NO VOTARÉ A GARZÓN

@abogadodelmar

garzon1

No me ha causado sorpresa la noticia de que Baltasar Garzón anuncie su desembarco en la arena política, de hecho lo estaba esperando. Imagino que fundará un partido propio que como el de Rosa Díez o Jesús Gil (perdón por las comparaciones) estará fuertemente vinculado a su persona y a su supuesto carisma personal.

Yo no le voy a votar, y me gustaría explicar de buena fe mis motivos, si puede ser procurando que no se confundan con un ataque al honor del interesado.

Desde el principio me llamó la atención que de todos los jueces de instrucción de la Audiencia Nacional sólo uno se hiciera famoso. Se supone que los casos se asignan a cada juzgado por reparto y que por lo tanto todos y cada uno de los jueces tenían ocasión por igual de salir en la tele, pero la casualidad, o la fatalidad, o quizá otras causas (en realidad otras causas, según me cuentan), condujeron a que siempre fuera Baltasar Garzón el instructor de los asuntos más apasionantes y sobre todo más mediáticos.

Intrigado por la persistencia con la que la fama llamaba selectivamente a la puerta del juez, consulté a un procurador de los tribunales de Madrid, que aprovechó la situación para despacharse a gusto. Como se trata de alguien de mucha confianza, lo creo a pie juntillas pero no voy a transcribir aquí lo que me contó, primero por no comprometerlo y segundo por no comprometerme yo mismo más de la cuenta. Sólo traslado el pequeño detalle de que se negaba a trabajar en la rama penal únicamente por miedo de que le tocara el juzgado de instrucción núm. 5, justamente el de Baltasar Garzón. Todo el mundo quiere trabajar y ganar dinero, pero para este profesional los sinsabores derivados de tener que funcionar con el 5 superaban los beneficios económicos, así que creo que os haréis una idea de las opiniones de alguien que, a diferencia del 99,99 % de los ciudadanos, conoce el trabajo del exjuez directamente y no a través de la tele.

A mí me gustaría que Garzón fuera lo que parece o lo que vende. Si fuera así, tomaría su decisión como una excelente noticia para el país y como una promesa de regeneración de la democracia. Imagino que será esto lo que piensan los miles de firmantes del manifiesto en su favor. Lamento no estar de acuerdo con ellos, pero en este punto me temo que estoy mejor informado (aunque sea de segunda mano, porque yo no he visto nada, sólo he escuchado profundos y sentidos lamentos de quien sí sabe) y como conozco a algunos de estos firmantes y sé que se quejan habitualmente de la matrix, pues… creo que podrían estar siendo víctimas de ella.

Una cuestión que me gustaría consultar públicamente es por qué no se montó una plataforma ciudadana de apoyo al juez Liaño, tal como se hizo con Garzón. De hecho, nadie se acuerda ya de él, tal vez porque Liaño era un juez y no un personaje mediático a caballo entre la judicatura, la política y la prensa. Se lo fundieron creo que vilmente porque se atrevió a meterse con Polanco en un asunto que quizá resultaba doméstico en comparación con los temas estrella que siempre le tocaban a Garzón: Las fianzas por los decodificadores de Canal Plus. El caso no daba brillo, pero sí trabajo. Y parece ser (es lo que se percibe desde fuera) que como el juez Liaño se metió con un poderoso, perdió y lo echaron a la calle, pero nadie le mostró simpatía o apoyo. La masa solidaria hispánica, entre bostezos, lo dejó caer, y esta indiferencia no cambió cuando consiguió que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos le diera la razón, algo que aún no ha conseguido Garzón y que posiblemente no consiga.

“El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dictaminado que Javier Gómez de Liaño no tuvo un juicio independiente e imparcial cuando el Supremo le condenó en 1999 por prevaricación en el caso Sogecable. El Constitucional denegó el amparo solicitado por el magistrado, eso sí, con el voto particular demoledor del ponente. En la sentencia de Estrasburgo, los jueces condenaron a España por unanimidad. Gómez de Liaño está “satisfecho” pero lamenta el via crucis y, sobre todo, que su padre –magistrado del Supremo– muriera sin conocer el desenlace”.

Éste no es un análisis político, sino puramente profesional, y por si alguno lo está pensando, a mí no me manda nadie. Lo único que pasa es que soy especialista en hacerme enemigos diciendo lo que pienso, pero me lo puedo permitir porque ni pertenezco a ningún partido, sindicato o grupo ni tampoco aspiro a ello. De hecho no gano nada contando esto y me arriesgo a unos cuantos bofetones, pero si llegan los aguantaré con paciencia.

Entiendo que Garzón puede haber sido objeto de una persecución excesiva y no se me escapa el punto de vista coherente aunque poco fino que resume lo sucedido con la conclusión de que el que va contra el sistema está perdido. Es que me siento poco predispuesto a admitir como referentes políticos o morales a personas humanas que han incurrido en delitos. Curiosamente, es lo que sucede con Mario Conde y Baltasar Garzón. Ambos fueron condenados por la comisión de delitos y a ambos los destruyeron por hacer lo que posiblemente otros hicieron antes y continuaron haciendo después. Los dos eran outsiders no pertenecientes a ninguna familia política, ni financiera, ni aristocrática, que estaban acumulando un exceso de poder. Todo eso lo entiendo, sí. Pero la realidad es que cometieron esos delitos.

No me tranquilizaría ser ciudadano de un país cuyo presidente de gobierno es o vaya a ser un señor condenado por grabar conversaciones entre unos reos y sus abogados sabiendo que no sólo está prohibido sino que es el juez el máximo encargado de hacer cumplir la prohibición. Me da igual quiénes sean los reos y la sana intención del juez: El fin no justifica los medios. El PSOE y el ministro Corcuera se tuvieron que comer la ley de la patada en la puerta porque, pese a sus intenciones divinas, la iniciativa partía de la premisa contraria, es decir que el fin podría justificar los medios.

Cierto que todos podemos equivocarnos y rectificar. Y cierto también que debemos ejercer el perdón, una vieja costumbre, hoy caída en desuso, que nos bendice y nos colma de bienes espirituales. Pero no me convence esa ingeniería de comunicación orientada a transformar a los verdugos en víctimas y a los ciudadanos con antecedentes penales (no les llamemos delincuentes para no meter el dedo en el ojo) en referentes morales dispuestos a regenerar la democracia y, a fin de cuentas, a salvarnos.

Pero esto que pongo aquí no importa mucho. Mi voto es sólo uno.

José Ortega

abogado abogadodelmar@gmail.com

http://www.costasmaritimas.es

“CÓMO ACABAR CON LA CORRUPCIÓN” EN LA REVISTA OTRO MUNDO ES POSIBLE

@abogadodelmar

http://www.otromundoesposible.net/nuestro-invitado/decodificando-el-sistema-como-acabar-rapido-con-la-corrupcion

Decodificando el sistema. Cómo acabar (rápido) con la corrupción

Una de las trampas del sistema es la aparente complejidad de las cosas, especialmente en relación con la organización de la convivencia y la vida política, social y económica. No lo creáis. Demasiado a menudo esa complejidad es artificiosa y buscada de propósito para que sólo los iniciados puedan acceder a ella y para que aceptemos que necesitamos a expertos, jefes, entendidos, especialistas y gobernantes.

Veréis, en mi profesión he tenido muchas ocasiones tanto de toparme con el muro del poder como de comprobar que las leyes son de goma y de que ellos la interpretan en el sentido menos favorable para el ciudadano. Por esto, en orden a  establecer una ley que garantice acceso a documentos oficiales hay que ser muy generoso pero sobre todo muy claro y muy rotundo.

En la propuesta de reforma de la Constitución que escribí y que está condensada en el Manifiesto 2012 se incluye una nueva regulación del acceso a las cuentas y documentos que tienen que ver con la financiación y el gasto del Estado. La redacción es tan simple que parece obvia y consiste en que cada factura, cada nómina, cada contrato de la Administración (incluyendo aquí todos los organismos públicos) y cada asiento contable esté en todo momento disponible para los ciudadanos en internet y en las bibliotecas públicas. Simple y plano: Es la solución que habría proporcionado cualquier ciudadano común no versado en derecho. Si se quiere dejar afuera los fondos reservados, de acuerdo. Pero el sueldo del alcalde, los plus de los diputados por acudir a los plenos, el gasto de la tarjeta visa, el combustible de sus vehículos, la adjudicación de los contratos de obras públicas, la renovación de las concesiones de las autopistas, los tiquets de los viajes al extranjero, el importe de las excursiones para “hermanamiento” de ciudades, los acreedores de la deuda soberana… Todo, todo y todo, pero absolutamente todo a disposición de los ciudadanos bajo la consigna de que lo público es público.

Lo que tenemos ahora es por un lado una regulación que en teoría permite el acceso a los expedientes archivados, salvo los que afecten a la intimidad de las personas, y de otro el proceso de elaboración en las Cortes de una llamada ley de transparencia, lo que confirma que al marco legal actual es insuficiente.

Este marco legal está formado básicamente por el artículo 37 de la Ley de Procedimiento Administrativo Común, con arreglo al cual podéis acceder al contenido de cualquier expediente administrativo archivado. Pero eso simplemente no se cumple, a lo que se llega mediante variados subterfugios en los que los funcionarios (no todos) han sido formados de manera específica.

Mis problemas cuando quiero hacer uso del derecho del artículo 37 de la LPAC son constantes, pero sufrieron un pico en la primavera de 2009, cuando la Dirección General de Costas simplemente se negó a que se pudieran examinar los expedientes de deslinde de dominio público archivados. Yo tenía unos clientes a los que les iban a tirar la casa y para estudiar la situación necesitaban ver el expediente, que se había aprobado en los noventa, pero no me dejaron. La excusa era, como suele ser,  la pretendida necesidad de preservar la intimidad de las personas, básicamente su domicilio. Recuerdo que en aquellos días me metí en internet para obtener los domicilios y números de teléfono de la Directora General de Costas y del Secretario General del Mar, y que los obtuve fácilmente. En la primavera siguiente hablé del tema ante el Parlamento Europeo, aunque no me atreví a desvelar públicamente esos números de teléfono para que no me vinieran con alguna retranca legal. Pero en todo caso era obvio que la intimidad del domicilio era una excusa cuando podía obtenerse libremente en internet.

Lo importante de la situación que viví es que a través de ella pude confirmar lo que ya sabía: Que en nuestro país no hay controles y que la Administración puede hacer contigo lo que quiera. Denuncié la situación a la Dirección General de Servicios y prácticamente me mandaron a paseo. Y me siguieron mandando a paseo a pesar de que alegué con mucho candor que el Convenio Aarhus obliga a los Gobiernos a entregar a los ciudadanos la documentación medioambiental que éstos soliciten con la agenda con la que la soliciten y como máximo dentro del plazo de un mes. Bien, era documentación medioambiental lo que yo solicitaba, pero lo mismo que se burlaron del artículo 37 de la LPAC, se burlaron igualmente del Convenio Aarhus.

Me dirigí por escrito al gabinete del Ministro de Administraciones Públicas y recibí una larga cambiada por escrito diciéndome que estaba todo bien y que habían emprendido la elaboración de una ley de transparencia, que no sé si es ésta que están haciendo ahora u otra que fracasó, ni me importa.

Bajo mi punto de vista, la mejor ley de transparencia es ninguna. Es suficiente con ser fiel a la realidad de que lo público es público y consecuente con la idea de que si es nuestro dinero el que están distribuyendo, tenemos derecho a saber a quién se lo dan y por qué motivo. Se dice por ahí deja que ellos hagan la ley y déjame a mí hacer el reglamento, en referencia al procedimiento habitual de los que mandan para que esas leyes no sean eficaces. Sea como fuere, mi experiencia con la Administración y sus servidores me hace ser extraordinariamente escéptico en materia de leyes de transparencia (y de otras también).

Texto de la exposición de motivos de mi propuesta de reforma de la Constitución:

“Por fin, se introduce una norma también novedosa y audaz en la regulación de la Administración, disponiéndose que la totalidad de sus cuentas queden disponibles de forma libre y gratuita a través de internet y en las bibliotecas públicas.

La medida persigue, obviamente, la transparencia en los asuntos públicos, y de forma muy especial acabar con la lacra de la corrupción política y económica, que en los últimos años ha asolado el país. Siendo tecnológicamente posible, como es, exponer al público esos datos, no existe motivo alguno para no hacerlo, partiendo de la perspectiva de que los asuntos públicos, aunque esto parezca tautológico, son públicos, y lo son a todos los efectos”.

Modificación del artículo 103 de la Constitución:

El artículo 103 tendrá la siguiente redacción:

  1. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho.
  2. Los órganos de la Administración del Estado son creados, regidos y coordinados de acuerdo con la Ley.
  3. La ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.
  4. A fin de llenar de contenido el derecho a la información y fomentar la transparencia de los poderes públicos, cada institución del Estado deberá publicar en internet la totalidad de sus cuentas económicas y contratos, de manera que todos los ciudadanos puedan tener acceso a ellas de modo libre y gratuito. Esta información estará disponible también y será susceptible de consulta en todas las bibliotecas públicas del país.

No sólo soy escéptico con las leyes de transparencia. Lo soy también con la Intervención General del Estado, la Sindicatura de Cuentas y todos los órganos encargados de revisar las cuentas públicas. Las personas que están al frente de esos organismos son o suelen ser miembros de partidos políticos y con eso lo digo todo.

De la misma forma que el NWO no puede manejar a los dirigentes políticos si la democracia está sujeta a su imprevisión natural, de manera que lo que surja de las urnas no pueda decidirse previamente con dinero, así también los corruptos que ahora campan a sus anchas pese a la supervisión de todos los órganos de control, nunca podrían estar seguros de que sus fechorías quedarán impunes, como lo están ahora, si ese control pasase a los ciudadanos. Siempre habría un economista en paro, un contable desocupado o simplemente un curioso que pueda descubrirlos.  Y además lo harían gratis, aunque desde luego creo que la iniciativa debería recibir estímulos económicos para hacerla más eficaz. Por ejemplo, el ciudadano percibe un 5% del importe recuperado por el Estado como consecuencia de su denuncia. Ya verías cómo se acababa todo en dos semanas.

Por ese motivo confío en mi propuesta contra la corrupción y en cambio no confío nada en la ley de transparencia que puedan elaborar los mismos que… Bueno, ya sabéis.

Si os parece que ésta puede ser una buena fórmula para impedir o dificultar al máximo la corrupción, simplemente hablad de ella. Difundidla, comentadla, refinadla para que sepamos que hay soluciones. El momento de ponerlas en marcha llegará si sabemos que existen. En cambio, si nos limitamos a quejarnos, lamentarnos e indignarnos, nunca cambiaremos nada.

José Ortega es abogado y autor del blog de José Ortega

LA MUJER LIBERÓ SUS PECHOS Y ÉL POSEYÓ SU MADUREZ (COMPORTAMIENTO SEXUAL Y PATRONES CULTURALES)

@abogadodelmar

Captura de pantalla 2013-05-06 a la(s) 00.15.46Este artículo se publicó en la revista JUSTA, de Méjico, en mayo de 2013. Para ir a la publicación pulsa sobre la portada.

Muchas veces me pregunté por qué mi héroe preferido, Gilgamesh, el rey de la ciudad de Uruk, en la olvidada Mesopotamia, es un desconocido para nuestra cultura. Me pregunté también muchas veces por qué motivo una figura como Hércules, que parece bastante superficial en la imagen que nos transmite de él por ejemplo Apolodoro, forma parte de nuestra vida cotidiana y se ha instalado con tanta fuerza en la memoria colectiva.

Gilgamesh es un héroe a nuestra medida: Duda, sufre, experimenta el miedo y asume una aventura imposible no como un semidiós, sino como ser humano imperfecto. Hércules parece un personaje de plástico o de metal. Es mecánico, sus especialidades son pegar y robar y aparentemente no siente, sólo actúa. Esta diferencia entre el héroe cuyos temores conocemos y cuyo pensamiento guía sus acciones y el personaje de cartón piedra que se limita a ir de aquí para allá puede ser una buena imagen para ilustrar la diferencia entre la buena literatura y esa cosa que llamamos best sellers, en los que el protagonista se limita a hacer cosas previsibles.

Tantas veces como me hice aquellas preguntas encontré una respuesta sencilla: Existe un prejuicio cultural y posiblemente también racial, por el que nos han hecho creer que nuestras raíces comienzan y terminan en Grecia. El discurso cultural dominante rechaza todo vínculo con los oscuros mitos sumerios, akadios, egipcios, babilonos, asirios o ugaríticos, y nos proclama herederos de la democracia, la filosofía y la racionalidad griega.

Quisiera romper ese convencimiento a través de dos conceptos que tienen que ver con dos hábitos sexuales proscritos.

El mito de Gilgamesh es una historia particularmente hermosa, llena, profunda y aleccionadora en la que el lujurioso y joven rey de la ciudad de Uruk es castigado por los dioses, que crean a un ser mitad hombre mitad animal, llamado Enkidu, para que luche contra él y lo derrote. Pero Gilgamesh y Enkidu se hacen amigos y juntos vagan en busca de unas aventuras que a la postre causarán la muerte del amigo y un penoso viaje de Gilgamesh en busca de la inmortalidad. Me enorgullece ser el autor de lo que creo que hoy constituye aún, veintitrés años después de su primera edición, la única novela en lengua castellana sobre el mito de Gilgamesh, bajo el título Gilgamesh y la muerte.

Esta historia encierra una bella metáfora de lo que podamos entender por humano. Enkidu no sabe que es más hombre que animal. Vive y pasta con las gacelas. Bebe la leche de sus ubres. Es un inconsciente viviendo una vida inconsciente con seres inconscientes, y los sacerdotes planean la forma de volverlo humano, o más bien de despertar lo que hay de humano dentro de él.

El procedimiento que emplean es enviarle una prostituta que se planta frente a Enkidu y realiza lo que parece ser el primer strip tease de la historia. Ella cohabita con Enkidu y de esta manera la bestia reconoce su verdadera naturaleza y acaba transformada en un hombre.

La moza libertó sus pechos, desnudó su seno, Y él poseyó su madurez. No se mostró esquiva al recibir su ardor. Desechó su vestido y él descansó en ella. Mostró al salvaje el trato de una mujer, Cuando su amor entró en ella. Durante seis días y siete noches Enkidu se presenta, Cohabitando con la moza. 

No son unas clases de Lengua e Historia lo que obran aquel cambio, sino siete noches de sexo con una mujer. Por lo demás, Enkidu es como la joven protagonista de Pigmalión, que una vez ha emprendido el camino de la cultura, el refinamiento y la consciencia, ya no puede volver atrás aunque así lo quiera. Es una especie de buen salvaje que pierde la inocencia en el contacto con la mujer. De hecho intenta rechazar la propuesta de ir a la ciudad de Uruk, donde le aguardan Gilgamesh, la civilización y la vida urbana, y pretende regresar con las gacelas, pero éstas lo evitan y él no tiene más remedio que asumir su destino humano.

Después que (se) hubo saciado de sus encantos, Volvió el rostro hacia sus bestias salvajes. Al verle, Enkidu, las gacelas huyeron, Las bestias salvajes del llano se alejaron de su cuerpo. Sorprendióse Enkidu, su cuerpo estaba rígido, Sus rodillas inmóviles – pues sus bestias salvajes habían huido.

Creo que se ha escrito poco o nada sobre esta metáfora del sexo con una prostituta como símbolo de introducción en la civilización, aunque Kirk propuso interpretar la relación entre Gilgamesh y Enkidu como la tensión entre cultura y naturaleza. En general la peculiar proeza de la ramera ha quedado tan velada a nuestro conocimiento como todo el conjunto del poema de Gilgamesh.

Ya sabemos que en oriente existía la llamada prostitución sagrada, en la que las sacerdotisas de la diosa se entregaban a los extranjeros como una singular faceta del culto. Me refiero, claro está, a la diosa que en Sumer se conoce como Inanna, en Akad y Babilonia como Isthar, entre los fenicios como Astarté y en Cartago como Tanit. Todas representan, como bien sabía y expuso Robert Graves, a la misma diosa, la diosa del amor simbolizada en la estrella Venus, y todas ellas, salvo Inanna, son diosas semitas cuyo nombre está claramente emparentado con el hebreo Esther, que como sabemos significa precisamente estrella. Incluso aunque la raíz lingüística el hebreo nada tiene que ver con las lenguas anglosajonas, el término esther es extremadamente semejante al inglés star y al alemán stern, con el mismo significado.

En todo caso, resulta perturbador y causa rechazo a nuestra cultura judeocristiana y puritana tanto el trato con la ramera como símbolo de civilización y cultura como la extendida costumbre de la prostitución sagrada. De hecho, en el ámbito católico el matrimonio es definido como remedio de la concupiscencia, lo que alude a la líbido como a un problema. Pero nuestra ansia de proclamarnos hijos y nietos sólo de la gran Grecia clásica, en parte para escapar de esas desviaciones tan perturbadoras, está manipulada.

Nuestra herencia resulta de la fusión de una raíz histórica, racial y cultural europea (occidental) y de una espiritualidad judeocristiana (oriental). Bajo mi punto de vista, nuestra pretensión (a la que creo que igualmente podríamos llamar superstición) de ser únicamente hijos de la occidental Grecia, de forma paradójica, está causada y sobre todo intervenida y manipulada por nuestra espiritualidad cristiana, judía y por tanto oriental.

Si buscamos en nuestra memoria algún conjunto de imágenes que nos retrotraiga a nuestros pretendidos orígenes en la polis griega, lo que encontraremos será a Sócrates enseñando en la plaza, al público presenciando una tragedia de Eurípides o quizá a un viril Leónidas conteniendo a las hordas orientales en el desfiladero de las Termópilas. Esta imagen tan heroica resulta clave en un inconsciente colectivo que ha sido trabajado cuidadosamente para hacernos recelar de la sinrazón que se extiende más allá de las fronteras de la civilización occidental.

Si, por otro lado, tuviéramos que aislar una práctica al mismo tiempo perversa, rechazable e imperdonable en nuestro mundo actual, ésta no sería ni la corrupción, ni la mentira, ni el robo. Lo más rechazable que podemos imaginar creo que es la pederastia. Los pederastas son personas aisladas socialmente que sin embargo se consideran a sí mismos miembros de una minoría tan avanzada como selecta. Curas, obispos y no sé si también cardenales han sido acusados de esas prácticas, que quizá hayan condicionado la dimisión del Papa Benedicto XVI.

Pues bien: la pederastia no sólo era una costumbre total y absolutamente integrada en la cultura de la Grecia clásica, sino que cumplía una función importante en la formación militar. Para comprobarlo es suficiente echar un vistazo a la cerámica ática, donde junto a las escenas mitológicas, a los cuadros de atletas ejercitándose o incluso de faunos de enormes penes cohabitando con señoras, aparecen escenas no explícitas pero sí claramente insinuantes de adultos varones junto a adolescentes de su mismo sexo.  Quizá un poderoso, hirsuto y desde luego valiente Leónidas, al marchar a las Termópilas hubiera dejado en el lecho a algún niño de trece años, nos guste o no.

De los hábitos sexuales del mundo clásico, quienes que filtran la cultura nos han dejado conocer, o entrever, los propios de la decadencia romana. Leamos a Juvenal para escandalizarnos con los excesos gastronómicos y genitales de la alta sociedad y entremos si queremos a ciertos detalles  inquietantes de la sociedad en tiempos de Séneca para conocer por ejemplo al personaje llamado Escauro, quien “esperaba con la boca abierta la menstruación de sus esclavas”. Pero no confiemos en que se hable abiertamente en ningún foro, y menos en ningún colegio, de la afición de los griegos a dormir con adolescentes de su mismo sexo.

No hay nada tan bello y tan necesario como la verdad. La pederastia nos podrá parecer censurable, desaconsejable, inadecuada o simplemente un hábito perturbador, pero no podemos negar la evidencia de que formaba parte de la vida cotidiana de esa Grecia tan modélica e idealizada y esto nos conduce a la realidad alarmante de que la historia ha sido sometida a censura, de que nuestros patrones culturales están manipulados y por lo tanto de que nuestras creencias, principios y convencimientos también lo están.

De entre todas nuestras necesidades espirituales, quizá la principal sea la de averiguar quiénes somos y cuál es nuestra naturaleza. Bajo mi punto de vista, la pederastia no forma parte precisamente de esa naturaleza. De hecho, está vinculada entre otras cosas a a una visión despectiva de la mujer que hoy no resulta ni siquiera coherente. No obstante, descubrir sabotajes, tabúes y censuras en nuestro pasado sólo contribuye a que caminemos perdidos.

José Ortega

 

 

 

 

DECODIFICANDO EL SISTEMA: CÓMO ACABAR (RÁPIDO) CON LA CORRUPCIÓN

@abogadodelmar

Una de las trampas del sistema es la aparente complejidad de las cosas, especialmente en relación con la organización de la convivencia y la vida política, social y económica. No lo creáis. Demasiado a menudo esa complejidad es artificiosa y buscada de propósito para que sólo los iniciados puedan acceder a ella y para que aceptemos que necesitamos a expertos, jefes, entendidos, especialistas y gobernantes.

Veréis, en mi profesión he tenido muchas ocasiones tanto de toparme con el muro del poder como de comprobar que las leyes son de goma y de que ellos la interpretan en el sentido menos favorable para el ciudadano. Por esto, en orden a  establecer una ley que garantice acceso a documentos oficiales hay que ser muy generoso pero sobre todo muy claro y muy rotundo.

En la propuesta de reforma de la Constitución que escribí y que está condensada en el Manifiesto 2012 (www.m2012.es) se incluye una nueva regulación del acceso a las cuentas y documentos que tienen que ver con la financiación y el gasto del Estado. La redacción es tan simple que parece obvia y consiste en que cada factura, cada nómina, cada contrato de la Administración (incluyendo aquí todos los organismos públicos) y cada asiento contable esté en todo momento disponible para los ciudadanos en internet y en las bibliotecas públicas. Simple y plano: Es la solución que habría proporcionado cualquier ciudadano común no versado en derecho. Si se quiere dejar afuera los fondos reservados, de acuerdo. Pero el sueldo del alcalde, los plus de los diputados por acudir a los plenos, el gasto de la tarjeta visa, el combustible de sus vehículos, la adjudicación de los contratos de obras públicas, la renovación de las concesiones de las autopistas, los tiquets de los viajes al extranjero, el importe de las excursiones para “hermanamiento” de ciudades, los acreedores de la deuda soberana… Todo, todo y todo, pero absolutamente todo a disposición de los ciudadanos bajo la consigna de que lo público es público.

Lo que tenemos ahora es por un lado una regulación que en teoría permite el acceso a los expedientes archivados, salvo los que afecten a la intimidad de las personas, y de otro el proceso de elaboración en las Cortes de una llamada ley de transparencia, lo que confirma que al marco legal actual es insuficiente.

Este marco legal está formado básicamente por el artículo 37 de la Ley de Procedimiento Administrativo Común, con arreglo al cual podéis acceder al contenido de cualquier expediente administrativo archivado. Pero eso simplemente no se cumple, a lo que se llega mediante variados subterfugios en los que los funcionarios (no todos) han sido formados de manera específica.

Mis problemas cuando quiero hacer uso del derecho del artículo 37 de la LPAC son constantes, pero sufrieron un pico en la primavera de 2009, cuando la Dirección General de Costas simplemente se negó a que se pudieran examinar los expedientes de deslinde de dominio público archivados. Yo tenía unos clientes a los que les iban a tirar la casa y para estudiar la situación necesitaban ver el expediente, que se había aprobado en los noventa, pero no me dejaron. La excusa era, como suele ser,  la pretendida necesidad de preservar la intimidad de las personas, básicamente su domicilio. Recuerdo que en aquellos días me metí en internet para obtener los domicilios y números de teléfono de la Directora General de Costas y del Secretario General del Mar, y que los obtuve fácilmente. En la primavera siguiente hablé del tema ante el Parlamento Europeo, aunque no me atreví a desvelar públicamente esos números de teléfono para que no me vinieran con alguna retranca legal. Pero en todo caso era obvio que la intimidad del domicilio era una excusa cuando podía obtenerse libremente en internet.

Lo importante de la situación que viví es que a través de ella pude confirmar lo que ya sabía: Que en nuestro país no hay controles y que la Administración puede hacer contigo lo que quiera. Denuncié la situación a la Dirección General de Servicios y prácticamente me mandaron a paseo. Y me siguieron mandando a paseo a pesar de que alegué con mucho candor que el Convenio Aarhus obliga a los Gobiernos a entregar a los ciudadanos la documentación medioambiental que éstos soliciten con la agenda con la que la soliciten y como máximo dentro del plazo de un mes. Bien, era documentación medioambiental lo que yo solicitaba, pero lo mismo que se burlaron del artículo 37 de la LPAC, se burlaron igualmente del Convenio Aarhus.

Me dirigí por escrito al gabinete del Ministro de Administraciones Públicas y recibí una larga cambiada por escrito diciéndome que estaba todo bien y que habían emprendido la elaboración de una ley de transparencia, que no sé si es ésta que están haciendo ahora u otra que fracasó, ni me importa.

Bajo mi punto de vista, la mejor ley de transparencia es ninguna. Es suficiente con ser fiel a la realidad de que lo público es público y consecuente con la idea de que si es nuestro dinero el que están distribuyendo, tenemos derecho a saber a quién se lo dan y por qué motivo. Se dice por ahí deja que ellos hagan la ley y déjame a mí hacer el reglamento, en referencia al procedimiento habitual de los que mandan para que esas leyes no sean eficaces. Sea como fuere, mi experiencia con la Administración y sus servidores me hace ser extraordinariamente escéptico en materia de leyes de transparencia (y de otras también).

Texto de la exposición de motivos de mi propuesta de reforma de la Constitución:

“Por fin, se introduce una norma también novedosa y audaz en la regulación de la Administración, disponiéndose que la totalidad de sus cuentas queden disponibles de forma libre y gratuita a través de internet y en las bibliotecas públicas.

La medida persigue, obviamente, la transparencia en los asuntos públicos, y de forma muy especial acabar con la lacra de la corrupción política y económica, que en los últimos años ha asolado el país. Siendo tecnológicamente posible, como es, exponer al público esos datos, no existe motivo alguno para no hacerlo, partiendo de la perspectiva de que los asuntos públicos, aunque esto parezca tautológico, son públicos, y lo son a todos los efectos”.

Modificación del artículo 103 de la Constitución:

El artículo 103 tendrá la siguiente redacción:

1. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho.

2. Los órganos de la Administración del Estado son creados, regidos y coordinados de acuerdo con la Ley.

3. La ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.

4. A fin de llenar de contenido el derecho a la información y fomentar la transparencia de los poderes públicos, cada institución del Estado deberá publicar en internet la totalidad de sus cuentas económicas y contratos, de manera que todos los ciudadanos puedan tener acceso a ellas de modo libre y gratuito.

Esta información estará disponible también y será susceptible de consulta en todas las bibliotecas públicas del país”

No sólo soy escéptico con las leyes de transparencia. Lo soy también con la Intervención General del Estado, la Sindicatura de Cuentas y todos los órganos encargados de revisar las cuentas públicas. Las personas que están al frente de esos organismos son o suelen ser miembros de partidos políticos y con eso lo digo todo.

De la misma forma que el NWO no puede manejar a los dirigentes políticos si la democracia está sujeta a su imprevisión natural, de manera que lo que surja de las urnas no pueda decidirse previamente con dinero, así también los corruptos que ahora campan a sus anchas pese a la supervisión de todos los órganos de control, nunca podrían estar seguros de que sus fechorías quedarán impunes, como lo están ahora, si ese control pasase a los ciudadanos. Siempre habría un economista en paro, un contable desocupado o simplemente un curioso que pueda descubrirlos.  Y además lo harían gratis, aunque desde luego creo que la iniciativa debería recibir estímulos económicos para hacerla más eficaz. Por ejemplo, el ciudadano percibe un 5% del importe recuperado por el Estado como consecuencia de su denuncia. Ya verías cómo se acababa todo en dos semanas.

Por ese motivo confío en mi propuesta contra la corrupción y en cambio no confío nada en la ley de transparencia que puedan elaborar los mismos que… Bueno, ya sabéis.

Si os parece que ésta puede ser una buena fórmula para impedir o dificultar al máximo la corrupción, simplemente hablad de ella. Difundidla, comentadla, refinadla para que sepamos que hay soluciones. El momento de ponerlas en marcha llegará si sabemos que existen. En cambio, si nos limitamos a quejarnos, lamentarnos e indignarnos, nunca cambiaremos nada.

José ortega

abogadodelmar@gmail.com