MIRA A TU ALREDEDOR

@abogadodelmar

Leí por primera vez acerca del país invisible que existe sólo en la memoria en un fantástico libro de Lewis Spence THE MYSTERIES OF BRITAIN. El texto hablaba de la forma en la que la tradición artúrica influía en la imaginación del pueblo inglés y se activaba en algunos momentos especiales.

La idea me pareció hermosa y la adapté en el primer episodio de mi serie documental CRÓNICAS DE LA TIERRA ENCANTADA. Me refería allí a un país paralelo y oculto de naturaleza espiritual formado por las tradiciones populares que hunden sus raíces en la prehistoria.

La idea la he traído también a esta última novela, El Peregrino desolado, en boca de un viejo sacerdote egipcio que, ya en época de dominación romana, alude a la persistencia del viejo imperio, con sus viejas creencias y sus viejas tradiciones, en el plano espiritual.

LA VIDA VIENE

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Cuando buscas, deseas y te empeñas, a veces la vida se escabulle. Cuando dejas de buscar y te sometes a sus condiciones, a veces la vida viene a ti y te sonríe. Es la vida quien decide, no tú.

He conducido casi mil kilómetros en dos días para reunirme con Luisa Alba, la propietaria de editorial Corona Borealis, con la que firmé hace poco contrato para la reedición de mi novela Gilgamesh y la muerte. La cosa era asegurar y afianzar, pero sobre todo establecer vínculos de confianza y dejar si acaso que todo fluyera para que de la conversación fueran surgiendo nuevos proyectos de forma espontánea.

Hacía frío en los alrededores de Málaga aquella noche, incluso pese a los calores de  la mañana. Y efectivamente todo fluyó con soltura. Habrá que cambiar el sentido de un pasaje para encajar mejor la novela con su base mitológica. Y también habrá que  modificar el título suprimiendo la palabra muerte. Creo que la voy a sustituir por inmortalidad, en el marco de una frase nueva. Quizá Gilgamesh en busca de la inmortalidad.

Hace pocas semanas estaba pensando en voz alta durante una conversación. Hace mucho tiempo, esta novela la leyeron en Planeta y el comité literario hizo un informe muy favorable. Incluso me convocaron a Barcelona para hacérmelo saber. Pero no pasó el filtro del comité de marketing y ya no volví a saber del asunto. La novela la publicó la Editora Regional de Murcia, con una tirada muy modesta, y luego Fundamentos, que nunca le prestó atención después que abandonara la empresa Cristina Vizcaino, que es quien creía en el manuscrito.

En aquella conversación me vino a la boca un pensamiento. Mi vida habría sido muy distinta si Planeta hubiera publicado entonces mi Gilgamesh, y sobre todo si hubiera salido adelante el proyecto impulsado por Estudios Moro para que mi tercera novela, La piedra resplandeciente, fuese transformada en largometraje de animación por la Paramount. Pero tal vez mi misión en la vida era otra. Tal vez la tarea que yo había venido a cumplir no era vivir entre algodones como mimado del sistema, sino luchar a tortazo limpio contra la injusticia. Si esos proyectos hubieran funcionado, es muy posible que cincuenta familias de Candelaria (Tenerife) hubieran visto cómo al Gobierno tiraba sus casas al suelo injustamente. Es seguro que una pareja con dos hijos pequeños y el abuelo se habrían quedado sin su vivienda de toda la vida en Pontevedra y que el poblado marítimo de Los Molinos, en Fuerteventura, ya no existiría.

No recuerdo qué escritor era acusado de vivir en el interior de una torre de marfil. Te quedas ahí, parapetado por las barricadas invisibles de la belleza, y dejas de ser un habitante de este mundo. Tienes otro, muy tuyo y muy bonito, pero ya no puedes comprender el sufrimiento de los demás, porque ni siquiera sabes lo que es el sufrimiento. A mí la vida me llevó por un camino estrecho y me obligó a tener los pies firmes en la tierra pero también me proporcionó poder para impedir el abuso, la injusticia y la humillación de otros seres humanos.

Yo vivo la vida feliz y contento, comenté en otra conversación reciente. Me había olvidado ya de que siempre quise ser escritor porque la vida que vivo tiene  sentido y me proporciona satisfacción. Disfruto y agradezco el privilegio de que mi profesión me permita ayudar a otros y con eso tengo suficiente. O casi.

Después, mucho después de toda esa aventura, ella me guiñó un ojo. La vida, quiero decir. Luisa Alba vio la página de Facebook sobre mi trilogía y me propuso editar mi Gilgamesh. Yo ya había dejado de buscar. Como cuentan en El poder del ahora, había aprendido a valorar el momento presente y sobre todo a no resistirme a él. Estoy seguro de que esto no habría pasado si estuviera descontento con mi vida, mi profesión y mi presente, y dedicara mis ratos libres a lamentarme de que nadie quería mi novela.

Escribí una vez un artículo en una revista científica sobre la suciedad de Gilgamesh y la explicaba como una suciedad ritual. Cuando Gilgamesh llegó por fin al monte Nisir tras su largo viaje, estaba sucio. Es un carácter común al caminante en mitos y cuentos populares.

No he venido a esta fiesta recién bañado y repeinado, sino sucio de sudor, de sangre y también de las lágrimas que he tenido que derramar, pues en estos años me han traicionado, apuñalado, agredido, acosado y difamado hasta el límite. Pero la vida me ha hecho un gesto cómplice y mi Gilgamesh aparecerá en las librerías en enero de 2013 y será distribuido no sólo en España, sino también en Estados Unidos, donde ciento cincuenta millones de hispanohablantes me esperan, o más bien esperan a mi muchacho.

Cuando rodaba hacia Málaga, a mediodía y con 38 grados, iba pensando que no existía nada mejor que el momento presente. Nada mejor que atravesar en completa soledad un aire que quemaba y un asfalto ardiente y contemplar al paso las tierras inmensamente secas del interior de Almería.

La vida viene.

José Ortega

joseortega@costasmaritimas.es