CONSIDERACIONES SOBRE EL DESCUARTIZAMIENTO RITUAL

@abogadodelmar

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Publicada en VERDOLAY (Revista del Museo Arqueológico de Murcia), núm. 3 (1.991) pág. 21 y ss.

RESUMEN:

Este artículo investiga el mito de Isis y Osiris como cuento popular, proponiendo que se trata de la variante de un cuento muy conocido en España. El descuartizamiento de Osiris se pone en relación con el ritual funerario eneolítico, con desmembramiento del cadáver.

ABSTRACT:

This article considers the myth of Isis and Osiris as a folktale, putting forward the idea that it is a variation of a well-known Spanish folktale. The Osiris’ corpse cutting off is related to the funerary ritual of the Bronze Age in the Iberic Peninsula, in whose tombs the bones appear disaggregated.

1. EL FENOMENO DE LOS OSARIOS ENEOLITICOS

Es bien conocido por los arqueólogos el rito funerario del eneolítico levantino consistente en enterramientos colectivos en cueva preferentemente natural, que en nuestra península se desarrolla sobre todo en las regiones de Valencia y Murcia. Al ser contemporáneos de monumentos funerarios megalíticos de otras partes de la península, se ha dicho de ellos que constituirían el rito fúnebre de la clase inferior o de los pueblos más pobres, aunque también se aduce en contrario que aquellos pueblos adoptaron el rito conscientemente al estar guiados por “acentuadas creencias mágico religiosas sobre el valor de las cuevas”.

Sin entrar en este tema, no conviene olvidar que estos llamados “enterramientos colectivos” son en realidad osarios o “enterramientos secundarios”, donde serían depositados los huesos limpios después del descarnamiento del cadáver. J. García del Toro propone como prueba de esto que en la cueva de los Alcores apareció un cráneo que guardaba en su interior una punta de flecha, así como el que varios otros cráneos se encontraron con el foramen magnum boca arriba.

Aún podrían oponerse a estos argumentos las típicas alegaciones de la remoción de los huesos a cargo de los animales, los excavadores clandestinos o los cursos de agua. Pero hay elementos de juicio más fuertes y así, en la cueva de la Pastora aparecieron varios paquetes de huesos, algunos individualizados por la presencia en cada uno de ellos de un ídolo oculado en hueso. Este desorden en orden, como se ve, es difícil atribuirlo a causas naturales.

Sea como fuere, los arqueólogos no van generalmente más lejos de la simple constatación del hecho, sin aventurar una explicación para la cual es notoria la falta de otros datos propiamente arqueológicos. Todo intento de saber más necesita de la Antropología.

Este rito eneolítico se inscribe y es preciso interpretarlo en relación con una práctica universal de preservación de los esqueletos o de simples ritos de segundo enterramiento, en primer lugar, en otras culturas de la prehistoria, y en segundo lugar entre los llamados “primitivos actuales”. Sin duda la Antropología comparada podrá arrojar alguna luz, pero antes de pasar a este punto citaremos el cuento popular con el que pretendemos vincular asimismo esta práctica.

2. VALOR MAGICO DEL ESQUELETO EN LA TRADICION ORAL

2.1 Versiones recopiladas por nosotros

En nuestro “trabajo de campo” hemos recogidos dos versiones de un cuento popular llamado “Pepito y Pepita” en el que se describe la muerte y desmembramiento de un niño y su resurrección con la ayuda de su hermana. En estos cuentos resalta, ante todo, un uso mágico del esqueleto del difunto que acaso guarde alguna relación con los osarios neolíticos. Los dos están grabados en cinta magnetofónica.

2.1.1 “Periquitico y Periquitica”: El primero de ellos lo recogimos en Cartagena en 1980 de la narradora Josefa Sánchez (Incluido con el num. VII en una colección de cuentos recopilados en aquel momento). Trata de una madrastra que no tenía qué guisar, y mandó a Periquitica a que fuera al bosque. Mientras cogió a su hermano Periquitico, lo metió en el puchero y lo guisó. Todos comieron del puchero excepto su hermana, que más tarde salió a la calle y recibió este consejo de una anciana: “sube a tu casa, coge todos los huesecicos, los metes en un capazo, y subes al tejado y formas su cuerpo. Al otro día verás como a Periquitico el Señor le ayuda a volver a vivir”.

La niña hizo lo que le dijo la señora y su hermano revivió. Curiosamente, apareció con un montón de caramelos, detalle a no descuidar y sobre el cual volveremos. A este desenlace, con una resurrección a base de la reconstrucción de la forma del cuerpo, lo llamaremos aquí “tipo A”.

3.1.2 “Periquico y Mariquita”: procede de la Alpujarra de Almería y lo recogimos el 22 de febrero de 1991. La narradora, María del Mar Escames, de 64 años en ese momento, oyó este cuento de su padre por primera vez a los diecisiete. Según su propio informe, era muy tradicional que estos cuentos se narrasen mientras se pelaba el maíz. Esta variante es semejante a la anterior excepto en el desenlace. Después que el padre se ha comido a su hijo, sucede lo siguiente:

“Mariquita cogió un pañuelo y todos los huesos que el padre se iba comiendo la carne pues entonces ella los fue juntando en el pañuelo.

Termina el padre de comer y entonces se fue Mariquita con su olla y echó a andar y se fue. Pero fue, y en el tronco de un peral, pues cogió y echó todos los huesecicos aquellos que quedaron en el pañuelo”

De aquel peral nació de nuevo el niño, esta vez con una cesta llena de peras. Como veremos, éste tipo de desenlace, al que llamaremos “B”, es el más habitual en las otras variantes del cuento, donde la mayoría de las veces los huesos se entierran y de ellos crece un árbol del cual a su vez renacerá el niño.

2.2 Otras versiones

Este cuento parece ser un auténtico “tipo”, del que conocemos otras versiones españolas.

2.2.1 El hijo que resucita: Procedente de Sepúlveda y recogido en la colección de Espinosa con el num. 148. En él, una madre ha matado a su hijo y lo ha encerrado en el armario de su dormitorio. Su hermana lo descubre, sale de casa y encuentra a una vieja que le da este consejo: “En el desván haz un hoyo y todos los huesos de tu hermano los metes en el hoyo”. Luego se fueron a comer y la carne era del niño y la niña no comió. Más tarde hizo como le había aconsejado la vieja y al día siguiente salió el niño “con un cesto de naranjas y otro de caramelos”.

2.2.2 El niño que llegó el último: En este cuento, recogido en Riaza, Segovia, por Espinosa (num. 149), la madre manda a los hijos a por leña y dice “al que venga el último le corto la cabeza”. Pero el cuento está en su segunda mitad cristianizado y desnaturalizado, pues la hermana llora al hermano muerto y se aparece la Virgen María, que le dice “reza una salve y resucitará lleno de flores”.

2.2.3 Beñardo y Catalina: Documentado en Ituren. En este cuento del País Vasco, la madre propone a sus hijos que salgan a pasear y vuelvan corriendo. El que llegue antes encontrará en el armario un vaso de leche y será para él. Bernardo llega antes que Catalina y su madre le corta la cabeza lo desmenuza y lo pone a hervir en una caldera. Llega Catalina y ve que salen de la caldera hirviente los dedos de su hermano. Sale a la calle y se encuentra a una anciana.

“La anciana le recomendó que recogiese cuidadosamente todos los huesos que arrojase su padre. Y añadió:”

“Regresarás a la casa, cogerás una azada, abrirás un hoyo en tierra y enterrarás allí todos los huesos. Tu madre te preguntará extrañada: ¿Qué haces ahí, Catalina? Y tú le responderás: Plantar ajos. A tu madre le parecerá muy buena idea: Muy bien, muy bien, -te dirá- planta ajos que ya nos hacen falta”.

Catalina obedeció y tuvo lugar un prodigio:

“Cuando a la mañana siguiente se levantó su padre vio un esbelto árbol plantado en la mitad de la huerta. Subido en este árbol estaba Bernardo con una tentadora naranja en las manos y una espada en la otra”.

En todos estos cuentos, como en el ritual eneolítico, se produce la siguiente sucesión de hechos:

a) Muerte y desmembramiento.

b) Conjunto de huesos limpios e inarticulados.

c) Enterramiento de un paquete de huesos.

El paquete de huesos con los restos del niño recuerda a los lotes de huesos de la cueva de la Pastora. Si a partir de ellos se alcanza el renacimiento, debían conservar algo del espíritu del difunto y no eran cosas muertas. El parecido con el enterramiento eneolítico es evidente, pero por el momento es demasiado desafiante relacionar uno y otro rito. Antes de dar este paso dejemos que la Antropología comparada nos ayude a saber algo más del segundo enterramiento, y averiguar si el ritual funerario de otras culturas confirma nuestra impresión inicial de que el esqueleto del difunto cobija alguna especie de alma.

3. EL RITO DEL SEGUNDO ENTERRAMIENTO

3.1 Difusión del “segundo enterramiento”

El llamado “segundo enterramiento” es un rito muy extendido y los huesos de los muertos parecen ser en todas partes objeto de especial atención y muchas molestias. En primer lugar, hay que adelantar que los osarios prehistóricos están lejos de ser un fenómeno exclusivamente levantino, sino que aparecen lejos de esa zona y en distintas facies culturales.

En cuanto a los pueblos primitivos, hay documentados numerosos casos de segundo enterramiento, y sabemos por ejemplo que en Timor el funeral de los reyes incluía la operación de limpiar y dejar el esqueleto pelado a los pocos días de la muerte. Según ellos “sólo entonces el muerto está muerto realmente”. El esqueleto recibía a continuación un enterramiento digno, pero la carne la echaban sin más a un agujero. El tiempo que media entre la muerte y la limpieza y enterramiento de los huesos es variable. Algunas tribus suramericanas esperaban cuarenta días, y al cabo de ese tiempo desenterraban el cadáver, separaban la carne de los huesos y enterraban de nuevo éstos últimos con gran ceremonial. Finalmente, algunos pueblos reunían varios esqueletos para practicar un gran ritual funerario común, como los hurones. Estos, como los otros pueblos, procuraban que los huesos estuvieran bien limpios, y si en algunos la carne aún no se había podrido, la quemaban (lo que quizá guarde alguna relación con el rito llamado de “cremación parcial”. No olvidemos que incluso muchos de los huesos presentes en los osarios eneolíticos aparecen quemados). Es entonces cuando se celebraban los verdaderos funerales, incluso con juegos fúnebres.

Este podría haber sido quizá el retrato del ritual funerario eneolítico, aunque de momento no hemos hecho más que constatar la mera extensión del fenómeno. Aún debemos averiguar los complejos fundamentos que los originan, y la razón de que sólo al desaparecer la carne, como se acaba de decir, “el muerto esté realmente muerto”.

3.2 La finalidad de la conservación de los huesos

En una primera aproximación al significado de la devoción a los huesos del muerto, ésta puede confundirse con algo de nostalgia por la tierra de los antepasados. Esto sucede cuando examinamos el trato dado a los fallecidos lejos del hogar y la obsesión por conservar sus reliquias. Así, entre los Ho de Togo, cuando un hombre moría en batalla, lejos de su aldea, lo enterraban en el mismo sitio, pero más tarde volvían a recoger los huesos pelados y los llevaban a casa. También los Lilloet de la Columbia Británica practicaban un enterramiento temporal del viajero para más tarde trasladarlo a casa, y quizá interese recordar que hasta Homero pone en boca de Néstor, a propósito de la cremación de Patroclo, la idea de que es preciso quemar los cuerpos de los muertos en batalla, para que los huesos puedan ser llevados a casa por sus hijos, que Herodoto informa que los huesos de Orestes fueron trasladados desde Tegea a Esparta y Plutarco se refiere al traslado de los de Teseo desde Scyros a Atenas. Esto es también lo que hacen incluso los modernos albaneses, de hábitos migratorios, que hasta hace poco guardaban la costumbre de traer a casa no el esqueleto íntegro -sin duda por trabas aduaneras-, pero sí un simple hueso o el cráneo del que murió fuera, a imagen de la costumbre de los soldados romanos en campaña que hacían otro tanto.

Pero la importancia dada a los huesos del difunto rebasa tales alegatos poéticos o nostálgicos, y no es infrecuente la costumbre de guardar en casa los huesos del fallecido aunque no muriese lejos. Así, mencionaremos que, entre otros casos, los componentes de la tribu de los Choctaws de Norteamérica depositaban a los muertos en plataformas y más tarde recogían y guardaban los huesos con gran aparato litúrgico; que en varias otras tribus norteamericanas era costumbre depositar en urnas los huesos limpios de carne; que los chinos tradicionalmente desenterraban el cadáver para guardar los huesos en jarras cerámicas, y que esto mismo se practicaba también en el Tibet.

Si en los casos dichos los huesos se conservan en urnas de cerámica o recipientes especiales, en otros les aguarda un destino variado. En cualquier caso, conocer el destino que generalmente se les da no es inútil a los efectos de este estudio, pues confirma que los esqueletos, cráneos o aún simples huesos conservan en su interior algún tipo de hálito vital dotado de consciencia y voluntad.

En primer lugar, los huesos se confían a lugares de descanso concretos donde sin duda sirven a alguna finalidad que no conocemos. Así, diremos que varias tribus australianas, después de transportar con ellos los huesos durante un tiempo, los dejaban entre las ramas de los árboles (lo que recuerda a nuestro cuento, donde el niño aparece sobre un árbol); que los Choctaws de Carolina, ya citados, tenían casas comunales para esqueletos, y también los indios de Luisiana y Virginia; que los nativos de Sofala en el SE de Africa, los depositaban en una especie de jardín, donde dejaban una mesa con viandas y ofrendaban vestidos, que los Caribes los guardaban en bolsas que luego colgaban en sus casas, mientras que en las islas Bank, los huesos de los hijos favoritos son dejados entre los arbustos, aunque algunos de ellos se cuelgan también en las casas; y, finalmente, que en las islas Andaman los llevan suspendidos del cuello o a veces los atan a postes de la choza.

En segundo lugar, una de las utilidades clásicas de los esqueletos es servir de base al llamado “sacrificio de fundación”, esto es, la muerte de una víctima -animal o humana- que es enterrada o emparedada al pie de los muros, en el umbral o en las jambas de la puerta de un edificio sagrado, para así dotarlo de un espíritu protector, un verdadero “guardián del umbral”.

Esto es lo que sugieren los cráneos humanos que aparecen empotrados en jambas de templos celtas. Los celtas eran cazadores de cabezas y es muy probable que también éstos fueran cráneos de enemigos cuyos espíritus se habrían vuelto fieles guardianes del recinto, como el del templo galo de Roquepertuse.

Algunos datos africanos recuerdan a estos cráneos celtas. En Zaire y Costa de Marfil, por ejemplo, donde era corriente levantar un pórtico rudimentario de estacas que podía tener un cráneo de chimpancé como protección contra los espíritus.

Esto sólo pudo basarse en la vitalidad inherente a los cráneos y esqueletos de las víctimas sacrificadas. Las puertas protegidas por espíritus son frecuentemente asperjadas con sangre, lo que, como veremos más adelante, es un rito muy usado para renovar o incluso crear vida.

En tercer lugar, a menudo los esqueletos o sus partes han sido usados como medio oracular. Así, por ejemplo, los cuentos populares de las islas occidentales del estrecho de Torres, cuentan cómo el héroe va a recoger hojas y más tarde frota con ellas el cráneo de su padre y su madre, les cuenta sus aventuras y les pregunta por el futuro. Recibe respuesta de los cráneos a través de sus sueños.. En la islas Salomón, en Santa Cruz, el cráneo del difunto se guarda en una jaula y se le ofrece comida porque “es el hombre mismo”. Igualmente entre los fan en Africa Occidental se guardan en jaulas las cabezas de los antepasados, y se los invoca para consultarles en caso de grandes acontecimientos.

Los Kukis de Assam, tras la descomposición del cadáver, limpian los huesos y los guardan en una urna “que abren en las ocasiones importantes, y pretenden que al consultar a los huesos están siguiendo los deseos del fallecido”. Así también, los vivos pueden disponer del poder mágico del muerto -una fuerza especial llamada “mana”- a través de su cráneo.

Por lo demás, a veces los cráneos tienen otras virtudes complementarias, como las curativas. En las islas Andamán, donde los llevan al pecho las vudas “suprimen el dolor y curan las enfermedades mediante su simple aplicación a la parte enferma”.

3.3 La dualidad de almas

Todo esto demuestra que para la mente primitiva, en los huesos de los difuntos permanece un cierto tipo de sustancia espiritual individualizada y consciente, que conserva algunos atributos típicos de los espíritus, su conocimiento del futuro y sus poderes mágicos.

Esto parece incompatible con la noción de un alma que a la muerte emigra al más allá, pero la incompatibilidad es sólo apariencia, porque a menudo la mente primitiva desconoce nuestro sentido unitario de alma. Para ellos hay dos o más sustancias espirituales, y una y otra siguen destinos distintos a la muerte del individuo.

A título de ejemplo, entre los nativos de la tribu wonkattjerri del sur de Australia, los huesos que quedan en la tumba después de la destrucción de la carne son el llamado “kutchi”, o fantasma, en tanto la carne huida es el “mungara” o alma, y los hurones llamaban a los huesos de los muertos “atisken” o “almas”, y creían que ellos tienen dos almas, las dos divisibles y materiales, e incluso racionales: una abandona el cuerpo con la muerte, aunque permanece en el cementerio hasta la fiesta de los muertos. La otra está unida al cuerpo y ya no vuelve a abandonar la tumba sino para volver de nuevo a la vida. Estos son los huesos llamados almas.

Algo parecido podría deducirse de la costumbre griega de rendir culto a los héroes en sus mismas tumbas, es decir, en el lugar de descanso del esqueleto. Esto explica aquel interés en devolver a casa los huesos de los que murieron lejos, ya que el culto sólo puede celebrarse en el lugar donde tales huesos se encuentran.

Por tanto, uno de estos tipos de cualidad espiritual permanece en el esqueleto, lo que significa que éste no es sólo un resto material o una cosa muerta. Dada la universalidad de la creencia, nos consideramos autorizados a pensar que el hombre eneolítico pudo haber sustentado una semejante y que cuando practicó el rito de segundo enterramiento era consciente de que enterraba algo sagrado, un receptáculo de fuerza espiritual que, como quiere la doctrina de los hurones y expresa el cuento popular, ostenta una constante tendencia a manifestarse y a recrear nueva vida.

3.4 Conclusiones provisionales

El segundo enterramiento es una respuesta cultural al hecho natural del contraste entre la descomposición del cadáver y la permanencia del esqueleto. Hasta que no se ha cumplido el rito definitivo, el del entierro de los huesos descarnados, se dice que “el muerto no encuentra verdadero descanso, y el funeral propiamente no ha terminado”.

Es decir, que las almas no son admitidas en la tierra de los muertos hasta que la carne ha desaparecido. Esto es lo que pensaban por ejemplo los Caribes, y por eso algunos pueblos intentan forzar la entrada del alma en el reino de sus muertos con ritos funerarios que aceleren la putrefacción, como hacen los Bettsileo de Madagascar. Para ellos, al pudrirse la carne, el difunto se transforma en una serpiente llamada fanany y desaparece. Debido a esta creencia, se han puesto en práctica muchos métodos para acelerar ritualmente la descomposición, como asperjar agua sobre el cadáver, sumergirlo en el mar o quemarlo. Así se consigue una auténtica muerte y se hace posible el viaje del alma -la que vive en la carne- a su residencia definitiva.

Y no debe perderse de vista, pues volveremos sobre ello, que esta liberación del alma presupone no solo la permanencia de los huesos limpios, sino también el desmembramiento.

Según vemos, la Antropología aunque no sea capaz de explicar nada por sí, proporciona un contexto en donde se inscribe el fenómeno de los osarios eneolíticos. Pensamos que es extremadamente interesante considerar este contexto en cualquier intento de explicación de aquéllos y, desde luego, pudiera haber continuidad entre los tres fenómenos aludidos hasta ahora.

Para resumir, constatamos los siguientes datos:

a) Los osarios eneolíticos consisten en un enterramiento de huesos limpios y desarticulados (desmembramiento).

b) Muchos pueblos primitivos practicaban un enterramiento de huesos limpios y desarticulados que se basa en que algún tipo de espíritu consciente se refugia y permanece en ellos. Algunos se sirven de estos espíritus para sus propios fines, mientras que otros aguardan el renacimiento.

c) El cuento tipo “Pepito y Pepita” contiene un rito de enterramiento de huesos limpios y desarticulados que, evidentemente contienen un espíritu consciente que se refugia y permanece en ellos y cuya potencia espiritual y vital llega al extremo de que, a través de ciertos procedimientos y apoyos, es capaz de provocar una vuelta a la vida.

Quizá los lazos de unión entre estos términos nos parezcan momentáneamente frágiles, pero no hemos agotado el tema en modo alguno. Examinemos ahora un aspecto muy diferente del problema.

4. ISIS Y OSIRIS EN LA TRADICIONAL ESPAÑOLA

4.1 Segundo enterramiento en tumbas egipcias

Todos conocen el mito de la muerte y desmembramiento de Osiris. Algunos arqueólogos decimonónicos quisieron buscar el correspondiente testimonio material en un rito funerario, precisamente en tumbas predinásticas que, como las de nuestro eneolítico, contenían restos humanos desmembrados y desordenados, de modo que induce a pensar en un previo descuartizamiento intencionado del cadáver.

Wiedermann explica así las condiciones de desorden en que se encontraron algunas tumbas neolíticas, a donde, según él, se habrían llevado los huesos ya descarnados. Wiedermann cree encontrar confirmación de este supuesto rito en el Libro de los Muertos, donde el muerto pide que le sea devuelto el uso de sus miembros, lo que puede indicar que éstos le habían sido previamente cortados.

Si bien Petrie encontró pruebas de desmembramiento en tumbas de Deshasha, no está probado que éste se debiera a los motivos que quiere Wiedermann, y en realidad, como argumento contra estas teorías siempre suele citarse el desorden provocado por los predadores o los torrentes.

De modo semejante, Frankfort cita el caso de Waniwright, con ejemplos de tumbas con cuerpos que parecen desmembrados, quizá a imagen del desmembrado Osiris. Pero Frankfort observa que si el desorden reflejara un rito funerario debería haber mantenido alguna regularidad, y aparecer en más tumbas, cuando lo cierto es que el caso es minoritario, y se inclina a considerarlo de nuevo como el resultado de incidentes causados por animales o ladrones de tumbas.

Por tanto, no podemos considerar como una premisa la existencia en Egipto un rito fúnebre de desmembramiento y segundo enterramiento, y, consecuentemente, un ritual correspondiente al desmembramiento mítico de Osiris. Aunque tampoco se ha demostrado lo contrario y hay que concluir que la cuestión fue abandonada hace años y en la actualidad está dormida.

Pero, como veremos, reabrirla no carecería de interés, pues el debate no es mera especulación, sino que puede ayudar significativamente a la comprensión del tema que aquí tratamos.

4.2 Pepito y Pepita como Isis y Osiris

Deseamos ahora entrar en el punto más revelador y comprometido de este trabajo y llamar la atención sobre el parecido que guarda el cuento tipo “Pepito y Pepita” con el mito de la pasión y resurrección de Osiris. En los dos concurren los siguientes paralelos:

a) Los protagonistas son dos hermanos.

b) El hermano varón sufre una muerte injusta y traidora.

c) La muerte va seguida de un desmembramiento. Quizá que el personaje del cuento sea cocinado constituya un pretexto para explicar y aún racionalizar tal desmembramiento.

d) La hermana fiel recoge todos los huesos y, mediante ciertos ritos, resucita al hermano. En el cuento, la pureza y fidelidad de la hermana se manifiesta en que no come la carne de Pepito, y es un dato que se repite en todas las versiones.

e) La resurrección presupone recuperar los trozos del cuerpo. La vieja de 2.1.1 lo recomienda a la heroína del cuento (“Mira hija: sube a tu casa, coge todos los huesecicos, los metes en un capazo…”). En el mito de Osiris, la dispersión de los pedazos de su cuerpo a cargo de Seth hizo imprescindible este trabajo de recuperación.

f) Finalmente, la niña extiende en el suelo todos los huesos y forma la silueta del cuerpo de su hermano, como sin ninguna duda debió hacer Isis -o Anubis- antes de revivir a Osiris (“…y subes al tejado y formas su cuerpo”).

g) La cristianización del cuento impide conocer el impulso mágico por el que los huesos cobraron vida y Pepito revivió.

(“Al otro día verás como a Periquitico el Señor le ayuda a volver a vivir”), pero en origen debió haber implicado algún medio mágico semejante al que usó la propia Isis, abanicando con sus alas de milano el cuerpo de Osiris, es decir, proporcionándole el aliento vital.

Digamos ahora algo más sobre la recolección de los restos y del modo en que fueron revitalizados. Una versión del mito de Osiris afirma, no que los trozos del cuerpo fueran recuperados para así volver al dios a la vida, sino que su hermana Isis los enterró en cada uno de los nomos de Egipto. Pero esta versión, recogida por autores tardíos, parece más bien la alteración -quizá con finalidad política- de una historia original en la que la resurrección del dios exigía la búsqueda y recolección de todas y cada una de las partes de su cuerpo.

Así opina Frankfort, quien entiende que esta versión es muy difícil que sea una creencia original egipcia, y añade que los autores tardíos que la citan estaban influidos por los mitos de Dionisio y Adonis. Además, “no tiene en cuenta la convicción egipcia de que conservar el cuerpo indemne es el primer requisito para la vida en el más allá”. Por tanto, para él “el mito de la desmembración da la impresión de ser una racionalización del hecho de que varios lugares pretendiesen albergar la tumba de Osiris, pero no basta para explicarlo”.

Ahora bien, no solamente es preciso recuperar los trozos del cuerpo, sino todos ellos. Así lo indica el cuento popular cuando subraya que se deberán recoger cuidadosamente todos y cada uno de los huesos, y así parece desprenderse del mito germánico que relata el viaje de Thor a Utgard, que indica con la mayor plasticidad cuál es la consecuencia de la falta o deterioro de alguno de los miembros.

Sin duda, es la misma idea la que late en el miedo del primitivo a las amputaciones, puesto que la falta de un brazo o una pierna significará tener que soportar la minusvalía en el más allá. Esto no es teórico en modo alguno, y los antropólogos han recogido varias anécdotas como la que cita E. Roscoe referida a Uganda cuando escribe que “la idea de pasar al mundo invisible con un miembro menos o bien mutilado de alguna manera era terrible para el pensamiento de los indígenas y los tornaba muy celosos por conservar sus miembros siempre que fuera posible. En la guerra, los hombres preferían morir a causa de un miembro fracturado que salvar la vida gracias a la amputación”.

En cuanto al sistema de vitalización, quizá fuera a base del asperjamiento de sangre, como en el mito azteca que habla de ciento diecisiete guerreros que habían nacido de los dioses y les pidieron que les proporcionaran criados. Pero sus padres se negaron y entonces marcharon a Mictlan, el mundo subterráneo, y le pidieron al señor de Mictlan los huesos de los hombres que habían muerto antes. Este accedió y el dios de la magia fue comisionado y recibió un hueso. Echó a correr pero tropezó y cayó al suelo, de modo que el hueso se rompió en dos trozos, de los cuales uno era más grande que el otro. Recuperó los trozos y llegó a la tierra. Los guerreros le rodearon y, uno a uno, procedieron a hacerse un corte en sus brazos, para derramar su sangre sobre los dos pedazos del hueso. Pocos días después, del trozo de hueso más grande salió un niño, y más tarde, del trozo menor salió una niña.

Por lo que se refiere a Isis, el mito dice que revivió a su esposo hermano mediante el aire -un modo del aliento vital, que tanto aparece en la iconografía de El-Amarna-. Aire y sangre han sido considerados por la mente primitiva como un tipo de alma y como el “principio vital”, y por tanto -y sólo como conclusiones provisionales- es razonable pensar que algún sistema parecido debió haber usado la niña del cuento en el origen.

Pero si profundizamos más en las cosas convendremos en la escasa probabilidad de que las cosas puedan explicarse de esta manera.

4.3 El difunto en el tronco del árbol

La mayoría de las variantes del cuento no recogen un desenlace “A” como el de la versión procedente de Cartagena (2.1.1), sino sucesos bien distintos. Los huesos, una vez recolectados en un saco, no se extienden en el suelo formando el cuerpo, sino que se entierran. Por un proceso que se repite con expresiva insistencia, de allí crece un árbol, y sobre el árbol aparece el niño, resucitado y con las manos llenas de regalos (caramelos o, más frecuentemente, el fruto del árbol correspondiente). En alguna variante (2.1.2), los huesos ya no se entierran para que de ellos crezca un árbol, sino que se echan directamente al interior del tronco de un peral.

Sabemos que el cofre con los restos de Osiris fue echado al Nilo llegó al mar y la deriva le llevó a la costa del Líbano, donde encalló y lo envolvió la raíz del árbol erica, en cuyo tronco permaneció hasta que Isis lo sacó de allí. De nuevo hay aquí un paralelismo evidente con los acontecimientos del cuento popular, y añadiremos aquí que hay otros muchos casos en que los cuentos recogen una vuelta a la vida mediante el enterramiento de los huesos.

Así, un mito maya se refiere a un dios joven que plantó en el jardín huesos de animales. Tres días después, vio algo que comenzaba a despuntar de la tierra. Todos los días los cuerpos de los animales sobresalían cada vez más hasta que una mañana encontró un rebaño pastando en el lugar donde había plantado los huesos. Y un cuento de Afanasiev explica cómo la vaca que va a ser sacrificada dice a la heroína: “Recoge mis huesos, átalos en un pañuelo, plántalos en el jardín y riégalos todas las mañanas sin olvidarte nunca de mí”. La niña lo hizo así y de los huesos nació un manzano.

Por tanto todos estos motivos deben estar emparentados con Osiris en el árbol erica. Aquí el paralelismo no ofrece duda: el cadáver de Osiris del cual crece el árbol se corresponde con el cuerpo muerto del héroe del cuento y el árbol que crece de él. Uno y otro son “envueltos” por el árbol, y al mismo tiempo propician el crecimiento de éste.

Algunas imágenes de la religiosidad egipcia son muy expresivas a este respecto: El autor tardío Firmicus Maternus describe un trozo de tronco de árbol ahuecado que contiene una figura de Osiris, y se usaba en el culto de Isis, y en el templo de Denderah aparece en una pintura el ataúd de Osiris dentro de las ramas de un árbol. Estas figuras son idénticas al cuento de la Alpujarra (2.1.2) donde la hermana echa los restos del niño en el tronco hueco de un peral, y muy semejantes a las demás versiones citadas.

Por lo tanto, hemos recogido hasta ahora unos paralelos evidentes y llamativos del mito de Osiris, pero solo eso es completamente estéril. Deberíamos poder usarlos para penetrar en el significado tanto del mito como del cuento, y también del ritual funerario. Para ello es preciso ahora decir un par de palabras sobre la concepción inmaculada.

4.4 El motivo del nacimiento maravilloso

En un documentado y útil trabajo, V. Proa ha analizado el motivo del nacimiento maravilloso, y más en concreto se ha referido a los numerosos casos en que el héroe nace de una semilla o pequeño fruto que traga la madre, aludiendo a concepciones debidas a guisantes, manzanas cocos, nueces, caucho y plátanos, sin olvidar que Dioniso hace concebir a Arígone dándole a comer un grano de uva, e incluso cita un relato portugués en que un hombre que por error consume tres manzanas mágicas da a luz como una mujer.

A la hora de interpretar estos materiales, Propp empieza citando a Stemberg cuando escribe: “La cualidad más importante de las plantas en general y de los arboles en particular, que suscita la adoración hacia ellos, es su poderosa fecundidad. No hay ni que decir que ningún animal puede compararse por su fecundidad con un árbol, pues éste muestra mil frutos que se contemplan como hijos suyos”. Propp suscribe esto, reconociendo que el fenómeno es un ejemplo de la magia imitativa de Frazer: “El poder de la fecundidad debe pasar mágicamente a los hombres que consumen esos frutos”

Propp admite, pues inicialmente la idea de Stemberg de que el origen de la concepción a partir de los frutos está en el propio poder del fruto, y que “tomando el fruto, la mujer parece tomar la simiente”, pero a continuación hace relativa su adhesión y añade que la cosa es más complicada, ya que la mujer también concibe por la “ingestión de un guijarro, de un grano de arena, una viruta de pino o una viruta de madera”, para acabar diciendo que “a la idea del poder del fruto van unidos otros conceptos”.

Como veremos, esto no es exacto, y el tema del nacimiento maravilloso no se origina en modo alguno a base de una yuxtaposición de motivos, a saber, el poder intrínseco del fruto junto al que tendrían piedras o virutas, sino en el hecho de que todas estas cosas que se tragan, como también las legumbres, contienen almas, y más concretamente almas de difuntos que están esperando a reencarnarse.

Hemos constatado en un trabajo anterior que la creencia en la reencarnación es casi universal, y se manifiesta a través del concepto del nombre-alma, y es el mismo V. Propp quien, en otra parte del trabajo citado, afirma que el héroe que nace es en realidad un muerto que regresa del mundo de los muertos.

En este punto nuestro pensamiento se resume así:

a) Gran cantidad de pueblos primitivos mantienen la fe en la reencarnación, fundamentalmente dentro del mismo clan o tribu. Por tanto, que el nacido es un muerto que vuelve podría haberse dicho inicialmente de todo nacimiento.

b) Al mismo tiempo, es también una creencia universal que los muertos se convierten en plantas, como veremos más adelante.

c) El mito de la concepción inmaculada demuestra asimismo, que se produce el nacimiento milagroso cuando una mujer de la tribu come un fruto o incluso traga una aguja de pino o una astilla de madera, siendo esta creencia igualmente universal.

Todo esto se puede conciliar en el siguiente enunciado: El alma humana, tras la muerte del cuerpo y antes de su nueva encarnación, pasa por un período intermedio como planta. Cuando una persona muere, de su tumba crece una planta a donde pasa su “esencia vital” y cuyos frutos o semillas traga una mujer que así concibe. Pero frecuentemente el alma atada a su carne ha emigrado al más allá, y la que queda en la tumba y pasa al vegetal es la contenida en los huesos. Ahora sabemos, por fin, cómo se verifica esta suerte de “resurrección mágica”.

Para afirmar las premisas de este razonamiento, ilustraremos lo anterior de la siguiente manera:

4.5 Las almas refugiadas en los árboles

Por lo pronto, conocemos la inusitada devoción de los pueblos primitivos hacia los árboles, y sabemos por ejemplo que las leyes germánicas establecían penas terribles para quienes fueran desconsiderados con ellos, y sabemos que en el foro de Roma se rendía culto a la higuera sagrada de Rómulo y que había en las faldas de la colina Palatina, en la misma Roma, un cornejo no menos sagrado. Tendríamos que extendernos excesivamente para justificar que por todas partes el hombre antiguo y primitivo da muestras de especial devoción por los árboles.

Por eso, y evitando desarrollar aquí un tratado al efecto, daremos por conocido el tema y apuntaremos solo las siguientes ideas básicas, predicables de la mente primitiva y antigua en general:

a) Los árboles se consideran sagrados.

b) Ello, lejos de deberse a nociones abstractas u oscuras, obedece al hecho simple de que los árboles contienen espíritus .

c) Tales espíritus son precisamente los de los muertos.

d) La razón de que los espíritus de los muertos se alojen en los árboles es una tendencia existente en la naturaleza.

e) Observando esta tendencia existente en la naturaleza, el hombre intenta incrementar y asegurar su efecto a través de su acción cultural doble:

-Mediante determinados ritos practicados al nacimiento.

-A través del ritual funerario, sobre todo plantando árboles sobre la tumba.

f) A causa de todo esto, hay una especie de continuidad árbol-nacimiento. Los árboles proporcionan fertilidad, pero no -o no sólo- por alguna alegoría poética o alguna pretendida magia imitativa basada en sus muchos frutos, sino por el hecho determinado, cierto y práctico de contener almas cuya vocación es reencarnarse.

g) Finalmente, esto explica algunos ritos relacionados con los árboles, en apariencia diversos y traídos tanto de la más clásica Antigüedad como del folklore sencillo de nuestros pueblos.

-Por un lado, los relativos al árbol como agente fecundante. Así, por ejemplo, las ceremonias eróticas recogidas por Caro Baroja en el valle de Arán.

-Por otro lado, el antiguo sistema de adivinación mediante el examen del susurro de las hojas al viento. Este susurro de hojas es sin duda la voz del espíritu que habita el árbol, que ahora parece equivalente al sistema que ya conocemos del “cráneo oracular”. Aún hoy, en la localidad murciana de Ceutí, según la tradición recogida por nosotros, se dice que los difuntos se aparecen en los cañales, lo que debe tener causa en el rumor de las cañas cuando el viento sopla.

4.6 Muertos convertidos en plantas

Dicho esto, añadiremos que, con independencia de los cuentos que hemos traido a colación, la tradición oral ha conservado de otras formas la tradición de los difuntos que se convierten en especies vegetales.

En la villa de La Aljorra encontramos una versión muy breve del cuento tipo “La flor de Lilolá”. En ella, se trata de tres hermanas que tienen que salir en busca de la flor de Lilolá para curar a su padre enfermo. Pero en el curso de la aventura, las mayores matan a la pequeña y la entierran. Sobre la tumba nace un arbusto, y un paseante se hace una flauta con una de sus ramas. La flauta, al tocar, va cantando el crimen. El alma-aire de la niña muerta había pasado, pues, al arbusto.

Este cuento puede no ser más que una variante de la tradición iraní relativa al primer hombre, llamado Gayomard, que fue muerto a golpes por el espíritu del mal. Su simiente penetró en la tierra y cuarenta años más tarde dio origen a una planta de la que salieron los primeros hombres. De Gayomard, pues, también nace un árbol, como en nuestro cuento de la Aljorra.

Por lo demás, el tema puede aparecer envuelto en tintes poéticos, y así dice el mito que cuando el dios frigio Atis fue muerto, de su sangre brotaron violetas, que cuando el dios sirio Adonis fue muerto, de la suya brotaron anémonas, y que del cuerpo del asesinado Osiris crecen el trigo y la planta maat.

Parece pues, que hay una especie de circuito cerrado de la vida. La vida circula con gran libertad, con enorme persistencia, entre los árboles, los animales y los hombres. Así lo cree Mircea Eliade: “Una vida humana a la que se ha puesto fin de forma violenta se continua en una planta; la planta, a su vez, si se corta o se quema, da origen a un animal o a otra planta, que acaban por recobrar la forma humana… La vida humana tiene que consumirse totalmente para agotar todas sus posibilidades de creación o de manifestación. Si se ve bruscamente interrumpida por una muerte violenta, intenta prolongarse como planta, fruto o flor”.

Nosotros vamos más allá y decimos que puede no requerirse la muerte violenta y que probablemente esto fue inicialmente la norma común. Y esta idea es la que parece estar presente en el cuento “La muchacha toronja”, un cuento popular centroamericano que parece una versión del cuento tipo “las tres naranjas del amor”. En él una muchacha ha brotado de una toronja, más tarde es convertida en paloma y en este estado es seleccionada para ser comida en un banquete. Cuando va a ser preparada por el cocinero, ella le dicta las instrucciones a seguir: debe ser enterrada en el jardín. Donde ella fue enterrada volvió a crecer un toronjo que a su tiempo dio fruto. Cuando el príncipe tomó de nuevo una toronja para comerla, ella volvió a aparecer ante él como al principio. El circuito así se ha cerrado.

Sin duda en el origen de todas estas ideas se encuentra de nuevo una observación de la realidad: Algún tiempo después de una batalla, el campo donde fueron enterrados los cadáveres presenta una vegetación exuberante. Allí sube el trigo mucho más que en el campo que no ha sido así “abonado”.

El cuerpo humano es, efectivamente, un buen abono para el campo, ya que en su descomposición libera nitrógeno, y por cierto que éste es el único motivo que se nos ocurre para que el nacimiento maravilloso fuera más atribuible a los héroes que a quienes no lo eran: el abonado de la tierra es más intenso y alimenticio para la planta donde se ha enterrado a una multitud que donde yace uno solo, y por tanto la relación causa a efecto es más patente. Pero esa es una multitud precisamente de héroes, ya que murieron en batalla, o al menos entre los caídos debió haber alguno.

El caso es que esta observación puede haber sido suficiente para que el hombre primitivo sacase conclusiones. Así elaboraron un amplio cuerpo mitológico que nunca sometieron a crítica: No podían hacerlo, pues la Biología aún no se había inventado. Ellos siempre confiaron en que sus conclusiones provisionales fueran acertadas.

5. CONCLUSIONES

Sería deseable contar con una interpretación probable del mito de Osiris. Frazer afirma que se trata de una referencia al antiguo rito de despedazar una víctima humana y repartir sus fragmentos por el campo para aumentar su fertilidad (cosa que, como acabamos de decir, se conseguirá con toda certeza). En apoyo de esto, y buscando una interpretación concordante del cuento quizá podría aducirse que al ser enterrado el niño efectivamente de allí brota un árbol frutal. Pero no debemos precipitarnos, pues los materiales permiten al menos otra interpretación.

Tanto en nuestro trabajo de campo por los pueblos de Murcia, donde nos dijeron que para matar a conciencia a una bruja había que quemarla y aventar las cenizas, como en los informes recogidos de los pueblos primitivos, que afirman que a un brujo después de muerto es preciso despedazarlo y esparcir los trozos de su cuerpo, aparece el dato consciente y repetitivo del descuartizamiento y dispersión de los restos en forma muy parecida al mito de Osiris.

Y es que esto último, además de ser como quería Frazer una técnica agrícola sagrada, ha constituido un medio apotropaico para precaverse de la muerte sólo aparente de un brujo, debido a la creencia general -y que en nuestro razonamiento nos parece totalmente central- de que un hombre no está verdaderamente muerto mientras su esqueleto permanece unido, lo que resulta especialmente arriesgado en el caso de los brujos, porque de ellos se teme que vuelvan para hostigar a los vivos. Desde este punto de vista, la técnica de cortar los tendones del muerto -que tanto aparece en tumbas prehistóricas con la famosa y problemática “posición fetal”, como las argáricas-, no es más que un medio atenuado del despedazamiento y dispersión de los restos. En los dos casos se pretende desunir, puede que como una simple ayuda a la putrefacción, para que el alma unida a la carne pueda emigrar al mundo de ultratumba y la que queda latente en los huesos pueda llegar a manifestarse nuevamente en la tierra. En cualquier caso, la rotura de los tendones serviría para impedir a los muertos, especialmente los brujos, aún no descarnados levantarse de su tumba y perjudicar a los vivos.

Ahora bien, parece que Osiris fue un rey legendario con especiales conocimientos y poderes sobre la naturaleza, es decir, un brujo, y Seth, al matarlo y despedazarlo, se limitó a aplicar contra él el sistema empleado contra los brujos.

Según todo lo dicho hasta ahora, es preciso llamar la atención sobre los siguientes puntos:

a) El enterramiento en diferentes lugares de las partes del cuerpo de Osiris fue seguramente una alteración política del mito inicial (que llegó a confundir a Frazer, haciéndole errar sobre su significado).

b) La historia original debió estar centrada en el asesinato e inmediato descuartizamiento de Osiris y la posterior labor de recolección de sus restos y su vuelta a la vida.

c) El episodio del árbol erica, si hemos de servirnos del cuento español, debe ser interpretado como el enterramiento de los miembros cortados de Osiris en un paraje de donde nació el árbol, de modo que Osiris mismo quedó incluido en el árbol. Los especialistas están de acuerdo en que el motivo de Biblos es tardío.

Si Isis resucitó a su hermano muerto y depositado en el interior del árbol, es lícito pensar que el modo en que actuó fuera tragando uno de sus frutos, hojas o astillas, a la manera de las madres vírgenes (y como sucede en el cuento egipcio de Bata, cuando una mujer queda embarazada al tragar una astilla del árbol persea de modo que el héroe renace).

Esta es, desde luego, una buena forma de justificar el hecho al menos anómalo de que Osiris pudiera fecundar a Isis careciendo de su pene. Esta referencia lo es en realidad a una concepción inmaculada, en la que Osiris, de algún modo no habitual, hizo llegar a ella su semilla.

Por tanto, no estamos de acuerdo con Frankfort cuando intenta explicar el mito afirmando que el árbol es un símbolo de la madre de Osiris, y de que “es muy posible que un pilar recuperado por una diosa -se refiere al formado por el árbol erica- sea una racionalización de la antigua creencia de que un pilar era la misma cosa que una diosa”.

Pero si Osiris volvió a la vida de este modo, y a través del cuerpo de Isis, es que Horus, el hijo de Isis y Osiris, era Osiris mismo. En relación con esto es de subrayar lo siguiente:

a) Que Horus es hijo póstumo y nunca convive con su padre.

b) Que según la Teología Menfita, Osiris y Horus son inseparables y aparecen como asimilados de alguna forma el uno al otro.

c) Que no obsta a esta interpretación el hecho de que Osiris mismo siguiera viviendo como rey de ultratumba . En realidad, este esquema no hace sino reproducir escrupulosamente la idea de los pueblos primitivos de que el alma atada a la carne viaja al más allá, en tanto la vinculada a los huesos queda en tierra y puede producir una vuelta a la vida.

d) Que todo renacimiento es sancionado culturalmente con un cambio de nombre, y, aunque el nacido del árbol erica fuese Osiris, de ninguna manera podría seguir llamándose así.

e) Que la tarea principal de Horus es la venganza por el crimen sobre su padre, tarea que convenía mucho a Osiris mismo.

Frankfort subraya la identificación entre Horus y Osiris en la Teología Menfita, pero la interpreta de modo muy diferente cuando escribe que “parece que el mismo hecho de la ocupación del trono crea una fusión de los poderes del último rey y de su sucesor”, y se refiere a que el rey “es divino”. En otro lugar escribe: “La Teología Menfita, en las frases finales que muestran a Horus en el abrazo de su padre, aunque éste ultimo ha sido enterrado y se ha hecho tierra, indican que la muerte no destruye a los reyes, sino que hay una comunión mística entre el padre y el hijo en el momento de la sucesión”.

En cuanto a la intervención de Anubis, a la presencia de Biblos, al enterramiento de las partes de Osiris en los nomos y a otros detalles, debieron ser un añadido intelectual a cargo de quienes dieron a Egipto el sistema de creencias que se convirtió en oficial.

La experiencia demuestra que todas las mitologías, así como la tradición oral, participan de un sustrato universal del que se separan mucho o poco en los detalles, a menudo merced a la distorsión de doctrinas nuevas, intelectualizadas, que interpretan, condicionan o desvían el significado original.

El mito de Osiris, tal como lo transmite Plutarco, parece único y puede considerarse alterado respecto a los orígenes. Pero para afirmar esto de forma tan categórica tendremos que aclarar qué es lo que se alteró. Y tal cosa es la tradición oral original. Creemos que ésta pudo tener que ver con los cuentos populares citados y todo esto nos autoriza a la comprometida tarea de interpretar el mito con ayuda de tales cuentos y de la tradición oral universal.

En este caso, las concordancias del cuento “Pepito y Pepita” establecidas por el propio Espinosa garantizan su presencia en un amplio espacio geográfico, y los evidentes paralelos podrían bastar para admitir que existe ese sustrato anterior de tradición oral universal. Pero es que el cuento de Bata, ya citado, constituye una valiosa prueba del sentido que daban en el mismo Egipto a la concepción inmaculada que se produce cuando la mujer traga una astilla del árbol que contiene el espíritu del muerto.

Según esto, el parecido entre el cuento y el mito de Osiris no se limita al episodio de la muerte injusta, el despedazamiento y el árbol. El desenlace de la historia también es concordante:

a) Es evidente que el hecho de que el niño del cuento popular vuelva con una manzana de oro, indica que, lo mismo que Osiris, ha sido divinizado.

b) La obsesiva presencia del dato de que los padres y la hermana pidan al niño una manzana o una naranja y él sólo la entrega a su hermana, y aún mata a su padre y su madre, indica que, en un sentido, este ser más que humano posee ahora facultades para decidir sobre el futuro de los hombres, es decir, se ha transformado en juez divino, como Osiris cuando fue resucitado.

c) El niño, al actuar así, ejercita la venganza como Horus sobre Seth. Su primera tarea es la venganza sobre los que causaron su muerte, de modo que, en algunas versiones como la del País Vasco, aparece en el árbol con una manzana de oro y una espada, y con ésta última mata inmediatamente a sus asesinos. Más tarde premia a su hermana.

d) Si hay que interpretara también el cuento popular a la luz de lo dicho sobre la concepción inmaculada, la niña tragó uno de aquellos frutos y concibió, de modo que pasó a ser su madre, como Isis era madre de Horus.

Incluso un motivo que aparece olvidado, como que en el cuento el niño sea comido por su padre, quizá no esté del todo

alejado de la historia de Osiris, que llegó a simbolizar el grano y de quien dice un himno “Tú eres el padre y la madre de la humanidad, ellos (…) subsisten por la carne de tu cuerpo”.

Quizá parezca débil aquí el motivo de que, para que se produzca la resurrección, la mujer debe comer el fruto del árbol y llevar al nacido en su seno. Quizá esto pueda aclararse acudiendo a otro grupo de cuentos populares que insisten en otorgar a los huesos de ciertos peces la cualidad de guardar el germen de la vida. Se trata de los huesos del lucio gigante o “el rey de los peces”. En España el cuento tipo el “Castillo de irás y no volverás”, cuenta cómo un pescador desgraciado enjuga su mala suerte pescando un pez muy grande. El pez le pide la libertad, pero el pescador -a instancias de su perversa mujer- no hace caso y se lo lleva a casa. Y el pez dice: “Bueno, pues llévame, pero tú no comas de la carne mía -de nuevo aparece este motivo-. Y los huesos los recoges y los metes entre la basura. A los quince días vas y me los sacas, y encontrarás dos muchachos y los adoptas como hijos tuyos”.

Es curioso que se repite el esquema de:

a) Una muerte argumentalmente injusta.

b) La instigadora es la madre de la familia.

c) El que produce el hechizo no debe comer de la carne del pez.

d) La resurrección se produce sembrando los huesos.

El caso ha de ponerse en relación con el ritual primitivo, y V. Propp trae a colación un conjunto de ejemplos sobre el nacimiento maravilloso a partir del pez, incluso en formas muy parecidas a este cuento. Por ejemplo, citando a Hartland: “Transcurrida una semana después de la muerte de alguien, los condos realizan la ceremonia del retorno del alma del difunto. Se dirigen al río y gritan el nombre del muerto, pescan un pez y se lo llevan a casa. En algunos casos se lo comen, suponiendo que de este modo recuperan al difunto, el cual, gracias a esto, nacerá de nuevo en la familia en la forma de un niño”. Con independencia del papel intrínsecamente ligado a la sexualidad y fecundidad del pez, vemos cómo en este caso de nuevo se trata de un nacimiento a partir de los huesos, y cómo es preciso comerse al pez (que será aquí el equivalente del fruto) para que se cumpla el renacimiento.

No olvidemos, por otro lado, que el pene de Osiris cayó al Nilo y se transformó en pez, y por este motivo Isis también podría haber sido fecundada por un Osiris carente de pene comiendo el pez a la manera que se acaba de decir.

Todo lo que hemos dicho arroja las siguientes conclusiones:

a) Los huesos conservan una esencia espiritual consciente y con voluntad, con independencia del alma que viaja al más allá. Por eso:

-Se los guarda en tanto receptáculos de almas y por tanto armas mágicas.

-Se los entierra con ceremonia tratando de provocar un renacimiento.

b) El mito, el folklore y el cuento popular demuestran que de los muertos brota una esencia -el alma de los huesos- que en su momento se convierte en planta y, a través de los frutos, da lugar a una concepción inmaculada en una mujer que los coma. Este es el sentido que debe darse al motivo del nacimiento maravilloso a partir de la ingestión de frutos, hojas o astillas de árboles.

c) En el cuento tipo “Pepito y Pepita” este procedimiento está abreviado, de modo que del árbol brota el niño sin intervención de la mujer. No obstante, el obsesivo protagonismo de la hermana puede hacer pensar que en realidad ella toma un fruto del árbol y después concibe. Y eso mismo es lo que pudo suceder con Isis Osiris y Horus.

d) Originalmente, la leyenda de Osiris debió ser un cuento popular en el que el héroe era muerto y despedazado por un antagonista mágico (lo que por otro lado es de lo más normal en los cuentos y aparece junto al tema del agua de la vida y de la muerte como regenadora de los miembros amputados) y resucitado por su hermana por los procedimientos ya dichos, es decir, enterrando los restos y esperando al crecimiento del árbol y a que éste diera fruto.

No deben oponerse apresuradamente los argumentos derivados de que el mito no habla para nada de los huesos, sino de las partes del cuerpo, ya que Diodoro afirma que Isis recogió los huesos de Osiris y los puso en una vaca de madera cubierta de lino fino. Y no hay que olvidar que, frente a la doctrina oficial de la momificación, el desmembramiento como ritual funerario que libera el alma carnal para su viaje a ultratumba pudo estar en el origen de las creencias egipcias, y no solo por los paralelos citados, sino porque en este idioma hay un verbo llamado “ba”, que significa precisamente “cortar en trozos”, y el alma que viaja al más allá es precisamente el alma “ba”, de donde pudo entenderse que cortan en trozos el cadáver (“ba”) era el medio ritual adecuado para que el alma “ba” adquiriese la individualización necesaria y volase al mundo de los muertos, sobre todo teniendo en cuenta que otro verbo “ba” significa “convertirse en ba”.

e) Por tanto, los osarios eneolíticos son lugares arqueológicos en los que aparecen los siguientes datos:

-Se ha despedazado a los muertos para confirmar su auténtica muerte (lo mismo que se hacía presumiblemente en el ritual argárico y en otros, con el cadáver en posición encogida y con los tendones cortados para desunir los miembros).

-Se han conservado escrupulosamente los huesos esperando una vuelta a la vida del individuo a través de la esencia espiritual guardada en ellos.

Finalmente, creemos que, por quien corresponda, podrían tomarse las siguientes iniciativas:

Desde el punto de vista de la Arqueología, consideramos del máximo interés recapacitar sobre semillas de árboles o de plantas que hubieran podido aparecer junto a los huesos y a los que no se haya dado importancia hasta ahora, pues es muy probable que, de igual modo que tradicionalmente se plantaban árboles en las tumbas, aquí se hubiera hecho otro tanto.

Así también, debería otorgarse más valor en general a los depósitos de huesos que dan la sensación de “basureros”.

Desde el punto de vista de la Antropología, es preciso acumular datos que confirmen las conclusiones de este trabajo, y dentro de ello, sería de extremo interés recopilar las tradiciones orales egipcias y del Magreb que pudieran contener versiones del cuento que aquí hemos examinado.

Acerca de JOSÉ ORTEGA

SSoy escritor de vocación, no de profesión. MI página de autor en AMAZON está en http://www.amazon.com/Jos%C3%A9-Ortega-Ortega/e/B001K15WJM No he llegado, y no sé si quiero, al nivel de aquéllos a los que les pagan por escribir y se asustan ante la hoja en blanco. Mi caso es el de quien es poseído por la historia y no puede liberarse de ella hasta que la escribe, redonda y perfecta. He escrito sobre la búsqueda de la inmortalidad, supongo que debido a mi predilección por las metas imposibles. Estudié Historia Antigua y Derecho. Ejerzo como Abogado. Esta profesión me proporcionó un aburrimiento inmenso hasta que descubrí la forma de utilizarla para proteger a los débiles frente a los fuertes. Desde entonces me divierte y me gratifica. He sido productor de cine y he coproducido tres películas de aventuras. LA ISLA DEL DIABLO MANOA EL ESCARABAJO DE ORO Después produje y dirigí con mi productora LUGALBANDA SL tres series documentales para televisión GENESIS (Prehistoria) CRONICAS DE LA TIERRA ENCANTADA (Arqueología y mito) CAMINS PER LA MAR (Pesca de bajura) Las dos primeras disponibles en Amazon y en este blog. También escribí, dirigí y produje el cortometraje de ficción LA DAMA DEL MAR, basado en un cuento celta irlandés sobre sirenas (You tube) y últimamente he fabricado dos documentales para que circulen libremente por Internet, uno de ellos sobre la primavera española (MAYO (A ESPIRITUAL APPROACH TO SPANISH REVOLUTION). He publicado ocho novelas en AMAZON GILGAMESH Y LA MUERTE EL PRINCIPE PÁLIDO LA PIEDRA RESPLANDECIENTE EL ARBOL DE LA VIDA EL CAMINO AL PARAISO EL ULTIMO SUEÑO DE LA MARIPOSA LA TUMBA MI HOMBRE IDEAL Información y vínculos a Amazon en el menú de arriba También publiqué con la Universidad de Murcia LA RESURRECCIÓN MÁGICA, un libro conteniendo un recopilación de cu€ tos populares que yo mismo hice y con unade teoría del cuento popular . He escrito varios artículos sobre antropología e historia de las religiones en revistas científicas y una serie radio de 25 episodios, EL ARQUERO ENCANTADO, sobre el mismo tema. Como abogado me dedico a la defensa de los derechos civiles en el campo de la ley de costas y he conseguido que el Parlamento Europeo apruebe en marzo de 2009 una declaración censurando los abusos que se cometen en España contra los humildes, al mismo tiempo que se disculpa a los poderosos. Esto me ha proporcionado cierto rollito mediático que procuro llevar bien (me refiero a no volverme idiota por el mero hecho de que me pongan delante una alcachofa). En 2012 redacté un proyecto de ley de reforma de la Constitución que contiene todas las claves para que la democracia sea de verdad, y la condensé en un folio al que di forma de manifiesto y bauticé como MANIFIESTO 2012 (busca en google). Muchos me quieren y unos cuantos buscan día y noche y con poco éxito mi ruina. Los imbéciles de arriba de arriba me odian y debo añadir que algunos tambo´n m€ temen. Carezco de sentido práctico y por eso escribo un blog como éste que sólo puede darme problemas. Lo que me mueve es simple, quizá demasiado simple. Es que no aguanto ni la injusticia, ni la manipulación, ni el abuso. En realidad empecé a escribir aquí en septiembre de 2010 para dar a conocer mis novelas. O sea que esto nació como un blog dedicado a los libros y todo eso. Pero las exigencias de la realidad se impusieron.
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