LAS SOMBRAS DE VILLA EXCELSIOR

@abogadodelmar

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Fue en los dos mil cuando un amigo me llevó a una zona especialmente señorial en las afueras de Luarca. Recuerdo la impresión de misterio indefinido, de brumosa leyenda y de irresistible atractivo de aquellos viejos muros, de aquellas arcadas grises y de aquella cúpula de bronce rematada en un pararrayos. Esa misma tarde mi amiga Úrsula me comentó que su hija adolescente se había colado con sus amigos de forma clandestina en el caserón, y me regaló una foto. Había y hay algo secreto y sugerente alrededor del palacio. Algo inconcreto también. Algo que parececiera que espera a ser desvelado.

Yo acababa de terminar un guión de cine titulado EL CAMINO AL PARAISO y buscaba localizaciones. Necesitaba un caserón y aquel palacio desbordaba todo lo que yo había podido imaginar. Villa Excelsior es su nombre. Levantado por un indiano que hizo fortuna en el siglo XIX con una marca de tabaco de ese nombre. Fue construido en 1912 y por lo tanto acaba de cumplir 101 años.

Mi etapa en el cine se acabó. La vida no es una, sino varias. Está hecha de fases y cuando una de ellas concluye,  es mejor dejarla marchar sin resistencias. Acepté dejar atrás mis tres películas como coproductor y mis tres series documentales para televisión y entré en una nueva aventura no menos excitante que la anterior.

Aquellos cuatro guiones de cine que escribí en los dos mil se transformaron en novelas en esta década. Es un caso peculiar que una película se vuelva novela. Normalmente sucede al contrario, pero éste era mi viaje y esto es lo que quise hacer, y disfruté haciéndolo.

Cuando trabajaba en el cine hacía a menudo esta misma reflexión: Poner en pie una película o escribir una novela es lo mismo, todo se reduce a contar una historia. Y sin embargo qué diferencia en los requisitos y condiciones. El cine es caro e interdependiente. Se trata de un trabajo en equipo donde no importa que alguien cumpla bien su tarea si los demás no hacen lo mismo. La literatura es un acto barato e individual. Lo mismo que puedes contarle al público con un equipo de cuarenta personas, un presupuesto de dos millones de euros y mucha incertidumbre, puedes contarlo con un ordenador y una taza de café. La realidad es que cuando dejé las películas me sentí liberado y me entregué vamos a decir a mí mismo para reescribir esas historias sin tener que pensar en la financiación o en los problemas de producción.

Este mismo sentimiento de liberación es el que experimenté el pasado domingo cuando me planté nuevamente ante los muros de Villa Excelsior con mi amigo José Pedro (cuya hija adolescente también había cumplido con el rito de entrar en la villa sin permiso y también había percibido algo) y con Úrsula. Ya no necesitaba trasladar allí a un equipo de cuarenta personas. Podía plegar el palacio y llevármelo conmigo para recrearlo en mi imaginación y reelaborarlo con mis palabras.

EL CAMINO AL PARAISO es una historia intimista sobre algo que sucede a un profesor experto en La Divina Comedia, pero desde este pasado domingo será también la leyenda de Villa Excelsior.

José Ortega

 

 

YA ESTÁN AQUÍ LOS IDIOTAS DE ROJO

@abogadodelmar

tomate

Una vez compré en el aeropuerto de Las Palmas un libro de bolsillo titulado EL GUARDAESPALDAS ROJO. No ese trata de una novela negra sobre la guerra fría, sino de un texto de divulgación relativo a las cualidades nutricionales del tomate. Entre otras cosas, ya sabéis que el tomate contiene dosis generosas de algo llamado licopeno y también de carotenoides. Puede que hayáis leído algo sobre la conveniencia de comer frutas y verduras de color rojo, amarillo o anaranjado y verduras de color morado o azul. Las primeras contienen carotenoides (alfa y betacaroteno) y las segundas antocianinas. Ambos son antioxidantes y de ahí los beneficios que reportan a la salud.

De toda la basura química que podemos encontrar en el supermercado, la que aparentemente contiene menos es la fruta y la verdura. No se trata de productos procesados, sometidos a desnaturalización y desposeídos de sus nutrientes, como la mayoría de objetos que venden como comida. Aunque estén hasta arriba de pesticidas cancerígenos (¿no conocéis la relación entre los productos químicos que imitan a los estrógenos y están presentes en los pesticidas y el cáncer de mama?), al menos contienen enzimas vivas (que son imprescindibles para la supervivencia), vitaminas, minerales y todo ese rollo.

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Desde que supe de la fiesta de la localidad valenciana de Buñol llamada tomatina, no la entendí. Ya desde entonces me pareció la expresión despreciable de un pueblo ensoberbecido que ha recorrido un largo camino de degradación desde que en las antiguas civilizaciones se vertía en la tierra un poco de vino o de lo que tocase como ofrenda a los dioses que permitían a los hombres ganarse el sustento comiendo lo que daba la tierra. Se trata en mi opinión de este concepto tan dañino, originado en el Renacimiento con la idea del hombre como medida de todas las cosas, que sugiere que la raza humana no debe respeto a nada ni a nadie. Es, creo yo, la misma idea que nos contaba José Ortega y Gasset en La rebelión de las masas, cuando aludía al hombre-masa como especimen que puede hacer lo que quiera como quiera y cuando quiera sólo porque es el pueblo. Y, bajo mi punto de vista, se trata también de una expresión de decadencia social. El por qué esto es decadente puede tener muchas respuestas. Leed un poco a Juvenal, en sus descripciones de las fiestas romanas del Imperio tardío, cuando aquellos bestias comían y comían y después se metían los dedos para vomitar y poder seguir comiendo.

Lo lamento, puedo parecer puritano pero percibo con mucha claridad la diferencia entre la humildad y el respeto de los pueblos primitivos y la ridícula arrogancia del hombre moderno. Hay tantos ejemplos que podría ser inacabable. Entiendo que conocéis la carta del indio Seattle al Presidente de Estados Unidos, cuando le dijo aquello tan famoso (y tan cierto) de que la tierra no pertenece a los hombres, sino los hombres a la tierra.

Los alimentos, entiendo yo, son algo sagrado. Son un regalo de la tierra para que podamos participar en la fiesta de la vida. La tierra es muy generosa con nosotros, mucho más, claro está, que nosotros con ella. El hombre ensoberbecido (en este caso el que organiza y el que participa en esa cosa de Buñol) no es que carezca de respeto a la tierra o a los alimentos que nos regala, es que ni siquiera sabe lo que es el respeto. Su modo de conducirse no es el de alguien que elige entre respetar o no. Es un completo inconsciente.

Esa fiesta primero me causó estupor, más tarde repugnancia. Pero en estos días estamos en tiempos de dolor, de ansiedad y de hambre. En estos días hay muchas personas que se ven forzadas a robar en los campos de frutas o de hortalizas porque no tienen para comer. En estos días hay muchos que no saben cómo alimentar a sus hijos porque se les termina el paro. En estos días ya no sé expresar con palabras lo que me inspira la tomatina de Buñol.

El Ayuntamiento la propaga, el telediario la ensalza, las publicaciones sobre tradiciones populares la consignan (?). Pero los que tienen hambre sólo pueden lamentarse y mirar con recelo la forma en la que unos humanos por lo visto bien nutridos, pisotean el sagrado alimento.

No sé si habéis visto llegar a tierra y descargar un barco de cerco. Aparecen en puerto sobre las ocho de la mañana y en verano no les cabe una sardina más a bordo ¿Qué os parecería que a algún burro se le ocurriera organizar la sardinina de Vinaroz, pongo por caso, para que nos tirásemos a la cara unos a otros cuantas más sardinas mejor y pisáramos todo el día potaje de sardina? ¿Qué os parecería si después de hacer eso por unos pocos años la sardinina adquiriese rango de fiesta de interés turístico y se convirtiera en acendrada tradición?

Puede que os hayáis fijado en el contraste entre las dos fotos que aparecen en este artículo. Ese contraste sugiere algo muy simple: Los anglosajones, de los que tanto nos quejamos, proporcionan al mundo un libro que divulga las cualidades nutricionales del tomate mientas que nosotros proporcionamos al mundo una fiesta popular consistente en pisotear y malgastar esas mismas cualidades nutricionales. Tal vez vayamos poco a poco entendiendo por qué motivo ellos están arriba y nosotros abajo. Y quizá tal vez pudiéramos empezar a dejar de echar la culpa de todo lo que pasa a Rajoy, al NWO y a toda la panda y a reconocer que tenemos que mejorar mucho como pueblo y como ciudadanos.

Yo sólo quisiera una cosa. Que los que organizan, promueven y participan en la tomatina de Buñol, algún día supieran lo que son el hambre y la pobreza.

José Ortega

FASCISMO SOBRE RUEDAS

@abogadodelmar 

Varias veces he mencionado el hecho de que el Estado democrático se va disipando a través de una cosa llamada derecho positivo. El derecho positivo es lo que llaman los juristas el derecho dado, es decir la ley que aparece en el Boletín Oficial del Estado y que si no la cumples ya te puedes ir preparando para lo que te pueda pasar.

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Había un señor llamado Don Pedro Navarro o Don Pere Navarro, que trabajaba como Director General de Tráfico con el gobierno de Zapatero. Este señor se puso muy enérgico en la reforma de la ley de seguridad vial. Una de sus pretensiones era que cuando un guardia civil de tráfico parase a un conductor, éste tuviera que pagar la sanción en el acto. Así, por el morro. Sin expediente previo, sin audiencia y sin derecho de defensa.

Por aquella época (2009) estaba yo un día reunido con el entonces Subdelegado del Gobierno en Valencia, Don Felipe Martínez, y le comenté que ese tipo de iniciativas nos ponían en un retroceso democrático. Don Felipe se mosqueó aunque a mí no me importó porque ya le conocía de otras guerras y mi idea de sus capacidades no era sobresaliente. Es decir, que la opinión que tuviera de mí me tenía sin cuidado.

España, como casi todo el mundo sabe, es un Estado cuasifascista donde no existe separación de poderes y donde legislativo, ejecutivo y judicial forman un único ramillete florido sujeto con fuerza por el puño férreo de dos partidos políticos de todos conocidos. Por tanto, las leyes y sus reformas no las hacen las Cortes, sino los gobiernos, lo que quiere decir los partidos políticos (lo que a su vez significa la banca internacional). Los diputados y senadores se limitan a cobrar el sueldo, hacer (o mejor, escenificar) debates sobre detallitos y a una función no muy distinta de aquélla de los antiguos procuradores en Cortes del régimen de Franco, a los que alguien definió como los mudos que sabían aplaudir.

Veréis, en 1958 esos mismos procuradores en Cortes aplaudieron la llamada ley de procedimiento administrativo, que fue sustituida por otra llamada casi igual en 1992, la ley de procedimiento administrativo de la democracia. No es que fueran muy distintas, pero ésta última introducía ciertas garantías en favor del ciudadano, como por ejemplo que las resoluciones sancionadoras no son ejecutivas hasta que no sean firmes, lo que quiere decir que hasta que no se rechace el recurso de alzada no pagas la multa. Esto, aunque no sea para tirar cohetes, es importante, puesto que suelen tardar más o menos un año en resolver.

La ley de seguridad vial reformada entiendo que por el señor Navarro y a su gusto, introduce un cambio en ese criterio general, de tal manera que las sanciones son ejecutivas nada más dictarse.

¿Lo entendéis? En un expediente sancionador de cualquier tipo, sea el que sea, te ponen una multa, haces un recurso y hasta que no te digan que no, no pagas. Eso es así en todos los casos, sea cual sea la materia, excepto en las multas de tráfico gracias a Don Pedro Navarro. En las multas de tráfico te ponen la multa y pagas ya. Si haces recurso eso es tu problema (claro que esto es mucho mejor que lo que el propio Don Pedro Navarro quería, es decir, que el conductor tuviera que pagar la multa en la misma carretera, nada más toserle el guardia).

En la Ley de Procedimiento Administrativo Común de 1992, cuando formulas recurso contra un acto administrativo no sancionador, si pides la suspensión cautelar (que nos se ejecute la resolución hasta que no se resuelva el recurso) y no te contestan nada en un mes, está suspendido por silencio positivo. Ya que Don Pedro Navarro consideró oportuno que las sanciones fueran inmediatamente ejecutivas, al menos el ciudadano podría hacer uso de este derecho a solicitar con el recurso la suspensión cautelar con la esperanza de que se active el silencio positivo (es decir, pagar sólo cuando se resuelva el recurso, en caso de que resulte desestimado). Pues no: Don Pedro Navarro, con ayuda de sus escribanos, también se encargó de laminar esta posibilidad estableciendo para las sanciones de tráfico una nueva y reiterada excepción respecto  a la ley general: En este caso el silencio es negativo, por lo que si pides la suspensión cautelar en cualquier tipo de expediente, sea el que sea, y no te contestan en un mes, la ejecución está suspendida. Pero gracias a Don Pedro Navarro, si pides la suspensión en un expediente de tráfico y no te contestan, la ejecución NO está suspendida y entones tienes que pagar.

¿Más? Uno de los trámites más sagrados que existen en el procedimiento administrativo es el de vista y audiencia. A nadie en su sano juicio se le ocurriría suprimir este trámite, que desde luego es aún más sagrado si cabe en el procedimiento administrativo sancionador. En todos los expedientes sancionadores de nuestra amada Patria el interesado siempre tiene un plazo para formular alegaciones después de la propuesta de resolución, que es el último trámite antes de la decisión final. Claro está que este trámite tiene por objeto que la última palabra no sea la del instructor del expediente (que en la práctica no es un investigador imparcial, sino un fiscal que va a por ti) sino la del interesado. Gracias a Don Pedro Navarro el expediente sancionador por tráfico es el único en el que si no hay ningún documento nuevo, el afectado no tiene derecho a formular alegaciones a la propuesta de resolución, es decir, no puede tener la última palabra. En el caso de que en la propuesta de resolución se haya producido alguna distorsión, malentendido, olvido o similar, el interesado no podrá alegarlo ni pedir su subsanación.

¿Más aún? Excepto cuando se trata de una sanción impuesta por un alcalde (que carece de superior jerárquico) todas las sanciones son recurribles a un órgano superior al que las dictó y así era también con las sanciones de tráfico hasta que llegó este salvador de España llamado Don Pedro Navarro, que suprimió el recurso de alzada y dejó en su lugar sólo un recurso potestativo de reposición. La diferencia entre uno y otro es muy simple: Mientras que el recurso de alzada lo resuelve el superior jerárquico (hasta hace poco la DGT en el caso de tráfico) el de reposición ha de resolverlo el mismo órgano que dicta la resolución combatida. Os podéis imaginar las posibilidades que tenéis de que el mismo que os ha cascado una multa se lo piense, llegue a la conclusión de que estaba equivocado y haga el favor de estimar el recurso de reposición ¿Sabéis qué opciones hay de que suceda eso? Ninguna.

Algo más todavía. Se han inventado estos señores tan amables un órgano que radica en León y que tiene delegadas todas las competencias en tráfico cuando la cosa va de medios electrónicos, como por ejemplo radar y fotos. Los competentes para sancionar son los Jefes Provinciales de Tráfico pero estos funcionarios delegan en León. Y allí es donde se cuece todo. Deben tener una cadena de montaje de sanciones con una capacidad de producción de billetes superior la que tuvo en tiempos el Banco de España. Una cadena de montaje, sí, donde lo que se hace es rellenar de forma mecánica (no, perdón: electrónica) formularios para cubrir el expediente y donde dudo mucho, muchísimo, extraordinariamente, que algún funcionario público de los que allí tienen su sustento y el de su familia se detenga a leer las alegaciones de defensa. No digo a estimar. Digo a leer.

Son estos señores de la cadena de montaje los que tienen, no sólo que resolver el expediente, sino también los que deben resolver el recurso de reposición. Por eso pienso que no hay nada que hacer.

Don Pedro Navarro inventó también un tablón de anuncios electrónico de tráfico que sustituye al BOE a efectos de publicar edictos cuando no te encuentran en casa y todo eso. Es una cosa llamada Textra, creo.

Así que como os pillen, con razón o sin ella, no creo que tengáis ni garantías efectivas de defensa ni tampoco posibilidades de salir ilesos del trance. Lo que ha montado el partido político que gobernaba en 2009 es algo así como una maquinaria de destrucción. En este caso no sólo de los bolsillos, sino también de la dignidad de los ciudadanos. Sorda, insensible y ciega como todas las maquinarias.

Diréis que si os ponen una sanción injusta al menos podréis acudir a los tribunales en demanda de justicia. Permitidme que ría.

Hace ya algún tiempo los legisladores de nuestro país (leed aquí, por favor, los partidos políticos a través del gobierno), pensando como siempre tanto en la justicia como en el bienestar de los ciudadanos, creyeron conveniente introducir una reforma en la ley de jurisdicción contencioso administrativa a fin de que el órgano judicial competente para ver los recursos contra  sanciones administrativas del Estado no fuera ya el tribunal Superior de Justicia, como lo era hasta entonces, sino los juzgados centrales de lo contencioso administrativo, que como todo el mundo sabe están en Madrid. Pero al mismo tiempo la reforma se hizo extensiva al procedimiento, que pasó a ser el llamado procedimiento abreviado (es más complicado: Lo estoy simplificando para que se entienda). La diferencia entre el procedimiento ordinario y el abreviado es que el primero es escrito y el segundo contiene una vista oral en la sede del juzgado. La traducción de esto a euros es que antes tu abogado podía llevar el asunto desde su despacho y ahora se tiene que desplazar a Madrid, tomar un hotel y todo eso, a fin de asistir a la vista.

Nuestros diputados y senadores, no contentos con esta manera de hacer más fácil la vida de los ciudadanos, acordaron hace poco también otra nueva reforma procesal por la cual se establece el criterio del vencimiento en los asuntos contencioso administrativos en materia de costas procesales. Quiere decir que el que pierde paga al abogado del otro. Inquietante cuando el Estado gana casi todos los pleitos (y doy fe de que no precisamente porque tenga razón, sino por otras causas que resultaría bochornoso explicar aquí). Así que hay una altísima posibilidad de que no sólo el juez no os quite la multa, sino que además tengáis que pagar los honorarios del Abogado del Estado.

Para animar aún más a los ciudadanos a defender sus derechos, el ministro Gallardón (Aquí también los diputados y senadores se limitaban a aplaudir, como siempre) impuso la tasa judicial, que como es conocido significa que tienes que pagar por pleitear.

Bajo mi punto de vista, es preciso cumplir las normas, también las de tráfico. Yo también he visto esos vídeos de la DGT con unos cuantos burros que circulan a velocidades exorbitantes poniendo en peligro la vida de los demás. No sólo he visto los vídeos. He podido ver también a los burros en directo. Casualmente suelen ser usuarios de coches de lujo. No os cuento nada nuevo si revelo que se trata de esos idiotas que se te pegan atrás peligrosamente cuando vas por el carril de la izquierda y que cuando te apartas dan gas y desaparecen de la vista en un instante.

Pero que ese tipo de zoquetes pululen por las carreteras no significa que los demás conductores debamos pagar por ellos. Y eso es lo que está pasando, que vamos a pagar por ellos.

Pero todo esto será bueno -diréis- si sirve para mejorar la seguridad vial. Sí que lo es. Lo mismo de bueno que era la ley de la patada en la puerta del Señor Corcuera para mejorar la seguridad en general. El problema es que los policías, los funcionarios, los inspectores y la madre que los parió, no solamente a veces se equivocan, sino que se equivocan a menudo. Y si tú no puedes hacerte escuchar, pues te tienes que comer el error de estos señores y pagar por él.

Y ahora me perdonáis si os cuento mi caso, que resulta ilustrativo en cuanto a errores de los servidores del Estado. Yo recibí ayer una notificación de los feroces de León con un inicio de expediente sancionador por haber cometido la supuesta falta de no informar del nombre del conductor de mi vehículo, al parecer a consecuencia de un exceso de velocidad. Novecientos euros de multa. Esta conducta está tipificada en la ley hecha por Don Pedro Navarro como falta muy grave. Supongo que esto obedece a que el propietario del coche se ha puesto chulo y no le da la gana de informar de la identidad del conductor y entiendo que con ello la ley busca que al interesado no le salga rentable resistirse a dar la información como fórmula para no pagar la sanción por exceso de velocidad.

Pero claro, es que estos amables señores están obligados a remitirte a casa por correo certificado el requerimiento para que les digas quién conducía el coche y lo que hicieron en este caso fue pasar del tema y colocarme en su tablón de anuncios TEXTRA, confiando en que yo tuviera cualidades paranormales o bien me aburriera mucho y me pasara el día mirando sus edictos. Veréis: Con arreglo a la ley, la notificación por edictos es un remedio para los casos en los que no se ha podido notificar en el domicilio del interesado. Si no se cumple con el requisito previo del intento de notificación en el domicilio, el edicto es como si no existiera.

Nunca me requirieron para que diera el nombre del conductor y claro está que de esta manera no hay ni media falta administrativa, porque si no me requirieron pues no he podido desobedecer el requerimiento, esto es algo que parece obvio.

Os voy a contar qué he hecho. He formulado unas alegaciones de medio folio diciendo simplemente que es imposible que yo haya incumplido la obligación de identificar al conductor porque ellos nunca me lo pidieron. Parece muy sencillo. Si no viviéramos en el país en el que vivimos, esto sería suficiente para que el expediente se archivase sin más.

Pero personalmente no albergo ninguna esperanza. Ninguna. No creo que en esa cadena de montaje de León nadie lea mis alegaciones, ni mucho menos las estime. Me condenarán a pagar 900 euros y me embargarán la cuenta. Ni me cansaré en hacer un recurso de reposición. Me iré al juzgado central de lo contencioso administrativo, tendré que pagar a un Procurador, pagaré también las tasas, tendré que pagarme igualmente el billete del AVE y seguramente un hotel y realmente tampoco albergo mucha esperanza en esa parte. Tengo demasiada experiencia en tribunales para tenerla.

No es que os cuente mis penas. Lo que sucede es que yo, aunque esta gloriosa multa sea un enorme contratiempo, mal que bien la puedo pagar, pero la mayoría de la gente no puede. Lo que sucede es que yo soy abogado y puedo asumir mi propia defensa, pero la mayoría de los ciudadanos tendrá que contratar uno. Yo me iré la víspera del juicio a la Plaza de Santa Ana a tomarme una catalana en la Fábrica de Cerveza y a continuación  le contaré al juez la cosa, pero la mayoría de los ciudadanos tendrán que morderse los puños porque no les saldrán las cuentas y se quedarán con ese sabor de ceniza en la boca que proporciona la resignación.  Más que pensar en mí, pienso en los miles de conciudadanos que no pueden llegar a fin de mes a quienes les haya venido un regalito como el mío. Pienso en esas personas que están cobrando la ayuda de 400 euros y que hacen equilibrios para mantenerse a sí mismos y a su familia ¿Qué podrán hacer en un caso así?

Acabo de terminar un informe sobre la ley de pesca marítima del Estado para mandarlo a los señoritos de Madrid ¿Qué creéis que han reformado? El régimen sancionador ¿Pensáis que ha sido para aliviar la presión del Estado sobre el ciudadano? Claro que no. La reforma tiene por objeto, nuevamente, apretar las clavijas al máximo por varios procedimientos. El plazo de tramitación se alarga para que el expediente no entre en caducidad, las sanciones se elevan, los plazos de prescripción se acortan, se proporciona a los inspectores facultad para que se metan en tu ordenador sin previo aviso y revisen hasta el último número. Todo eso. Cada vez tenemos menos derechos. Ellos van paso a paso, silenciosamente, modificando leyes sectoriales para que no te puedas escapar ¿Creéis que esto es lo que harían unos representantes del pueblo?

Ya he escrito en otras entradas que el recurso de amparo no existe, es una falacia, una mentira, y que el recurso de casación en la práctica tampoco. Y mucho más. Esta realidad nos rodea, pero es invisible porque los ciudadanos no se pasan el día leyendo el BOE y los abogados como corporación, pues tampoco dicen nada.

¿No os dais cuenta de cómo están montando un Estado fascista?

¿No os dais cuenta de cómo la democracia se está evaporando?

¿No veis con qué ahínco buscan la sumisión del ciudadano frente a las imposiciones del Estado?

Ellos son nuestros enemigos. Simplemente así. Nuestros enemigos. Están aquí no para resolver nuestros problemas, sino para someternos. Ya no es cuestión de mirarlos con recelo porque no lo hacen bien. Sus medidas legislativas acreditan que su fin es someternos, humillarnos y transformarnos en esclavos.

Son nuestros verdugos. Son nuestros carceleros. Su propósito es proporcionar al Estado una precisión del cien por cien en su actividad sancionadora, con razón o sin ella. Tú ya no te puedes explicar, no puedes razonar con ellos. Son una maquinaria de recaudación al servicio de la banca internacional. Claro está que es la banca internacional, por vía de la deuda pública, la destinataria de todos esos ingresos extra derivados de las sanciones exorbitadas, las nuevas tasas y todo lo demás.

Ahora que acabo de leer los Episodios Nacionales de Pérez Galdós (que aluden a la invasión napoleónica) reparo en que no hace falta que una potencia extranjera invada nuestro país. Esto que viene ahora parece muy simple, pero entiendo que hay que recordarlo: España es el pueblo español.

Los enemigos del pueblo, es decir, los enemigos de España, están dentro y están arriba. Ocupan los palacios, tienen a su disposición el Boletín Oficial del Estado, la policía y todo lo demás.

O los echamos o perecemos.

José Ortega

abogado   abogadodelmar@gmail.com