EL PEREGRINO DESOLADO. INTRODUCCIÓN

@abogadodelmar

 

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AGRADECIMIENTOS

Es de justicia expresar un agradecimiento especial a Adrián, que me sugirió el tema. Sin él esta novela nunca habría existido.

Debo agradecer también a una de mis lectoras más fieles, Maria José Daza, no sólo que se tomara la molestia de leer el primer manuscrito, sino la útil crueldad de su crítica cuando me trasladó su parecer de que las doce primeras páginas eran tan insulsas que no parecían escritas por mi, y cuando me dijo que si no hubiera sabido que era yo el autor, no habría continuado la lectura. Con gusto seguí sus consejos y apliqué sin remordimiento el bisturí para suprimir todo el primer capítulo e iniciar la historia en plena aventura. Gracias a ella la historia es mucho mejor.

INTRODUCCIÓN

Inicié la escritura de esta novela gracias a la sugerencia de mi amigo Adrián, quien un afortunado sábado de noviembre de 2018 me llamó la atención sobre el misterio de los años perdidos de Jesús, ya que nadie sabe lo que hizo después de los doce años y antes del inicio de su vida pública.
Yo estaba madurando y tenía avanzado el proyecto de otra novela que nada tenía que ver, pero la propuesta fue como un gancho de derecha que me tiró a la lona. El desafío me pareció totalmente irresistible y me puse a la tarea sin tardanza y con tal entusiasmo que terminé el manuscrito en 113 días.
No tiene nada de fácil escribir ficción sobre este personaje y la razón es simple: Toda historia que pretenda atraer el interés del lector debe contener ciertos ingredientes. No pueden faltar ni la aventura ni la belleza de una mujer. Aparte de esto, como quien dice es mejor con sexo.
Una vez fui invitado a colaborar en la escritura los de una serie de ficción para televisión ambientada en la Florencia de los Medicis. Recuerdo que recibí un extenso fax con la sinopsis en mi hotel habitual de Santa Cruz de Tenerife, donde me encontraba por razones de trabajo. Después de una paciente lectura sólo tenía una pregunta: ¿Dónde diablos está la chica? Puedes escribir una novela o un relato con esa carencia y limitarte a observar cómo lo rechazan las editoriales, lo que en todo caso significará energía perdida, pero no dinero. Sin embargo, no puedes conducir a la ruina a una productora para que invierta millones en un audiovisual tan costoso como insípido, salvo que escribas sobre un pelotón de soldados inmersos en una selva durante la II Guerra Mundial.
Debo, naturalmente, completar el razonamiento en sentido recíproco. Si el héroe es un varón, la historia necesitará una mujer pero por supuesto que también viceversa.
En cuanto a la aventura, he dicho a menudo que la estructura narrativa del cuento popular del tipo cuento maravilloso (el que exige que el héroe abandone el hogar e inicie un largo viaje) es garantía de éxito no sólo porque los cuentos se iniciaron en el paleolítico y han pervivido hasta hoy mediante transmisión oral, sino porque la industria cinematográfica norteamericana lo vio en seguida y todo guion (sea o no estrictamente de aventuras) imita la estructura narrativa del cuento.
El desafío era doble. Por un lado cómo envolver de forma respetuosa a Jesús en un relato con la necesaria dosis de épica, donde hagan acto de presencia la belleza de una mujer y la correlativa pasión, y donde podamos asistir a episodios de sexo sin que nadie se ofenda. Por el otro, cómo formular una propuesta de lo que estuvo haciendo el personaje durante todos aquellos años sin que resulte aleatoria o caprichosa y que por lo tanto guarde sintonía con el contexto histórico, cultural y religioso de la época.
En cuanto a lo primero, todos esos ingredientes están presentes en esta novela. Jesús efectivamente se ve envuelto en una aventura, pero no por ello se transforma ni en soldado, ni en luchador ni en guerrero. Deberá enfrentarse a un antagonista, cierto. Pero ese antagonista es él mismo. También es tocado por los dorados dedos del amor, pero no por ello sufre la integridad de su figura histórica y religiosa. Finalmente, en esta novela no sólo hay sexo, sino sexo bastante crudo, y el respeto a Jesús sigue indemne.
¿Cómo he conseguido introducir todos esos ingredientes sin faltar al respeto al protagonista, degradarlo o envilecerlo? Una buena forma de averiguarlo es leer la novela.
En cuanto a las actividades de Jesús durante esos años, me ha parecido coherente situarlo en Egipto por una razón al tiempo simple y poderosa: Las propuesta de bondad de corazón y mansedumbre propias de sus prédicas parecen una expresión muy coherente de un logro inmenso del pensamiento filosófico y religioso de Egipto llamado Maat.
Pueden causar tanta sorpresa como rechazo las noticias sobre un Jesús que en su infancia llegó a cometer varios asesinatos de otros niños y de dos de sus maestros sólo con una palabra o una mirada. Pero hay docenas de narraciones sobre su infancia y su vida. Que sólo cuatro se hayan transformado en las versiones oficiales y autorizadas por la Iglesia (los evangelios llamados canónicos) no puede impedir la realidad de esas otras narraciones, que conocemos como evangelios apócrifos.
Rindo gustoso tributo al inmenso erudito Robert Graves. Su obra Yo, Claudio, me resultó reveladora cuando la leí hace bastante tiempo. Graves, que escribió esa novela después de documentarse concienzudamente, expuso que en torno al cambio de era se había extendido por todas las orillas del Mediterraneo el rumor de que iba a nacer un nuevo dios. Herodes el grande reclamaba para sí tan alto honor, y fue ésa la razón por la que intentó de asesinar al auténtico nuevo dios.
Todos los datos sobre chismorreos de la ciudad de Roma, así como los exquisitos platos frecuentes en los banquetes, que aparecen en el último capítulo proceden del libro de investigación que publicó en 1980 mi antigua profesora de Historia de Oriente y Grecia Elena Conde, La sociedad romana en Séneca.
Las investigaciones más recientes sugieren que Jesús nació cuatro años antes del cambio de era. He omitido el dato en la novela.
Las letras hebreas que encabezan cada capítulo forman parte de los 72 nombres de Dios según la cábala. No se trata realmente de nombres, sino de diferentes aspectos de la divinidad que son utilizados para conseguir diversos propósitos. Cada uno de los nombres de Dios mencionados en el encabezamiento de los capítulos guarda una relación especial con su contenido.

José Ortega
Julio de 2019

EL PEREGRINO DESOLADO (LOS AÑOS PERDIDOS DE JESÚS) SALDRÁ AL MERCADO EN SEPTIEMBRE

NAFURIA EN INTERECONOMÍA

@abogadodelmar

Hay una historia curiosa que además de serlo me sirve para prevenir un posible malentendido.

Yo tengo en Aguilas un amigo que es un músico muy brillante. Su nombre es José Luis Salas y también es un lector muy aficionado a mi Gilgamesh y la muerte.

José Luis fundó con otros amigos de Murcia un grupo de música celta. Cuando tenía que buscarle un nombre, se le ocurrió buscar en las páginas de la novela y allí encontró Lugalbanda, el patronímico de uno de los protagonistas.

José Luis también compuso un tema instrumental debo decir que bellísimo, y al tema también lo llamó Lugalbanda.

Simultáneamente yo mismo, que nada sabía de eso, fundé mi productora y cuando tenía que buscarle un nombre seguí el mismo proceso que José Luis y mi elección fue la misma.

Uno de los episodios de mi serie de TV Crónicas de la tierra encantada está dedicado al mito de Gilgamesh. Su título es En busca de la inmortalidad y José Luis me permitió usar aquel tema tan bonito.

Este documental lo presenté en Aguilas hace tiempo y dije que se trataba de un audiovisual producido por Lugalbanda con música del grupo Lugalbanda y con un tema musical llamado Lugalbanda.

Lo podéis ver aquí y gozar de la increíble belleza de esa música.

Todo esto lo cuento porque en la entrevista dije que el mi productora se llama así, Lugalbanda, y que la palabra significa “gran hombre valiente”. De lu (=hombre), gal (=grande) y banda (=fiero, valiente).

Alguien podría creer que se trata de un elogio idiota a mi mismo pero nada tiene que ver con eso y ya está explicada la cosa.

Y ahora a disfrutar de la entrevista, no sin antes agradecer a Fernando Valencia su invitación al programa.

José Ortega