BIST DU DER FÜHRER?

@abogadodelmar

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Artículo publicado en la revista JUSTA (Méjico). Pulsa sobre la portada.

Bist du der Führer? -pregunta la chica.

El joven alemán  la mira entre  sorprendido y  divertido y responde:

Nein, ich bin kein Führer.

La cosa iba de un paseo por algo llamado el Watt, la extensa zona del Mar del Norte que queda despejada durante la marea baja, propicia para excursiones guiadas. La muchacha estaba preguntando al joven si era él el guía y la respuesta fue casi airada:  De ninguna manera, él no era ningún guía. Pero en realidad lo era, sólo que se sentía  agredido por  el calificativo Führer, a pesar de que su significado no es otro que guía o conductor.

Está confundido quien piense que el significado de las palabras es sólo gramatical, o si se quiere semántico. Existe, superpuesto a él, un sentido cultural independiente que remite a conceptos arrastrados históricamente, y esto es lo que puede afirmarse de cuatro sustantivos que en distintos idiomas comparten el mismo significado: Caudillo, Führer, conducator y leader. Todos ellos  significan guía o conductor, pero  sólo los tres primeros se cargaron de una fuerte  connotación derivada de la oleada fascista que recorrió Europa en la mitad del siglo XX. Tanto en España como en Alemania o  Italia, el dictador asumió el papel de guía único del pueblo al mismo tiempo que el  sobrenombre de caudillo, Führer o  conducator, respectivamente.

Me parece tan grandioso como significativo que la palabra generalmente adoptada para aludir al guía o conductor provenga de la única cultura que nunca  abrazó el fascismo, por lo que es posible  pronunciarla sin evocar al diablo, por así decir. Si nos referimos a un político como a un líder, todo está bien. Si  aludiésemos a ese  mismo político  como un caudillo, la cosa sonaría muy distinta.

Esto es así incluso a costa de las distorsiones originadas por la adaptación a nuestra lengua del término leader, en particular en cuanto a la generación de un verbo nuevo y gramaticalmente incoherente (no existente en la naturaleza, podríamos decir), como es el verbo liderar.  La forma inglesa leader alude al que ejecuta la  acción de conducir (to lead), pero nosotros hemos construido de forma inconsciente  un nuevo verbo que viene a ser algo así como lead-er-ar, traducible literalmente como conductorear (término no equivalente ni primo de  pastorear, que pretende separar la acción del ganado, pastar, de  la de quien lo conduce, pastorear).

Por motivos históricos y culturales, pues, los anglosajones proporcionaron para todos la palabra leader, lo mismo que los españoles hicimos lo mismo con el término guerrilla, que que de modo recíproco fue adoptado por los anglosajones. No deja de ser significativo que los primeros hicieran triunfar un concepto asociado al buen gobierno y los segundos otro vinculado a llevar la contraria y a la resistencia frente al poder.

Pues bien, muy en contra de aquella pretensión de Francis Fukuyama del fin de la historia, nos encontramos ante un pliegue de esa misma historia en el que conviven dos procesos paralelos: De un lado el creciente poder del Nuevo Orden Mundial, que  tiende con mucho éxito a reducirnos a esclavos, y por otro una esperanzadora contestación popular acompañada de nueva conciencia que por cierto propone una política sin líderes y una gestión asamblearia y horizontal.

En el sentir de estos movimientos populares, el recelo no permanece anclado en los dirigentes que nos han llevado a la situación actual, sino que se extiende a los futuros que pudieran nacer del pueblo para sacarnos de ella. Se afirma, con razón, que cualquier dirigente es fácilmente comprable, influenciable o sobornable y de conformidad con ello se proclama el principio del empoderamiento del pueblo y se alude a la soberanía popular concretada en la asamblea como único órgano legítimo.

Me interesa mucho el momento histórico que vivimos, en el que todo es posible al menos en teoría, y en el que la sociedad se empeña en redefinirse desde el inicio, como si todo pudiera volver a nacer y fuera posible readquirir la pureza primitiva de la misma forma que Afrodita recuperaba su virginidad a voluntad bañándose en cierta fuente.

Y como efectivamente puede suceder cualquier cosa, una de las posibilidades es que no suceda nada simplemente porque no seamos capaces de rellenar de algo coherente el inmenso vacío creado por el rechazo que ha nacido hacia los partidos políticos tradicionales. O quizá que suceda algo distinto y peor de lo que esperamos.

España bulle de micropartidos y movimientos ciudadanos imagino que espontáneos. Los primeros aspiran de forma ingenua a la conquista del poder. Los segundos, de forma más ingenua aún, se creen llamados a construir una alternativa de forma horizontal y ultrademocrática y algunos de éstos últimos no ocultan el tradicional deleite del español por las formas, los gestos y las fachadas. Es el caso de los llamados constituyentes, un movimiento empeñado en que sea el pueblo el que elabore una nueva Constitución de forma semejante a los pasajeros que quisieran pilotar asambleariamente un avión comercial o a que alguno de los colectivos que tengo como clientes en el bufete decida que llevemos todos juntos el asunto de forma consensuada. Esta errónea confusión de la soberanía con la técnica legislativa me recuerda los planteamientos del hombre-masa, concepto acuñado por José  Ortega y Gasset en el clásico La rebelión de las masas e identificado más o menos con el ciudadano que pretende tener razón por el mero hecho de ser ciudadano.

He escuchado a uno de estos constituyentes afirmar con mucha dignidad que necesitamos una nueva Constitución porque una simple reforma de la actual es una chapuza. Me interesaba el punto de vista porque soy el autor del único proyecto de ley de reforma de la Constitución existente y por lo tanto de la única propuesta concreta, definida, precisa y clara de solución contra la dictadura de los mercados y a la ausencia de democracia.

Percibí en aquella contundente afirmación del constituyente un síntoma más de esa enfermedad tan española  a la que he aludido,  que es la fascinación por las formas con independencia de su contenido. Mi proyecto de reforma de la Constitución, resumido en el llamado Manifiesto 2012 (www.m2012.es), contiene herramientas para dignificar la democracia tales como la prohibición de todo gasto en campañas electorales a fin de igualar a todas las opciones, para garantizar el fin de la corrupción tales como poner las cuentas públicas en internet a disposición de todos, para obtener independencia judicial creando un ente de los jueces con presupuesto y estatuto propio, para aliviar el problema de la deuda mediante una banca nacional, para conseguir un mundo más saludable a través del derecho de tanteo y retracto del Estado sobre transacciones relativas a patentes sobre energías alternativas o medios nuevos de curación y muchas otras medidas concretas, no abstracciones ni meras intenciones o sueños. El constituyente pretendía implícitamente que todo eso y mucho más era una chapuza sólo porque venía contenido en una reforma, y aludía a la necesidad de una Constitución enteramente nueva de la que sin embargo su movimiento popular no tenía escrita una sola coma. Quiere esto decir que estaba sobreponiendo la nada a las medidas concretas sólo porque daba preferencia a una etiqueta: La etiqueta de la soberanía popular, aunque estuviera como estaba y está perfectamente vacía de contenido en cuanto a propuestas de cambio. De hecho, el problema del Manifiesto 2012 es que tiene autor. Si hubiera salido de una asamblea y fuese fruto de empoderamiento del pueblo, posiblemente habría tenido mucha más difusión.

Es esta fascinación por las formas, las etiquetas y las fachadas lo que nos pierde y lo que torna estériles los movimientos sociales. Algo parecido sucede con la forma de gobierno. Posiblemente dentro de unos años España será una República, pero para que todo siga igual. El Nuevo Orden Mundial sabe manejar bien los hilos a fin de que el pueblo crea que ha conseguido un triunfo y la contestación social se relaje durante unos años.

Los movimientos asamblearios están llamados a representar un papel nulo en el futuro político, los micropartidos no son más que el testimonio del descontento y la deseada convergencia entre unos y otros dista mucho de ser una realidad creíble. En estas condiciones, la única alternativa de poder debería venir de un nuevo liderazgo asociado a algún personaje público dotado de eso llamado carisma.  Personas como Mario Conde, que  lo intentó en su momento, o Baltasar Garzón que parece que lo ha vuelto a intentar, podrían ser en teoría los perfiles típicos de esos nuevos  salvadores de la patria. De hecho, Garzón cuenta con la confianza de muchos de los que se creen ilustrados, pero que no lo son tanto como para entender que el interesado no es persona adecuada para esa tarea.

Personalmente no percibo a ningún personaje con las cualidades necesarias para transformarse en ese líder que podría agrupar a la gran masa de ciudadanos indignados (mucho menos los anteriormente aludidos), y tampoco creo que pueda surgir, a vista de que la desconfianza metódica de los movimientos horizontales puede estar impidiendo el proceso natural de nacimiento de un fenómeno de esas características ¿Qué hacer, entonces, si los movimientos sociales no son capaces de articular una alternativa concreta y bien construida y si los nuevos líderes no se presentan o no sirven o no los dejan nacer? ¿Cómo poner en marcha un cambio?

Percibo en toda esta maraña un horrible vacío, el de lo que podríamos llamar minorías ilustradas. No hemos visto, ante una coyuntura tan desafortunada como la presente, aparecer un grupo de pensadores preocupados por la realidad social como lo fue la llamada generación de 1998 y el motivo me parece obvio: La cultura está subvencionada, por lo tanto dirigida y por lo tanto comprada. Ni escritores, ni profesores, ni actores ni cineastas parecen dispuestos a agruparse para proclamar su desacuerdo con el sistema y proponer soluciones, quizá porque tengan miedo a perder la siguiente subvención o simplemente a molestar a quienes los situaron donde están. Y este aspecto de la cuestión no me parece menor. Percibo aquí una grave responsabilidad histórica de los interesados con unas consecuencias graves que todos vamos a padecer.

Y sin embargo, la sociedad es una olla a presión a punto de estallar y como sus requerimientos no tienen espera, de una u otra forma algo nuevo tendrá que brotar. En mi opinión, el efecto combinado de la incapacidad de los ciudadanos para estructurarse, la decepcionante ausencia de contenidos de los movimientos sociales, la desconfianza hacia los posibles nuevos líderes y la pasividad de las minorías ilustradas, puede que tenga como inesperada consecuencia un resurgir del fascismo. Tengamos en cuenta que no son sólo los ciudadanos de pensamiento progresista los indignados: También hay descontento en el otro lado. Y al contrario que el resto, ellos no sólo no tienen problemas con un nuevo caudillo, sino que saben y quieren organizarse, así que mientras los constituyentes y otros grupos asamblearios se miran unos a otros dejándose arrullar por las etiquetas vacías y ensimismados con el empoderamiento del pueblo, ellos podrían captar y canalizar el descontento  popular para obtener sus fines.

En mi opinión, la sociedad debería madurar para asumir las responsabilidad de su propio destino y de esta manera tornar innecesarios los líderes, pero esto no es una realidad, sino un deseo no realizado. Por tanto, si no somos capaces de encontrar un líder, probablemente tendremos un Führer.

José Ortega

Abogado   http://www.costasmaritimas.es

 

 

Acerca de JOSÉ ORTEGA

SSoy escritor de vocación, no de profesión. MI página de autor en AMAZON está en http://www.amazon.com/Jos%C3%A9-Ortega-Ortega/e/B001K15WJM No he llegado, y no sé si quiero, al nivel de aquéllos a los que les pagan por escribir y se asustan ante la hoja en blanco. Mi caso es el de quien es poseído por la historia y no puede liberarse de ella hasta que la escribe, redonda y perfecta. He escrito sobre la búsqueda de la inmortalidad, supongo que debido a mi predilección por las metas imposibles. Estudié Historia Antigua y Derecho. Ejerzo como Abogado. Esta profesión me proporcionó un aburrimiento inmenso hasta que descubrí la forma de utilizarla para proteger a los débiles frente a los fuertes. Desde entonces me divierte y me gratifica. He sido productor de cine y he coproducido tres películas de aventuras. LA ISLA DEL DIABLO MANOA EL ESCARABAJO DE ORO Después produje y dirigí con mi productora LUGALBANDA SL tres series documentales para televisión GENESIS (Prehistoria) CRONICAS DE LA TIERRA ENCANTADA (Arqueología y mito) CAMINS PER LA MAR (Pesca de bajura) Las dos primeras disponibles en Amazon y en este blog. También escribí, dirigí y produje el cortometraje de ficción LA DAMA DEL MAR, basado en un cuento celta irlandés sobre sirenas (You tube) y últimamente he fabricado dos documentales para que circulen libremente por Internet, uno de ellos sobre la primavera española (MAYO (A ESPIRITUAL APPROACH TO SPANISH REVOLUTION). He publicado ocho novelas en AMAZON GILGAMESH Y LA MUERTE EL PRINCIPE PÁLIDO LA PIEDRA RESPLANDECIENTE EL ARBOL DE LA VIDA EL CAMINO AL PARAISO EL ULTIMO SUEÑO DE LA MARIPOSA LA TUMBA MI HOMBRE IDEAL Información y vínculos a Amazon en el menú de arriba También publiqué con la Universidad de Murcia LA RESURRECCIÓN MÁGICA, un libro conteniendo un recopilación de cu€ tos populares que yo mismo hice y con unade teoría del cuento popular . He escrito varios artículos sobre antropología e historia de las religiones en revistas científicas y una serie radio de 25 episodios, EL ARQUERO ENCANTADO, sobre el mismo tema. Como abogado me dedico a la defensa de los derechos civiles en el campo de la ley de costas y he conseguido que el Parlamento Europeo apruebe en marzo de 2009 una declaración censurando los abusos que se cometen en España contra los humildes, al mismo tiempo que se disculpa a los poderosos. Esto me ha proporcionado cierto rollito mediático que procuro llevar bien (me refiero a no volverme idiota por el mero hecho de que me pongan delante una alcachofa). En 2012 redacté un proyecto de ley de reforma de la Constitución que contiene todas las claves para que la democracia sea de verdad, y la condensé en un folio al que di forma de manifiesto y bauticé como MANIFIESTO 2012 (busca en google). Muchos me quieren y unos cuantos buscan día y noche y con poco éxito mi ruina. Los imbéciles de arriba de arriba me odian y debo añadir que algunos tambo´n m€ temen. Carezco de sentido práctico y por eso escribo un blog como éste que sólo puede darme problemas. Lo que me mueve es simple, quizá demasiado simple. Es que no aguanto ni la injusticia, ni la manipulación, ni el abuso. En realidad empecé a escribir aquí en septiembre de 2010 para dar a conocer mis novelas. O sea que esto nació como un blog dedicado a los libros y todo eso. Pero las exigencias de la realidad se impusieron.
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Una respuesta a BIST DU DER FÜHRER?

  1. Independiente Libre Alai dijo:

    Muy bueno José, das en el clavo, yo confío en lo que dices que “algo ha de brotar”, el sistema en sí mismo está finalizado, solamente que tiene capacidad de aguantar con “tiritas” y por eso mismo se están preparando para mantener su poder en el llamado nuevo orden mundial.
    Se está despertando una nueva conciencia dormida en el individuo, con una masa crítica de 2.200 en España y en la misma proporción en el resto del mundo, confío más en ello que en lo que está ocurriendo, aquí la clave es reconocer que mientras uno mismo no cambie y se viva y actúe desde eso “motor” de potencia infinita mezcla de Sabiduría, Conciencia y Energía, no cambiará la Sociedad, esto lo vienen diciendo los Grandes Sabios desde tiempo inmemorial.
    Mientras tanto ponemos cada uno un “granito de arena” en el “juego” que nos toca vivir en cada situación, sin dejar de lado un “trabajo” en profundidad personal y si nos apuntamos decididamente a ello por un impulso genuino, iremos formando esa “masa crítica” pero unida con “hilos invisibles” y dispuestos a potenciar ese cambio, lo material vendrá después, como una ley universal que lo “sutil es causa de la denso”.

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