogos al inter­pretar cierto material. Así, Blázquez cuando afirma que la aso­ciación de ciervo al caballo, tal como apare­ce en la estela del Museo Arqueológico de Ovie­do, se explica “por la asimila­ción de uno a otro animal”, afirmando más adelante que esto explica que en otra lápida del museo de San Marcos de León aparezcan ciervos asociados al jabalí. O cuando afirma en otro lugar J. M. Blázquez, a propósito de las este­las de Aguil de Anguita (Guadalajra) que son una “representa­ción genérica del muerto cabalgando sobre un caballo infer­nal”,

No se trata, pues, de un caballo infernal, sino de uno terrestre, pero adiestrado para la caza, porque en la destreza de su caballo -y su perro- al difunto le va la vida (eterna).
No se trata tampoco de que entre el caballo y el ciervo “la asociación sea una asimilación” (Blázquez), expresión críptica donde las haya, sino de que la pareja caballo y ciervo simboliza la caza y por tanto, el camino al más allá.

Ahora bien, no podremos estar seguros del enunciado anterior hasta consolidar nuestras ideas sobre la misma cacería salva­je. Necesitariamos encontrar el motivo por el cual la cacería salvaje conduciría al infierno. Para ello algún autor se refiere al carácter funerario del jabalí, quizá pensando en una generaliza­ción de la parte al todo. No es así. Que se cacen jabalíes es independiente del simboliso del mismo como asociado al más allá. En realidad es toda pieza de caza la que sirve a este efecto.

Eduardo Cirlot se refiere al mito recogido de Caro Baroja del Abade chacurra (los perros del abad), sobre el cura que abandonó la misa para perseguir a una liebre, y que aún la persigue eternamente, sin alcanzarla jamás, y afirma que “este es, con toda claridad, el símbolo de una situación límite, el abandono del centro -o de la tenden­cia hacia él- y la consiguiente caida en la rueda inacabable de lo fenoménico, que persiste a causa de que la ilusión esti­mula perpetuamente la fuerza del movimiento esté­ril de perse­cución”. Naturalmente no estamos de acuerdo, y el mismo Cirlot añade el importante detalle de que a veces la liebre es el mismo diablo disfrazado. No es precisamente así, sino al revés, según vimos: el diablo, como símbolo judeocristiano del más allá, ha venido a sustituir a las piezas de caza, como símbolos prejudeocristianos del más allá.

Tratemos de analizar el motivo detenidamente. En él hay dos elementos: Uno es la velocidad y el otro la caza misma. Los vamos a exminar por separado empezando por la velocidad, y trataremos de demostrar que no se trata de ninguna elabora­ción intelec­tual recargada, y ello acudiendo a la genealogía del mito. Por este camino veremos que su origen es precisamente el movi­miento de rotación de la tierra.
6. LA CARRERA FEBRIL

En Egipto no se da el tema de la cacería salvaje, ni tampoco la heroización ecuestre ni el caballo como psicopompo, al menos explícitamente. Pero sí encontramos algún rasgo cuando el difunto dice de sí mismo ser “más rápido que los lebreles, más veloz que la luz”, lo cual es una referencia al mismo tiempo a la velocidad del sol y a la de los lebreles, que son antes que nada animales de caza.

Hemos dicho que la cacería se caracteriza por su velo­cidaad desenfrenada, y precisamente la literatura reli­giosa egipcia se refiere con abundancia a esta idea. Así, la fórmula num. 74, del Libro de los Muertos sirve para “apre­surar el paso y salir de la tie­rra”, y algunos otros fragmentos, como el citado, hablan de la velocidad del difunto.

¿Cuál es el origen de esta idea? No olvidemos que el difunto imita al sol, y el sol ha de recorrer la inmensidad del cielo en doce horas. Sin duda esto significaba, antes que cualquier otra cosa, una enorme velocidad. La velocidad del sol egipcio está presente en algunos fragmentos. Así: “El día es corto y reco­rres un acuoso camino de millones de cen­tenares (de longi­tud) en un corto momento y ape­nas lo has recorrido cuando ya te ocultas (por el horizon­te)”. La ver­sión del papi­ro de Tu­rín dice aquí: “Tu marcha es pode­ro­sa: miles de le­guas y cientos de mi­les (de le­guas) son atrave­sadas en un momento por ti”.

En el mito germánico, donde el sol es femenino, también aparece este carácter: “Sól va depri­sa, casi como asusta­da. No iría más lige­ro si temiera ser destro­zada”. A jui­cio del forjador de mitos germa­no, el motivo es en este caso que al sol lo persi­gue el lobo Skoll (quizá como Apo­fis persi­gue a la barca de Ra): “No es maravi­lla que se apresure tanto. Muy cerca viene el que la persigue y a ella no le queda otra salvación que la fuga”.

La conclusión de que la velocidad del sol es inmensa también parece enormemente extendida. Ello no es difícil, pues se deriva de una observación sencilla de la amplitud del cielo. La tribu ama­zó­nica de los carajás dicen que antes el sol atrave­saba el cielo a toda velocidad y nadie podía termi­nar su trabajo. Un joven que nunca conseguia reunir leña suficiente y a su peti­cion el Héroe civilizador fue y le rompió una pierna al sol obligándo­le así a caminar más len­to. Este motivo recuerda a lo que se acaba de decir de la caza que antes huía a extrema velocidad gracias a sus seis patas.

Pero si el difunto imita al sol, debe hacer este mismo viaje emulando también su velocidad. El difunto cazador que corre tras la pieza, ayudado por un perro o un lobo, puede haberse asimi­la­do al lobo que persi­gue al sol nórdico. Y desde luego, ésta es la interpretación correcta de la fábula vasca: el cazador que persigue eterna­mente a la liebre es el depredador mítico que va eternamente tras el sol. Este tipo de leyendas suelen afirmar que el cazador sólo capturará a la pieza que persigue cuando llegue el fin del mundo, lo mismo que el lobo alcanzará al sol germánico cuando llegue el fin del mundo (Ragnarök), aunque la inversión aparente de causa a efecto no nos debe confundir: en realidad la consumación de la caza es lo que produce la desapari­ción del sol y el fin de los tiem­pos.

Curiosamente, en muchos relatos los espíritus del más allá se caracterizan por su velocidad sobrehumana. Entre los daya­kos, el chamán va al infierno a dar la noticia de una muerte en la aldea. Los espíritus, que deben recoger su alma, “saltan en la barca y reman con tal fuerza que matan a todos los peces que se encuen­tran a su paso”. Todas las narraciones en las que este dato aparece podrían ser interpretadas en la misma clave, y es así, repetimos, a causa de la velociad que se le presume al sol. Este motivo era al parecer uno de los inte­grantes de la narración-tipo del viaje al más allá, y por eso fue tomada para la composición de epopeyas como la Odisea, donde el barco de los feacios también avanza a extraordinaria velocidad.

Qué duda cabe que, explicado de esta manera el motivo de la velocidad del cazador, resulta que el motivo último que lo originó es la impresionante velocidad angular de la Tierra en su movimiento de rotación.

7. EL PAIS DE LA ABUNDANCIA

Ya hemos dicho que en la leyenda vasca a veces se sustituye la liebre por el diablo mismo, y la información es de no poco interés, pero no nos debe desviar al hacernos pensar que la caza salvaje es una especie de alegoría de la persecución del diablo. Nada de eso. Aquí hay verdadera caza, y el motivo primitivo, cuyo significado aún debemos coprender, sigue siendo la caza. Para avanzar en nuestra comprensión, es preci­so ahora decir un par de palabras sobre la abundancia del más allá.

Uno de los caracteres de que está revestido el más allá en todas partes es ser el país de la abundancia. En el Mediterrá­neo oriental esto se ve sobre todo en Egipto, en cuyo mundo del más allá “los bienaventura­dos abundantemente se alimentan y se abrevan de khumet”; “Ce­bada y espelta se en­cuentran allí sin que se conozca su cantidad. Y ello se ha hecho para que mis alimentos no me falten nun­ca…”; “…me alimento, saco prove­cho, vivo en la abundan­cia, según lo que mi corazón de­sea…”. “Dio con profu­sión alimentos a los kas de los bie­na­ventura­dos”; “He llega­do a ti a fin de calcular la supera­bun­dancia de alimen­tos y emplear dicha profusión de comida”.

Esta abundancia, en un país agrícola como Egipto, se mide no sólo a base del número de las cosechas, sino de sus dimen­siones. De la campiña de las juncos se dice: “La altura de su cebada mide cinco codos, con espigas de dos codos y tallos de tres codos; su espelta es de siete codos, con espigas de tres codos y tallos de cuatro codos”. La abun­dancia caracteriza tanto al más allá egipcio que algunas de sus localizades tenían nombres con este signi­fica­do. Así, Djefat, situada en la Campiña de las Felici­dades, era “la ciudad de los alimen­tos”, y Uak era otro sector cuyo nombre signifi­ca justamente “superabun­dancia”.

Pero tanta clari­dad puede confundir las cosas. El más allá egipcio es un “paraíso” y en este talante se contrapone a los infiernos sume­rio-acadio y griego que son el tipo “tenebroso”. Pero no debe confundirse la abundancia de cuyo carácter está im­pregndao el más allá con las condicio­nes de la vida de los bienaventura­dos. Estas condicio­nes son fruto de una ela­bora­ción moral e intelectual de las respecti­vas doctrinas religio­sas que se superpone a y usa una tradición anterior donde ya figura­ba el motivo de la abundancia.

Se envía a los bienaventurados al paraíso subte­rrá­neo y se reviste el mismo de ciertos colores agradables que, sin embar­go, son indepen­dientes de la “tierra de la abundancia”, que es mucho más antigua y está asociada a la cosmogonía del infier­no. Es decir, este carácter proviene de las circuns­tan­cias en las que el mismo infierno fue creado.

También nos parece una elaboración literaria el carácter siniestro del Tártaro o el Hades griego. Allí no hay ni rastro de abundancia. Al contrario, incluso se ha interpretado el vocablo Averno como A-ornis, es decir, sin aves. Cosa comple­tamente en contra de la tradición del más allá fecundo además de otros detalles. La expedición de Herakles a robar el ganado rojo de Geryon está inspirada en un modelo griego de más allá que no demuestra sino abundancia.

También en otras fuentes, incluso griegas, el más allá es el lugar donde abundan los alimentos. Hesíodo se refiere a los “héroes afor­tunados para quienes el campo la­brantío da tres veces al año una cosecha dulce como la miel y florecien­te…”, y Píndaro afirma que los bienaventurados comen sin necesidad de traba­jar. El océano parece ser la patria de tanta abundancia griega. En el Océano estaba la isla de Trinaquia, donde Helios apacentaba su ganado, y el cabo Téna­ro, el lugar de Grecia por donde se entraba al infierno, es tratado como el lugar por donde el sol recoge sus rebaños. En otro lugar se habla de Menetes, que cuida el ganado de Hades en la superfi­cie.

Lejos de Grecia volvemos a encontrar el más allá caracterizado por esta abundancia. Así, en una leyenda irlandesa, el país estaba sumido en el hambre y hacía un año que no tenía grano ni leche. Pero el héroe llamado Becuma se interna en el océano en un peqeño bote hasta llegar a una isla -del tipo “islas de los bienaventurados”- donde pide a una reina que le entregue a su hijo. Sólo él podrá calmar el hambre del país. Aquí el advenimiento del hijo se parece al advenimiento del objeto mágico del más allá que produce la abundancia, como el cofre lleno de ganado, la porra de la abundancia, el molino mágico, o el mismo ganado, conseguidos por Herakles o Cuchu­lainn.

En la India, el país mítico de Uttaraku­ru es también carac­terizado por el Ramayana (iv, 53), y el Mahäbarata (vi, 7), como el país de la abundancia. Allí todo está lleno de piedras precio­sas, quien bebe de su río nunca más siente sed, el arbol mágico despren­de frutas de 1115 cubos de circunferencia, los árboles dan no sólo fruta, sino leche y hasta vesti­dos maravi­llosos, las arenas son de oro y todo está lleno de piedras precio­sas.

Esto es así tanto para los pueblos agricultores como para los pastores o cazadores. Por eso Cuchulainn vuelve del in­fierno con un caldero (de la abundancia) y tres vacas, y Hércules viene de la isla roja de Eritea con el ganado rojo de Gerion. Y por eso el sampo que Vainamoinén robó en el reino mágico de Pohjola molía la abundancia, lo mismo que entre los samoyedos el cazador mítico llamado Vylkka se dirige al norte, a la tierra de los gigantes, para que la caza vuelva a ser fructí­fera. Des­pués de sus gestiones sus renos se multi­plican hasta diez mil y la suerte vuelve a los cazadores. Así se explica que la diosa infer­naal de los pueblos esquimales, Sedna, retiene la caza para castigar a los hombres. Eviden­te­mente, puede hacerlo así porque la caza pertenece a sus domi­nios.

La abundancia, lo mismo que en los pueblos cazadores se manifiesta en renos, en los agricultores en grano y en los ganaderos en vacas, en otros de economía que incluye la reco­lección, o de tradición hortofrutícula y, sobre todo, de otras latitudes, se concreta en la abundancia de fruta, como ejemplo paradigmático de la generosidad de la naturaleza, y de no necesidad de trabajar. Infinidad de pueblos no olvidan carac­te­rizar su mundo del más allá como dotado de maravillosos fruta­les, (es éste el contexto en que hay que considerar el tema de las manzanas de la juventud de la tradi­ción europea).

Herakles, Cuchulainn y Vainamoinen, habían ido en busca de la abundan­cia de ganados al país de los muertos, pero el cazador persi­gue a la caza porque la caza que habita en los oscuros bosques (que también significan simbólicamen­te el más allá) no son estáticos como aquel ganado, sino móviles, y cuando el cazador las persigue huyen en su dirección natural, buscan su auténtico hogar, el reino de los muertos, llamado por otro nombre en abundancia de culturas, “el país de los vivos”.
8. EL SIMBOLISMO DE LA CACERIA SALVAJE

Los especialistas han estudiado los datos a los que aquí nos referimos, pero con poco acierto en general. Sobre el sacri­ficio de caballos en las tumbas, Fustel de Coulanges enuncia una de las teorías más socorridas en estos casos: “Se mataba a los caballos y a los esclavos para que estas criatu­ras, sepultadas junto con el difunto, le sirviesen en la tumba como le habían servido en vida”.

Malten afirma, a propósito de las estelas funerarias griegas con jinete, que en la religión helénica el difunto aparece a un mismo tiempo bajo la forma de caballo y de poseedor de un caballo; Rohde cree que el caballo mismo significa al difun­to que entra en el mundo de los espíritus; Negelein dice que el uso del caballo en el ritual funerario es “consecuencia de sus funcio­nes de trans­portador o de compañero de viaje, como muestra su analogía con el perro”. Más tarde sobre las lápidas fune­rarias tanto griegas como cris­tia­nas que contienen un caballo concluye que éste “es el atributo indispen­sable del héroe, o sea, en tiempos más recientes, el hombre difunto en gene­ral”.

Propp llama la atención sobre el hecho de que ninguno de estos autores citan que el caballo transporta al difunto y afirma por su parte que “el estudio comparativo del material demuestra que el difunto-animal se transforma en difunto+ani­mal, y con esto se explica -a su juicio- el dualismo que no advirtió Rhode pero observó Malten: el difunto es un corcel, pero aemás es el poseedor del corcel”.

Por lo tanto, unos autores exponen la idea anodina del sacrificio para “ser­vir en el otro mundo”, otros dicen que el caballo se transfor­ma en difunto y otros que el difunto se hace caballo.

Una explicación del perro psicopompo la encontramos en Frankfort, que, al hablar de Jentiamentiu como perro o chacal funerario egipcio, parece justificar este carácter porque “el chacal conoce los caminos del desierto y guía a los muer­tos hasta los cementerios en los que él es el amo”, y se equivoca al decir que se invocaba al principio a Osiris junto con Anubis con caracter distinto: “Se convocaba al dios chacal porque el muerto entra­ba en la tumba, pero a la vez se invoca­ba al líder que había precedido al muerto en la otra vida”. Es cierto que los chacales y lobos fueron dio­ses de las necró­polis, pero la equivocación de Frankfort consiste en aceptar el dato tal cual y no ir más allá. En realidad el chacal no está asociado a la necrópolis porque lleve a ellas al difun­to -paara esto está el cortejo funerario- , sino justamente lo contrario: para sacarlo y guiarlo al más allá. Por tanto, el difunto no invoca a Anubis y a Osiris por motivos distintos (aunque complementarios), sino por el único motivo de que necesi­ta la guía al otro mundo.

Sobre los ciervos que huyen tampoco hay grandes ideas. En opinión de Paul Diel, y dentro de su particular visión de los mitos, “el ciervo, como el cordero, simbo­liza una cualidad del alma opuesta a la agresividad dominan­te”. Y añade, sobre la cierva de Erimanto: “Los pies de bronce, cuando son atributo de lo sublime, figuran la fuerza del alma”. En conjunto, “la imagen represen­ta la pa­ciencia y la dificultad del esfuerzo a llevar a cabo para alcanzar la fineza y la sensibilidad subli­me; ésta indica igualmente que esa sensibilidad sublime (cier­vo), a pesar de su oposición a la violencia sigue siendo un ser de vigor excep­cional y exento de toda debilidad senti­mental (pies de bronce).

Paul Diel olvida que en este ciervo, aparte de los pies de bronce, hay otro atributo metá­li­co: tiene los cuernos de oro. De hecho Heracles la persi­gue incansablemente durante todo un año (lo que recuerda el motivo del cazador errante y la cacería salvaje) y llegó de este modo hasta Istria y al País de los Hiper­bóreos. A este respecto, puede consultarse nuestro trabajo sobre el más allá como reino metálico.

R. Graves tampoco acierta, a nuestro modesto juicio, en su análisis sobre la persecu­cion de Hércules a la cierva de Erimanto, pues quiere que esta cacería se puede referir a “la toma por los aqueos de un templo en el que se adoraba a Artemis como Elafio (= “Parecida a la cierva”). Pero se muestra más lúcido cuando añade que “la caza de la cierva o corza simboli­zaba la perse­cución de la sabidu­ría, y se la encuentra, según la tradición mística irlandesa, refugiada bajo un manzano silvestre”, e incluso estima que la persecución de Hércules fue “un viaje al paraiso celta”.

El hogar de la vida agricola está en el infierno. Allí están recluídos, al menos durante el invierno, Dumuzi, Tamuz, Dion­sio y Perséfone. Allí están también recluídos los gana­dos del sol. Pero la caza es móvil y entra y sale de este reino. El caballo y el perro no son entonces animales auténticamente psicopompos. Su papel se limita a correr tras las piezas de caza y olfa­tear­las. Son el ciervo, el jabalí y el conejo, animales funera­rios por esta causa, es decir, en cuanto piezas esenciales de caza, los que conducen al caballo y al perro hacia su hogar en el reino de los muertos.

El mito de la cacería salvaje es en todo semejante al de la “cierva mara­villosa” (csodas­zar­vas) de los húngaros. Los antepasa­dos míticos de los húnga­ros, llamados Hunor y Mogor, estaban de caza y vieron a una cier­va. Ella huye mila­grosamen­te, y al seguirla se encuen­tran en un prado excelente para criar sus ganados y se trasla­dan e instalan allí. En cierto modo, han encontrado el país de la abundancia. Este mito re­cuer­da el antiguo rito de fundación de ciudades, que tam­bién son el centro del mundo y están sobre el infier­no). Quizá esto está en el origen del rito oracular para la fundación de ciudades, como cuenta el mito de Cadmo, a quien la pitonisa del oráculo de Delfos aconsejó que si­guiera a una vaca y edifica­ra una ciudad allá donde se dejara caer fatiga­da. Cadmo lo hizo y así fundó Tebas.

Para resumir y ordenar lo dicho, acabamos de exponer una especie de encadenamiento de mitos. Su genealogía es a nuestro modo de ver la siguiente:

1. El más allá está concebido como país de la abundan­cia.

2. De aquí se derivó inmedia­tamente el tema de la cace­ría salva­je.

3. Concepciones religiosas ampliamente extendidas identifican al difunto con el sol, y por este motivo aparece el símbo­lo del caba­llo tirando del disco solar. El motivo es subsidia­rio de la cacería salvaje, pero a su vez la condicionó al añadirle la nota de la velocidad febril, que si es natural a a la cacería, lo es aún más al viaje del sol.

4. La última fase de este desplie­gue es la aparicón del caba­llo y el perro como psicopmo.

5. Los símbolos que antes formaban un todo coherente se disgregan y pierden conexión con el mito original. Al mismo tiempo ganan abstracción. La caza y el cazador se separan y aparecen cerámicas con ciervos y lápidas funerarias con jine­tes. Al cabo, el jinete desaparece y toda esta genealogía mítica aparece condensada en un caba­llo solitario. A esta fase se corresponde el concepto sin conteni­do “heroi­zacón ecues­tre”.
6. Los símbolos se convierten en autónomos y ya no revelan su vinculaciión con los orígenes, pero siguen siendo tenidos por tales símbolos y se les sigue atribuyendo valor de tales, si bien el significante ya no se corresponde con el primitvo significado. En el ritual funerario moderno, cuando está revestido de pompa especial, sigue usándose un caballo solita­rio que encabeza o acompaña al cortejo fúnebre. En este momen­to es evidente que el mensaje es otro, pero el símbolo perma­nece.

He aquí una sucesión de conceptos encadenados que es lo que en la introducción llamábamos “contexto simbólico”. Pensamos que esta sucesión puede contribuir a explicae el significado del caballo, el perro, el ciervo, el jabalí y la liebre como psicopompos, entendiendo por significado no lo que hoy puedan sugerir, sino el significado que los hombres de la Antigúedad vieron en estos significantes.

José Ortega

Arqueólogo

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CUIDADO CON LA GENTE QUE NO EXISTE

@abogadodelmar

Cada uno hace la guerra como puede y quiere y cada uno se busca las formas que cree adecuadas para conseguir influencias, u en este caso me refiero a la lucha política. La lucha política empieza desde muy abajo, en raíces muy profundas de carácter social y cultural. En ese nivel la lucha por las influencias, vamos la lucha por apoderarse del pensamiento político de otros, puede ser invisible y por tanto resultar muy peligrosa.

Cuando estaba en la Universidad trabé contacto con Delia Guzmán, la directora nacional de una asociación cultural que a la primera de cambio me pareció muy interesante por su inclinación a contenidos vinculados la filosofía y mitología. En su revista llegaron a publicarme dos cuentos y con uno de ellos gané un premio literario convocado por la propia asociación.
Al poco tiempo conocido en un vagón de tren con un tipo que era productor de TV y estaba muy enterado de casi todo. Me dijo que me apartara cuanto antes de Nueva Acrópolis porque esa asociación era en realidad una secta sometida a control por la policía. Al parecer la cosa consistía en que los nazis huidos a Sudamérica habían estado preparando desde allí la creación de unas condiciones culturales y sociales y un estado de opinión que pidiera ser proclive a la reinstale avión de la ideología nacional socialista. Eso me sorprendió mucho porque yo no había notado nada pero precisamente ahí estaba la gracia, en que no se notara.
Hace unos dos años me pidió amistad por Facebook una mujer aparentemente bella y supuestamente llamada Ginebra Benavente. Acepté la propuesta y después la de un hombre llamado Juanjo Lueje, que también era amigo de ella. Luego vino la amistad con otra supuesto tía buena que vivía supuestamente por el norte de España. A ésta le puse en el muro una publicación como bienvenida y aunque lo tenía abierto, me sorprendió que me pidiera que no le publicará cosas.
Los mensajes que cambié con quien decía llamarse Ginebra Benavente denotaron en seguida una inquietud social que me complació, pero a continuación la interesada comenzó a meterme en una serie de grupos cuyo sesgo político era claro. No los recuerdo todos porque he salido huyendo de ellos, pero había uno dedicado a la música clásica (nada que decir), otro llamado FUERA EL PP DE LA COMUNIDAD VALENCIANA (con el que empecé a no sentirme cómodo porque yo habría echado también a los otros),otro se llamaba APOYÓ AÑ JUEZ GARZÓN (y en consecuencia me largué nada más saber que me habían sumado porque no aguanto a ese tío) y también otro que llevaba por curioso título COMUNIDAD VALENCIANA, RECLAMA TU INDEPENDENCIA (que directamente me daba ganas de vomitar y claro está que salí de estampida). Ahora acabo de ver que aún no me había fugado de otro grupo dedicado al parecer L debate político llamado VIVIR EN TIEMPOS REVUELTOS.
Todos los contenidos que he visto en esos grupos son pro PSOE de una forma extraordinariamente explícita y clara, lo que me lleva a pensar que de la misma forma que Nueva Acrópolis dicen que es una secta peligrosa cuyo objeto final es la vuelta del nazismo, yo digo que estos chicos forman un grupo organizado de propósito para conseguir la vuelta del PSOE.
Cuando digo que son un grupo organizado estoy lanzando una afirmación con fundamento. Y esos fundamentos son los siguientes:
Primero: Estos chicos forman una red de amigos endogamica y cuasi cerrada donde raros son los que no pertenecen al grupo organizado.
Segundo: Es muy fácil saber quienes forman parte del grupo organizado por los siguientes rasgos: a) La mayoría de ellos, aunque no todos, añaden un epiteto a su nombre (que suele ser completo supongo que para no levantar sospechas de perfiles falsos). b) L estructura gráfica de su perfil es homogénea: suelen poner una foto de portada con un interior maravillosamente amueblado o bien un paisaje urbano y, muuuuuuucho más importante, c) Todos y todas tienen una apariencia excesivamente llamativa y escandalosa de top model. Ahí no hay nadie feo, lo que torna pan comido hacer amigos por Facebook y mateemos en esos grupos donde la dieta consiste en doctrina del PSOE por la mañana, doctrina del PSOE para comer y doctrina del PSOE para cenar.
Imagino que las deslumbrantes señoras les entrarán a los hombres y los irresistibles señores a las mujeres.
Claro esta que muchos de esos perfiles son falsos. Alguna tía buena no tiene ni una foro, ni una publicación, ni un sólo amigo, lo que sugiere que ni los chicos guapos ni las top model existen. Lo más normal es que esto sea obra de cuatro o cinco listos que multiplican los perfiles para aparentar que son muchos, más o menos como hizo Rommel cuando les tomó el pelo a los británicos con una flotilla de volkswagen de segunda mano. Pero si resultara ser una iniciativa del servicio de inteligencia del partido, francamente se han pasado falsificando perfiles y robando fotos de modelos y me parece que con esto ni dan servicio ni demuestran inteligencia.
Por supuesto que quiero dejar constancia de que tal como lo veo yo el PSOE es un partido dispuesto a vender (regalar más bien) España a las multinacionales y a la banca internacional lo mismo que el PP. No veo ninguna diferencia, y por eso no quiero saber nada con sea quien sea que se oculta tras esos perfiles. Añado que me causa inquietud que los mismos que están trabajando en favor del PSOE están trabajando en favor de que la Comunidad Valenciana se separe de España. Esto, fomentar de forma aparentemente legítima el separatismo local, forma parte del manual de párvulos de la CIA. Y por cierto, si alguien quiere saber lo que opino de Pedro Dánchez, puede leer en este mismo blog mi artículo PEDRO SÁMCHEZ ES UN ESBIRRO DEL NWO.

Haced lo que queráis si uno de estos zombies inexistentes os pide amistad, yo sólo advierto de la situación. Sé que la publicación de este artículo me va a traer problemas pero mira, ya estoy acostumbrado a eso.

José Ortega

abogado

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EL ÁRBOL DE LA VIDA (ENTREVISTA EN IBIZA BLUE RADIO)

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TRES VECES NACIDO (ENTREVISTA EN IBIZA BLUE RADIO)

@abogadodelmar

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MI VIDA CON JOSÉ ORTEGA Y GASSET

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El más claro ejemplo de la degradación de la vida cultural de mi país que he vivido personalmente es el curioso modo en el que he visto operar a los referentes y modelos. En los tiempos más o menos cultos de la dictadura, esos referentes he comprobado la forma en la que apuntaban hacia arriba, a la dignidad. En estos tiempos de democracia burguesa, neoliberal y mercantilista, los referentes apuntan hacia abajo, a la basura. 

Esto es así porque cuando yo era alumno de bachiller, los compañeros al escuchar mi nombre y apellido me decían “¡…Ortega y Gasset!” y cuando me hice adulto pasaron a decirme “Ortega Cano”. Ahorradme el trabajo de explicar por qué motivo un referente apunta arriba y el otro abajo. Creo que es innecesario. 

Conforme pasan los minutos, los días, los meses y los años, veo cómo me voy identificando más y más con el pensamiento de Ortega (pero en la distancia y a escala porque como podéis imaginar no soy tan tontito como para pretender compararme con él). Esto es algo que puedo ver en la aparente contradicción entre mi necesidad moral y vital de democracia auténtica y las suspicacias que despiertan en mí movimientos asamblearíos puros como el 15M, Podemos o los autollamados constituyentes.

Ya he escrito antes que los primeros detuvieron la expansión del Manifiesto 2012 porque no había sido previamente consensuado en una asamblea, que los segundos lo conocen pero ni quieren oír hablar de él y que a los últimos les sobra porque dicen que es el pueblo de forma asamblearia y no un abogado de provincias, el que debe redactar una nueva Constitución. Éstos son los mismos que opinan, sin tener ni idea de técnica jurídica, que se necesita una Constitución nueva porque reformar la que hay es “una chapuza”, tal como si estuviéramos hablando no de un instrumento de convivencia que gana prestigio con la edad porque su longevidad sugiere estabilidad desocrática, de reparar un teléfono móvil o una batidora. 

Y ahí está la clave, en saber o no saber. Yo no caigo en el pensamiento del Despotismo Ilustrado todo para el pueblo pero sin el pueblo, pero entiendo a las mil maravillas la diferencia entre saber y no saber y sin duda también la distinción existente entre lo que Ortega llamaba el hombre excelente y el hombre masa. El primero  es un concepto que maneja en muchos de sus ensayos, y alude al ciudadano reflexivo, responsable y consciente de sus obligaciones hacia la sociedad. El segundo, un concepto recogido en LA REBELIÓN DE LAS MASAS con el que quería referirse a las muchas personas que carecen de criterio propio, actúan como grupo mejor que como individualidades y desprecian sus obligaciones hacia la sociedad porque creen tener sólo derechos. 

Esto es, a mi juicio, lo que pudo dar lugar a su famosa frase “no es esto, no es esto” ante el deterioro de la vida pública durante la breve II República. No se entiende este rechazo en un republicano convencido, que había contribuido a la regeneración de la vida pública en España y luchado por la vuelta de la República, si no es bajo la óptica de que la gestión de las cosas de todos es mucho mejor confiarla a personas del tipo que él llamaba hombre excelente.

Yo también lo creo así y por ese motivo estoy tratando de cambiar la estrategia para que el Manifiesto 2012 salga adelante por procedimientos distintos del que pensé inicialmente, que exigía veinte millones de firmas. Es una triste paradoja que sean los mismos ciudadanos (los mismos hombres-masa, debería decir) los que  le hayan puesto la proa a lo que sigue siendo la única herramienta que existe para que la democracia sea de verdad aquí y en todas partes, pero así es: Esto no es directamente culpa de Rockefeller, Rostchild, la Banca Morgan o Rajoy: Se debe a los amables y no precisamente leídos ni informados miembros del pueblo reunidos en asamblea. Hace ya tiempo que escribí que hay que dar el Manifiesto 2012 a conocer a las élites para que éstas se convenzan y lo difundan en sus esferas de influencia. 


El término élites suena a rayos pero no hablo yo de las élites económicas,sino de una especie de aristocracia del pensamiento  y el espíritu que no sólo no tiene nada de nuevo sino que ya estaba implícito en la propuesta de Platón de la ciudad gobernada por  filósofos. 

Pero temo que eso no lo vean estos ojos. Entre otras cosas hoy no es posible que surja una figura como la de Ortega, que unía una sólida formación y una sincera preocupación por España. Ya he contado otras veces que la basura del sistema es insidiosa y ha ido comprando con subvenciones, privilegios y cargos s a los supuestamente artistas u supuestamente intelectuales, supuestamente escritores y supuestamente pensadores y que me descojono cuando María Blanco dice en el telediario del sistema que “el mundo de la cultura se ha reunido para celebrar…”. Eso no es el mundo de la cultura, es el mundo de los paniaguafos y estómagos agradecidos que están destruyendo su país mediante su pasividad y su colaboración con el sistema. 

La revolución francesa fue, según dicen, la ultima consecuencia del pensamiento de tres filósofos, Rouseau, Montesqueu y Voltaire. Las revoluciones las fabrica el pueblo pero antes de eso las piensan y diseñan los que saben y por eso me arriesgo una vez más a una lluvia de hortalizas y huevos podridos que ya he recibido otras veces para decir que en esta desafortunada España, con mucho respeto a las asambleas de siete horas para decidir si la pancarta debe tener fondo blanco o fondo verde, son las élites las que deben primero pensar y luego impulsar y conducir el cambio real. Y no sólo creo también que es lo mismo que habría opinado Ortega, sino que sé que si no lo hacemos así, seremos como abejas agitándose con desespero en un tarro de cristal antes de morir de agotamiento. 

José Ortega

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MIVIDA CON NIEVES HERRERO

@abogadodelmar

  


PRIMER HECHO ESPECTACULAR DE NIEVES HERRERO

En los tiempos afortunadamente ya lejanos y desde luego erróneos en los que no solo veía la tele sino que discriminaba poco, tuve la desgracia de tragarme la entrevista que una persona humana llamada Nieves Herrero hizo a un aristócrata ingles conocido como Mark Philips, cuyo principal y creo que único mérito era haberse casado con una miembro de la casa real británica llamada Princesa Ana. Ese tío debía ser además un chusquero de cojones, porque a sus mucho mas de cincuenta años no había pasado del empleo de Capitan. 

 El cuerpo de la entrevista me despertó sentimientos de franca antipatía hacia periodista y entrevistado porque aquello era un diálogo entre dos pijos con el monotema de la afición del chusquero hacia la equitación. Por supuesto que ni una ni otro repararon con alguna pregunta, respuesta o gesto a algo que tuviera la menor relación con cosas como la injusticia o el sufrimiento humano. A ellos lo único que parecían importarle eran los putos caballos.  

Pero cuando el evento se acercaba a su feliz final, a la periodista le dio por dejar huella con una de esas preguntas f que quieren ser un compendio inteligente de todo lo hablado, y preguntó:

-Y por ultimo Capitan… ¿Se puede querer a un caballo?

En mi memoria efectivamente eso dejó una huella tan indeleble que ni siquiera me fijé en lo que contestó el viejo aristócrata/chusquero. No sabia que era posible encerrarse hasta tal extremo dentro del agradable mundo de los pijos ricos, pero así fue. Nieves Herrero perdió una oportunidad inmejorable para preguntar si el Capitán, además de sentir afecto por los caballos, guardaba en su corazón de niñ/viejo o bien algún sentimiento hacia los humanos y en especial los pobres, los que sufren, los que pagan impuestos o pasan hambre. Pero La torre no era de cristal, sino de vidrio de metro y medio de espesor, y ahí fue donde aprendí a conocer a Nieves Herrero. 


SEGUNDO HECHO ESPECTACULAR DE NIEVES HERRERO
 

Pero bueno, resulta que la presentadora estrella sí tenía preocupaciones sociales, o al menos es lo que supongo que quiso mostrar en el episodio más vergonzoso a que he asistido delante de una televisión. Mucho más vergonzoso que Hombres y mujeres y viceversa y mucho más asqueroso que toda la basura de Tele 5 junta.  

Este episodio tuvo lugar cuando creo que Antena 3 tuvo la pésima idea de enviar a Nieves Herrero a Alcacer para que la interesada hiciera gala de la desverguenza de reunir a un montón de público y a los familiares en la Agrupación Musical Santa Cecilia coincidiendo con el hallazgo de las tres niñas asesinadas. Creo que esto trasladó a Nieves Herrero a la memoria colectiva de los españoles y desde luego a la inmortalidad, pero en el sitio que le corresponde, es decir en algún recóndito lugar en el infierno. 

Creo igualmente que ella misma debe estar muy arrepentida de todo lo que hizo y dijo aquella noche, incluyendo el momento en que le metió el micrófono en la boca al hermano adolescente de Mariam para preguntarle:

-¿Qué e siente al perder a una hermana?

Y así fue como completé mi segundo hito en ese camino iniciatico que es el conocimiento de Nieves Herrero.

Si alguien quiere vomitar un poco, puede ver esta sucia bazofia.


TERCER HECHO ESPECTACULAR DE NIEVES HERRERO 

Aunque después de esto lo que cabía esperar era que Nieves Herrero se encerrara en casa y no se atreviera a salir a la calle de pura vergüenza, volvió a hacerlo. Y yo volví a ser testigo. La virtuosa anunció que iba a hacer una entrevista a Jesus Vazquez, implicado en el llamado caso Arnie (feo episodio de abusos sexuales sobre menores en el que aparecían también como implicados Javier Gurruchaga, uno de los Morancos y un juez del tribunal tutelar de menores, entre otros).

Me quedé a escuchar a pesar de que no podía hacerlo sin verle la cara a Nieves Herrero porque el tema me interesaba (ya que  me daba bastante asco) y si había una gran revelación quería escucharla, pero todo resultó ser una estafa. La entrevista no sólo no contenía revelación alguna sino que tuvo como único fin demostrar que Jesus Vazquez era un excelente muchacho y un ciudadano modélico que nunca abusaría sexualmente de un menor en los sórdidos apartados del club Arnie.

Pero eso no era todo. A continuación la periodista anunció que su invitado se disponía a cantar en directo, y el interesado atacó (en sentido literal, porque lo hizo picadillo) un tema de Nino Bravo. Menuda vergüenza ajena sentí ante ese tío sin voz ni oído ni ostias y cuyo único mérito era ser amigo de Nieves Herrero. Y qué pena sentí también por tanto talento desperdiciado en cada esquina del metro. He escuchado por la calle a docenas de artistas buenos a los que no puedo comparar con Jesus Vazquez porque si lo hiciera los estaría ofendiendo. 

 ¿Creéis que Nieves Herrero terminó ahí su exhibición de profesionalidad? Pues no. No contesta con estafar a los televidentes con el anuncio de unas revelaciones que nunca existieron, se fue para el publico y se sentó junto a un Coronel del Ejército de Tierra de paisano que resultó ser el padre de Jesus Vazquez. Y le hizo la siguiente pregunta-estrella:

-Usted, como militar ¿Qué opina del caso Arnie?

El Coronel podía haber opinado como militar sobre el sistema antiaéreo MEROKA o el sistema antisubmarino LAMPS, pero su condición de militar desde luego nada tenía que ver con la pederastia, ni cambiaba en nada su opinión con respecto a la de cualquier otro ciudadano. No imagino a Nieves Herrero preguntando a alguien su opinión del caso como viajante de comercio, empleado de papelería o arbitro de fútbol. 

Y así fue como cerré mi tercer y último hito en el conocimiento de Nieves Herrero.


ABSTINENCIA DE RADIO

José María Aznar reinó en España ocho años y creo que en todo ese tiempo mantuvo a Nieves Herrero al frente del magazine de la tarde en RNE. Es un programa que yo solía escuchar cuando comía el coche para recoger a mi hija del cole y durante todos se tiempo observé abstinencia. No sólo escuchar a la interesada me daba arcadas. No podía aguantar ni la melodía de entrada, que era de bastante mal gusto o al menos a mi me lo parecía. 

Por eso estaba acojonado ante la victoria de Rajoy: Temía que Nieves Herrero volviera a ser la virreina de la radio de derechas. En una sociedad víctima del capitalismo salvaje en la que socialistas y populares se dan codazos en su ansiedad por llegar antes a complacer a los bancos, los simples ciudadanos sólo podemos apreciar diferencias relativas a quien gobierna en cosas pequeñas como quién te cuenta cosas en la radio pública y qué te dice.

Aunque acabo de enterarme de que ahora escribe novelas (aprovechando no su destreza literaria,sino su popularidad, como muchos otros), afortunadamente parece que su estrella mediática se ha apagado y no seré yo precisamente quien lea los primores que debe escribir esta señora.

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