TRES AÑOS

@abogadodelmar


El intento de homicidio me pilló en lo más intenso de la lucha contra una multinacional del petróleo (una lucha que gané catorce meses después ). 

Yo ya iba suficientemente acojonado de fábrica, pero cuando vi cómo  las manos de aquel cirujano escribían ni nombre y edad  en el teclado, aquellos mechones de pelo sobre los dedos, que lo hacían parecerse a un ogro de los cuentos, me inquietaron y oensé: “Son esas las manos en las que tengo que confiar mi vida?”.

El día escogido me harté muy temprano de desayunar sin hambre, porque tenía prohibido probar bocado no sé cuántas horas antes  del invento. Tomé también, como había hecho en los últimos días, cinco gramos de vitamina C para prevenir una hemorragia cerebral fortaleciendo el tejido conjuntivo. Al llegar al hospital me dieron una cuchilla y me ordenaron afeitarme el pecho (que poca falta hacía) y la zona genital. Al mirarme vi que había quedado como un pollo desplumado. Entonces no se me ocurrió pensar que tendría que haber exigido al cirujano afeitarse también  sus peludos dedos. 

Llegó mi hermana directamente de su isla. Me tomaron la tensión y estaba bastante alta por la ansiedad del momento, así que me dieron a tragar algún remedio para normalizarla. Después me eché en la cama con ruedas y los celadores me impulsaron en ella hacia el quirófano. 

Lo único que recuerdo de allí dentro es que el anestesista me dijo demasiadas veces seguidas que ellos tenían mucha experiencia en esto. Y después nada más. Parece que me rebajaron la temperatura corporal a diez grados y luego el señor de los manojos de pelos en los dedos hizo lo que tenía que hacer, o más bien debería decir que lo intentó porque allí dentro pasó algo que nunca debió pasar y que nunca nadie me explicará.  Cuando me limito a decir que sufrí un accidente todo el mundo cree que le casqué a un árbol con el coche. A nadie se le ocurre pensar que ese accidente tuvo lugar no en la carretera sino en él quirófano.

Algo salió muy, muy mal y como siempre hay dos formas de analizar y recordar lo que pasó: La positiva y la negativa. Ésta última se resume a dar importancia a lo que me quitaron, que fue mucho e importante. La primera se orienta a valorar lo que retuve, que es aún más valiioso, porque a pesar de que salí herido de muerte, la Parca decidió en el último momento no cortar el hilo. Debió pensar que aún había mucha gente sufriendo injusticias y humillaciones que seguía necesitando mi ayuda.

Un médico de los que picoteaban en el tema, y bastante burro, profetizó que yo nunca más podría volver a moverme ni a ser abogado. En el hospital especializado al que me trasladaron para ver si allí alguien podía apañarme, me preguntaron : “tu a qué te dedicabas?”. Si, de esa manera era como aquellos sabios pretendían contribuir   a la recuperación de los pacientes, invitándolos a desprenderse de toda esperanza y enterrándolos en vida. Yo contesté muy chulo: “Me dedicaba, me dedico y me dedicaré a la abogacia”. Pero eso forma parte de otra historia. La de hoy es para celebrar que hace justo tres años  volví a nacer y que, en contra de las profecías de aquel medico Idiota metido a Nostradamus, me reintegré a toda velocidad y mucha alegría no solo a mi profesión sino a la gran fiesta de la vida.

Jose ortega 

ESCAPANDO (CON ÉXITO) DE GOOGLE

@abogadodelmar

Ya sabéis el dicho:  Si no sabes algo pregúntale a san Google. Se supone que escribas lo que escribas lo encontrarás ahí.

Pues no. La novela que estoy escribiendo lleva por título una palabra que, de modo sorprendente, Google desconoce incluso a pesar de que es un término histórico. Os aseguro que es para mí un placer y una satisfacción saber algo que él o ello no sabe.

La cosa cambiará cuando la novela esté publicada y no pueda quitarme de encima a los periodistas ni a los lectores pidiendo firmas y al señor Lara ofreciéndome el premio Planeta 😬🙄, pero aún falta un poco.

Puede que alguien esté curioso. Pues venga, voy a poner aquí el título y con esto ya me quedo sin secreto.

Ahí va:


Jose Ortega