CON MIS DISCULPAS AL UNIVERSO

@abogadodelmar

El universo tiene fama de perfecto y estupendo, y parece que efectivamente es así. 

Una vez mi cuerpo sufrió un palo bastante gordo. Mi tía Carmen, maestra de reiki, me advirtió: “Si tú no paras, el universo te para”.

Yo asumí la avería y no me paré. Al cabo de unos años me vino otra mucho peor, casi definitiva al extremo de que me rozó la Parca. Mi tía no me tenía a mano para volver a contarme lo mismo pero no hacía falta. Ya yo me di cuenta sin ayuda.

Después del segundo aviso aflojé solo un poco pero la orgía de abusos de nuestro gobierno a partir de marzo me llamó de nuevo a la barricada y a los excesos burros, realmente mucho más burros que antes.

Excuso decir que eso de pararme venía a cuento de que trabajo mucho. No creo que sea precisamente eso que llaman un work alcoholic puesto que en mi caso el esfuerzo no se debe a mi apetencia de ganar mucho dinero sino a que soy sensible al sufrimiento humano y (con perdón sea dicho) me considero capaz de contribuir a aliviarlo.

Cuando tomé mi puesto en la barricada en el mes de  marzo no pensé que el despacho se iba a transformar en esta auténtica locura. Cierto que la web recibió en el primer mes más de 103.000 visitas, pero aún tenía que transcurrir un tiempo hasta que eso significara  en una presión efectiva para mi. 

Parece ser que tras hacer público el dictamen sobre vacunas mi crédito ha subido, y sea por lo que fuere la realidad es que en los últimos tiempos no puedo ni escribir porque me paso el rato  atendiendo consultas telefónicas de personas angustiadas con PCR, mascarillas o vacunas. Quiere esto decir que el nivel de exigencia es máximo y que me encuentro mucho más al límite de lo que me había encontrado nunca.

Un ejemplo reciente puede ser que, encontrándose un servidor ya muy hecho polvo, en su casa a las diez de la noche, recibí llamada de un número desconocido. Era cierta persona que me alertaba de que alguien del equipo de rodaje de Miguel Rix había sido detenido. Como mi fidelidad a Miguel es incondicional, dejé lo que estaba haciendo y me puse a redactar un habeas corpus urgente.

Escribo este artículo en nochebuena. Tenía que venir a pasar la navidad con mi madre, que vive en una Comunidad Autónoma de cuyo nombre no quiero acordarme. Debía haber llegado  ayer pero resultó imposible porque tenía dos entrevistas seguidas que se sumaban a la que había hecho el día anterior, y confieso que terminé bastante perjudicado.

Como el Presidente de la Comunidad Valenciana había prohibido las entradas y salidas de ella, me he visto en la obligación de vestirme con americana y corbata y llevar conmigo documentación acreditativa de que llevo asuntos profesionales en esa otra comunidad para el caso de que los guardias me preguntaran.

Estaba convencido de que todo eso de los controles en las carreteras es un cuento del telediario para asustar , pero lo que me he encontrado en la autovía Madrid-Alicante me ha mosqueado. Había un control muy severo de la guarida civil con tres coches patrulla, ocho Land Rover y la clásica tira de pinchos. Todo muy profesional además de raro. Desde luego no tenía nada que ver con el cruce de la “frontera” porque aún faltaba mucho.

En la “frontera” efectivamente no había ni medio guardia, pero es que antes de eso he sufrido un incidente (no accidente) que tiene mucho de extraño y quizá sea un decreto del universo (No un real Decreto del gobierno ) para protegerme de mi mismo. Como me aburren estos largos viajes suelo escuchar un podcast en inglés o un audiolibro. Para ello tengo un cable doble jack con un extremo pinchado en la salida de auriculares del teléfono y el otro en la entrada de audio de la radio. Quería seguir escuchando Asesinos sin rostro, de Henning Mankell, y me he parado en una estación de servicio para darle a play y conectar el cable, ya que hasta ese momento había estado hablando por el manos libres.

Pues bien, no sé qué diablos he hecho pero el jack pinchado en el teléfono se ha descabezado y la punta exterior (“distal “ dirían los médicos) se ha quedado incrustada en la salida de auriculares.

No me he dado cuenta de las tristes consecuencias hasta llegar a destino.  Después de la habitual comida pantagruélica he ido a echarme y al tratar de reproducir el audiolibro no escuchaba nada. La cuestión es  que el dispositivo cree que hay unos auriculares insertados y no saca el audio por el altavoz.

Incluso entonces no era consciente de  las graves consecuencias del incidente, que van más allá. No solo no puedo escuchar audiolibro o mensajes de audio de WhatsApp sino que tampoco puedo hablar por teléfono porque no oigo nada y dudo que me oigan

Y aquí es donde todo esto cobra sentido, porque tengo varias consultas telefónicas pendientes y no voy a poder atenderlas. De hecho, acababa de advertir a mi madre que mi presencia sería testimonial porque he venido con mucho, mucho trabajo y la mayoría es resolución de consultas telefónicas.

Si tú no te paras, el universo te para. No sé si aquí hay algo de sobrenatural pero sí que la punta de una clavija jack no se descabeza con facilidad. De hecho no sabía que se trata de una pieza separada o separable. He estado trasteando la del otro extremo, la sana, y no hay forma de soltar el extremo exterior.

¿Se trata de una conspiración del universo para obligarme a descansar o es que estoy medio tonto?

No puedo contestar a esta pregunta pero sí quiero contar otro hecho aún más raro, para que veáis que estas cosas suceden. En junio de 2017 vine a este mismo lugar. En una avenida de Valencia metí un frenazo y el contenido del bolsillo superior de la mochila, que estaba abierto, cayó al piso del coche. Entre otras cosas había allí una grabadora digital. Llegué a destino por la tarde y la grabadora había desaparecido. La busqué sin éxito por todos lados. Incluso revisé el contenido de la bolsa de basura que mi tía acababa de echar al contenedor. Pero nunca la pude encontrar y me limité a comprar otra igual.

Año y medio más tarde, en pleno invierno, me calcé unos botines muy abrigados, con el interior de piel de borrego. Al introducir un pie, tropezó con algo. 

¿Creeréis que era la grabadora perdida? 

Un descuido, se puede pensar. Quizá había caído ahí el primer día. Pues no: En junio nadie calza botines de invierno con piel de borrego y yo no soy una excepción.

Supongo que algún duende me estaba tomando el pelo, pero no sé con qué objeto. En este otro caso, en cambio, el propósito parece obvio. Se supone que debo dejar al margen el teléfono y descansar.

Desgraciadamente no puedo permitirme ese lujo y el día 26 tendría que correr a un taller o a comprar un terminal nuevo. En todo caso, he redactado una breve descripción de lo sucedido y la he enviado por WhatsApp a las personas más cercanas, pero como no puedo llegar a todo el mundo, publico este artículo no sólo para exponer mi extraño caso, sino también en la esperanza de que no me consideren un grosero mis amigos que me llamen sin obtener respuesta o que me envíen audios y vean que no los escucho. Sobre todo en estas fechas tan señaladas, como se suele decir.

Al sabio y clemente universo le pido que me perdone por seguir adelante. No es que me rebele contra sus decisiones. Es que soy necesario en la barricada.

José Ortega

Un comentario en “CON MIS DISCULPAS AL UNIVERSO

  1. Gracias infinitas por estar siempre ahí, pero al menos tómate un descanso aunque sea hasta el lunes solamente. Se te necesita sano. Muchos te apreciamos. Si era Iban el fotógrafo el detenido, le conocemos personalmente y sabemos que ya salió y que está bien. Tranquilo y descansa.
    Un fuerte abrazo y feliz Navidad y fiestas de guardar.

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