ALZHEIMER Y CUENTOS CHINOS

Supongo que es cierto que la enfermedad de Alzheimer comienza a convertirse en un problema serio y extendido entre la población. No obstante, dudo que la vía para luchar contra ella sea pagar una cuota de socio a la fundación Maragall o a cualquier otra para “seguir investigando”.

Puedo equivocarme porque no soy de la profesión, pero hasta donde sé y por lo que he leído (en libros como CEREBRO DE PAN, escrito por un neurólogo, no en artículos de internet) no hay nada o no hay mucho que investigar. La enfermedad de Alzehimer parece ser un subproducto de la civilización extraordinariamente vinculado a los hábitos de vida.

Bajo mi punto de vista, la raza humana comenzó su degeneración con el neolitico, (en el nivel natufiense del tell de Jericó, 8.000 aJC. ) A partir de entonces nos convertimos en la civilización del trigo y la leche. Los esqueletos hallados en tumbas de diversas fases del paleolítico corresponden a humanos de elevada estatura y huesos macizos y fuertes, a diferencia de los restos de agricultores y ganaderos neolíticos, de talla inferior y huesos comparativamente más frágiles.

Los perjuicios para la salud de los adultos causados por la leche no son ya ningún secreto. En cuanto al trigo, la machacona insistencia con la que nos lo hemos venido metiendo en el cuerpo desde hace miles de años parece ser la razón de muchas intolerancias intestinales.

Pero por lo que aquí importa, la principal agresión del trigo a la salud humana es la enfermedad de Alzheimer. El trigo y la casi totalidad de los cereales excepto el trigo sarraceno, que por cierto no es trigo ( y aquí incluyo el centeno, la avena y la espelta entre otros) contienen gluten, la llamada proteína pegajosa, responsable de la textura esponjosa de la moya de pan. El gluten produce inflamación en todo el cuerpo y también en el cerebro. La inflación cerebral conduce a la enfermedad de Alzehimer. La tragedia es doble: a) El trigo está en todos o casi todos los “alimentos” procesados, incluyendo la pizza, no sólo en el pan, y b) La cultura del pan florece por doquier tal como si tragar esa cosa se hubiera convertido en una moda. “Panaria”, por ejemplo, franquicia de panaderías omnipresente en los últimos tiempos.

Y esto, como suele decirse, a ver quién es el guapo que lo para. La ebullición de esta nociva cultura del pan es tan incontrolable como la estampida de una manada de bisontes enloquecidos.

Por otro lado, algo que pocos saben es que las estatinas producen síntomas idénticos a los de la enfermedad de Alzheimer. En cierto encuentro de antiguos alumnos en Estados Unidos, uno de ellos se colgó del cuello un cartel con su nombre porque ni siquiera eso era capaz de recordar. Creía padecer Alzehimer pero se equivocaba: Su función cerebral regresó tan pronto como dejó las estatinas.

Esto que viene ahora me sucedió a mi. no me lo han contado. La cardióloga, al constatar mis altos niveles de colesterol, me dijo que debía tomar la dichosa y socorrida estatina. Le dije que no. Me preguntó por qué no. Le contesté que por los efectos secundarios. Su respuesta fue para enmarcar: “Pues yo prefiero los efectos secundarios a tener Alzehimer cuando sea mayor”.

Pobre mujer. Es digna de compasión porque lo que está consiguiendo al atiborrarse de estatinas es cultivar la enfermedad de Alzheimer, eso mismo de lo que en su ignorancia pretendía protegerse. Y también digna de compasión por su errónea creencia de que la presencia de colesterol en sangre puede perjudicar las capacidades cognitivas. En realidad, con arreglo al criterio del grandísimo médico de Valencia Antonio Marco Chover, no hay colesterol malo excepto el oxidado.

El libro en el cual aprendí esto, Cerebro de pan, dice que la tasa idónea de colesterol total en sangre es de 225 a 250 y no por gusto de llevar la contraria a la industria sino porque la célula cerebral es especialmente grasa. Es grasa el componente principal de la membrana y resulta que los neurotransmisores estimulan las neuronas mediante contacto precisamente con sus membranas. Si éstas últimas son delgadas o débiles por merma de colesterol, las capacidades cognitivas se resienten.

De aquí mi temor a que la irritante e inaceptable publicidad de esa cosa llamada Danacol llegue a producir una epidemia de enfermedad de Alzehimer. Esos anuncios, siempre protagonizados por un actor famoso, insisten meter miedo machaconanente al pretender que una tasa de colesterol en sangre superior a 200 (mililitros por decilitro) nos pone en riesgo de infarto. Es FALSO. Pero así trabaja el establishment, el mismo que nos pide que nos hagamos socios de la fundación Maragall para contribuir con nuestros duros a la investigación cuando en realidad no hay nada que investigar.

El colesterol total por debajo de 100 no es garantía de salud cardiovascular, sino de deterioro cognitivo.

El auge de la enfermedad de Alzheimer puede deberse no a la fatalidad, sino al paralelo auge de la industria farmacéutica, que durante los últimos años se ha dedicado a manipularnos y engañarnos bajando una y otra vez la tasa segura de colesterol total y por lo tanto transformando por decreto en enfermos a personas perfectamente sanas con tasas de colesterol de 225 o 250 mililitros por decilitro. No quiero ni pensar en los cientos de millones de personas que en todo el mundo pueden haber contraído la enfermedad de Alzheimer por culpa de estas tácticas comerciales.

Y de los médicos ni hablemos. La mayoría son pobres almas a quienes durante sus años de Universidad han adoctrinado en la medicina de Rockefeller. En segundo de carrera, si el plan no ha cambiado, la asignatura realmente hueso, a la que todos tenían miedo, era o es precisamente farmacología.

Y ahora, después de leer esto, ve y hazte socio (o socia 😅) de la fundación Maragall y dales tu dinero para que investiguen no se sabe qué.

MODELO DE ALEGACIONES AL PROYECTO DE RD DE VACUNACIÓN INTERNACIONAL

El plazo vence el lunes 7 de septiembre, pero como no han publicado el texto íntegro, no debería ser aplicable. Remitir a saniext@sanidad.gob.es

TEXTO

AL MINISTERIO DE SANIDAD

……….., mayor de edad, con domicilio en ………………………. Y DNI núm. ……………………, comparezco y DIGO:

Que, habiendo examinado el documento publicado para consulta relativo a proyecto de RD sobre vacunación internacional, dentro del plazo hábil formulo en relación con el mismo las presentes

ALEGACIONES

PRIMERO.— El documento publicado no contiene el texto del futuro Real Decreto, limitándose a cumplimentar los requisitos del artículo 133.1 de la Ley de procedimiento administrativo común de las Administraciones Públicas.

El compareciente considera, no obstante, precisa la publicación del texto íntegro en los términos del apartado segundo de ese mismo artículo 133. El precepto manda que el texto se publique completo en caso de que determinado sector de ciudadanos pueda verse especialmente afectado por la nueva norma en sus derechos o intereses. Pues bien, tratándose como se trata de un contenido susceptible de afectar al conjunto del cuerpo social, y considerando además que viene relacionado con al derecho fundamental de la persona recogido en el artículo 15 de la Constitución, es de aplicación el mencionado apartado segundo, por lo que los ciudadanos estamos legitimados para exigir la publicación del texto íntegro a fin de analizar su contenido.

SEGUNDO.— Teniendo en cuenta el propósito del futuro RD, el mismo parece innecesario, ya que la regulación relativa a vacunación en caso de desplazamientos de población sólo requiere la adición de un artículo nuevo en la ley general de sanidad.

La innecesaria introducción de todo un Real Decreto nuevo sólo para eso sugiere que la iniciativa viene más motivada por la campaña de Doña Monica García para obtener el puesto de directora de la OMS que para servir a los intereses generales, lo que vulnera el mandato de objetividad de la Administración del artículo 103.1 de la Constitución y puede incurrir en arbitrariedad de los poderes públicos prohibida por su artículo 9.3.

En su virtud,

SOLICITO: a) La retirada del proyecto por innecesario y b) subsidiariamente la apertura de un nuevo periodo de información pública previa publicación del texto íntegro del borrador,

LAST JOURNEY

This work was intended to be my doctoral thesis in Ancient History –Archaeology, but I never managed to finish it, much less present it before a panel. 

Since I was eighteen, I had been taking notes on prehistoric man’s ideas about the afterlife and recording them on index cards, which is what we had back then. In 1990 I decided to use those materials to write a work describing the path the soul of the deceased must follow to reach paradise. Not within a particular cultural area, but in a common and earlier substratum, something whose existence academics do not believe in.

During my University years I had the good fortune to discover Mircea Eliade, the undisputed father of the History of Religions. I remember the moment when I saw and bought the two volumes of his Treatise on the History of Religions, published by Cristiandad, in a shop window. It was a sunny afternoon in the diocesan bookstore, located next to the rectorate of the University of Murcia and I knew that what I had just made mine was a treasure. Of the spirit, yes, but a treasure.

M. Eliade researched and disseminated knowledge from the vantage point of his vast erudition and therefore in his work the development of each concept finds support in various cultures, not just one.

He does not study Greek myths or Mesopotamian ones, but universal symbols incorporated into all mythologies, or many of them. Enraptured as I was by those readings, I was carried along by a kind of intellectual inertia and tried to apply the same method in my undergraduate thesis under the title What Is Your Name? An Approach to the Magic of Personal Names. I was already 32 years old then and had spent many years away from the University, but I missed studying, so I enrolled in doctoral courses ten years after obtaining my degree.

The panel consisted of two Assyriologists and a professor of Ancient History, who was also the thesis director (dissertation, as it was usually called). One of the first two soon went for my jugular, although fortunately in a figurative sense. My work concerned the concept of the name-soul and I was attacked in part for presenting my ideas as my Romanian idol, M. Eliade, would have done. Bearing in mind that it was not advisable to engage in an argument with that gentleman, while listening to his tirades I devoted myself to cleaning my glasses with a handkerchief, repeatedly looking through the lenses to check the progress of the undertaking. It was my way of letting him know that his bites did not intimidate me, although I remember that at some point I asked him why Mircea Eliade could do it and I could not. Literally and with that audacity. I do not remember him answering, perhaps because that seemed to him the response of a foolish student who, in the heigh of arrogance, dared to compare himself with the great master.

Although the disagreement was resolved peacefully and the work received the highest grade, the episode made me understand the rules of the academic world. In theory a thesis for an undergraduate or doctoral degree is or should be research work, but in the academic practice I know they are quite the opposite. From what I have seen, that kind of work must primarily meet the requirement of boring the flies. I know, for example, of some thesis whose content was limited to a compendium of bibliography. From what I have understood you can research, yes, but very little, within narrow limits and only to manufacture the bricks of a building that will be constructed by the authorities.

My professor and friend, sadly deceased Javier García del Toro devoted his undergraduate thesis to a catalogue of the surface lithic materials from the Eneolithic site of Las Amoladeras, at Cabo Palos. He told me of his frustration when the director of the work, the famous Gratiniano Nieto, forbade him to add a final chapter on conclusions concerning the settlement’s way of life. Apparently he told him that this was not scientific and that archaeology should limit itself to recording material remains. That is, that the observation that a flint flake is caramel-colored is perfectly scientific because the flint flake is indeed caramel-colored, although that does not help us to know more about the life of the man who made that caramel-colored flint flake by striking two pieces of the same material and color together Those who have the authority to compile those bricks and use them to build the cathedral of science are the professors and recognized authors, which does not mean that the results are satisfactory, as we shall see.

What every decent doctoral student does is humbly propose to his future thesis director one or two topics and then submit to his directives. I, when I decided to write my doctoral thesis, did none of that. From the outset I titled my future work A Topography of the Afterlife and set about writing it. I must say that those years were such an extraordinary delight for me that explaining it in words is an impossible challenge. I felt like the explorer who sets foot for the first time on an unknown territory. And just like an explorer, in those years I discovered what no one had discovered and understood what no one had been able to understand, not even the great masters and undisputed authorities. Or rather I should say that I began to immerse myself in the delightful and priceless world of knowledge and discovery.

Every key I pressed on the keyboard of that old XT computer with an iron casing that weighed like a cow, every line I completed on that primitive green-phosphor monitor, propelled me higher and higher, as if I were beginning a silent flight without an engine. I lived those months so enraptured that I thought I did not touch the ground when walking. It was as if I were levitating.

I am aware that this may sound pretentious to the point of provoking rejection, if it comes to that. But I have a secret, and that secret is my method. I already had the opportunity to present it in the paper I delivered at the First Congress of Ethnology of the Campo de Cartagena, held in the spring of 2003, I believe.

The problem with academic science is what Ortega called the barbarism of  superspecialization: in other words, extreme specialization can ultimately become the very negation of knowledge. In that paper, if I remember correctly, I used as an example the incomprehensible shortsightedness of anthropologists regarding the folktale. At the University of Murcia, and I suppose everywhere else, within the disastrous compartmentalization of the sciences, the folktale has been assigned to the Department of Hispanic Philology because those who make these decisions are incapable of seeing in it anything more than a literary genre—indeed, a minor literary genre. Its content seems to matter to no one.

Yet the folktale, especially the so-called wonder tale—that is, the tale that describes the hero’s journey to an enchanted realm—is a river of anthropological information that I can only describe as a miracle, because these stories originated in prehistory and tell us about the worldview of their authors. In other words, they describe what Lucien Lévy-Bruhl called the primitive mind and explain everything that Gratiniano Nieto forbade my professor, mentor, and friend Javier García del Toro to explain.

The wonder tale therefore embodies all that spiritual content I had personally missed so much when I took part in archaeological excavations.

“You don’t have what it takes to be an archaeologist,” the great prehistory professor Ana María Muñoz had reproached me as we worked away under the blazing sun that summer, laboring in a 14-by-6-meter excavation trench at Baena. I had just finished my first year of History, and the doctor was indeed right, because, as in other excavations, there at the Iberian-Roman settlement of Hiponuba, something was missing: the soul. Beads from necklaces, cooking pottery, and the occasional stray bronze coin were all that this field yielded. I do not remember seeing any terra sigillata or Campanian pottery, although my memory may be failing me.

Yes, the folktale did indeed originate in the remote depths of prehistory. But not in the Neolithic, as Vladimir Propp maintains; rather, in the distant mists of the Paleolithic. This is demonstrated by a particularly revealing tale collected by Afanasiev in Siberia. A girl named Vasilisa goes to the witch Baba Yaga to ask for an ember because the fire in her home has gone out. The apparent triviality of the motif should not prevent us from grasping what it is telling us: that at the time when the tale was born, only sorcerers knew the secret of how to make fire. And this takes us back to a truly early stage of our history.

It is genuinely incomprehensible to me why the great Vladimir Propp, whose authority in the field of folklore is as indisputable as that of Mircea Eliade in the History of Religions, insists on placing the origin of folktales in the Neolithic, when his principal body of work was based on Afanasiev’s collection.

To give you an idea of the chronology involved, the earliest Neolithic is documented at the Natufian level of the tell at Jericho (around 8,000 BC), whereas the earliest evidence of controlled fire known to us is associated with Sinanthropus pekinensis, a pitecanthropoid. In other words, he lived even before the emergence of Cro-Magnon man. Even if we accept that his fire may have resulted from lightning, initiates learned to control it at unknown but extremely remote points in time.

And here you already have a preview of what this work promises to be: an amateur contradicting the masters and authorities.

In the end, I believe that this frustrated attempt at a doctoral thesis was my revenge against the aridity of archaeology, or, if you prefer, my path toward the spirit and thought of prehistoric humanity.

In 1993, I submitted a first draft of 500 pages spread across three volumes to that professor—so upright, so strict, so rigorous, and someone who had placed so much faith in me. I remember my disappointment when I opened the returned envelope and saw that he had rejected it. I was sitting at my desk in the law office I had just opened on Garrigues Street in Valencia, and I scarcely gave the attention it deserved to his numerous corrections, underlinings, and critical notes. And that was the end of it.

At the time, I was beginning to become involved in filmmaking, and despite my youth, I could not manage so many disparate commitments simultaneously: the law firm, the films, and the thesis.

An entire lifetime passed before I felt that the time had come to return to the work and publish it as a book outside the University. Revising the old manuscript became tedious because the scientific rigor required of what was intended to be an academic work demanded that every piece of information be properly substantiated, and the text contains well over a thousand footnotes. The draft was not nearly as finished as I had believed, because, to my despair, many passages drawn from cuneiform tablets, folktales, or collections of field anthropology appeared without citations.

Of the three volumes of that draft, I was able to recover only two. I never found the third and most important one, because it contained the final conclusions, as well as the connection between the extensive discussion and megalithic culture, which I consider one of the most important contributions of what I have already begun to call my former doctoral thesis.

Something similar happened with the CD on which I had stored the word-processing files in the antiquated WordPerfect format. Finding it after so many years was a miracle, but, incomprehensibly, the final chapters were missing as well, so I was forced to write them again.

Only during the final stages of the rewriting did I make one last discovery that I believe turns the work into a complete and coherent whole. Reading Frazer’s Folklore in the Old Testament became, for me, a new gateway into the world of miracles, and I believe it led me into that strange solitude one feels when one is the only person who has understood everything—or almost everything.

Yes… being the only one certainly flatters one’s vanity, but it also means being alone.

I was highly motivated when this work was, or was intended to be, a doctoral thesis. But now that I have decided to publish it as a book, and therefore without the narrowness of vision and academic constraints, I confess that I feel liberated.

Nevertheless, since I began studying and writing it with such enthusiasm, the world has changed—or rather, it has been trivialized. Today, reading more than two paragraphs in succession already causes unbearable fatigue to the new citizen, driven by an obsession with immediacy, buffeted by haste, and more accustomed to receiving ideas through images than through the written word, because images are faster.

As a lawyer, I have suffered repeated and deeply painful betrayals, yet they never prevented me from continuing to defend the weak. When I stopped to consider why I did this, I concluded that I was fighting neither for money nor recognition, nor even for those vulnerable people whom I knew would sooner or later turn against me, but for the idea of justice.

What I was doing was not something between my clients and me, but between myself and the idea of justice, presumably in more or less the same sense as Kant’s categorical imperative.

In the same way, I know that almost no one will read this book. And in the same way, I care very little about that. Once again, this is not a matter between the readers and me, but between myself and knowledge.

Nothing, absolutely nothing, can surpass the ecstasy I have experienced through this work, with every discovery and every conclusion, and that alone is sufficient reward for me.

But if you are going to read it, I warn you: your eyes will be opened and your consciousness will expand.

If you read it and ever find yourself standing before the Soto dolmen in Trigueros, Huelva, what you will see will be much more than a funerary mound. You will see the worldview of its builders.

If you read it and visit the great Chalcolithic necropolis of Los Millares, in Santa Fe de Mondújar, Almería, you will understand why, in those other burial mounds, the passageway is divided into three sections by perforated slate slabs.

The archaeologists do not know. The professors do not know. The authorities do not know. But you will know.

If you have heard about what happened in the Garden of Eden and are aware that God created man, then, when you read this book, you will understand why He used clay as his raw material rather than any of the other materials available to Him, such as stone or wood.

I guarantee you that there is no professor, academic, or scholar who knows the answer. But you will.

INVESTIGANDO EL INCENDIO DE VALL DE UXÓ (I)

A LA SUBDELEGACIÓN DEL GOBIERNO EN CASTELLÓN

ÁREA DE INDUSTRIA Y ENERGÍA

JOSÉ ORTEGA ORTEGA, mayor de edad, con domicilio en……………………………………….. comparezco y DIGO:

Que, mediante el presente escrito, y de conformidad con lo prevenido en el artículo 12 de la ley de transparencia, intereso en acceso mediante entrega de copia íntegra de la siguiente documentación obrante en ese Servicio:

Tramitación administrativa correspondiente a solicitud de autorización administrativa de construcción y la solicitud de declaración de utilidad pública para la instalación de almacenamiento de baterías BESS Cuevas de 55 MW, y su infraestructura de evacuación, en el término municipal de la Vall d’Uixó, provincia de Castellón. Expediente: SGIISE/ALM-024.

La solicitud se refiere, tal como se indica, a la tramitación administrativa y no al proyecto técnico, que ya fue objeto de información pública.

Por otro lado, y teniendo en cuenta que dictó la declaración de impacto ambiental con fecha 01.08.25, interesa al compareciente que se le informe sobre si es de esperar una resolución administrativa autorizando y declarando la instalación de utilidad pública, tal y como solicitó la empresa. A este efecto debe considerarse que la anterior resolución se limita a afirmar lo siguiente: “De acuerdo con los antecedentes de hecho y fundamentos de Derecho alegados y como resultado de la evaluación de impacto ambiental practicada, que no es necesario el sometimiento al procedimiento de evaluación ambiental ordinaria del proyecto «Almacenamiento de energía “BESS Cuevas” de 55 MW, e infraestructura de evacuación en el término municipal de la Vall d’Uixó (Castellón)», ya que no se prevén efectos adversos significativos sobre el medio ambiente, siempre que se cumplan las medidas y prescripciones establecidas en el documento ambiental y en la presente resolución”

En caso de que, como parece, la declaración de impacto ambiental no deba ser entendida como resolución aprobatoria del proyecto. Declaratoria de su utilidad pública, interesa que se me proporcione acceso a ella o se me indique la fecha de su publicación en el BOE.

En su virtud,

SOLICITO: Se sirva proporcionarme la información interesada, lo que puede hacerse de preferencia mediante correo electrónico remitido a la siguiente dirección: abogadodelmar01@gmail.com

El Puig, 29 de julio de 2026

UNA REFLEXIÓN HILARANTE SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA, EL AMOR Y EL SEXO

Escribo esta entrada el domingo por la tarde, después de un día de playa, una sesión de bici estática y otra de ejercicio de brazos y dos duchas.

Mientras me daba la vuelta por ahí con la bici he visto un documental sobre el frustrado intento de Kublai Kahn (el amigo de Marco Polo) de invadir Japón a sangre y fuego. Se trata de una historia de honor y heroísmo protagonizada por ochenta samurais que allá por 1280 prefirieron morir a rendirse a los bárbaros.

Hasta el momento de ponerme a escribir no había caído, dicho sea de paso, en que cuando me invitaron a entrar en ese grupo de luchadores llamado Stop Vacunas, me designaron el octavo Samurai.

Pues bien, el pasado viernes pasé la tarde entera y parte de la noche maquetando Mi mujer ideal. Después de dedicar extensas jornadas a repasar el manuscrito por dos veces en busca de errores topográficos y expresiones de estilo mejorables, la maquetación me tuvo ocupado hasta las once de la noche y cuando llegó el feliz momento y me dispuse a subir la novela a Amazon me encontré con que no podía hacerlo porque me habían cerrado la cuenta. Me decían que las razones quedaban expuestas en un mensaje de correo que me habían enviado pero que yo no veía por ningún sitio.

Siempre se avería el coche o se estropea el ordenador a las puertas del fin de semana ¿verdad? Se supone que estos señores de Amazon no me darían explicaciones hasta el lunes. Y encima me encontraba en la mitad de una de esas tormentas que se ciernen sobre mí de forma periódica cuando una señora que está colaborando conmigo en un proyecto me valora, me admira y me adora, de pronto se da la vuelta y se vuelve, literalmente, demonio. Estos cambios bruscos de humor me recuerdan a una situación que retraté en la novela. En el centro de Africa, un colono europeo había criado a un hipopótamo bebé y cuando creció lo adoptó como compañero de piso, por así decir. El tipo aquél era feliz con su hipopótamo. Lo cabalgaba, le daba cachetes afectuosos y todo era tan simpático como en una historia de Walt Disney. Hasta que un día, algún estímulo desconocido provocó miedo en el bicho, que se volvió repentinamente agresivo y se comió al colono.

Algo así me está pasando con la señora que antes me sonreía tanto: Se ha vuelto hipopótamo fuera de control y lleva varios días insultándome rn público.

Uno puede preguntarse cómo es posible que mientras estaba recibiendo estos palos tenga el cuajo de escribir una novela de humor. En la anterior entrada, cuando aludía de forma genérica al capítulo más constante de mi vida, el de las traiciones y puñaladas traperas, dije que yo era un hombre estoico.

Como hombre estoico continué escribiendo mi historia de humor pese a la lluvia de huevos podridos y hortalizas caducadas que estaba recibiendo del hipopótamo demente, y como hombre estoico, el pasado viernes, a las once de la noche, en lugar de ponerme histérico ante la inesperada humillación de los muchachos de Amazon y la perspectiva del fin de semana en blanco, en lugar de morderme los puños el sábado y lo mismo el domingo, resolví quedarme tan tranquilo como aquel lord inglés que, saliendo de su greñuda casa señorial con el propósito de pasar el fin de semana fuera, volvió casualmente la cabeza y vio que estaba siendo pasto de las llamas, ante lo cual su comentario fue ¡Vaya disgusto voy a coger el lunes! .

A uktimísima hora de ese viernes me enteré de que la razón del cierre de mi cuenta era que supuestamente no tenía los derechos necesarios para publicar mi novela sobre la vida de Jesús El Peregrino desolado. Debo reconocer que eso sí que estuvo cerca de romperme los nervios porque en los primeros días del mes de junio ya me habían cerrado la cuenta por la misma razón. En aquella ocasión hube de moverme muy rápido para personarme en el monasterio de San Miguel de los Reyes, donde están la biblioteca valenciana y el registro de la propiedad intelectual, y pedir un documento s acreditativo de mi titularidad registral. Tras superar reticencias y dificultades (pues querían hacerme pagar una tasa, pero por banco, y aquello es la huerta) conseguí el papel y lo hice llegar a Amazon. A los pocos días recuperé la cuenta y. Creía que todo estaba bien hasta la noche del viernes, cuando descubrí que lo habían vuelto a hacer.

Por qué ha pasado esto? La editorial Corona Borealis publicó El Peregrino desolado en 2019 mediante un contrato de tres años de duración que no se ha renovado, por lo que quedó sin efecto en 2022. Corona tenía mi Peregrino a la venta en Amazon y al vencer el contrato y recuperar la plenitud de mis derechos decidí publicar la obra en Amazon por mi cuenta, de lo que estos señores tan amables supongo que sacaron la idea de que mis derechos de propiedad intelectual continuaban cedidos a la editorial.

A todo esto, la editorial ha desaparecido. Ya no me puedo comunicar con ella por ningún medio, ni teléfono , ni correo electrónico. Su página web ya no existe y llevan al menos dos años sin presentar las cuentas anuales en el registro mercantil. Esto se lo he contado a los buenos chivos de Amazon, y sobre todo les he pedido que retiren de su tienda el libro de Corona Borealis porque como titular de la propiedad intelectual sobre la obra no autorizo su comercialización. No sé si sueño o estoy despierto porque creo que me han hecho caso, por lo que todo indica que he terminado ganando por goleada a pesar de que al principio me pasaron por encima.

Hombre estoico, decía. No es que el viernes me hubiera venido el pensamiento de que al siguiente lunes me iba a coger un disgusto: supe, tuve la certeza absoluta, de que iba a resolver el grave problema, como así ha sido. Finalmente, en esta tarde de domingo he conseguido poner en Amazon esta obra cómica titulada Mi mujer ideal, continuación de Mi hombre ideal como ya dije en la entrada anterior. subtítulo: Una reflexión hilarante sobre el sentido de la vida, el amor y el sexo.

Por problemas de maquetación no he podido poner el gráfico de portada que había elegido, pero en la biblioteca de imágenes de Amazon he encontrado una que me convence.

Oh… algo importante:Ésta es una novela para heterosexuales.

Tiene un precio más que pasable de diez euros para que nadie de vea privado de de reír por falta de medios. supongo que podrá comprarse a partir del lunes.

de ahí los señores sacaron la concludión

MI MUJER IDEAL (POR FIN)

A MODO DE EXPLICACIÓN

Debió ser en la primera década de los años dos mil cuando presenté un proyecto de eso que con un anglicismo prescindible, llaman TV movie a una convocatoria de Canal 9. Había estado haciendo cine con intensidad en los noventa en un grupo formado por Teresa Sancho, María Rubio, Primitivo Rodriguez y sobre todo el gran Juan Piquer, director de culto en los Estados Unidos.

En 1996 fundé mi propia productora, Lugalbanda, conla que en el ocaso del siglo XX escribí, produje y dirigí tres series documentales para TV, un cortometraje de ficción y alguna otra cosa.

En los primeros años de los dos mil intenté sin éxito volver a producir cine por mi cuenta y redacté entre otros guiones el de una comedia romántica en forma de Road movie (otro anglicismo prescindible) titulada Mi hombre ideal. La presenté a la convocatoria, creo recordar que en coproducción, y no hubo nada que hacer, por lo que me pareció buena idea transformar el guión en una novela.

Por aquellas fechas, en torno a 2009, y de forma insólita, me había caído del cielo un inesperado club de fans formado por unas pocas señoras y señoritas que habían dado muy buena acogida a mi novela El árbol de la vida. Ellas tuvieron la osadía de crear una pagina de Facebook llamada Yo también quiero que José Ortega termine de escribir mi hombre ideal.

Efectivamente la terminé y la subí a Amazon, y lo mismo hice con otros tres guiones de cine convertidos en novelas y titulados La tumba, El último sueño de la mariposa y El camino al paraíso.

Duranteun vuelo a Viena mi familia y yo coincidimos en el avión con un grupo de amigas que viajaban en grupo y y volvimos a coincidir en el regreso, sólo que esta vez a una de ellas le tocó sentarse a mi lado.

Durante nuestro paso por las nubes me puse a escribir Mi hombre ideal. Tecleaba muy trabajosamente con un puntero en el teclado virtual de mi PDA, herramienta hoy en desuso pero que entonces era algo casi mágico. La vecina de asiento me preguntó qué era lo que estaba escribiendo con tanto interés, y añadió que estaba intrigada desde que me había visto escribir también en el viaje de ida. Puse el dispositivo en sus manos para que lo viera por sí misma y leyó los primeros pasajes de la desternillante historia.

—Lo que no sé es cómo vas a poder mantener el nivel —me dijo al devolverme el cacharro.

Se estaba refiriendo al nivel de hilaridad de aquellos primeros párrafos. Ella pensaba que no me iba a ser posible mantenerlo.

Quizá lo conseguí, y pienso de esta manera por dos testimonios. Uno de ellos es el de una lectora llamada Olga. Estaba leyendo Mi hombre ideal en su terraza mientras la vecina rendía la ropa en la de al lado. Según ella misma me contó, estaba riendo a carcajadas tan ruidosas que la vecina no paraba de escrutarla tratando de entender la razón de tanto jolgorio. El otro caso es el de Beatriz, que con mucho afecto y extraordinaria atención y profesionalidad maquetó la novela y revisó el original. Estaba leyendo dentro de su piso y por exagerado que esto pueda parecer, al escuchar sus carcajadas el vecino le tocó a la puerta, preocupado por si le estaba pasando algo malo.

Entonces las señoras y señoritas de mi club de fans (con perdón, ya que hablar de mi club de fans lo encuentro de una pedantería inaguantable, pero no sé expresarlo de otra manera) se descolgaron con una petición nueva. Esta vez no se trataba de que terminara Mi hombre ideal: Debía escribir una segunda parte titulada Mi mujer ideal, pero además tenían que aparecer ellas mismas en la trama.

Esto sí era un desafío, sobre todo porque Mi mujer debía por lo menos igualar los niveles de risas de Mi hombre, y esto de fácil no tiene nada. Me hicieron sentir como un atleta obligado a batir o al menos igualar su propia marca personal.

Empecé este proyecto en 2016, pero lo fui dejando porque otros se me cruzaron en el camino. Entre ellos dos novelas, la comedia bufa la verbena de la OMS y el drama sentimental ambientado en la Plandemia La mujer de barro, además del extenso ensayo Una topografía del más allá, mi frustrada tesis doctoral en Historia Antigua y Arqueología.

Di por fin el impulso final a esta historia en la primavera de 2026, con un cambio de rumbo importante tras desechar líneas arguméntales que me parecían de poca chispa.

No sé si habré conseguido igualar o acercarme a esos pasajes de Mi hombre ideal que arrancaban carcajadas, pero sí sé bien lo mucho que he disfrutado escribiendo esta historia y creando sus situaciones equívocas, como ya me sucedió en 2024 cuando escribía La verbena de la OMS.

Cuando escribo una novela experimento dos deseos simultáneos y contrapuestos: El deseo de acabarla por fin y darla a los lectores y el deseo de no acabar nunca, simplemente porque el proceso de escritura es en sí un acto de éxtasis prolongado.

Mi público se reduce a cinco o seis fieles y por lo que tengo visto nunca conseguiré hacer de esto una profesión ni que me conozcan más allá de ese modesto círculo. Pero me compensa extraordinariamente la simple satisfacción de escribir. Cuando escribo vuelo, así de simple.

A menudo he dicho que a vista de las continuas traiciones y puñaladas traperas que he sufrido durante mi vida profesional, he llegado convencerme de que en realidad no lucho ni siquiera por los débiles y desamparados, que sé que antes o después se volverán contra mí, sino por el ideal de la justicia. Esa lucha es digamos un asunto privado entre la justicia y yo. Pues bien, en el ámbito literario no alcanzo ni siquiera la notoriedad imprescindible para tener enemigos o sufrir traiciones. Es mucho peor: Aquí sólo hay indiferencia y anonimato. Y mi reacción de hombre estoico es la misma: No escribo con la esperanza de hacerme famoso o aparecer en los papeles. Escribo para pasarlo genial en el proceso, y esto no me lo pueden quitar. Entonces no es un asunto entre los casi inexistentes lectores y yo. Es un asunto entre la belleza y yo, si lo puedo expresar así. Y en el caso de estas novelas cómicas, resulta que el primer beneficiario del humor, el primero que se ríe, el primero en disfrutar, soy yo mismo.

¿Sabéis por qué hacer esto es tan electrizante y adictivo? Porque incluye un milagro que se repite una y otra vez con cada nueva pagina. Y es que al empezar una escena nueva, yo no sé lo que quiero escribir ni lo que va a pasar. En Mi mujer ideal se describe entre otras situaciones, el encuentro en una cervecería entre un hombre y una mujer. Cuando empecé a escribir los diálogos y las situaciones de ese encuentro era muy consciente de que no sabía por qué cauces se desarrollaría la conversación. Pero era también consciente de que todo iba a fluir, de que los personajes se disponían a a cobrar vida y a sostener un diálogo chispeante casi sin mi ayuda, excepto para levantar acta fiel de sus manifestaciones, como quien dice. Y éste es el milagro que experimento cada vez que me siento ante del ordenador: La historia de escribe sola. Me siento bendecido por este don.

Beatriz, Rosama, Lidia, Saray, Peña, Conchi… muchas gracias por todo lo que habéis hecho por mí sin que yo lo pida Muchas gracias por leerme, por apoyarme y por difundir mi trabajo.

Especialmente gracias a Beatriz por maquetar tantas novelas que tengo en Amazon y por revisar los originales.

El Puig, 21 de junio de 2026

MODELO DE COMUNICACIÓN A EURODIPUTADO CONTRA CHAT CONTROL

@abogadodelmar

INSTRUCCIONES (PARA EL QUE QUIERA)

  1. Copia el texto y pégalo en un procesador.
  2. Localiza los correos electrónicos de cuantos más eurodiputados puedas.
  3. Remite el texto.

MANDAR UNA QUEJA A LA COMISIÓN DE PETICIONES ES INÚTIL, PORQUE LA PRESIDE LA ILUSTRE MIEMBRO DEL GLOBALISTA PARTIDO POPULAR Y YA TENGO CON ELLA MUY PERO QUE MUY MALAS EXPEXPERIENCIAS

Respetado señor diputado, respetada señora diputada:

Asistimos al tercer intento consecutivo de imponer en el seno de la UE una legislación delirante para el monitoreo exhaustivo de todo tipo de comunicación electrónica entre particulares, ya sea mediante WhatsApp, Telegram, Signal o correo electrónico. La pretendida justificación es la prevención de la pedofilia, si bien tan deseable propósito no requiere el espionaje de absolutamente todas las comunicaciones personales privadas de los ciudadanos, que como es obvio suelen incluir imágenes de la familia y aspectos no ya privados, sino íntimos de las personas.

Como usted sabrá, el espionaje de las comunicaciones privadas de los ciudadanos es directamente contraria al derecho reconocido en el artículo 7 de la carta de derechos fundamentales de la UE.

Por tanto, el proyecto de nueva legislación europea para imponer el control de las comunicaciones privadas no sólo carece de justificación según sus postulados teóricos, sino que resulta contrario al propio Derecho Europeo. Todo indica, más bien, que asistimos a una manifestación más de la deriva totalitaria y antidemocrática que desde hace años y bajo el mandato de la actual presidente de la Comision están siguiendo las instituciones de la UE.

Por tanto, debo solicitarle que no proporcione con su voto apoyo a este proyecto

IRÁN

Entiendo que la revolución que puso en el trono de Irán a Jomeini fue una reacción. legítima contra la deriva social y cultural del extenso país. Opinable, sin duda, pero legítima porque doy por supuesto que se había producido una infiltración de modos de vida occidentales que no llevaban bien los sectores más severos de una sociedad que ya profesaba el Islam.

Lilith

Hoy día circulan memes mostrando la diferencia entre la forma de vestir las mujeres en la época del Sha, con faldas cortas y pelo suelto, y sus púdicos ropajes actuales. El propósito de estas fotografías es evidenciar con un sólo golpe de vista la represión actual de la mujer iraní en contraste con aquella libertad. Y verdaderamente no entiendo del todo por qué esa censura del cuerpo femenino, aunque el instinto me sugiere que lo mismo que para las feministas extremas todo hombre es un violador en potencia, para el Islam toda mujer lleva el sello de Lilith, la primera Eva.

Cuando Dios la creó en el paraíso, Adán la deseó y quiso yacer sobre ella, pero Lilith se resistió pretextando que había sido creada del barro lo mismo que Adan, y que siendo su igual, se pondría encima. Adan se resistió y esto despertó la cólera de Lilith, que pronunció el nombre secreto De Dios para salir volando y aterrizar en el Mar Rojo infestado de demonios. Se dedicó a copular con todos ellos y se quedaba embarazada cada día. Lilith es entonces un símbolo de la lascivia fuera de control y se dice que pervive entre las ruinas desoladas, donde hace suyos a los viajeros que quedan dormidos a su abrigo.

No sólo el instinto, sino la experiencia, me indican que uno de los elementos más obvios del atractivo femenino es la cabellera larga. La razón la desconozco, pero no tengo muchas dudas. Entiendo los códigos ocultos aunque imperativos de la biología ordenados a la procreación y a la perpetuación de la especie, como el magnetismo irracional del pecho, parece que ordenado a que los hombres prefiramos a mujeres con mayor capacidad de amamantar, o la circunstancia de que cuando la mujer está ovulando le parezcan más atractivos los hombres con voz grave, porque ello indica niveles más altos de testosterona y por lo tanto opciones más viables de conseguir un embarazo, pero en cambio durante la crianza se sienten más cómodas junto a un tipo de voz algo aflautada que se limite a cuidar del nido.

El atractivo hipnótico de la melena no he llegado, en cambio, a entenderlo en función de estos códigos, o no todavía. En cualquier caso, es un hecho que el Islam lo reconoce y que por eso las mujeres musulmanas se cubren con un velo, lo que por otro lado no nos debería resultarnos tan ultrajante, porque aunque la costumbre se haya perdido, las mujeres católicas se lo ponían hasta hace no muchos años para entrar en la iglesia.

Jomeini

La cara inflexible de Jomeini y su mirada dura daban miedo. Tenía el hombre la expresión de un maestro de escuela implacable y un par de cejas muy espesas y negras, más o menos como las del Almirante Carrero.

Los crímenes de la teocracia iraní, incluso actuales, causan estremecimiento. No sé si es verdad o no, pero leí que una joven había sido condenada a muerte por no resistirse lo suficiente durante una violación. La noticia me recordó vagamente mi examen oral de Derecho Penal cuando Landrove, aquel catedrático no precisamente afable, me pidió que hablara del delito de violación . Recordando lo que había oído decir a otro estudiante en una conversación de café, le conté que en el Derecho medieval no se consideraba consumado el delito si la mujer no había gritado tres veces. No una, ni dos: Tres veces.

Frente a esa brutalidad incomprensible y frente a ese machismo extremo de la teocracia iraní y del Islam en general , Occidente se presenta a sí mismo como un espacio donde la mujer es libre de vivir como quiera, vestir como quiera y trabajar en lo que quiera. Pero tengo la percepción de que el Islam concibe a occidente como una sociedad pervertida, depravada y satánica, lo que resulta cierto si levantamos las alfombras. Pero es preciso hacerlo, es decir que no basta con la simple ojeada superficial alrededor de que es capaz la mayoría. Levanta la alfombra y mira debajo si te atreves.

El occidente cristiano nada tiene de cristiano: Es satánico, decadente, corrupto, in oral y depravado hasta extremos inimaginables. Por alguna razón que mi mente se niega a entender, el más oscuro objeto de deseo de la élite económica, social y política no son las mujeres atractivas, incluso las de largas cabelleras, sino los niños de ambos sexos. Se trata de la mercancía más exquisita y demandada, no sólo para gozar de placeres sexuales incomprensibles, sino para proceder, según rumores, a rituales propios del cine de terror más crudo. Después de abusar de ellos, al decir de algunos torturan a estos niños para que entren en pánico y comiencen a liberar adrenalina. Entonces los matan y beben su sangre. Parece que esa sangre saturada de adrenalina tiene un nombre que ya se ha convertido en símbolo: Adrenocromo. Y parece que esa sangre tiene la capacidad de preservar la juventud de quien la bebe. Es lo que se dice, aunque algún científico lo desmiente afirmando que la cantidad de adrenocromo que puede obtenerse mediante este método es ínfima, mientras que la misma sustancia puede obtenerse en grandes cantidades en laboratorio mediante la oxidación de la epinefrina o adrenalina.

Pero eso no es todo: Después, a estos niños violados, torturados, asesinados y desangrados se los comen, y todo esto siguen siendo rumores, aunque de una persistencia inquietante.

He encontrado esto en una publicación de Facebook. La intrusión de números y símbolos entre las palabras no se debe a errores tipográficos sino a la censura:

Gráfico que acompañaba a la publicación de Facebook

La superestrella mundial Celine Dion se está muriendo de kuru, la enfermedad priónica caníbal, tras años de fuerte adicción al adrenocromo que se descontroló durante los confinamientos por la COVID-19, según revelan correos electrónicos explosivos de Epstein.

Los documentos revelan la existencia de una red de élite que utiliza a niños como farmacias vivientes. Un nombre destaca por la gran cantidad de menciones: la superestrella mundial Celine Dion , la cantante ganadora de cinco premios Grammy, cuya potente voz ha llenado estadios desde Tokio hasta Río de Janeiro.

Se hace referencia a Dion en todos los archivos de Epstein, a veces en correos electrónicos con su nombre tachado, a veces en texto plano, en correos electrónicos que contienen palabras clave caníbales como «carne seca», «bebé de queso crema» y más.

La conexión más incriminatoria aparece al principio de los registros. John Christensen, el administrador de propiedades de Dion durante muchos años, estaba profundamente involucrado con Jeffrey Epstein. Ambos mantuvieron correspondencia directa por correo electrónico durante años, hablando en clave, compartiendo información confidencial e incluso entregándose llaves.

Christensen invitó repetidamente a Epstein a la extensa «megamansión» de Dion en Jupiter Island , describiendo la propiedad de la cantante como un «hermoso complejo» que se ajustaría a los gustos notorios de Epstein.

Tras finalizar el contrato de Christensen con Dion a finales de 2014, pasó inmediatamente a trabajar a tiempo completo para Epstein, gestionando varias de las propiedades del financiero en Norteamérica. Documentos judiciales confirman que Epstein gestionó personalmente el nuevo puesto de Christensen tras una estancia «muy productiva» en la residencia de Dion.

Adicto a la al Adr3nocr0m0

Los archivos de Epstein vinculan explícitamente a Celine Dion con el uso de adren0crom0.

Una cadena de correos electrónicos de 2016 trata sobre la «logística de suministro para los tratamientos de las fuentes de SV» y un «protocolo refinado de la vieja escuela» que evita la «cosecha sólida», un código de élite para el consumo de carne infantil, según fuentes internas que revisaron un lote de archivos sin censurar.

Dion, en cambio, es una purista: solo b3b3 el 4dr3nocr0m0 derivado de la s4#gre y nunca prueba la c4rne.

«Celine siempre se consideró más elegante que las demás», dijo un antiguo miembro de su círculo íntimo. Ella lo llamaba «el viejo método vampírico». Nada de masticar, nada de desorden. Solo la pura y explosiva sensación del líquido».

Esa euforia se convirtió en leyenda en los círculos más oscuros de Hollywood. Su equipo presumía en privado de que la ponía «eufórica como nunca», otorgándole una energía sobrehumana y notas altas perfectas durante las giras maratonianas.

Según se informa, lo consumía antes de cada actuación importante, a veces en varias dosis. Pero todas las historias sobre adr3n0crom0 terminan igual: con la enfermedad priónica.

Dion ha estado luchando en silencio contra el kuru, el trastorno neurodegenerativo mortal causado por proteínas mal plegadas provenientes de tejido humano infectado. Históricamente limitado a los caníbales de Papúa Nueva Guinea, ahora se está propagando en Hollywood y Washington D.C., causando temblores, risa incontrolable, pérdida de coordinación y la muerte.

El “vértigo” que una vez impulsó su voz angelical es ahora el primer síntoma visible de su declive.

Incluso otras estrellas de Hollywood con casos de kuru, según se informa, se lo están pensando dos veces tras ver su rápido deterioro. Una famosa presentadora de televisión, de unos 50 años y que camina con bastón, fue oída decir: «Si Celine no puede vencer esto ni con los mejores médicos que el dinero puede comprar, ¿qué demonios estamos haciendo nosotros?».

El encubrimiento comenzó en 2022, cuando sus síntomas ya no pudieron ocultarse. La gerencia emitió un diagnóstico falso de «síndrome de la persona rígida» —un trastorno que padecen menos de 5000 personas en los EE. UU.— en entrevistas preparadas y reportajes en revistas.

Según algunas fuentes, el verdadero detonante fueron los confinamientos por la COVID-19. Aislada en sus mansiones, el consumo de Dion se disparó. Los partos aumentaron, los médicos le advirtieron que estaba poniendo en riesgo su vida y los síntomas se volvieron imposibles de ocultar: temblores violentos y ataques repentinos de risa inapropiada.

Un informe médico filtrado describe su condición como «kuru en etapa avanzada con progresión agresiva», y señala que los tratamientos estándar están fallando debido a sus sofisticados métodos de obtención de la enfermedad.

Dion acaba de anunciar sus planes para retomar las actuaciones en público. En sus últimas apariciones públicas se la vio inestable, mostrando esa sonrisa nerviosa que antes resultaba emocionante pero que ahora da miedo.

Los archivos de Epstein confirman que no se trata de un caso aislado. Decenas de celebridades aparecen con las mismas palabras clave. Sin embargo, la historia de Dion es única: la elegante cantante que creía poder superar la brutalidad bebiendo la s4ngre🩸 en lugar de comer la carne”.

Aborigen de Guinea-Papúa

Algunos datos de esta historia no me cuadran. La enfermedad del kuru (nombre que significa “temblor con fiebre y frío ”) es propia de las selvas de Guinea Papúa y se originó debido a la costumbre funeraria de comerse a los familiares muertos. Al parecer esta costumbre consistía en desenterrar los cadaveres infectados de gusanos, trocearlos y hervirlo todo (gusanos incluidos) antes de comerlos. Al comer también los cerebros, algunos adquirían una variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, más conocida popularmente como de las vacas locas. La enfermedad del kuru era más corriente entre las mujeres y los niños porque comían el cerebro de los muertos y ser allí donde se alojaban los priones causantes de la enfermedad. Pero si Céline Dion, según el relato, evitaba comer la carne de los niños asesinados y se limitaba a beber su sangre, no veo cómo puede haber contraído la enfermedad.

Sea cierta o no la historia, creo que los rumores se han vuelto tan intensos que deben apuntar a hechos que efectivamente suceden en las altísimas esferas. Con adrenocromo o sin él, la enfermiza querencia sexual de las élites hacia los niños resulta difícil ya de ocultar. Y puede que el señor Epstein sea sólo la punta del iceberg de estas prácticas, pues por lo que he oído tiendo a pensar que eso se hace allí donde podamos encontrar un grupito de billonarios aburridos y con principios morales poco exigentes.

Nosé María Aguirre Gonzalo

Una vez cierto periodista comentó al viejo banquero José María Aguirre Gonzalo, director de Banesto antes de Mario Conde, que los de su profesión ganaban mucho dinero. La respuesta se me quedó fuertemente grabada en la memoria por su aplastante sensatez: “, pero yo sólo me puedo comer un filete”. Obviamente con esto estaba diciendo que aunque su dinero podría pagar cientos de filetes al día, a él sólo le cabía uno, por lo que no había forma de traducir su riqueza en placer.

¿Pero qué sucede cuando los billonarios deciden rebelarse contra esa limitación humana y buscan nuevos modos de placer exclusivos y no convencionales? Fácil: Ponen en marcha estos circuitos siniestros. Seguramente habréis oído que el principito Andrés violó y asesinó a una niña, pero no en un descampado penumbroso ni en un tugurio lúgubre de los suburbios, sino en el palacio de Buckingham. Y seguramente os ha llegado noticia de que los amigos Epstein y Trump hicieron lo mismo con otra niña. “Le volaron la cabeza”, dice la crónica, sea verdadera o falsa.

La diversión no termina ahí. Como sugiere Amenabar en Tesis, las torturas y los asesinatos son grabados en vídeo para luego exhibirlos en pases privados para un público extraordinariamente restringido. Como vemos, la inmundicia de la sociedad cristiana y libre occidental no parece tener límites.

Guerra entre los ángeles y los demonios

Quien conozca el Apocalipsis sabrá que en el inicio de los tiempos hubo una batalla en el cielo. Una batalla de los ángeles contra los demonios.

Después hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. El dragón y sus ángeles pelearon, 8 pero no pudieron vencer, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. 9 Así que fue expulsado el gran dragón, aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, y que engaña a todo el mundo. Él y sus ángeles fueron lanzados a la tierra”.

Apocalipsis 12:11

En los textos ugaríticos la expresión “la tierra” alude al submundo. “Tras Baal bajaré a la tierra”, de dice refiriéndose al reino de las tinieblas. Por eso tiendo a pensar que cuando el pasaje bíblico habla de la tierra, se está indicando precisamente el infierno subterráneo.

Soy de la opinión de que ése que para no pronunciar su nombre llamamos el príncipe de este mundo, está tomando revancha y apoderándose de nuestra sociedad (occidental). Es lo que vemos en cada detalle de nuestra extraña y desafortunada vida colectiva. La generosa invitación al cambio de sexo, incluso en bebés recién nacidos, el fomento del aborto, la guerra artificial entre hombres y mujeres, el feminismo extremo, la polarización de la sociedad fomentada desde el poder, los excesos ridículos de la autopercepción… Todo eso es el testimonio de una guerra contra Dios y su creación. Y ya sabemos quién está fomentando y alimentando esa guerra.

Ahora compara todo esto con las atrocidades de la Teocracia iraní.

José Ortega

ROMPIÓ LA PRIMAVERA EN LOMBARDÍA

I

—you can see Jorge Cluny’s house.

Pillo la al vuelo la sorprendente sugerencia mientras paso junto a una pareja de turistas a la que intenta camelar uno de los muchos espontáneos que ofrecen periplos privados por el lago. Y sigo adelante, preguntándome cómo hemos podido alcanzar cotas de imbecilidad tan sublimes como para que alguien pueda considerar ventajoso desprenderse de una parte de sus ahorros sólo para contemplar la mansión de lujo de un gringo podrido de dinero que por lo demás no tiene ningún mérito.

A nosotros también nos han ofrecido paseito privado. Al acercarnos a la masa humana que se agolpa frente a las taquillas, una señora o señorita sudamericana nos comunica en español que los billetes se han agotado, pero que ella dispone de embarcación con la que darnos una vueltecita más corta por 100€/persona. Tan pronto como lo escucho, me doy la vuelta y me desentiendo de la conversación porque ya nos timaron en Venecia tiempo atrás en un contexto parecido.

Cristina y su madre, siempre positivas, siempre pacientes y siempre voluntariosas, deciden hacer uso de la santísima paciencia y tras hacer la cola, consiguen billetes para esa misma vueltecita corta al precio de 8€/persona. Bastante impresionante y espectacularmente acertado, diría yo. No sé si su aspecto de actrices de cine viajando de incógnito fue decisiva, pero quizá sí porque las dos llaman la atención por su atractivo y elegancia.

El lago de Como es una atracción turística muy popular al pie de los Alpes. Y me parece que fue por aquí cerca donde Mussolini y su chica fueron ahorcados y pasaron a mejor vida, dicho sea de paso.

Durante la travesía se nos muestra, majestuosa, la cordillera nevada mientras la golondrina, armando con su motor más escándalo que el Korosko en la novela de Conan Doyle, nos va acercando uno tras otro a los villorrios de la orilla. El único que se queda fuera es Bellagio, la joya de la corona y ese pueblo tan mono que todos quieren ver.

Estamos en Italia y la pasta se percibe en el ambiente, pero en este caso no se trata de pizza ni de lasaña, sino de dinero. Se intuye en esas mansiones lujosas y vetustas que se asoman a la orilla, y no es difícil imaginar los Ferrari y los Lamborghini circulando por esas calles.

No hemos podido ver la casa de Don Jorge, y particularmente se me da un ardite. Vayan con Dios el madurito guapete, sus dólares a manta y su castillo prodigioso.

II

Hemos llegado a Como desde la estación de ferrocarril de Milán en un día soleado en el que casualmente la ansiada primavera por fin consiguió abrirse paso y rescatarnos de los gélidos huracanes de este invierno que quedó ya cerrado y archivado hasta nueva orden. Estábamos en Florencia cuando murió Juan Pablo II y casualmente estamos también en Italia cuando Simoneta Vespuci volvió a mostrar su sonrisa seductora.

Dicen que esta zona del norte de Italia está tomada por una energía densa y oscura, pero no sé por qué. Todo lo que hemos encontrado han sido personas decentes, educadas, cordiales y bien vestidas como ya no es posible encontrar en esa tierra llamada España, antes punta de lanza de la cristiandad y hoy doblegada por aquél al que para no nombrarlo llaman el príncipe de este mundo. Se ven, confundidos con los aborígenes, multitud de pakistaníes, algunos negros y unos pocos chinos. La normalidad de las personas por la calle y en el transporte público es como un reconfortante viaje al pasado, cuando la gente en España era normal, vestía con normalidad y se portaba con normalidad. En la España sometida no puedes dar un paso sin cruzarte una y otra vez con personas que exhiben gustosos sus tatuajes, se han teñido el pelo de verde o azul y llevan aros metálicos en el tabique nasal como vacas estabuladas. En esta ciudad las personas no se disfrazan de payasos como en España. No salen a la calle en pijama como he visto hacer en España y no visten atuendos con enormes motivos florales que te hacen confundirlos con cortinas que se mueven solas, como he visto en España. En esta ciudad no hay o no he visto obesidad mórbida, ni muchachas haciendo ostentosa exhibición de sus panzas grasientas. Todos parecen delgados. En el tren de cercanías y en el metro, los pasajeros, cuidando de no molestar al prójimo, no osan mantener ruidosas conversaciones telefónicas con el altavoz conectado y por tanto nos evitan soportar las conversaciones privadas de ida y vuelta, como sucede en España. Tampoco rompen los nervios del vecino poniendo a todo volumen basura digital de tiktok, como es habitual en España. Permanecen en silencio o leen libros. Ni siquiera he visto, como sucede aquí, el dudoso espectáculo de todos y vea uno de los viajeros del vagón como petrificados mirando la pantalla de su teléfono móvil.

Hemos hecho esos viajes con total confianza de que el tren no iba a descarrilar y gozando de salidas y llegadas puntuales, lo que ya no es posible en España.

III

Sales del metro y lo primero que ves es el incomprensible y espectacular milagro de la catedral. El horror vacui de la fachada sugiere desde luego inspiración barroca, pero parece ser que todo comenzó con la modesta basílica de San Ambrosio, en el siglo V, a la que se superpusieron adiciones, mejoras y ampliaciones.

La cola para acceder al interior no tiene fin (principio, debería decir), y preferimos prescindir de ello lo mismo que habíamos hecho en nuestro intento de visitar el museo de los Uffici en Florencia, y por idéntica razón.

No es fácil explicar con palabras la grandeza de lo que tenemos delante, como no lo es imaginar el esfuerzo sobrehumano, el conocimiento riguroso y la constancia de hierro que aquellos hombres entregaron a la gran obra de Dios.

Y allí están. Allí están, con la boca abierta, los visitantes y turistas de esta generación woke incapaz de concebir el esfuerzo. Visitantes y turistas que se mueven como lo que Ortega tanto tiempo atrás llamó el hombre masa, aquél que sólo sabe reclamar derechos.

Miro a esos turistas enfocando a la fachada las cámaras de sus teléfonos móviles y recuerdo la escena que había presenciado años atrás, cuando docenas de turistas iguales estaban fotografiando en el Louvre a la victoria de Samotracia con el mismo entusiasmo desbordante y la misma entrega incondicional que habrían dedicado a Taylor Swift.

Me parece que si a uno de esos turistas impresionados ante la construcción le pidieran solamente recoger unos ladrillos del suelo, sufrirían una hernia y habría que trasladarlos al hospital más cercano. Y me parece como si la grandeza de quienes pusieron su fe, su fuerza y sus conocimientos para la gran obra aplastara a la insignificancia y la trivialidad de los turistas. Como si los ojos de todas esas figuras severas maravillosamente dispersas en la fachada, fueran los ojos de los constructores contemplando con ironía a la multitud de enanos.

IV

La biblioteca ambrosiana es sobre todo un museo recóndito que oculta en un ambiente agradablemente penumbroso algunas joyas del Renacimiento. Entre ellas se cuenta un ejemplar de la Adoración de los magos, de Tiziano, y digo un ejemplar porque esta obra, extrañamente, puede verse también en el Prado.

Hace poco había leído que el marido de María no era un viudo en la edad madura, sino un viejo reviejo a quien por alguna razón incomprensible le floreció la vara en presencia de los sacerdotes, y fue por eso el elegido. Y allí está, en el extremo de la izquierda, como un Matusalén reseco y medio momificado que podría ser no el padre, sino el tatarabuelo de la Virgen.

Y no olvidemos al perrito orinando indecorosamente en un poste de madera mientras uno de los magos besa con reverencia un pie del niño.

Pero a mí lo que más me ha llamado la atención, me ha cautivado, digamos, es el pequeño pero resplandeciente retrato de Bernardino Luini, Cristo bendicente. Lo que vemos es un joven de belleza ligeramente femenina y tan pelirrojo como podría serlo cualquier italiano de la época. Desde luego nada parecido a un judío de pura raza como Jesús, pero esto no es novedad. Ya sucedía con los maestros flamencos. En todo caso, el retrato tiene alma, o a mí me lo parece.

V

¿Conocéis el restaurante Sophia Loren? Allí es allí donde tuvimos la buena suerte de comer. Buena suerte en varios sentidos. Ninguna novedad respecto a la comida: Pizza y pasta, pasta y pizza como siempre. En cambio, dos cosas merecen ser destacadas. En primer lugar, la música de ambiente. En España resulta casi imposible entrar en un local público, ya sea restaurante, cafetería o tienda de ropa, sin que nuestro sistema auditivo y nuestro cerebro sean agredidos por esa basura para tarados llamada regetón. “Me llamo Jairo y nací en El Cairo”, dice una de las inspiradas letras de estos artistas cuya música sugiere no sólo que se han puesto a tocar nada más levantarse de la cama, sino que no se han duchado y si acaso que van llenos de liendres.

En el restaurante Sophia Loren sonaban clásicos italianos de toda la vida y algo de Dean Martin, y nos sentimos agradablemente anclados a una época pasada, más humana y mejor de este mundo.

En segundo lugar, la simpatía espontánea y desbordante de los camareros era no sólo muy italiana, sino también muy cálida. Cayeron rendidos a los pies de Sofía (sí, como el nombre del restaurante), nuestra pequeña joya dorada de casi tres años, esa niña de una belleza tan distinguida que desborda lo meramente físico, como sucede a Julia, su afortunada aunque atareada madre. Esta niña es (por fortuna) idéntica a ella cuando tenía su misma edad.

Si los camareros empezaron dándole achuchones y proclamando que era la chica más bella de Italia, a la despedida la definición se había quedado pequeña y era ya la más bella de Europa.

VI

Estos días intensos y agotadores fueron también muy instructivos, pero no por los monumentos y la pintura, o no sólo. Nos permitieron un atisbo del pasado.pero nuestro viaje atrás en el tiempo no indica que los amables italianos estén más atrasados que nosotros, sino que no están tan pervertidos ni son tan decadentes como nosotros.

Nada más llegar a Valencia dos chicas lesbianas morreándose en el metro (desde luego en ejercicio de sus derechos constitucionales. Yo no lo discuto, sólo lo constato). Un individuo pelirrojo con un pantalón de chándal y sólo una pernera subida hasta la rodilla. En lo más alto de su cabeza rapada de veía una mata de gruesas rastas recogida en moño y se rascaba continuamente, lo que sugería abundancia de piojos a bordo.

Es como si hubiéramos reencontrado el paraíso perdido. Pero el paraíso no era el Edén bíblico ni se le parecía, sino el de un pasado mejor, cuando los hombres eran hombres y las mujeres eran mujeres. Cuando se daba a la belleza su valor y en los altavoces no sonaba pura basura. Cuando las personas no salían a la calle disfrazadas de payasos, tatuados hasta no dejar libre un centímetro de piel, con el pelo verde ni con el cuerpo atravesado por hierros y aros para vacas.

Lo iniciamos como un simple viaje turístico, pero lo que encontramos fue mucho más.

Debo dar las gracias a Julia por haber concebido, impulsado y organizado éste viaje atrás en el tiempo, y a Julia y Cristina por habernos guiado por los incomprensibles túneles y cavernas del metro, no sé si a la manera en que Virgilio condujo a Dante por el infierno, pero creo que si hubiera dependido de mí podríamos haber terminado en Jerez de la Frontera.

Metáforas aparte, el infierno ahora es España. Y entre todos tenemos que salvarla.