GILGAMESH Y LA MUERTE (BREVE SINOPSIS)

Gilgamesh es el rey de la ciudad de Uruk, en Mesopotamia. Es en dos terceras partes humano y en una tercera parte de naturaleza divina, puesto que su padre, el dios Lugalbanda, lo había engendrado en una campesina. Su carácter es caprichoso y violento y no guarda respeto por nada. Hasta que los sacerdotes suplican un castigo y los dioses envían a un personaje de enorme fuerza llamado Enkidu, un hombre salvaje que pasta con las gacelas, para que lo derrote.

Los acontecimientos enfrentan al joven Gilgamesh cara a cara con la muerte, lo que provoca en él una profunda reacción. Desde entonces se propone alcanzar el secreto de la inmortalidad e inicia un largo viaje en busca de Ziusudra, el superviviente del diluvio, el único hombre inmortal.

Este viaje, impulsado por un misterioso hechicero llamado Kei, está cuajado de aventuras en las que Gilgamesh aprende las claves de una vida madura y abandona su anterior carácter soberbio.

Finalmente, después de inmensas penalidades, se enfrenta con el gran secreto, que le aguarda sobre el monte Nisir.

GILGAMESH EN BUSCA DE LA INMORTALIDAD ESTARÁ EN LAS LIBRERÍAS A PRINCIPIOS DE ENERO, PUBLICADO POR CORONA BOREALIS

PRIMEROS PASAJES:

Era joven, bello y arrogante. A decir de muchos, también estúpido. El poder lo aburría, los dioses le eran indiferentes y el sexo nunca lo saciaba. Ejercía su inmenso poder entre bostezos y odiaba someterse a sus servidumbres. Había llorado y pataleado cuando los sacerdotes le raparon a la fuerza la cabeza para su participación en las ceremonias, y sólo toleró la cuchilla al escuchar que Lugalbanda así lo quería. Sólo esa palabra, Lugalbanda, el nombre del padre al que nunca conoció, parecía prevalecer sobre su desprecio del mundo.

Había subido sin devoción ni respeto los escalones del zigurat y esperaba con impaciencia el fin de los  rituales. El alcohol, que embotaba sus sentidos, le impidió escuchar cómo los tenues pasos de la tragedia se le acercaban como lobos que han olfateado la presa y ya nunca descansarán hasta abalanzarse sobre ella. Puede decirse que aquél fue su último día de niñez.

José Ortega

joseortega@costasmaritimas.es

@abogadodelmar

EL MOTIVO DE LA HABITACIÓN ARDIENTE EN EL CUENTO POPULAR Y SU RELACION CON EL SIMBOLISMO DE LOS CALDEROS

 Publicado en VERDOLAY (Revista del Museo Arqueológico de Murcia) , núm. 6, 1.994, pág. 89 y ss.

RESUMEN:

El artículo estudia el concepto del más allá como reino metálico, poniéndolo en relación con el simbolismo del caldero como medio de iniciación.

ABSTRACT:

The article studies the concept of the world of the beyond as a metallic kingdom, and put it in relationship with the symbolism of the cauldrons.

1. EL PAIS DE MUROS DE COBRE

Tanto en los cuentos populares como en el folklore y aún en determinada literatura mitológica, el reino encantado, el hogar de los espíritus suele tener una clara vinculación con el metal, habitualmente con el bronce. A menudo el recinto se describe como rodeado de un muro metálico, o bien el acceso es a través de una puerta metálica.

En este carácter hay uniformidad de rasgos en la esfera de oriente cercano y Grecia, e incluso en parajes muy alejados encontramos entradas infernales con puertas de bronce. En Egipto, el Libro de los Muertos se refiere así al paraíso, que a pesar de que parece un paraje abierto está cerrado por muros: “Oh, Campiña de las Juncias, cuyos muros son de cobre…”. Los muros de cobre de la Campiña de los Juncos son los mismos que los que ha preservado la tradición oral en estos otros pasajes: “Eran unos aposentos inmensos, rodeados por una verja de hierro muy alta”. “Llegó al estado de la princesa Elena la Hermosa. Junto a la verja de oro que rodeaba el jardín maravilloso. “Las olas me llevaron hasta cerca de un jardín frondoso donde un viejecito me encerró detrás de una verja de oro”.

Por tanto, el jardín -esto era la campiña de los juncos- tiene muros metálicos, pero también los tiene la montaña infernal. En la mitología finlandesa, la muralla de la sombría Pohjola es metálica: “Pronto estaba en Pohjola, ante la barrera que la limitaba. Barrera forjada con hierro; fuerte empalizada de acero, duro trabajo de forja. Esta defensa hundíase en la tierra hasta una profundidad de cien brazas y hacia el cielo llegaba a una altura de mil”. Y lo mismo en el cuento popular: “Habían llegado nuestros mozos hasta los confines del mundo cuando vieron, en la cima de una abrupta montaña, unas construcciones de piedra blanca cercadas de una alta muralla. Delante del portón se alineaban unos postes de hierro… Dentro estaba la bruja Yagá.

En la cultura sumerio-acadia las referencias a la arquitectura metálica no son tan concretas. Allí Nergal podría ostentar un ligero parecido al metalúrgico Hefaistos a causa de su defecto físico. La diosa del Infierno tiene también mucho que ver con el trabajo de los metales, pero aquí el texto es bien explícito. Se trata de un fragmento en que la diosa aparece nombrada con su apelativo de Ninmug:

. “Aquella hermana mía, la sagrada Ninmug,

un cincel de oro y un martillo de plata

tomó para sí; el (…) del gran cuchillo dentado,

se convirtió en la metalista del país”.

Esta actividad metálica evoca la que tenía lugar en Asgard. Allí “obraron una casa donde pusieron una fragua y también pusieron un martillo, tenazas y un yunque. Y por medio de ésas, todas las demás herramientas. Después de esto forjaron metal y piedra y madera y trabajaron de manera tan pródiga ese metal llamado oro que toda su vajilla y sus platos eran de oro”.

Volviendo a Mesopotamia, en el texto sumerio titulado “lugal-e ud me-lam-bir, nir-gal” (=”El rey cuya luz y esplendor son soberanos”) aparece el personaje llamado Kur, la montaña cósmica e informe, que, para luchar contra el dios Nin-urda, crea un ejército de rocas cuyo jefe es U “la hierba”, es decir “la verde”, cuyo nombre se refiere al mineral del cobre, el más precioso en la época en que fue elaborado el mito. Nin-urda monta sobre la piedra U y le dice: “¡Oh, piedra U, puesto que sobre Kur te has levantado, puesto que me has seguido para capturarme, puesto que has decidido mi muerte, puesto que has venido hasta mi augusta residencia para espantarme, yo, el señor dios Nin-urtu, que un hombre potente, valeroso, poseyendo la fuerza en superabundancia, haga pedazos tu cuerpo en su forma (actual)!… ¡Por más que clames, tu destrucción se cumplirá! ¡Como un gran aurochs que muchos hombres han abatido, para despedazarlo allí mismo!”.

Después de verificada esta destrucción, dice el cobre: “Yo soy el Señor, gracias a la extracción (del cobre de la ganga), me llamo (ahora) gug”.

Tengamos en cuenta que Kur, la montaña cósmica que había creado el cobre, es también el nombre del infierno, y probablemente esa misma montaña era la entrada del infierno ante la cual llegó Inanna. Por otro lado, parece que hay una intensa relación entre la montaña y el cobre, según la frase del Libro de los Muertos: “Vino a la existencia cuando los abetos todavía no habían crecido, cuando los árboles todavía no se habían formado, cuando el cobre todavía no había sido creado en la montaña”. Por tanto, debe haber habido alguna vinculación aún por determinar con precisión entre el infierno sumerio-acadio y el cobre.

Hesíodo se refiere en su Teogonía por dos veces a la existencia de un vestíbulo de bronce en el más allá: “… allí donde la noche y el día se acercan más, llamándose uno a otro mientras pasan alternativamente el gran vestíbulo de bronce”. Más tarde se añade una información que hace pensar que el bronce es nativo: “Allí hay relucientes puertas y un sólido vestíbulo de bronce dispuesto con profundos cimientos que hizo la propia naturaleza”. Más adelante dice: “Ya descubro las murallas forjadas en las fraguas de los Cíclopes”. Estos son los cíclopes constructores de vastas murallas y maestros herreros de los que habla Apolodoro: “Arges, Estéropes y Brontes, cada uno de ellos con un solo ojo en la frente”, que habían sido arrojados al infierno: “Pero Urano, una vez atados, los arrojó al Tártaro”.

Serían entonces los cíclopes, unos seres divinos también vinculados al trabajo del metal, los que habrían forjado aquellas murallas o paredes de bronce. En opinión de R. Graves, la palabra cíclopes significa “Los del ojo anular’, y por tanto son también una especie de símbolo solar. Añade que “probablemente se tatuaban la frente con círculos concéntricos en honor del sol, la fuente del fuego de sus hornos”.

También puede que tuviera muros o techumbre metálica la sala celestial de los dioses germanos: “Así refiere Thjóthólfr de Hvin que la Valhöll estaba techada de escudos: Sobre sus hombros los diestros navegantes cargaron las tejas de la sala de Odín que habían pulido con piedras”. Los escudos pulidos con piedras son un conjunto de discos pulidos lo mismo hemos visto que concebían el sol muchos pueblos primitivos. Veremos adelante cómo este recinto recuerda a la “casa del sol” según se concibe en la mente del forjador de mitos. En otro pasaje, la sala del Valhalla es descrita como llena de escudos y cotas de malla.

Así es también en la literatura irlandesa medieval de tradición celta. El poema irlandés Echtrae Conli cuenta cómo el héroe Cormac persigue al personaje divino que ha raptado a su mujer y su hijo y entra en una llanura donde ve una fortaleza con defensas de bronce. En otro texto celta el viajero encuentra un edificio en el reino mágico: “Los ejes de las puertas eran de bronce, y las puertas mismas de cristal”. Y en el cuento celta “Baile y Scail”, se describe el viaje de Cormac, conducido por un misterioso jinete hasta una llanura donde se alzan un palacio y un árbol de oro. Allí se revela el jinete como el dios Lugh y aparece en el palacio una mujer que ostenta el título de “La Soberanía de Erin”.

Y como los muros, las puertas. Entre los pueblos primitivos encontramos también testimonio de esto. En la tribu africana de los Bondei el alma emigra a Mlinga, una montaña a la que se entra por una puerta de bronce, como también son metálicas las puertas del reino encanado en el cuento popular. A veces el reino encantado es el lugar donde se encuentra buen recaudo el “corazón” del personaje malvado. Pero de nuevo sus puertas son metálicas: “Muy lejos, muy lejos de aquí, en una iglesia muy antigua y muy grande, en la más profunda soledad. Está cerrada con puertas de hierro y rodeada de un foso que no se puede cruzar por puente alguno”. He aquí una descripción bastante completa del más allá: Un recinto de puertas metálicas rodeado de un río insalvable.

En otro cuento irlandés el reino encantado se encuentra “en el interior de esa puertecita roja que ves en la colina”. Esto puede haber condicionado la idea de los elfos como seres de una talla menor, ya que por todas partes las puertas que comunican con el más allá son estrechos pasajes. Esta puerta roja se relaciona con la puerta de bronce del Tártaro y de otras culturas, como las puertas rojas pintadas en el interior de las tumbas etruscas. En un cuento judío: “Se encontró prisionera en un palacio sobre la cumbre de una montaña de cristal, con puertas de hierro cerradas con llave”.

O bien puede que la totalidad del palacio sea metálico, como suele suceder también en la literatura de tradición celta: “Al cabo se hallaron frente a una casa de dos plantas con el tejado de oro”. “Después de mucho cabalgar se encontró frente a un palacio de cobre”.

2. EL ORO Y EL BRILLO DEL SOL

Toda cueva, toda tumba, constituye una imagen simbólica del más allá. Si el pueblo hace excavaciones clandestinas en busca de oro es porque en ellas fue depositado. Pero si lo fue se debe sin duda a que el oro simboliza el más allá, lo mismo que todos los metales y en particular los que tienen brillo dorado. Nada más común que encontrar oro en el reino mágico del cuento popular. Los textos estrictamente religiosos no necesitan acudir a este símbolo, porque el significado del símbolo es aquí abierto: el oro simboliza el sol, como veremos en seguida.

Los objetos dorados y los tesoros presentes en el más allá, están en todo hito que simbolice al más allá. Así, en Galicia, la leyenda de la gallina con siete polluelos de oro que aparece al amanecer -cuando sale el sol- de una peña o un dolmen. En el cuento es muy conocido también el motivo de los siete ladrones que esconden su tesoro en una peña. Esta peña es una colina, la colina del más allá, y el oro que hay en su interior también simboliza el sol. Es la forma del primitivo de expresar con lenguaje simbólico que allí está la casa del sol, como a Osiris se le llamaba “Aquel que está en su colina”.

Estos siete ladrones vinculados al más allá se relacionan con los siete Anunnakis, los siete porteros y los siete dioses del más allá en general. El reverso de esta montaña hueca rellena de oro es la montaña de oro de los cuentos (“Al día siguiente llevó el rico mercader a su jornalero hacia una gran montaña de oro tan lisa que no se podía trepar a ella ni a pie ni a rastras”) o la montaña de cobre del Kalevala (“Luego se dirigió hacia la montaña de piedra, hacia la montaña de cobre de Pohjola”) .

La montaña de oro, como la montaña de cristal, están tan pulidas que no pueden escalarse. Esta característica es también propia de la montaña de cristal, tan empinada que no se puede trepar por ella. Parece que el oro, como los escudos que forman Vallhalla o los discos solares forjados por herreros míticos, estaba bien pulido por lo cual debía brillar intensamente, lo mismo que el sol. Este brillo a semejanza del sol también aparece en el cuento:

“La isla estaba cubierta de altas montañas y justo en la orilla se alzaba algo que resplandecía como una hoguera.

-Parece que hay fuego -dijo el hijo del mercader.

-No, es el resplandor de mi palacio de oro”.

Según esto, finalmente es el país del más allá en su totalidad el que aparece caracterizado con los tintes metálicos, solares o rojos. Al país de Pohjola se le llama “Pórtico de oro”. Del país mítico de Uttarakuru, al norte de la India, dice el Ramaayana que está bañado por lagos con lotos de oro y sus lagos están adornados con camas doradas de lotos rojos. Y según el Mahäbarata, toda la región abunda en arenas de oro. Esto es raro, porque Utarakuru se define como el lugar donde nunca brilla el sol ni la luna.

Pero la caracterización y su génesis aparecen más clara en a literatura religiosa egipcia, donde se habla de un paraje occidental llamado “La isla de las brasas”: “He venido de la isla de las brasas, que está en el campo de la llama”. Parece que esta expresión es una designación del crepúsculo, y que todos los países rojos que representan al más allá lo son por su vinculación al crepúsculo y, por tanto, al más allá occidental.

Por el mismo motivo muchas visiones del más allá, y particularmente de la “princesa” del más allá, la asocian al metal.

En Rusia, V. Propp cita a “la hija del dios sol, la chamana Kiueyam, sentada en un escabel de cobre de ocho patas”, lo mismo que figuraba sentada en un escabel de oro rojo la mujer del sueño del emperador Maxen, en el mabinogi de Maxen en el que éste, Emperador de Roma, sueña que hace un viaje muy lejano, a través de mares y ríos hasta llegar a una isla donde encuentra un castillo, una de cuyas salas era de paredes redondas y de piedras preciosas destelleantes y techo de plata. Todos las puertas de la sala eran de oro macizo, vio techos de oro y mesas de plata, y allí tuvo la siguiente visión: “Dos jóvenes morenos jugaban al ajedrez sobre un tablero de plata con piezas de oro, tendidos en un lecho. Al pie de una de las columnas de la sala vio a un hombre con cabellos blancos sentado en una cátedra de hueso de elefante. En frente de él había un tablero de oro con sus piezas y en las manos sostenía un vaso de oro y resistentes limas con las que tallaba las piezas del juego de ajedrez”.

Finalmente “vio a una doncella sentada frente al anciano en una cátedra de oro rojo, y no le habría resultado más difícil mirar al sol cuando brilla, que contemplarla a ella, debido a su extraordinaria belleza. Vestía camisa de seda blanca cerrada sobre el pecho con hebillas de oro rojo, un brial de brocado de oro y una capa de la misma tela, cerrada con un broche de oro rojo. Llevaba en la cabeza una diadema de oro rojo con rubíes y gemas que alternaban con perlas y piedras imperiales; su cinturón era de oro rojo”. Esta visión es una evidente descripción de un país crepuscular que de nuevo representa el más allá.

Esta mujer pertenecía al más allá celta, de donde suelen venir en busca del amor de los mortales muchachas con todos los atributos solares: “Vimos que venía a nosotros, desde el oeste, una bella joven a caballo. Llevaba una corona como la de una reina y se cubría con una capa roja de seda bordada en oro; su pelo era dorado, sus ojos azules, claros y despejados. like de dew on the tips of the grass. on a white steed, on a saddle of red gold she sat, holding golden reins”. “…I am de daughter of the king of Tir na nOg”.

A veces la muralla no es de metal, pero sí el castillo: “se halló delante de una montaña abrupta: en la cima de la montaña se alzaba un castillo de estaño rodeado de un alto muro blanco”.

3. LA NATURALEZA DEL SOL

En resumen, el metal, ya bajo la forma de oro, cobre o bronce y plata en mucha menor medida, caracteriza el más allá, y esto tanto en la religión oficial como en los cuentos populares, y también en la mitología de pueblos alejados de la cuenca mediterránea. El foco de expansión de esta idea es amplio, y ello se debe sin duda a estar su origen en la experiencia sensible del hombre primitivo, en este caso en los colores y textura del sol.

Este motivo del reino dorado ha sido estudiado por V. Propp, sobre todo en los cuentos rusos de la colección de Afanasiev, llegando a la conclusión de que el color dorado o cuprino es el color del reino solar. Ello es lógico si tenemos en cuenta nuestras consideraciones iniciales del sol como un trozo de metal bruñido. El color dorado de los objetos vinculados con el reino lejano es entonces el color del sol. De este modo se subraya que el reino mágico se sitúa al crepúsculo, al extremo occidental del mundo. No olvidemos que los paraísos celtas están o suelen estar situados en el océano, es decir, a occidente.

Los muros del más allá son muros metálicos, también sus edificios y todo lo que lo identifica, como la montaña donde se asienta su entrada o el mismo paisaje. Asimismo los personajes que señorean en el más allá están a veces vinculados al metal, en este caso a la fundición, y los dioses solares, que son dueños del más allá en cuanto que pasean triunfalmente por él durante la noche, son ellos mismos incandescentes, o tienen el cuerpo de oro. Por eso creemos que el atributo metálico de cuanto está vinculado con el más allá tiene relación con una religión solar.

Así, en Egipto el dios solar es fuego: “Soy el incandescente, hermano del Incandescente”, dice el difunto egipcio, que se ha convertido en el sol, y una fórmula del Libro de los Muertos tiene por finalidad facultar al difunto para transformarse a voluntad en un halcón de oro (El sol se representaba a menudo mediante la abstracción de un disco con alas de halcón), lo mismo que de oro era la carne misma de Ra:”…tenía huesos de plata, carne de oro y la cabellera de auténtico lapislázuli”. En otros textos se dice al sol “eres una estatuilla de oro bajo el esplendor del Disco”. Y con idéntico simbolismo en el cuento popular aparece un objeto o animal de oro, como una cabra de oro.

Pero si el sol tiene la carne de oro y el difunto imita al sol, debe también vestirse de oro para que este vestido fuerce mágicamente la identificación. Esta será seguramente la función de las máscaras funerarias de oro, así como de los sarcófagos de oro y los tronos de oro. En el Museo de El Cairo se conserva una máscara funeraria de un dignatario de la XXI dinastía. También aparecen máscaras funerarias de oro en las tumbas micénicas, máscaras y guantes de bronce -estos menos conocidos- en la edad del hierro antiguo centroeuropeo. Así, la procedente de la tumba Kröll-Schemiedkogel, en Kleinklein, Austria.

El simbolismo del sarcófago de oro evoca a su vez la barca solar hecha de oro. El motivo de que el sarcófago sea también un barco hay que buscarlo en la navegación de Osiris en su sarcófago, al cabo de la cual alcanzó la resurrección.

Lo mismo que los egipcios, muchos otros pueblos han considerado al sol como una cosa incandescente y, aún más, como metal caliente y bruñido. Así, los samoyedos dicen que el dios del cielo es de fuego y no se le puede mirar de frente, y en la mitología de los indios bororos del Amazonas, el sol es un trozo de metal incandescente que unos espíritus se llevan a través del cielo, lo mismo que entre los antiguos lituanos era precisamente un herrero mítico el que había forjado el sol y lo puso en los cielos, y que en el Kalevala el sol había sido forjado por el herrero Ilmarinen. También en Egipto, como se ha dicho, el sol es un disco: “¡Despéjame el camino a borde de la barca a fin de que me pueda elevar hasta su disco y resplandecer a partir de su luz”.

Esta fe es seguramente la que ha inspirado el arte de los broncistas que forjaron los conocidos discos solares en carros tirados por caballos de la Edad del Bronce centroeuropea: El carro de Strettweg tiene en medio una diosa que sostiene en lo alto una vasija, una especie de intermedio entre el disco y el caldero, como una escudilla, y hay una serie de jinetes y ciervos como comitiva, lo cual vuelve sobre el tema de la cacería salvaje y si acaso contribuye a aclarar el papel del caballo que tira del sol en este tipo de representaciones. Esta comitiva que acompaña al sol recuerda también a la “comitiva de Osiris”, y a la “comitiva de Ra”.

El dios solar y el sol mismo son entonces metálicos, y como ellos, también la geografía del más allá lo es.

4. LOS OBJETOS DE COLOR ROJO

Por esto también los objetos propios del más allá están caracterizados por el color rojo. Se trata del color del crepúsculo, que opera como un canon narrativo en cuanto se refiere al reino solar de los muertos. Cuando Dumuzi se quedó encerrado en el mundo inferior, le dieron vestidos rojos.

“…en cuanto a Tammuz, el amante de su juventud,

lávale con agua pura, úngele con aceite suave,

vístele con una prenda roja…”.

Y también estaba vestida con una prenda roja la Medusa que en le Eneida vigila la entrada al Hades: “Sentada, Tisífone, ceñida de un manto de color sangre, vigila el vestíbulo, despierta día y noche”. El difunto egipcio dice a un dios que será Ra u Osiris, que navega en el más allá: “¡Oh, señor de la ínfula roja…!”, y también: “Oh, señor de los lienzos carmesíes, que controlas los corazones, Oh, señor de la tormenta.

Rojos son también los bueyes crepusculares que Herakles va a robar a la isla roja de Eritea, y dorados eran los corderos que apacentaba Atlas en el extremo occidente, según Diodoro, lo mismo que el difunto egipcio se refiere a “sus bueyes rojos”, y aún a otros seres astados que no son bueyes pero, desde luego, siguen siendo rojos: “No conozco a los seres de color rojo que apartan sus cuernos”.

Es más: la fórmula num. 144 del Libro de los Muertos, que contiene los ensalmos a recitar al paso de las siete puertas de la Duat, añade una rúbrica final que prescribe que las palabras se pronunciarán al paso de cada una de las puertas y que “Se harán ofrendas a cada uno de ellos (sus espíritus) consistentes en pierna, cabeza, corazón y costilla de un toro rojo, cuatro vasijas de sangre que no provenga del corazón, dieciséis panes blancos…”.

También ha de ser roja la comida de los muertos: En el huerto de Hades crecían frutales de frutas rojas que constituían la comida de los muertos; Eran granadas. Una de estas granadas fue la comida por Core. Y en el mundo celta se dice específicamente que la comida de los muertos son las “nueces rojas”, bayas y manzanas. Por no decir nada de las manzanas de oro (Cormac) o las ramas de plata (Bran) de lo árboles del elisio celta, o las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, situadas a occidente como la estrella Héspero, de la que toman el nombre, que aparece en el horizonte del crepúsculo cuando se oculta el sol. Estas manzanas debían ser también de aquel “oro rojo” del relato de Maxen.

Afirma Robert Graves que sobre los alimentos de color rojo recaía una prohibición en la Antigüedad, porque estaban reservados a los difuntos y sólo a ellos les podía ofrecer, y llega a afirmar que el cornejo con que Circe alimentaba a los marinos de Odiseo cuando los convierte en cerdos era también el “alimento rojo de la muerte”.

En un cuento de las mil y una noches, el héroe se encuentra con un lago y le aparece un a especie de Caronte fantástico en un barca roja: “una embarcación conducida por un remero bien extraño: de medio cuerpo arriba representaba un elefante colosal con una desmesurada trompa y acerados colmillos, y el resto del cuerpo se asemejaba al de un tigre. El barquichuelo era de sándalo rojo subido, con un mástil de ámbar trasparente… etc.”

5. LA HABITACION DE COBRE ARDIENTE

Hay un tema agazapado en la tradición oral, tan aparentemente aislado que suele pasar desapercibido, pero que seguramente está en relación con el infierno de muros metálicos. Se trata del tema de la habitación de cobre que hay en el reino mágico

El cuento no se contenta con describir el más allá como un reino metálico cuyas paredes, muros, edificios, son de cobre. Va más lejos y emplaza en el reino mágico una habitación de metal que se hace calentar al rojo. Uno de los peligros y pruebas que es preciso afrontar en el más allá es ser horneado en el interior de esta habitación metálica.

Así, en un cuento rumano el señor del reino maravilloso llama en secreto a uno de sus fieles servidores y le ordena que lleve a los huéspedes a dormir a “la casa del cobre ardiente”, a fin de matarlos. El servidor enciende una hoguera debajo de la casa de cobre con veinticuatro arrobas de leña, hasta que “la casa se puso roja como las ascuas”.

Este tema es fuertemente simbólico, pero el significado se perdió y por eso a menudo se racionaliza. Como uno de los peligros del más allá es ser comido, en un primer caso la racionalización consiste en que la comida (humana) es horneada. En un cuento ruso, la bruja Yagá captura al héroe y encarga a su hija que ase en la estufa para la cena.

Otras veces la racionalización alude a un baño, una especie de sauna con el agua hirviendo: “ordenó que le calentasen al rojo un baño, no sé si de hierro o de otro metal, y metieran dentro al culpable. El noble señor se quedó horrorizado pensando en la muerte que le esperaba”; “El zar ordenó que antes de desposarse el tonto fuera al baño. Y como el baño era de hierro, ordenó que se lo calentaran mucho para que el tonto se axfisiase en un instante”. Aquí empezamos a ver la relación del motivo de la habitación de cobre ardiente con los calderos del más allá. Este supuesto baño, por principio, está calentado con calderos de agua caliente. En este cuento se dice que uno de los que debían perecer abrasados esparció paja por la habitación metálica y empezó a hacer tanto frío que “el agua de los calderos empezó a congelarse”.

La relación con los calderos se ve más claramente en este cuento español en el que una muchacha se casa con el diablo y viaja con él a su reino (el más allá). Y sucede que “en cuanto llegaron al palacio, el diablo encerró a la niña en una habitación que estaba encima de una caldera de pez hirviendo”.

Quizá pueda relacionarse la persistencia de este motivo con algún ritual funerario: el rito funerario griego del siglo V a JC incluye la cremación en calderos de bronce colocados dentro de cajones de piedra.

6. LA CASA DEL SOL

¿Cuál es la naturaleza de esta habitación de cobre? Su aparición en el cuento no es caprichosa: con toda seguridad, se trata de la casa del sol. El sol visita por la noche el más allá y al parecer descansa allí. Entonces el héroe en trance de ser asado se encuentra justamente en la casa del sol. En muchos cuentos se dice que el héroe llega a la morada donde vive el sol y luego donde vive la luna. Así también, se dice que “pasó por una sala donde hacía mucho frío y otra mucho calor”. Esos dos discursos pueden simbolizar lo mismo, el paso por las habitaciones, respectivamente, de la luna y el sol, sobre todo si tenemos en cuenta un cuento esquimal que aclara las cosas expresamente. En este cuento, el héroe visita el otro mundo (que aquí es el país de la luna) y allí llega a una doble mansión en la que viven separados la luna y el sol. De la habitación donde vive el sol se desprenden un esplendor y un calor intensos”.

Tanto la mitología como la tradición oral se refieren a las habitaciones del sol o a la visita del sol al reino mágico. Dice la Teogonía: “…allí donde la noche y el día se acercan más llamándose uno a otro mientras pasan alternativamente el gran vestíbulo de bronce: cuando aquélla va a entrar, éste sale a la puerta y jamás el palacio acoge entre sus muros a los dos, sino que siempre uno da vueltas por la tierra -fuera del palacio- y el otro espera dentro de él a que llegue el momento de su viaje”. (Se está refiriendo a la luna y el sol).

En el Kalevala: “Pocos de aquella región mucho más sombría aún que Pohjola no obstante aparecer por ella Paiva, el Sol, alguna vez, pero fugazmente y como cumpliendo un deber que le repugnaba”.

Incluso entre los indios americanos aparece el motivo: “El sol es mi padre. Ven, te llevaré a nuestro tipi. Mi padre no está en casa pero volverá esta noche”. Aquí el narrador se traiciona. Quiere decir que el sol va a volver cuando sea de noche en la tierra, porque donde el sol está no hay noche. Esto significa que cuando están hablando es de día, y que en ese momento el sol está alumbrando la tierra, luego se encuentran en el crepúsculo o bajo tierra.

En otros casos, sabemos de qué se trata porque el héroe pasa por varias salas. Estas salas se distinguen por hacer en ellas mucho calor o frío: “Le bajaron y llegó a la sala de mucho calor. Y luego llegó a la otra donde hacía mucho frío. Y a otra donde había señoritos y señoritas bailando. Llegó a otra donde estaba el diablo”.

El relato se parece a un cuento popular donde un personaje está buscando el Castillo de Irás y no Volverás, y llega a las “casa de las aves”, le abre una vieja que, al ser preguntada, le dice: “Algunas de mis aves que viajan por todas partes, lo sabrá. Esta noche cuando vengan después de que se recoja el sol, se lo preguntaremos. Pero escóndete en ese rincón, si no mi hermano el sol te abrasará con sus rayos”.

Por tanto, el episodio de la habitación metálica al rojo puede ser un desfigurado intento de explicación del motivo original, que sería la presencia del héroe en la casa del sol.

7. LOS CALDEROS DEL MAS ALLA

Este motivo se combina y podría llegar a identificarse -como intentaremos- con el tema de los calderos metálicos. También aparecen en el más allá los calderos, muy particularmente en el mundo hitita, cuyo “mito de Telepinu” incorpora interesantes alusiones a ellos: “Abajo, en la oscura tierra, hay calderos de bronce, cuyas tapaderas son de estaño y sus asas de hierro. Lo que en ellos entra, no vuelve a salir, sino que muere dentro”. Que lo que entra ya no vuelva a salir no hace más que repetir la vieja consigna referida al infierno como “País de Irás y no Volverás”, pero además sigue pareciéndose a los ritos en los que el héroe es introducido en una habitación de cobre ardiente, precisamente con la intención de acabar con él. En otra versión se dice: “En la negra tierra hay calderos de hierro y una tapadera de estaño. Lo que en ellos entra no puede volver a salir, sino que muere dentro”. Y en el poema “La desaparición del dios de la tempestad”: “Abajo, en la oscura tierra, hay calderos de bronce, cuyas tapaderas son de hierro y sus asas de estaño. Lo que en ellas entra no vuelve a salir, sino que muere dentro”.

Da la sensación de que se encierra a la gente en estos terribles calderos para castigarlos, lo mismo que se ve en un vaso etrusco de Caere a un pobre hombre siendo cocinado en uno.

Y lo mismo que los muertos pecadores recibían castigo en las cavernas que había en la Duat egipcia y lo mismo que en algunos cuentos populares, donde los calderos del más allá engullen y castigan a los malos. En un cuento aragonés la protagonista se dirige al más allá ascendiendo a través de una escalera de cortantes navajas. Una vez allí, “se llenó de cortadas los pies y se ensangrentó toda; y la metieron en una caldera de agua hirviendo, como la que tienen los diablos para los chicos malos”. Se describe así el padecimiento de la hermana mala, que había elegido el camino más sencillo (la escalera de navajas, que cortaba menos que la otra de cuchillos).

Pero otras veces los calderos del más allá no tienen este siniestro carácter. Unas veces ser cocinado en ellos reporta la ventaja de renacer renovado y crecido. Otras, es el caldero de la abundancia, y aún en otras el motivo no aparece nada claro, como en la Eneida, relato tardío donde a todas luces se ha racionalizado el uso ritual del caldero infernal: “Unos ponen el agua a la lumbre en calderos de bronce lavan y perfuman el frío cadáver”.

El caldero céltico y germánico suele ser el caldero de la abundancia o la inspiración. Así, en el más allá gaélico Caer Sidi hay también un caldero, el caldero del “señor del Annwfn”, semejante al caldero del Dagda, que fue robado por Arturo y sus hombres, y en el Mabinogion también el “pueblo submarino” es propietario de un caldero parecido. El de Dagda venia de Murias, probablemente, en opinión de Macculloch, un mundo más allá del mar. El motivo es muy popular también en el cuento español.

Pero a veces la caldera sirve, no para el castigo, sino para la iniciación y resurrección, y muy a menudo esto sucede cuando hay por en medio un caballo psicopompo. En un cuento español sucede lo siguiente:

“No te apures -le dijo el caballito-, móntate sobre mí. Correré mucho y sudaré; úntate tu cuerpo con mi sudor y déjate confiado echar en la caldera, que no te sucederá nada.

Y así sucedió todo; y cuando salió de la caldera salió hecho un mancebo tan bello y gallardo que todos quedaron asombrados”.

Y en otro cuento, el caballo dice al héroe:

“-Bueno, pues pide un barreño, un cuchillo y un azadón. Y vienes y haces un hoyo y me matas y me entierras en el hoyo sin perder una gota de sangre. Y con mi sangre te bañas y después te tiras en el aceite hirviendo.

El príncipe primero no quería matar al caballo, pero el caballo le rogó que lo hiciera. Y así lo hizo el príncipe. Fue y se tiró en la caldera de aceite hirviendo, y si guapo era antes, más guapo salió de la caldera”.

Este extraño suceso es también una imagen de lo que ocurre en la iniciación chamánica, donde es normal que al candidato se le corte en pedazos y se le cocine en un caldero metálico. Luego se le unirá carne nueva, etc. Muchas de estas conversiones suceden precisamente en la patria de los calderos mágicos, en el infierno. En un relato samoyedo, el aspirante a chamán entra en el infierno y encuentra a un hombre desnudo que trabajaba con un fuelle sobre una caldera “tan grande como la mitad de la Tierra”. El hombre desnudo lo cogió con unas enormes tenazas, le cortó la cabeza, le descuartizó el cuerpo y estuvo cociéndolo durante tres años. Allí había tres yunques forjó su cabeza en el tercero. Echó la cabeza en la marmita de agua más fría y le reveló unos secretos de la curación. Luego sacó sus huesos, que flotaban en un río, los reunió y los cubrió de carne, etc.

Por tanto, las conclusiones provisionales que extraemos son las siguientes:

1. El reino encantado tiene muros, puertas o edificios metálicos, a menudo de metal rojo, como el cobre o el oro.

2. Esta referencia genérica y sin gran repercusión argumental a muros o edificios de metal a veces se concreta en la habitación metálica, donde se intenta asar al héroe.

3. En el más allá hay también calderos. Unos sirven para destruir y otros para regenerar al héroe.

Esta última es una falsa distinción. No se trata de calderos distintos con distintas funciones, sino de un único instrumento mágico donde -lo mismo que en la habitación ardiente- se realiza una ordalía, de forma que los virtuosos no sólo salen indemnes, sino renovados, en tanto que los que carecían de virtud son destruidos. Contamos con un criterio interpretativo muy útil en el cuento transcrito procedente de Aragón, donde la hermana mala acredita su falta de virtud eligiendo el camino fácil y por tanto sufre el castigo siendo puesta a hervir en el caldero.

8. LA NAVEGACION EN EL CALDERO

Vamos a añadir aún un dato más. Sabemos que el difunto egipcio efectúa un viaje navegando por el cielo líquido lo mismo que Ra. Prestemos atención a otras navegaciones míticas en busca del más allá, porque pronto encontraremos coincidencias útiles a nuestro estudio. En la mitología celta, los calderos de la abundancia a menudo se representan como viniendo del fondo del mar. Thor va al mar a otra de las fiestas de Aegir para visitar a Hymir y obtener a caldero apropiado para el hidromiel. En el cuento irlandés “El hijo de Brian Boru” se dice: “Buceó en el lago de nuevo y trajo a la superficie el caldero”. Que estén en relación insistente con el mar significa que son barcos. Y precisamente los Immrama, libros celtas que contienen ciclos de navegaciones, refieren a menudo las incursiones de los héroes por el océano en busca del sidh, los héroes se echan al mar en barcos de bronce o de vidrio.

Dagda tiene un barco sin remos ni timón, que va donde su dueño le ordena, pudiendo hacerse invisibles el casco y la vela. Esto puede muy bien ser un caldero, ya que Dagda tenía también un caldero famoso, y en la visión del Mabinogi de Maxen se cuenta también un barco hecho de tablas “una de oro y la siguiente de plata”, y cuando la mujer del sidh huyó con el joven Conla a su país de las colinas, fue en un barco de oro que tomó la dirección del sol “se alejó y se alejó, y al fin el sol dorado y el dorado barco se confundieron en uno solo”.

En otra leyenda irlandesa el héroe Conn se embarcó en un pequeño barco a la busca de la isla mágica del más allá donde debía encontrar el fin del hambre que estaba pasando su pueblo.

Y en otro relato se cuenta del sagrado carácter del caldero, cuando unos hombres de Irlanda desembarcan en Noruega en busca de un caldero mágico y lo encuentran en lo alto de una colina, pero muy bien guardado: “cuatro caminos conducían a él y en cada uno montaban guardia cien fieros guerreros, y en lo alto de la colina estaba el caldero con setecientos fieros guerreros vigilando en cada una de sus esquinas”.

También está bajo sospecha de ser metálico el barco de Freyr. Los enanos hicieron hebras de oro que sustituyeran al pelo dorado de Sif, cortado por Loki, y la lanza de Odín llamada Gungir y el gran anillo de oro, Graupnir, etc., y también el barco de Freyr. Por tanto, debe tratarse también de una fundición: no es un barco de madera, sino de bronce.

Pero el símbolo del caldero como barco no es sólo céltico. Incluso en Oceanía es muy frecuente también la creencia de que los muertos acompañan al sol por el océano, navegando en “barcas solares”, y que el reino de los muertos está situado en poniente.

Y por supuesto, la navegación de Herakles en la copa de oro del sol es también un de estas incursiones al más allá navegando en un caldero dorado. Pero tal y como se conserva en la versión de Apolodoro, es un ejemplo de desfiguración y racionalización de los relatos más primitivos, y quizá la reinvención de la historia a la vista de una cerámica decorada con la imagen de Herakles navegando en un caldero. Esta historia tiene lugar cuando el héroe se dirigía a la isla crepuscular e infernal de Eritia a robar el ganado de Gerion, y Apolodoro la expone así: “Abrasado por Helio durante el camino, montó el arco contra el disco que, admirado por su valor, le entregó una copa de oro, en la que cruzó el océano”. Esta historia, aparte de amanerada, es absurda, pues la navegación de Herakles en un caldero de oro en busca de la tierra roja de occidente no es más que una versión de la navegación del difunto egipcio en la barca de oro del sol en busca de la tierra roja del occidente, llamada a veces la “isla de las brasas”. De hecho según otras versiones Herakles hizo esta navegación en una urna de bronce, utilizando su piel de león como vela, lo cual de paso indica una desnudez ritual que recuerda algo a la desnudez de Inanna en el paso de las puertas.

Robert Graves se refiere a la semejanza entre esta navegación de Herakles y la que efectúa Gilgamesh en la undécima tablilla, usando como velas sus ropas, y opina que la fuente común es sumeria, pero no acierta a ver el paralelo con el viaje de Ra en su barca de oro.

Ahora bien, tenemos otras imágenes de la cerámica que muestra a Apolo navegando por el mar sobre el caldero alado. Apolo es el sol, y esta navegación vuelve a repetir el motivo egipcio del sol como un caldero de oro que navega por el océano celestial. Que el caldero tenga alas indica que el mar que se ve no es el Mediterráneo, sino probablemente el océano celestial. Estas alas son también las alas de halcón con las que se representa en Egipto al disco solar.

Según las creencias gallegas, la procesión de las ánimas llamada Santa Compaña Creencias lleva siempre con ellos a un vivo que encabeza la marcha llevando una cruz y un caldero “de agua bendita” con el hisopo. Aquí tenemos, pues, una procesión de espíritus del más allá capitaneados por un humano y portando un caldero, y es difícil no ver en ella el cortejo de Ra que va en un caldero, es decir, en una barca de oro, capitaneada por el humano, por el difunto. Y es que el difunto es el sol y viaja como el sol en barca de oro.

Sabemos que hay un cuento clásico de Grimm, “el gigante con los tres pelos de oro”, en el que el barquero de la muerte quiere saber cómo librarse de su función. El héroe le revela al final el secreto: debe darle la pértiga al primero que pase. Es muy interesante porque es precisamente esto lo que debe hacer el vivo si quiere librarse de la Santa Compaña.

Por tanto, parece que esta Santa Compaña es la “comitiva de Osiris”, pilotada por el único humano de dicha comitiva, el difunto. El caldero está a su cargo porque es la barca que él pilota, y la cruz es la pértiga con la que se ocupa de perchar el río pantanoso.

9. ORIGEN Y SIMBOLISMO DEL REINO METALICO

Cuando Mircea Eliade se refiere al caldero que Thor saca del mar y a los calderos celtas en general, que salen del mar, los pone en relación con el simbolismo general de las aguas, y recuerda que el nombre de la caldera milagrosa de la tradición céltica es murias, que deriva de muir, “el mar”. A su juicio, que el objeto mágico sea en este caso un caldero se explica porque es recipientario de la fuerza mágica de las aguas: “Las calderas, los pucheros, los cálices, son los recipientarios de esa fuerza mágica, que muchas veces está representada por un licor divino, ambrosía o “agua viva”; confiere la inmortalidad o la eterna juventud, convierten al que los posee en héroe o en dios. etc.”. A nuestro juicio Eliade acierta sólo llega a rozar la verdad. No toda agua es sagrada ni tiene virtudes mágicas, sino sólo el agua de la fuente del más allá. Y el caldero la simboliza porque es el medio de transporte que hay que seguir para llegar allí. El caldero es un barco y su cualidad mágica no consiste en ser recipientario del agua de la vida (si fuera así, tanto daría que fuera una vasija de barro), sino del difunto-marinero que viaja en busca del agua de la vida.

Eduardo Cirlot explica el simbolismo del caldero contraponiéndolo al de la calavera. A su juicio, el caldero simboliza el receptáculo de las aguas inferiores, mientras que la calavera lo es de las superiores.

V. Propp se refiere al tema de la habitación de cobre ardiente, pero enfocándola desde el punto de vista etnográfico en relación con las costumbres matrimoniales. Afirma que la prueba de fuego es una de las que tiene que pasar el novio que pretende a una muchacha. Es así, e incluso en los materiales que hemos citado aparecen rasgos de pruebas nupciales, pero éstas son las que se celebran en el más allá para comprobar que el héroe puede alcanzar al hada que allí habita, lo que es otro modo de explicar la apoteosis en la muerte.

En otro lugar, se inclina a pensar que en los ritos de esta clase nos encontramos ante una expresión de la virtud purificadora del fuego: “Nos hallamos aquí ante la representación de la virtud purificadora y rejuvenecedora del fuego, una representación que luego perdura en el Purgatorio cristiano”, y reconoce la vinculación de los ritos de iniciación con la experiencia del alma en el más allá. De todos modos no explica por qué tales cosas suceden en el más allá, ni por qué motivo el fuego es purificador.

J. Bermejo Barrera, en su estudio sobre los mitos griegos relacionados con el extremo occidente, afirma la absurda idea de que la cualidad sagrada del oro deriva de su valor como objeto de lujo a disposición de una minoría: “El oro, por tanto, como bien de lujo que es, se encuentra asociado a los basileis y separado del común de los mortales, de ahí derivó su valor religioso y su vinculación con la soberanía”. J. Bermejo complementa esta afirmación con la idea de que para los griegos el oro se vinculó a occidente sólo a partir del robo de las manzanas de oro de las Hespérides: “El oro, símbolo de la riqueza y de la fecundidad, aparecerá a partir de ahora asociado constantemente al lejano Oeste, a los Titanes…”.

No comulgamos con tales ideas. En primer lugar porque el valor del oro como objeto de lujo es muy poco en comparación con su simbolismo religioso solar. Es por esto por lo que el oro aparecería asociado a la soberanía y en ningún modo por su valor lujoso o económico. Y en cuanto al robo de las manzanas de oro, encuadrado dentro del contexto que le corresponde -el de los héroes que bajan al infierno en busca del alimento de la inmortalidad- parece el producto de una alteración literaria importante, donde el motivo aparece por completo desacralizado y desposeído de su significación simbólica, como indica el final tan gris que en la historia tienen las manzanas de oro.

Las manzanas de oro no pueden ir de mano en mano, y ser entregadas a Euristeo para que éste tontamente las devuelva: Son el premio al héroe que ha pasado la prueba del fuego en los infiernos y la señal de su apoteosis. Como tales son un objeto mágico por completo intransferible, y sin duda esta hazaña hercúlea -como las otras- no son sino la manipulación de tradiciones orales mucho más antiguas. Por tanto, la vinculación del oro a occidente no empezó con el robo de las manzanas. Al contrario: era tan antigua que en la época del relato se estaba descomponiendo.

También cita. Bermejo el Tártaro de paredes de bronce y la espalda de bronce de Atlas, pero afirma que “dentro del pensamiento hesiódico está asociado a la actividad guerrera, a la hybris bélica y a la Segunda Función”.

Es evidente el trasfondo de todo lo dicho es la religión solar. Así lo afirma V. Propp y así se desprende de la continua alusión a símbolos solares, como brillo y calor intensos. Desde este presupuesto, recordemos nuevamente que el difunto egipcio se identifica con el sol y es el sol. Pero el sol se introduce cada noche en un paraje hostil, debajo de la tierra, y en cambio renace.

Tengamos en cuenta que también en la muerte del egipcio hay un renacimiento, pero no ya como simple hombre, sino como dios, pues el difunto es Osiris. Pero no puede serlo verdaderamente hasta que no pasa los exámenes a las puertas de la Duat y en la Sala de Justicia. Entonces el más allá lo hará renacer y lo reconocerá como dios. Por tanto, el motivo es cercano, y quizá el ser hervido en un caldero para resucitar no sea más que una alegoría de aquella estancia en el infierno, donde se encuentra la incandescente casa del sol. Se trataría entonces de un rito que vendría a imitar y sintetizar el viaje del héroe por excelencia, el viaje al reino de los muertos.

En uno de los relatos celtas que hemos transcrito en los que el héroe llega a un edificio metálico, llega allí siguiendo a Lugh. Es importante que Lugh es el sol y Cormac ha estado siguiendo al sol, es decir, haciendo un camino de oriente a occidente. Por lo tanto, haciendo una incursión en el más allá occidental lo mismo que el difunto egipcio y lo mismo que todos los personajes de los cuentos y hasta el mismo Cuchulainn, que avanzan en su viaje siguiendo el rodar de una bola (que simboliza el sol).

En los grabados rupestres del norte de Europa aparecen signos solares sobre barcos en Backa (Brastad, Bohulslän), Bottna (Bohulsän). Disaoen (Backa, Bohüslän), Tose (Bouslän), Lockeberg (Foss, Bohuslän) y Himmelstadlund (Norrköping), correctamente interpretados por H. Kühn: “Todas las representaciones de barcos con el disco solar no son otra cosa que el viaje del sol desde su salida hasta la puesta”.

Pero ¿cómo podemos estar seguros de la identidad simbólica entre el reino de bronce y el caldero? Parece claro que el paso intermedio es la habitación de cobre ardiente, y lo que definitivamente acaba de concluir la relación es que la barca de Ra se porta también como aquella estancia. Es decir, es incandescente e incluso está rodeada de un círculo de fuego, de forma que resistir el viaje en ella es como aguantar el paso por la habitación de cobre ardiente.

Así, en el Libro de los Muertos, Atum describe la barca de Ra diciendo que “los dioses de la Enéada se hallan sobre cada uno de sus costados, repartidos por mitades”, y luego dice que “Es, pues, esto el camino de Ra, como fuego. Y forman círculo como fuego a su alrededor”. La barca está, además, envuelta en un círculo de llamas: “Oh, llama, que brillas alrededor de Ra, que formas un haz en su torno (y por cuya causa) el huracán teme a la barca de Ra! ¡Brilla! ¡Resplandece!”.

Por tanto, esta era una barca muy grande, y era también una barca circular, lo mismo que el caldero. No sabemos si era circular la habitación de cobre ardiente, pero sí que en su sueño, Maxen estuvo en una habitación circular donde todo era de oro rojo. Entonces todos estos motivos se han desarrollado a partir de la idea-germen del sol como un caldero en el que se puede navegar.

Este “Círculo de la Llama”, recuerda la situación retratada en el cuento: “Eres joven, caminas a la buena de Dios, no te imaginas que vas derechito hacia el reino del zar del fuego y que todo el que se aproxima a menos de treinta verstas muere abrasado”.

En el cuento popular suele haber un hermano mayor que antecede al héroe en su aventura. En la encrucijada donde se dividen los caminos, el mayor elige el camino ancho y corto, y el hermano elige uno que dice “el que pase por aquí no regresará nunca”. La larga aventura posterior demuestra que sólo el que demostró virtud tomando el camino difícil es capaz de regresar del mundo de los muertos. De regresar resplandeciente como el sol que abandona las tinieblas de la Duat.

Fijémonos en que el más allá es también la tierra de la abundancia, y la tierra de la renovación iniciática. Por eso el caldero acumula un significado doble: Por un lado, como en la tradición germánica y celta, es el caldero de la abundancia, y por otro es el caldero donde se hierven los héroes, para renacer o para morir según su virtud.

Entonces el volver del infierno, como Cuchulainn, que regresa de Dunn-Scaith con tres vacas y un caldero, o como Thor cuando buceó en busca del caldero del hidromiel, es un símbolo que sintetiza la aventura en la que el héroe encuentra una porra de la abundancia o regresa con la caza; y el caldero de la sabiduría es una síntesis del cuento en el que el héroe alcanza conocimiento en el más allá.

Por tanto, la gran síntesis es aquí el simbolismo del caldero como medio de resurrección mágica. Es éste el resumen de todo el viaje del héroe. La prueba de ser hervido en un caldero equivale a la prueba de hacer el camino del sol en el abrasador barco del sol e intentar renacer con el sol por el oriente del mundo.

José Ortega

EL 15M Y EL MAGO MERLÍN

Hace poco leí en la prensa el artículo de una pluma brillante que definía al 15M como superhéroe colectivo. Este calificativo venía a cuenta de un suceso más bien milagroso acontecido en el metro de Madrid, cuando la policía inició la detención de un sin papeles. En menos de tres minutos se presentó allí una multitud de indignados que lo impidió. Fenómeno inexplicable que conserva el brillo de lo absoluta y totalmente maravilloso, con el triunfo del amor, el bien y la solidaridad como paisaje de fondo.

Yo estaba en Cibeles a las cinco de la tarde del día 15 de mayo, cuando aún no había ni dios. Había ido con Sergio Tanet (ved a Sergio en MAYO, el documental. De hecho, su entrevista se la hice en aquellos momentos) y otros miembros de DRY y esperamos que se hicieran las seis con esa inquietud del que no tiene ni la menor idea de si el tema va a funcionar. Bueno… funcionó de maravilla. De un momento a otro estaba todo lleno. El 19 de junio hubo mucha más gente y más aún habrá el 15 de octubre, y además en todo el Mundo.

Bonito ¿verdad? Ahora mismo los fabricantes de todo esto están trabajando duro para el 15-O y eso está bien. Es posible que ese día aparezca en los libros de historia, estupendo. Los que empezaron esto desde el ordenador de su dormitorio tienen derecho, y mucho, a sentirse pletóricos. Pero esa inmensidad de gente en las calles es sólo una apariencia de poder que esconde la realidad de que ahí hay muchas sensibilidades y aspiraciones distintas, pero muy distintas. Estar en contra está chupado, es un sentimiento natural cuando te tocan las narices. Ponerse de acuerdo en lo que hay que construir es otra cosa.

Por el rollo que mantengo con la Antropología me ha tocado estudiar, escribir y hablar en público sobre el viaje del héroe.  El héroe del mito, de la leyenda y del cuento popular es un peregrino que sabe a donde va. Los indignados salimos a las calles, alzamos las pancartas y caminamos, pero nadie sabe dónde está la meta. Y corremos el peligro de caminar en círculo mientras los tiburones del sistema nos miran con una sonrisa ladeada.

Todo el mundo puede darse cuenta de que el capitalismo se está desmoronando por su propia lógica interna de codicia sin límites. La demostración de poder de esas masas de personas indignadas en la calle está muy bien, pero es insuficiente como empujón final. Hace falta algo más. Necesitamos una alternativa económica, social y política a este sistema esclavista que parece un producto de la mente de Georges Orwell. Y debemos tenerlo claro y bien definido para que el día después no sea necesario improvisar y salga mal ¿Quién iba a pensar, por ejemplo, que el resultado final de la toma de la Bastilla iba a ser ese enano con mala leche que se llamó Napoleón? ¿Queremos que triunfe la re-evolución, haya un periodo de caos por no saber qué queremos y a continuación venga un general de brigada a poner orden?

Hay indignados de todas las edades y condiciones, pero los que han llevado el impulso son muuuy jóvenes. Parece que un desafío como éste sólo podía protagonizarlo la audacia de la juventud. Bien… pensando en el 15M como superhéroe colectivo debo evocar algunas figuras heroicas. Pongamos Arturo, el rey de Gales ¿Qué habría sido de él sin Merlín? ¿Y qué habrían conseguido los tres jovencísimos y rubicundos jóvenes británicos que vieron morir y transformarse en vampiro a su amada común sin la experiencia y buenos consejos del viejo Van Helsing? ¿Y la compañía del anillo sin Gandalf? El héroe de la más hermosa, sugerente, invencible y sinpar novela jamás escrita (escrita por mí, juas juas), Gilgamesh y la muerte, nunca habría culminado su viaje hacia la inmortalidad sin los consejos del anciano Kei, que supo conducirlo al monte Nisir (y de ahí el nombre de este blog).

Para combatir al supervillano colectivo del sistema, el superhéroe colectivo 15M debe apoyarse en un supersabio colectivo. Nos encontramos en una especie de culminación de los tiempos en la que, como decía Paco López en MAYO, hay que pensar en colectivo. Todas las historias heroicas se fijan en el patrón único del cuento popular: Planteamiento, nudo y desenlace con un héroe joven y un maestro. El cine norteamericano aplica el esquema narrativo del cuento popular. En nuestra memoria colectiva hay muchas historias, pero en realidad sólo hay una: La de la luz contra la oscuridad, con un héroe joven, noble y generoso que triunfa bajo la guía de un anciano sabio.

Cuando el capitalismo brutal del siglo XIX mantenía a niños de ocho años trabajando dieciséis horas en fábricas de cerillas, un tipo llamado Marx se mosqueó al punto de elaborar toda una interpretación de la historia con una propuesta alternativa de modelo de organización económica, política y social. También él estaba indignado, en caso contrario se habría quedado jugando a los bolos.

Tenemos que hacer algo así, pero en colectivo. A todos nosotros, ciudadanos indignados que salimos a las calles a manifestarnos, los sabios nos tienen que decir en qué dirección caminar y sobre todo cuál es la meta.

Este sistema se tiene que acabar. Es sucio, ruin, canceroso e inmoral. Echad mano de los miembros experimentados de ATTAC, de profesores universitarios como Carlos Taibo, reunidlos y pedidles que diseñen un modelo válido para una convivencia humana, una economía sostenible y un medio ambiente saludable. Vamos a contrastarlo, a debatirlo y a ponernos de acuerdo. En todo el orbe, porque en un solo país nunca podrá funcionar.

Si no hacemos algo así, el superhéroe colectivo no llegará a ningún sitio y toda la energía, toda la ilusión, toda la esperanza que se ha generado, se apagarán.

SUGERENCIAS:


MAYO (UNA VISIÓN ESPORITUAL DE LA SPANISH REVOLUTION)

LIBRES PERO SIN ALAS: El Gobierno te quita tu única casa y te paga 136 euros. Documental de 50 minutos.
ZEITGEIST ADENDUM: http://vimeo.com/4947329 KHOL (copia de trabajo de un documental sobre la trilogía literaria KHOL):
LOCALIZACIÓN FRENTE A GLOBALIZACIÓN: ¿Alguien piensa que el salmón tiene ese color fosforito porque es así?
TODO ES MENTIRA: Documento sobre el sistema. http://www.mediafire.com/?rt4dh57jp4orw7u PÁGINA DE TODO ES MENTIRA EN FACEBOOK: http://www.facebook.com/pages/TODO-ES-MENTIRA/212919808728860#!/pages/TODO-ES-MENTIRA/212919808728860 MANIFIESTO POR UNA ECONOMÍA VERDE: Propuesta de cambio en materia económica. http://www.mediafire.com/?60ijry2dsqo02ze KHOL: Novelas y publicaciones de José Ortega http://www.facebook.com/home.php#!/pages/KHOL/107081462700442 CLUB DE FANS DE PETER JOSEPH: http://www.facebook.com/home.php?sk=group_159337614118899 LA FE EN EL MÁS ALLÁ: Episodio de la serie documental GENESIS
EL ALIMENTO DE LA INMORTALIDAD: Episodio de la serie documetal LAS CRÓNICAS DE LA TIERRA ENCANTADA
RETORNO AL PAÍS DE LA PENUMBRA: Una explicación del simbolismo del carnaval. http://vimeo.com/19503682

NOTICIAS DE MAYO: LAS MISTERIOSAS SINCRONÍAS DE JOSÉ LUIS SALAS

  Conforme la obra artística crece, te va dominando. Esto es algo que he experimentado muchas veces. Te pones a hacer la cosa, lo que sea, y ya no eres su dueño, ni siquiera tu dueño. Esa cosa te posee, se apropia de ti y te va guiando. Me ha pasado con todo, con las novelas que he escrito, con las películas que he hecho y en cierto sentido con mi trabajo.

Me sucede también con el documental que estoy elaborando sobre el movimiento quince de mayo. He dirigido tres series documentales para televisión y siempre he procurado tener cuidado con dos cosas: El título y un desenlace que apelara a los sentimientos.

Hace unas semanas estaba frente al ordenador, pensando en un título para este trabajo. Por mi cabeza pasaban varias posibilidades, todas ellas obvias, pero por eso poco originales. Por ejemplo, Spanish revolution o Democracia real ya. No, no… nada de eso. El título debía tener una alta carga simbólica.

Tengo que contaros aquí mi experiencia con un músico que debe ser un extraterrestre disfrazado o en caso contrario, si es humano, se trata de un humano tocado por Dios. Ese músico vive en la bendita localidad de Águilas y tiene la rara capacidad de transformar en belleza todo lo que sale de su corazón y de sus manos. Se llama José Luis Salas. Con él ya tuve en los noventa una sincronía sensacional cuando eligió para su grupo de música de cámara el mismo nombre que elegí yo para mi productora de cine, un nombre que ambos sacamos de mi primera novela, GILGAMESH Y LA MUERTE. Pero esto es algo que ya contaré en otra entrada. En todo caso, si queréis ver y escuchar a José Luis tocando con su grupo, echad un vistazo al documental KHOL, MITO Y REALIDAD, sobre mi trilogía literaria. Lo pego abajo.

Yo había pedido prestada su música a José Luis para LIBRES PERO SIN ALAS, mi primer documental social, que terminé el pasado mes de abril. El otro día lo llamé para comentarle que estaba haciendo una peli sobre el quince de mayo, que con él quería ayudar a difundir las ideas del movimiento y que necesitaba su música. Su respuesta fue rápida: Estaba feliz de contribuir a la causa.

Aunque mi profesión sea la abogacía, os aseguro que he pasado muchas horas delante de una mesa de edición de video, y si algo he aprendido es que la película sólo adquiere vida cuando recibe la música. Hasta entonces es como un armazón carente de alma. Se ven y se oyen cosas, pero esas cosas son sólo información que se dirige a la mente. Cuando a esas mismas cosas les añades la música, la película despega, vuela y se transforma.

Puse tres temas de José Luis en la biblioteca de mi archivo de edición. Entonces fijé la mirada en el título de uno de ellos ¿Sabéis cuál era ese título? Bien, os lo voy a decir porque sois vosotros. Esa pieza, compuesta hace bastante tiempo, antes de que los ciudadanos nos volviéramos conscientes y nos moviéramos contra los tiranos, se llama justamente MAYO.

Y ya no tuve más dudas sobre el título del documental.

Pero eso no es todo… Sólo mientras escribía este blog, al hacer una captura de pantalla de la edición de video para poner una imagen, me he dado cuenta del significado de otro de los títulos de José Luis. Estoy seguro de que queréis conocerlo.

Ese título es… CREANDO EL CAMINO.

Bien, bien… ¿qué me decís? A lo que antes le llamaban casualidades le llaman ahora sincronías. Puede que todo sea azar o puede que todo sean signos que debemos seguir. Perdonadme, no quiero meter un rollo místico, pero si alguna vez tuve dudas, estas sincronías las disiparon. Alguien me está diciendo: Hazlo.

Copia de  trabajo de KHOL (MITO & REALIDAD)

http://www.vimeo.com/22177731

SUGERENCIAS:
TRAILER DE MAYO (UNA VISIÓN ESPIRITUAL DE LA SPANISH REVOLUTION)
TODO ES MENTIRA: Documento sobre el sistema. http://www.mediafire.com/?rt4dh57jp4orw7u MANIFIESTO POR UNA ECONOMÍA VERDE: Propuesta de cambio en materia económica. http://www.mediafire.com/?60ijry2dsqo02ze LIBRES PERO SIN ALAS: El Gobierno te quita tu única casa y te paga 136 euros. Documental de 50 minutos.
KHOL: Novelas y publicaciones de José Ortega http://www.facebook.com/home.php#!/pages/KHOL/107081462700442 ZEITGEIST ADENDUM: http://vimeo.com/4947329 CLUB DE FANS DE PETER JOSEPH: http://www.facebook.com/home.php?sk=group_159337614118899 LOCALIZACIÓN FRENTE A GLOBALIZACIÓN: ¿Alguien piensa que el salmón tiene ese color fosforito porque es así?
LA FE EN EL MÁS ALLÁ: Episodio de la serie documental GENESIS
EL ALIMENTO DE LA INMORTALIDAD: Episodio de la serie documetal LAS CRÓNICAS DE LA TIERRA ENCANTADA
RETORNO AL PAÍS DE LA PENUMBRA: Una explicación del simbolismo del carnaval.

EL ÁRBOL DE LA VIDA

 

Éste es un aviso muy serio. Dentro de poco el mundo editorial va a cambiar, las librerías se van a estremecer, los editores se van a volver locos y los lectores ni siquiera se lo van a creer. El motivo es simple. Después de muuucho tiempo, acabo de terminar de corregir, supervisar y subsanar mi novela EL ÁRBOL DE LA VIDA, una historia de arqueología prebíblica que plantea un problema tan actual como la manipulación de la información y el tránsito a la nueva era.

Aunque no queráis, os pongo aquí la introducción y que sea lo que Dios quiera.

INTRODUCCIÓN

  En mis primeros años universitarios leí el mito de Gilgamesh, cuyos hondos valores filosóficos y literarios me marcaron de por vida.

 En 1986, conversando con un profesor universitario, me enteré de que los arqueólogos habían descubierto la antigua ciudad de Ebla, nombrada en la Biblia, de que en las ruinas  había aparecido una impresionante biblioteca de textos cuneiformes y de que el asiriólogo Giovanni Petinato acababa de publicar la traducción de aquellos textos. El profesor también me dijo que el descubrimiento había causado inquietud en el Vaticano, porque en las tablillas aparecían nombrados ciertos personajes de la Biblia, y la jerarquía de la Iglesia temía la aparición de contenidos inconvenientes o simplemente contradictorios con el libro sagrado.

 En 1987 me inscribí en  un curso de akadio y ugarítico que impartía un monje franciscano apellidado Ferrando, en su residencia religiosa de la calle del Temple de Valencia. El curso no tuvo lugar por insuficiencia de alumnos.

  En 1990 se publicó la primera edición de mi novela Gilgamesh y la muerte, sobre el mito de Gilgamesh y por tanto sobre la búsqueda de la inmortalidad. Pido disculpas por haberla transformado en atrezzo (o algo más) de esta otra novela.

  En abril de 2003, poco después de que las tropas de Bush y Blair invadiesen Irak, la BBC distribuyó el sorprendente comunicado de un equipo de arqueólogos alemanes que estaban trabajando en Uruk acababa de descubrir la tumba de Gilgamesh, a quien todos creían hasta entonces un simple personaje literario.

  En 2008 se publicó el primer documental Zeitgeist, que denuncia el creciente proceso de esclavismo que sufre el mundo que vivimos a manos de una oligarquía financiera mundial invisible.

 Todos esos hechos han conformado esta novela. La comencé en 1999 con la intención de escribir una historia contemporánea sobre la inmortalidad,  pero también sobre los sucesos de Ebla, y para ello me auxilié de un interesante curso de akadio que bajé de Internet.

Todo lo que ha ido sucediendo en esta década y denunciaban documentales como Zeitgeist me ha llevado a introducir modificaciones en el texto pero al mismo tiempo no hacía sino ahondar en las propuestas y en la visión de la propia novela en relación a aquello que está sucediendo delante de nuestros ojos sin que seamos capaces de verlo.

  Creo firmemente en la realidad de que el mundo está avanzando hacia el completo esclavismo de la sociedad a manos de una oligarquía financiera que lo controla todo y todo lo decide. Esta novela, sin haber perdido su intención de reflexionar sobre la inmortalidad enlazando con las tradiciones relativas al árbol de la vida, es una forma más de contar ese proceso con la esperanza de que  muchos abran los ojos.

  Al fin, todo se reduce a la reflexión que hace uno de los personajes. Nuestro mundo, nuestra fe, nuestras convicciones, siguen dependiendo de un pedazo de barro escrito.

José Ortega

El Puig, 2 de enero de 2011

A-KI-TIL, LA FUERZA QUE HACE VIVIR AL MUNDO (O POR QUÉ LA NOCHE VIEJA NO TIENE NINGÚN SENTIDO).

El hombre primitivo vivía pendiente del universo, del movimiento de las estrellas, de la aparición y muerte del sol, del ciclo de las estaciones. Y concibió, como bien sabía Mircea Eliade, el padre de la Historia de las Religiones, un eterno retorno en el que todo era circular y en el que el tiempo moría y volvía a comenzar.

El momento más importante de ese eterno retorno era el fin de un año y el inicio de otro  nuevo. Ese cambio tenía lugar, no hace falta decirlo, en primavera, cuando el invierno termina y la vida renace. Luego, en la Edad Media, vino un idiota y mandó muy piadosamente que el cambio de año se celebrara el 31 de diciembre con el fin de dar más realce a la fiesta de la natividad del Señor.

En la cultura de Sumer, en Mesopotamia, la fiesta de año nuevo se llamaba a-ki-til, que significa “la fuerza que hace nacer al mundo”. Como símbolo de la nueva vida, la fiesta incluía una cópula sagrada entre el rey de la ciudad y la sacerdotisa. Es así como comienza mi novela GILGAMESH EN BUSCA DE LA INMORTALIDAD, con la celebración del año nuevo en el mes de marzo. En el recitado sumerio que tomé prestado para ese pasaje la sacerdotisa habla al rey de esta manera:

Grande es tu hermosura, dulce como la miel.

León, amado de mi corazón,

Grande es tu hermosura, dulce como la miel.

Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti.

Esposo, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara.

Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti.

León, yo quisiera ser  conducida por ti a la cámara.

Todo esto que hacemos es un poco patético y bastante paradójico. Celebramos la navidad el 24 de diciembre, sin saberlo, por motivos astronómicos, ya que por esas fechas el solsticio de invierno hace nacer al sol, pero sin embargo hemos desplazado la fiesta de año nuevo del momento que por esos mismos motivos astronómicos le pertenece. Y también sin saberlo.

En la noche del 31 de diciembre no hay nada que cambie en la naturaleza. El día 1 de enero nos aguarda el mismo frío, la misma ventisca y el mismo cielo gris. Desconexionados de la naturaleza, de sus ciclos y de sus ritmos no conseguiremos gran cosa excepto actuar como autómatas que van y vienen sin saber por qué. Ya hablé de esto en mi serie documental de televisión LAS CRÓNICAS DE LA TIERRA ENCANTADA, donde repetía constantemente la misma idea: Para el primitivo todo es sagrado, pero para nosotros todo es profano. Profanamos la tierra, profanamos las tradiciones, profanamos la historia, porque hemos perdido el vínculo con la naturaleza y por lo tanto con lo sagrado. El cambio de año en mitad del crudo invierno es un símbolo del ensoberbecimiento del género humano, que se cree tan dueño de la tierra como para celebrar un cambio de ciclo cuando no hay cambio de ciclo.

Me da la sensación de que los únicos que lo han entendido, aunque sea inconscientemente, son los valencianos. Ellos siguen celebrando como debe ser y en el momento en que debe ser, allá cuando en el mes de marzo, rozando el equinoccio de primavera, la naturaleza entera se prepara para albergar de nuevo la vida y prenden luces a las que bien podríamos llamar la fuerza que hace vivir al mundo.

DIFERENCIAS ENTRE GILGAMESH Y VICENTE GUILLEM (CON REFERENCIA PUNTUAL AL ORGASMO PRE MORTEM)

 El sábado pasado encontré en una herboristería un libro de diseño modesto, que parecía autoeditado, titulado LAS LEYES ESPIRITUALES. En la contraportada se veía la foto de un señor barbudo y pelilargo que lo mismo podía ser un santo, que un profeta, que un mendigo o que un sabio. Ese tipo es VICENTE GUILLEM, un doctor en bioquímica que curra en hematología y oncología en el Clínico de Valencia pero que también se preocupa de otras cosas, por ejemplo la vida del espíritu y ayudar a los demás.

Los médicos, no todos, suelen ser pijos y deslizarse de un lado a otro en BMW embutidos en trajes razonablemente caros. Vicente Guillem no es así. Ayer me invitaron a asistir a la conferencia que tenía que dar esta tarde en la herboristería VIDA SANA de Valencia, y he podido comprobarlo.

El conferenciante no tenía ni cultivaba aspecto de estrella, ni siquiera de profeta. Ha llegado y se ha puesto, cabizbajo, a pinchar cables en su portátil para poner un power point con la modestia de un electricista que realmente está pensando en otra cosa. Después ha hecho una exposición de hora y media sobre vidas pasadas, reencarnaciones, evolución espiritual y cultivo del amor. Hora y media más de coloquio en un local pequeño atestado de seres humanos sentados en sillas y en el suelo pero también de pie, con poco oxígeno para repartir.

Me ha gustado más el conferenciante que la conferencia. El tipo me agrada porque desprende serenidad y cree en cada palabra que dice.  Esta confianza propia pone en su boca un discurso claro, sin un titubeo, ordenado y calmado que realmente transmite paz. Se puede decir que escucharlo hablar es un raro placer.

Esto no significa que la conferencia no me haya gustado ni interesado. Lo que pasa es que algunos contenidos me rascan. Vicente Guillem trabaja con enfermos terminales y cuando se ha dispuesto a hablar de casos de personas clínicamente muertas que han vuelto a la vida, estaba convencido que iba a trasladar sus experiencias profesionales, pero no ha sido así. En su lugar ha citado libros, entre ellos el clásico VIDA TRAS LA VIDA, escrito en los setenta. No es que esto no se pueda o no se deba hacer, pero yo esperaba un relato vívido de experiencias propias, no un resumen de lo que ha leído otra persona.

Otra parte de la exposición me ha causado desconcierto. Se trata del absoluto convencimiento con que el conferenciante ha expuesto la ley de justicia espiritual, según la cual las malas acciones cometidas en una vida se pagarán en una vida posterior. Puede que sea una deformación profesional de abogado, pero ese mecanismo de justicia diferida creo que no consta demostrado en ningún sitio y me suena más a expresión del deber ser, o de una necesidad psicológica, que a evidencia constatada por la investigación o por la casuística.  

La pretensión de que cada sueño que no obedezca a mera repetición de vivencias domésticas es un viaje astral, sugiere un prejuicio. Karl Jung dice que el inconsciente, a través de los sueños, nos hace llegar mensajes simplemente porque tiene más información que nosotros, ya que el inconsciente lo retiene todo y nosotros no. Vicente Guileén dice que estos mensajes no provienen del inconsciente, sino de los maestros espirituales inmateriales, y añade que estos maestros no se hacen más evidentes a fin de no perjudicar nuestra libertad de elección. Me quedo con Jung. Por lo menos hasta que lo de los maestros y ángeles quede más claro. No en nombre de la ciencia materialista, que me aburre, sino en nombre de la resistencia a tragarme un nuevo artículo de fe después de haberme tragado ya muchos en el cole, en misa y en casa cuando era niño y adolescente.

La explicación de que unas personas son malas y otras buenas porque las primeras vinieron más tarde a la vida y han evolucionado menos hacia la espiritualidad, también la considero una idea bella pero apriorística, indemostrada y desde luego indemotrable.

Hay testimonios de personas que recuerdan espontáneamente vidas pasadas y otras lo hacen de forma inducida. Eso es un hecho. Lo demás es el intento de situar ese y otros hechos en fila india para conformar con ellos una teoría que por lo demás tiene su propia contrateoría. Por ejemplo, algunos doctores se están empeñando en una explicación científica del fenómeno recurrente de la visión del túnel de luz y de la inmensa paz al abrazar la muerte. Lo achacan a no sé qué enzimas, hormonas o caldos que se disparan o se diluyen en el proceso de morir (por cierto, Vicente Guillem no ha hecho referencia alguna a la extraña experiencia de orgasmo que se vive en los instantes previos a la muerte o a algún tipo de muerte, creo que en particular la producida por asfixia, y que conduce a algunos cachondos a ponerse al borde de la extinción metiendo la cabeza dentro de una bolsa de plástico).

Cuando trabajaba con Historia de las Religiones percibí la forma obsesiva en la que el hombre prehistórico elaboraba leyes generales que explicasen cada palmo de la realidad. No sólo de la visible, también de la invisible. La creencia egipcia en la caverna llamada poéticamente las doce horas de la noche obedece al convencimiento (convencimiento erróneo) de que durante la noche el sol viaja de occidente a oriente por debajo de la tierra. Ellos recogían unos pocos datos y los ponían en fila india para elaborar una ley. Nosotros también. No hemos cambiado. No nos conformamos con constatar los datos disponibles relativos a recuerdos de vidas anteriores. Nos empeñamos en usarlos para decodificar los misterios de lo invisible en unas cuantas leyes que lo explican todo estupendamente y nos quedamos tan felices.

 Recuerdo que cuando estaba en la Universidad acudí a una conferencia de Salvador Paniker titulada, si no recuerdo mal, CRÍTICA AL IDEALISMO CULTURAL CONTEMPORÁNEO, en la que ponía en solfa el horror vacui de la cultura moderna en su ansia de elaborar una teoría que explique cada detalle de la realidad. Tanto la obsesión del habitante primitivo del Nilo como la manía del científico contemporáneo creo que son la consecuencia de aquella misma ansiedad ante el universo, que sólo se calma elaborando una ley, redactando una teoría o fundando una religión. La lección de metafísica que he escuchado hoy es en mi opinión otra expresión de ese fenómeno.

Vicente Guillem ha dicho hoy que no existen ni el infierno ni el purgatorio eternos. La elaborada teoría que ha expuesto sobre las cosas invisibles, lo que sucede antes del nacimiento y después de la muerte, la existencia de mundos más sutiles en los que los humanos viven una existencia semiespiritual, la enunciación de leyes espirituales  según las cuales las penas por nuestras faltas nos esperan en vidas futuras, creo que obedece a un patrón teórico carente (hasta donde yo sé) tanto de indicios como de pruebas y que conforma una doctrina tan gratuita como la del Antiguo Testamento. En cierto sentido, esta formulación, que remite a una constante evolución hacia la espiritualidad a través de muchas vidas, es parecida a la de Theilard de Chardín, el cura metido a antropólogo que se decidió a acuñar una ley que explicase el paso del australopitecus africanus al pitecantropus y de éste al homo sapiens, en una línea de progresivo refinamiento espiritual del género humano que finalmente le hiciera converger con Dios. 

La doctrina de Vicente Guillem me gusta, pero en la misma forma que a mi abuela le gustaban el Génesis bíblico o el Evangelio. En uno y en otro caso se trata de una cuestión de fe.  Está bien cada cosa que se haga o se diga para conducir a los humanos a experimentar el amor, pero personalmente no me apetece el nuevo evangelio de una nueva religión basada sólo en ideas y juicios previos. Digo más, a riesgo de que me pelen: El auditorio estaba formado por practicantes y/o maestros de Reiki, grupos de meditación y personas ya sensibilizadas, lo que se me antoja un público entregado de antemano y en cierto sentido acrítico. Prueba de ello es la pregunta que surge en el coloquio, sobre si se debe hablar mentalmente con un hijo muerto. Una pregunta dirigida al conferenciante como si se dirigiera a un cura o a un vidente. Salvando las obvias diferencias y con mucho respeto, esto me recuerda el coloquio posterior a una conferencia que di a unas amas de casa para denunciar la química escondida en los alimentos. Desde el principio advertí que no soy médico. Incluso así me preguntaron si era saludable comer atún en conserva.

Vicente Guillem afirma que todos evolucionamos hacia una forma más elaborada y más espiritual y que la medida de nuestra evolución se define por nuestra capacidad de experimentar amor. Bueno, bien… Eso me mola. Sólo eso sería suficiente para escuchar, leer y seguir a este hombre bueno. Todo lo demás me despierta dudas.

Ahora voy a decir por qué me gusta el personaje. Es fácil: Me gusta porque no sólo tiene toda la pinta de un tipo sencillo y honesto, sino que además deja evidencia de ello porque no cobra. No cobra ni por el libro ni por sus conferencias. Todo lo que ha estudiado, todo lo que sabe, lo regala. Y cuando habla, no te miente ni te dice medias verdades. Puedes no estar de acuerdo con todo lo que dice, pero nace en ti la tendencia a fiarte de él. Con lo poco que he aprendido hoy de Vicente Guillem, creo que nos iría mucho mejor si hubiera muchas personas como él, decididas a entregar a los demás su energía y su tiempo y empeñadas en trasladar el mensaje de amor que necesitamos.  Así que, incluso bajo esta lectura crítica, mando desde aquí un caluroso saludo al interesado y también a Antonia Matamoros, la propietaria de la herboristería y organizadora del acto, que por cierto tampoco gana un céntimo con la venta de los libros de Vicente, y también hay que aplaudírselo.

Mi conclusión es ésta: Siempre que hablo en público y en privado del mito de Gilgamesh, recuerdo el estupor que me causó encontrar, en una cultura como la sumeria y luego la akadia, con sus ingenuas y primitivas certezas sobre lo invisible, un hombre que duda de todo eso, que se pregunta qué rayos es lo que hay más allá y que se siente inquieto ante esa incertidumbre.

Si reduces las cosas a lo simple, cada una de las religiones, actuales o primitivas, se han presentado en sociedad con una explicación sospechosamente pormenorizada de cómo es lo invisible y de lo que sucede después de la muerte (el viaje del héroe en Gilgamesh y la muerte, deja constancia literaria de ello). Esto es lo mismo que he escuchado hoy. No encuentro ninguna diferencia. 

Necesitamos hombres buenos, convencidos y con capacidad de convencer, como Vicente Guillem, pero necesitamos aún más hombres que duden, como Gilgamesh, y enseñen la duda a los otros como medio para reconstruir la realidad, las creencias y la organización social.  

Por supuesto que el amor es la clave del cambio individual pero también social (le dije a Dokusho Villalba que en mi opinión el punto de unión entre  la revolución social y el perfeccionamiento individual es el amor, y me dijo que estaba de acuerdo, así que debe ser cierto). Sin embargo, no creo que la fórmula para conseguir ese fin sea la instalación de una nueva metafísica o de una nueva religión basadas en una doctrina que no se puede demostrar y que por tanto se fundamenta, lo mismo que todas las otras religiones del mundo, en la fe.

José Ortega

LA PIEDRA RESPLANDECIENTE: EN BUSCA DE LA FELICIDAD PERFECTA (I)

 

GILGAMESH Y LA MUERTE contiene también un cuento llamado EL CUENTO DE LA PIEDRA RESPLANDECIENTE, que concebí hace mucho tiempo, primeramente como un cortometraje y luego con forma literaria. Nació de retazos de imágenes de un personaje que viaja por universo propio de Mad Max y tiene que ver con el ansia de lo perfecto.

Bien dicen que lo perfecto es enemigo de lo bueno, lo que significa que podemos empeñarnos en conseguirlo todo y no tener nada. Algo así encierra este cuento en el que una mujer ya madura abandona todo lo bueno que tiene para trocarlo por lo perfecto. Busca una bagetela sin importancia, la felicidad perfecta.

¿Habéis visto los matrimonios rotos en la edad mediana, habéis visto la insatisfacción y la rutina comiéndose la chispa de la vida y ese ansia de cambiarlo todo por algo a lo que no se acierta a darle nombre? Tienen mucho que ver con esta metáfora de la vida que es el cuento de la Piedra Resplandeciente.

Esta historia dio lugar a mi tercera novela, que se llama igual. Pero de ella hablaré otro día.

La mujer que lo abandona todo, se echa a los caminos en un largo viaje de iniciación que la lleva en primer lugar a la cueva de Math, la Hechicera.  

Es una lectura coral. Dura de filmar, complicada de editar y bonita para ver.

EL NOROESTE NO ES UN LUGAR

Hay una parte extensa de GILGAMESH Y LA MUERTE que nada tiene que ver con Mesopotamia y mucho, en cambio, con la mitología centro y norteeuropea. El héroe hace un viaje hacia otras tierras, no precisamente hacia el oeste, sino hacia el noroeste.

Una vez le pregunté a un amigo que se las daba de marino, con un balón de baloncesto en la mano (como imagen de la Tierra), a dónde llegaríamos si tomamos la derrota del noroeste.

 -Al noroeste -dijo. Pensaba erróneamente que el holograma de proyección de la Tierra en un rectángulo es la Tierra misma.

 El noroeste no existe. Navegando al noroeste llegaremos al norte describiendo una espiral a través de la intersección de meridianos y paralelos, y si navegamos al noreste sucederá lo mismo. Este es el sentido dle viaje espiral que hace Gilgamesh. Un sentido, como suele suceder, de iniciación que viene principalmente descrito por ese dibujo espiral que describe sobre la tierra.

En su viaje atraviesa los espacios europeos y por eso me nutrí de la mitología europea, con ninfas, enanos y dragones. Escuchad a Javier leyendo sobre dragones, lealtad y nobleza. Ved el énfasis con que exclama “silencio” o “majestad”. No quería dejar de leer.

El noroeste no es un lugar, es una ruta. Tiene mucho de símbolo del camino.

UNA COLINA SOBRE LA CIUDAD DE LOS MURMULLOS

  Un hombre llega a lo alto de una colina donde hay un pequeño recinto en forma de torre. A sus pies contempla la Ciudad de los Murmullos. En esa torre se habían descarndo los huesos del rey Ketra el Fuerte. Su alma surca el aire en forma de águila. El hombre lo mira todo, la ciudad a sus pies, la torre donde está, el águilas que se aleja. Ese hombre es Gilgamesh, el que busca la inmortalidad.

  Cuando escribí GILGAMESH Y LA MUERTE solía documentarme con publicaciones sobre geografía. Las torres del silencio existen realmente en Irán. Su función era la de dejar los cadáveres para que los buitres comieran la carne y limpiaran los huesos. Escribí un artículo sobre ese ritual y lo pegaré aquí en otro momento.  Ved y escuchad ahora a Fanny recrear parte de la historia: