TEATRO EN PARIS

@abogadodelmar

Tú dijiste:
– ¿Cuál es la señal del camino, oh derviche? – Escucha lo que te digo
y, cuando lo oigas, ¡medita!
Ésta es para ti la señal:
la de que, aunque avances,
verás aumentar tu sufrimiento.

FARIDUDDIN ATTAR

Durante la Segunda Guerra Mundial un barco de ídem (de guerra) de nuestra amada patria estaba atravesando el estrecho de Gibraltar cuando recibió un mensaje, no sé si morse o de semáforo, de otro buque militar, a la sazón británico, que, con lo que al Comandante de nuestro le pareció insolencia inaceptable, preguntó qué transportaban. El Comandante ordenó al radiotelegrafista responder con una única palabra: Carajos (fuente: Capitan de Corbeta del Cuerpo General de la Armada D. José Ortega Martínez, que se encontraba a bordo siendo marinero).
Si la anécdota tiene mucha más relación de lo que a primera vista puede parecer con el desafortunado teatro que empieza mañana en París es porque, como ya he escrito anteriormente, recuerdo muuuuuuuuy bien que más o menos en 1980 el ingeniero Goicoechea (diseñador del Talgo) propuso la puesta en marcha de un sistema totalmente ecológico de generación de energía aprovechando la brutal fuerza de la corriente marina que pasa por el estrecho de Gibraltar.
Recuerdo también que por esas mismas fechas el catedrático de Derecho Internacional Público Antonio Remiro Brotons nos contaba en clase que aunque cierto tratado internacional obligaba a los submarinos a cruzar los estrechos internacionales navegando en superficie y con el pabellón desplegado, los americanos se burlaban de esa norma y sus submarinos nucleares pasaban el estrecho en inmersión por razones estratégicas y porque a su gobierno le salía de ls cojones. Y así es como comprendí que la propuesta de Goicoechea era utópica al resultar nociva para la estrategia militar de los romanos del siglo XX (además de para la gran industria petrolera). No obstante, quede expuesta la idea, cuyo autor decía que, si se llevara a cabo, nuestro simpático país podría exportar energía a toda Europa. Energía limpia y gratuita, debería añadir.

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Muchos de los que me leen ya saben que me honró con su amistad el coronel del arma aérea de Venezuela e ingeniero Don Simón Hebert Faull, autor de varios inventos relacionados con la generación de energías limpias. Uno de ellos era un molino de viento del tamaño de un ventilador que igualaba en capacidad de generación a los molinos gigantes en cuyas enormes aspas suelen enredarse los buitres. Otro era el llamado reactor Faull, que, aplicado a un motor de combustión de gasolina, eliminaba totalmente las emisiones de CO y en un 98% las de CO2. Os podéis imaginar la forma tan eficaz en la que eso habría frenado el efecto invernadero. Tuve el honor de montarle un seminario que se celebró en Denia el 28 de junio de 2008, y en el que yo mismo fui moderador, para tratar de implantar esta tecnología en los barcos de pesca.

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No obstante, su invento más espectacular era un motor que funcionaba simplemente con el calor específico del aire. Aspiraba aire y lo devolvía más frío y eso era todo. No había ni consumo ni contaminación. Pero a Simon nadie le hizo caso y murió arruinado.
Por fin, otro amigo mío es titular de una patente que permite crear bioetanol a precios ridículos. Me las ingenié para llegar al Ministro de Industria, el excelentísimo Sr. Don José Soria, quien contestó con un escrito en el que decía que la Administración no podía inmiscuirse en la iniciativa privada.
Todos los inventores de energías alternativas y limpias, como el del llamado motor de aproximación de imanes, desaparecen en forma misteriosa. Y el caso es que los combustibles fósiles son una energía decimononica, muy desfasada, sucia y contaminante y desde luego superada de largo por el ingenio humano. Pero una cosa es que el ingenio humano haya concebido no uno sino muchos medios para liberarnos del petróleo y otra muy distinta que los amos del mundo estén dispuestos a aflojar la presa.
Todo esto lo cuento para ilustrar el profundo asco que siento ante el teatro que va a empezar mañana en París. Curiosamente yo mismo voy a intervenir el martes en directo en un informativo de TVE sobre él tema, pero como supuesto “experto” en ley de costas tendré que limitarme a opinar sobre la regresión de la tierra firme debida según dicen a la fusión de los casquetes polares. Así que no podré maldecir a esos bellacos como sí quiero y necesito hacer ahora.
Mañana estos completos mierdas se ducharan, desayunaran en sus hoteles de lujo y se presentarán en el foro para comenzar una representación teatral en la que interpretarán los papeles que tienen asignados, fingiendo que mandan y haciendo creer que lo que dicen y vayan a pactar realmente cuenta para algo, importa a alguien y podrá servir para cambiar el curso suicida de la Historia.
Esos señores y señoras tan serios y bien vestidos no mandan, como ya sabéis. Son muñecos de trapo en manos de las cuatro o cinco familias que deciden el destino del mundo y que no van a permitir el desarrollo de energías alternativas y limpias a menos que ellos puedan forrarse con ellas. No importa que ya estén tan podridos de dólares y que necesitarían cien vidas para poder pulirse una mínima parte de sus fortunas. Quieren más y eso es todo.
Yo no espero nada de estos Jefes de Estado ni de esta cumbre y pienso que si quisieran hacer algo por la Tierra tendrían que haberse quedado en sus palacios presidenciales y recurrir a la videoconferencia en lugar de contribuir a la contaminación y al agotamiento de los recursos volando a París en sus avioncitos (Cuando era niño pillé en un informativo de la tele que un avión volando de Madrid a Nueva York consumía tanto oxígeno como el que un hombre respira durante toda su vida, y el dato me pareció tan devastador que se me quedó grabado). Pero claro, de esa manera no es posible este gran espectáculo de fingimiento e hipnosis colectiva.
Nuestra esfera giratoria cubierta de árboles, montañas y océanos se seguirá yendo a la mierda al mismo ritmo que hasta ahora. Ni manifestaciones, ni exposiciones de zapatos, ni cadenas humanas ni hostias. Nada va a cambiar. Y si algo cambia no será gracias a los payasos que mañana iniciarán sus ridículos discursos.

José Ortega
Abogado
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