CRÓNICA DE AGUILAS (I) 🌞

@abogadodelmar

Cuando escribí mi serie documental de TV Crónicas de la tierra encantada repetía un slogan fijo. Para el primitivo todo es sagrado, mas para nosotros todo es profano. Con esto quería subrayar el empobrecimiento espiritual y la degeneración del hombre moderno, que como es sabido no respeta nada. Y al mismo tiempo los inmensos valores de las primeras sociedades humanas, muy principalmente el respeto por la Tierra. Ahora que por suerte el tema se ha puesto de moda, aportaré sólo un ejemplo, tomado por supuesto de La Rama Dorada, esa monumental obra de antropología cultural de Sir James Frazer. Resulta que determinados primitivos actuales (del siglo XIX) de determinada selva (imposible recordar ahora cuál porque leí esa obra en las cálidas noches de Aguilas durante mis tiempos de estudiante), antes de descortezar un árbol se dirigían a él para pedirle perdón y asegurarle que no lo dejaría desnudo, pues determinadas zonas escaparían a la operación.

Más o menos lo mismo que hacemos ahora, como podes ver.

Algo así sucede también con la memoria. Reconozco que esto es muy subjetivo, pero al echar una ojeada a la Aguilas de hoy también tiendo a pensar, o más bien a sentir, que todo lo que entonces era sagrado se ha vuelto profano.

LA GAVIOTA Y LA MEMORIA

Durante mi atribulada y problemática juventud, lo que se podría llamar las fuerzas vivas de Aguilas concebimos y llevamos a buen fin la idea de editar una revista cultural a la que llamamos LA GAVIOTA. La redacción la teníamos montada en mi casa del paseo de Parra y quienes tirábamos del carro éramos Tomas Consentino y un servidor. Yo mismo me ocupaba de hacer con algo llamado mi ampliadora de blanco y negro algo llamado fotocomposición, que consistía en impresionar algo llamado papel lith, que en realidad era película fotográfica tamaño din A 4, proyectando la imagen de cada página sobre esa película, a la que se había superpuesto algo llamado trama de artes gráficas. Después llevaba las películas a un sitio llamado imprenta Miras, que estaba en el cruce de Conde de Aranda con las puertas de Lorca y que ya no existe, lo mismo que su propietario, fallecido cuando yo aún vivía allí en un accidente de tráfico en la rotonda que da acceso a Calabardina.

Allí el señor Martinez Miras tomaba las películas lith impresionadas y las sometía a un proceso llamado solarización, que era el trámite previo a obtener las copias en papel mediante una máquina que entonces había sustituido con éxito a la linotipia y era modernísima, llamada ofset.

En la primera y única edición mi amigo Jeronimo Larios, nueve años mayor que yo, firmó una crónica nostálgica sobre la ciudad de Aguilas donde había sido joven y sobre los amigos que quedaron atrás.

Y como el tiempo de mueve y transcurre para todos, de pronto me doy cuenta de que estoy en condiciones de hacer lo mismo porque aquella época también ha quedado atrás para mi y también se ha transformado en leyenda.

En lo personal, me refiero a una época en la que todo era posible. En cuanto a la ciudad, puedo decir que era ligeramente otra.

LOS CINES QUE SE LLEVÓ EL DIABLO

Lo que hacía yo cuando volvía de la Universidad aquellos viernes por la tarde oscuros y solitarios era meterme en La sesión de las díez de la noche del cine Capri, que estaba junto a mi casa y donde los espectadores podríamos ser unos cinco. Allí recuerdo haber visto Capricornio uno, la primera y única sugerencia que he visto en cine de que el desembarco de los gringos en la luna fue un fraude filmado en estudio. También fue en ese cine donde hice algo que nunca más he vuelto a hacer, y que fue salirme dejando una película a medias. Esa película se llamaba Insertos, la protagonizaba Richard Dreyfus y me fui porque después de una buena media hora no había logrado entender de qué iba.

En verano era otra cosa. Valga la repetición se abría la terraza de verano y el cine se ponía a rebosar de lorquinos. Entonces vi Oficial y caballero (ignorando que en pocos años me vería en una situación en cierto sentido semejante a la del protagonista, y por supuesto que pido disculpas por la comparación) y El cazador.

Esta película me marcó. Fui a verla con mi amiga Rosa, que era invencible jugando a las cartas en el bar El americano de Las Delicias, y con una amiga suya. Recuerdo muy bien el comentario de la amiga cuando caminábamos de vuelta a casa. Decía que el papel encarnado por el protagonista, Robert de Niro, le parecía poco realista en sus rasgos heroicos. Recuerdo lo que pensé en seguida y sigo pensando. Puede que resulte algo cruel pero en fin… Mi pensamiento fue que para nosotros, las personas mediocres, resulta difícil comprender la virtud y los valores excepcionales. Somos demasiado pequeños para concebir y aceptar la grandeza.

Otra de aquellas tardes solitarias de invierno me metí en el cine Cala Blanca, que estaba en El placetón, para ver Fedora, una historia sobre la la ancianidad de una actriz bella y famosa.

Un verano fuimos unos cuantos a un tercer cine que había entonces cerca de la plaza Antonio Cortijos. Nos metimos entre pecho y espalda, por capricho personal de Jeronimo, nada menos que el clásico Por un puñado de dólares.

No queda ni rastro de ninguno de esos cines, aunque dicen que a cambio hay unos multicines en El Hornillo. Yo no he ido nunca y doy por hecho que serán sensacionales y que todo estará muy bonito.pero también doy por hecho que éste es uno de los muchos factores que evidencian que Aguilas se ha entregado a la modernidad/uniformidad en la que gracias al progreso y a la globalización, todas las ciudades se parecen en sus multicines y centros comerciales clonados.

En febrero de 2002 tuve el gusto de presentar en los locales de Cajamurcia de la calle Conde de Aranda mis novelas El príncipe pálido y La piedra resplandeciente. Las escribí tras caer víctima del insuperable hechizo de Aguilas, su paisaje y el ambiente que se respira o se respiraba allí. Supongo que debí decir algo así como que el hechizo de Aguilas consistía en su autenticidad y su carácter, y sugerir que quizá sería buena idea que la ciudad no cediera a la tentación de un desarrollo uniformizante y despersonalizador. Creo haber especificado que Aguilas despierta amor, que yo me llevé conmigo ese amor al marcharme y que el propósito de los gobernantes locales debería ser conservar esa autenticidad para que todos y cada uno de los extraños que visitaran la ciudad se llevaran consigo el mismo amor que yo y ansiaran volver como yo. Lo digo porque al terminar mi parlamento una señora que estaba de pie en el fondo se acercó a mí y me sorprendió pidiéndome por favor que me presentara a alcalde.

Iba a echar mano del vídeo de la conferencia y veo que por alguna extraña razón no lo subí en su día. Lo haré, aunque debo encontrar la cinta donde está grabado.

Las cosas han evolucionado como tenían que evolucionar. No digo que esté mal, aunque dentro de mi burbujea la sensación de que entonces todo era sagrado y ahora todo se ha vuelto profano.

Sí, claro. Admito que lo sagrado no eran los cines, sino mi juventud. Pero no soy tan pavo como para dejarme arrastrar por esa confusión. En todas mis épocas desde que tengo uso de razón he preferido la singularidad a la uniformidad, lo auténtico frente a lo postizo y lo individual frente a lo despersonalizado.

Creo que la ciudad ha ido perdiendo parte de los emblemas que la hacían especial, como el Cotopaxi o la Cigarrilla, pero voy a seguir escribiendo algo sobre Aguilas porque he tomado la decisión de regresar y porque cuando estoy cerca y veo el peñón y el mar desde la autovía, sigo experimentando la dulzura del regreso al hogar y el ansía por volver a pisar la tierra, aún y así, sagrada.

José Ortega

AVENTURAS EN EL ESTRADO 🙄 (II)

@abogadodelmar
Pues señor, ya que me me metido en harina yo solo voy a contar otra. La publico ahora porque esta serie ha brotado de forma espontánea y burbujeante y sobre todo a petición de la gran Rosama Hevia, pero sucedió hace una semana.

Puede que por casualidad alguno de vosotros se haya enterado de que hace unos días ha estado lloviendo un poco en el Alicante y Murcia. Puede que Dana sea el nombre de una diosa celta irlandesa, la madre del pueblo mítico los Tuatha Dé Danann, pero aquí fue el diluvio universal.

Un servidor tenía juicio en Cartagena el lunes 16 y ese fin de semana no hice más que morderme los puños de ansiedad y preocupación por temor a no poder cruzar la zona cero del temporal.

No hacía más que mirar la previsión del tiempo en los informativos y en Google y tuve ocasión de escuchar la voz enlatada de la DGT.
Por fin, después de tanto sufrimiento, pude cruzar triunfalmente el domingo 15 y presentarme el lunes en el juicio.

Recuerdo que antes de entrar la funcionaria salió a preguntarme si yo había pedido la suspensión. Le dije que no y entonces lo atribuí a una simple confusión, pero no lo era.
El juicio comenzó con retraso de media hora por puro gusto del juez, puesto que antes del mío no había ninguno. Cuando la funcionaria nos invitó a pasar me sorprendió la contemplación del señor en camisa y sin toga. Él usa a veces corbata y otras pajarita pero ese día ni la una ni la otra. Además llevaba abiertos demasiados botones de la camisa. Más que un juez parecía un miembro de Médicos sin fronteras acalorado  o un estibador no muy robusto. En las manos no tenía la ley de enjuiciamiento civil sino el teléfono móvil y su primera frase fue: “Temperatura veinte grados. Humedad relativa 40% y subiendo“.

No me pareció un parlamento muy propio de una sala de justicia pero lo único que podía hacer era sentarme con cara inexpresiva y sacar los trastos de matar (bueno perdón. Me refiero al iPad y el expediente).
El juez ordenó poner en marcha la grabación y entonces, en lugar de pronunciar las palabras rituales relativas al juicio ordinario, número de procedimiento y todo eso, dijo lo siguiente:

–Que habían tenido goteras en la sala de audiencias y se habían visto obligados a secarlas.
–Que la temperatura no paraba de subir.
–Que la sala de audiencias no reunía condiciones y que quizá fuera mejor celebrar el juicio en su despacho, pero que no ganaríamos nada porque su despacho no estaba mejor.
–Que con ese calor no se veía capacitado para hacer el juicio porque le era imposible concentrarse.

Repito que todo esto quedó grabado por orden de Su Señoría.
Entonces le cayó un regalo del cielo porque el único testigo no había podido comparecer por enfermedad y yo había pedido la declaración en su domicilio con arreglo al artículo 311 de la LEC, cosa que ya había sucedido con el mismo testigo en otro procedimiento llevado por la misma Señoría.

Creía que la cosa se iba a resolver de la misma manera que entonces: Se celebra el juicio, después se recibe declaración al testigo en su domicilio y finalmente conclusiones escritas. Pero pensaba que las conclusiones de la abundatísima prueba documental se harían oraolmente en aquel momento. Para eso llevaba días afilando los cuchillos.
Pues no. Utilizando el pretexto de no llevaba un justificante médico reciente (aunque se había anunciado su aportación) decidió suspender el acto.
Salimos todos y al poco lo vi salir a él con su teléfono móvil dotado de esa fantástica App con estación meteorológica incorporada en una mano y una botella de agua de litro y medio en la otra.

La conclusión final de esta historia es que pasé unos días de angustia y zozobra porque tenia no poder llegar al juicio y me metí mis buenos 300 km de coche sólo para que el juez suspendiera porque tenía calor 😳.

José Ortega

AVENTURAS EN EL ESTRADO 🤓 (I)

@sbogadodelmar

Después de pasarme el fin de semana preparando y ensayando los informes orales de los dos juicios de hoy (dos juicios seguidos en dos sedes distintas con una diferencia de hora y cuarto entre ambos) el primero se ha reducido a la ratificación del arquitecto y ahí se ha acabado todo, porque el testigo está enfermo y debe declarar en casa. Las conclusiones serán por escrito tras esa declaración, lo que me deja sin el gusto de soltar el discurso.

El otro juicio ha registrado un incidente. En mis conclusiones he expuesto que la demandada cuando contesta a la demanda falta a la obligación del artículo 504.2 de la LEC que manda que el demandado acepte o niegue los hechos de la demanda. Básicamente esos hechos consistían en determinadas obras en determinado inmueble. He añadido que la forma de contestar implicaba el reconocimiento implícito de las obras porque decía que no tenía autorización del arrendador para hacerlas y cosas así.

El final de mi informe ha consistido en decirle a la jueza que éste es un pleito entre un albañil y una multinacional muy poderosa que se dedica a construir hoteles y complejos turísticos por todo el mundo por lo que echarlo de la casa que él mismo construyó (el pleito va de eso) es destruir su vida, su memoria y sus afectos. En cambio si le da la razón a los otros eso no será más que un número muy pequeño en una cuenta de resultados.

La abogada de la otra parte creo que debe hacerse sentido en ridiculo por la primera parte de mi intervención porque al llegar su turno ha comenzado a decir, de modo más buen colérico, que ella no estaba obligada a aceptar o negar los hechos sino que era yo el obligado a demostrarlos. Lo curioso es que se dirigía a mi, y esto es muy incorrecto. Parecía una madre ofendida echándole una filípica a su hijo por no lavarse las manos antes de comer.

Los letrados en el uso de la palabra deben dirigirse al juez y nunca al otro letrado. Pero en fin, he aguantado no sé si cinco minutos esperando en vano que Su Señoria le llamara la atención. Como eso no pasaba, y aún sabiendo que era mejor callarme la boca, le he pedido: “Díselo a la jueza” .

¿Que creéis que ha sucedido? La jueza me ha llamado la atención ordenándome que no interrumpiera a la letrada en el uso de la palabra, recordando que ella no me había interrumpido a mí y advirtiéndome que no volviera a interrumpirla.

Como se puede imaginar he contestado sí Señoría y perdón Señoría, que es exactamente lo debido.

Lo no debido era decir “Señoría disculpe pero no ha sido propiamente una interrupción sino el amable recordatorio, que Su Señoría debía haber hecho pr propia iniciativa, de que la compañera no tiene por qué echarme a mi una bronca desde el estrado, sino que debe dirigirse. Su Señoría porque es así como funciona y es así como se producen los informes en Sala”.

Y ésta es mi historia de hoy, pero tengo más 🤓

José Ortega

ES QUE NO LO ENTENDÉIS

@ abogadodelmar

Contemplo con indescriptible simpatía el efecto de la niña sueca que no sé de qué manera tanto y tan merecido relieve ha alcanzado en la lucha por el medio ambiente. No sólo lo contemplo sino que también lo agradezco en la parte alícuota que me corresponde como ciudadano de la Tierra, que es lo único que tenemos y constituye el ex–Paraiso que deberíamos conservar. Claro está que el motivo de mi agradecimiento es que la niña y sus seguidores trabajan y se esfuerzan con generosidad para todos.

Por cierto que este fenómeno me recuerda la cruzada de los niños, otro suceso peculiar que tuvo lugar cuando tampoco se sabe cómo unas mesnadas de tiernos infantes se concibieron la idea de viajar a Tierra Santa para liberar los lugares donde nació y vivió el Maestro.

Dicho esto debo exponer que estoy ya muy aburrido de escuchar en los informativos que los activistas aspiran a sensibilizar a los gobiernos a fin de que tomen medidas etc etc. Totalmente aburrido, harto y desesperanzado.

La razón es que las súplicas se dirigen a los destinatarios equivocados. Por favor, ahora soy yo el que suplica. Suplico a niños, jóvenes, maduros y ancianos que entendáis que vuestras movilizaciones no son más que un numerito más en el gran y triste teatro del mundo, porque esos gobiernos a los que pedís que tomen medidas no pueden haceros caso. No son más que peleles y fieles sirvientes de quienes mandan realmente, de quienes deciden realmente y de los genuinos culpables de la agonía de nuestro mundo físico.

Esos culpables, queridos amigos, son las potentes, invencibles e intratables multinacionales que en esta selva de capitalismo sin alma hacen y deshacen, ponen y quitan y nos tienen a los habitantes de la Tierra bien apañados. Todos y cada uno de los políticos que pululan por la faz de la tierra en cuestión (con honrosas excepciones que sólo sirven para confirmar la regla) no son los payasos tristes en este circo diabólico.

Esos completos mierdas no sólo carecen de capacidad de decisión y de mando en plaza a pesar de las escoltas militares, los símbolos del poder y del lujo de sus palacios. Carecen también de dignidad, de ética, de vergüenza y de humanidad. Han vendido su conciencia y su alma a los amos y entended bien esto, por favor: No están aquí para resolver nuestros problemas sino para garantizar que no se resuelven ni se resolverán nunca, porque éste es un mundo perfectamente simétrico en el que la desgracia de la Humanidad y la putrefacción de la Tierra tienen su inmediato reflejo en la obscenamente prosperidad de las cinco o seis familias que lo controlan todo. Esos payasos son los guardias jurados encargados por los amos para que todo siga como está.

Por lo tanto, cuanto más reclamáis la atención de Naciones Unidas, de los gobiernos y de la madre que los parió a todos, más y más eficazmente estáis contribuyendo a la escenificación de la realidad paralela, la realidad que nunca existió y contribuyendo al dulce pero engañoso sueño de que los políticos gobiernan y gobiernan para el bien común.

Les estáis haciendo el juego. Pedid lo mismo en otro sitio. De verdad, y disculpad por favor mi insistencia: Éstos no son más que payasos. Pedid a los amos del mundo. Hagamos ente todos algo grande y que funcione.

Perdón pero voy a contar aquí algunas batallitas que ya he publicado pero parecen venir a cuento.

No hace mucho me llamaron de TVE para pedirme intervenir en directo desde la playa de Cullera en el programa LAS MAÑANAS DE TVE con motivo de la cumbre del clima de Paris.

Al llegar al sitio me lamenté con la periodista de que era una pena que no se pudiera contar la verdad. Ante su mirada interrogativa añadí que había cambio climático porque ellos querían y que podía afirmarlo con contundencia después de haber estado ayudando durante años a Simon Hebert Faull, Coronel del ejército del aire de Venezuela, ingeniero e inventor, a divulgar y distribuir su reactor Faull, un cacharro cuyo precio de venta al público habría sido de 20€ y que tenía la triple cualidad de eliminar prácticamente las emisiones contaminantes en motores de gasolina, reducir el consumo un 68% y aumentar extraordinariamente la potencia. Y nadie hacía caso a Simon, que murió en la ruina.

La periodista me tranquilizó diciéndome que iba a poder contarlo y que ella me daría pie y habría un debate con la mesa de los señores con tertulios. Pero llegado el momento sólo la dejaron preguntarme por el efecto que tendría en la costa la subida del nivel del mar.

El 28 de junio de 2008 monté en Denia un seminario para que Simon expusiera públicamente no su invento del reactor Faull sino otro tan extraordinario que reduce al reactor a la categoría de chiste y del que no puedo hablar aquí debido al apego que aún tengo a la vida.

Quiero aclarar que el breve vídeo de abajo se grabó en cinta DVCPRO, el formato digital profesional con el que hice todos mis documentales para TV, y que la cinta sufrió un accidente antes de que pudiera editar el vídeo completo. Malo porque os quedáis sin escuchar lo importante pero quizá regalo del destino porque lo que pasó después convierte la intervención de Simon en un peligro para cualquiera que las divulgue y en concreto para mí persona, como ya he insinuado arriba con no demasiado disimulo.

Sólo puedo afirmar que el problema de la contaminación, el problema de la carestía y escasez energética, el problema del cambio climático y el problema de la Tierra, nuestro hogar, se va a paseo, son todos ellos ficticios y los padecemos y nos iremos todos a pique no por ineptitud o insensibilidad de los gobiernos y los políticos sino porque para esas cinco o seis familias somos poco más que sociedades de hormigas con las que experimentar.

Yo, queridos míos, creí encontrar la solución y efectivamente parecía buena y plausible. Esa solución era mi proyecto de reforma de la Constitución resumido en el manifiesto 2012, que incorpora todas las claves para que la democracia sea de verdad y por supuesto para imponer el respeto a nuestra madre humillada,la Tierra.

Pero no salió adelante en parte gracias al boicot de ese maravilloso e indescriptible colectivo que tanto lucha por el pueblo que es el 15M y en parte por la desidia, la pereza y la falta de voluntad de lucha de ese mismo pueblo al que pertenezco.

Desde que el manifiesto 2012 se paró me desecanté y me harté de tirar del carro. Podría haber dado el alma y agotado mi cuerpo sin pedir nada a cambio si hubiera tenido respaldo. Pero no lo tuve y por eso se acabó. Ya sólo escribo cuando la sangre se me transforma en fuego como esta noche viendo a la niña en el informativo.

Tengo que preparar dos juicios para el lunes y voy asfixiado. No debería haberme puesto a escribir, pero ya sabéis lo que dijo Pascal. El corazón tiene razones que la razón desconoce.

José Ortega