¿PELAR UNA GRANADA ES UN ACTO REVOLUCIONARIO?

  Es fácil hacer un zumo de granada. Pulsar un botón es suficiente y la batidora se encarga de todo divinamente. Lo bebes y te metes de una vez montones de vitaminas, minerales y todo eso. Pero hay que pelar la granada y de ahí viene un gravísimo problema personal y social que bajo mi punto de vista contribuye al fomento de nuestra sociedad esclavista.

Mucha gente no prueba la fruta para no tener que tomarse el tiempo de pelarla. Pelar un plátano es fácil y rápido; la pera ofrece una dificultad mediana, pero lo de la granada es una tragedia apta sólo para héroes. Trabajamos muchas horas y a llegar a casa no tenemos tiempo para ir a pelear por los granos rojos uno a uno y por eso nos vamos al supermercado y trincamos un bote de líquido de frutas del bosque o mezcla tropical pervertidos por toda una completa gama de aditivos químicos. Ese gesto tan doméstico  es a mi parecer la semilla de la dominación.  Es suficiente para generar la prosperidad de los amos que nos tiranizan, buscar la ruina de los pequeños agricultores locales, fomentar carencias nutricionales en nosotros mismos y nuestra familia, tornar las farmacéuticas en gigantes económicos, hacer polvo las finanzas de la Seguridad Social y garantizarnos una vida de marionetas en manos (perdón, en las garras) de las multinacionales.

La gran empresa incrementa su cuenta de beneficios hasta el punto de poder posicionarse en forma de lobby y decidir el contenido de las leyes y reglamentos que les afectan, en especial en cuanto a la legalidad de los aditivos químicos que resultan imprescindibles para que esas cosas que ellos venden y nosotros tragamos se mantengan mucho tiempo en los estantes de unos supermercados que casualmente son también grandes cadenas propiedad de grandes empresas capaces de integrar otros lobbies que igualmente deciden la normativa que les afecta. Al mismo tiempo, el pequeño agricultor local se consume porque estos pedazo de organizaciones compran cantidades inmensas de fruta a precios de risa. Finalmente el pequeño agricultor no puede aguantar la competencia y se ve obligado a vender sus tierras ¿A quién? Fácil: A otra gran multinacional agroalimentaria que se encargará de espolvorear frutas y verduras con mucha química y de agruparse en lobbies que decidan el contenido de  la normativa que les afecta.

No tenemos tiempo, vale sí. Vamos de culo… es cierto. Hay que trabajar un güevo para llegar a fin de mes, no lo discuto. Llegamos a casa reventados y no tenemos gana de…

Pero reconozcamos una cosa: Que si no tenemos tiempo, que si creemos que no podemos dedicarle ese tiempo a pelar la granada, a cocinar como es debido productos frescos y naturales, que si preferimos cogernos la primera basura precocinada o envasada que encontramos en el frigo, procesada y desprovista de nutrientes, es porque todo el tiempo libre que queremos ahorrar con esos gestos lo dedicamos a… ver la tele.

Perdón, no quiero que nadie se sienta ofendido. Pienso en el ciudadano medio que no creo que sea lector de este blog y que tampoco creo que dedique el tiempo que ahorra por no pelar la granada (entiéndase el símbolo) en echar un polvo, practicar meditación o leer a Faulkner, sino justa y precisamente en ver la tele. Cuando digo la tele me refiero principalmente a los anuncios, no a unos casi inexistentes contenidos.

Éste es el retrato de nuestra vida, tal como yo lo veo: Arruinamos nuestra salud y la de nuestros hijos porque necesitamos ese rato para que los poderes económicos nos programen mental y emocionalmente mediante la televisión. Para que nos digan lo que tenemos que comprar, hacer y pensar. Esto implica que a la intoxicación alimentaria procedente de meterse en el cuerpo las cosas que compramos en los supermercados se superpone la intoxicación mental derivada de la basura que nos mete la tele, gran parte de la cual está orientada a que sigamos comprando más porquería en el supermercado.

Quizá seáis capaces de percibir el círculo vicioso. Somos esclavos no ya porque las leyes, los recortes, el sistema político, la dictadura de los mercados o el liberalismo económico sean injustos, sino porque les hacemos el caldo gordo a nuestros tiranos al negarnos a pelar la granada. No podemos pasar el tiempo culpando a otros, eso es infantil. Cuenta Anais Nïn que cuando trabajaba con Otto Rank (el famoso psiquiatra) en Nueva York, los pacientes lloraban al comprobar que sus problemas emocionales, psicológicos y mentales no estaban originados por el exterior, sino por su propia conducta. Apliquémosnos la receta si os parece.

Queridos míos: Cocinar es un fin en sí mismo. Recrearse en mondar pepinos, cebollas y calabacines no es un medio para conseguir un fin, sino un fin en sí mismo ¿No habéis experimentado el placer sereno de bregar tranquilamente con toda esa verdura ignorando el telediario? Deberíais probarlo. Es otoño: Coged la granada, peladla sin apremio, valorad la belleza y serenidad del momento ¿Qué más da que sean cinco minutos o quince? Finalmente lo que vendrá a vuestros tejidos, linfa y arterias será un baño de antioxidantes, vitaminas, minerales y demás familia en vez de la ducha de basura química de los productos precocinados, envasados y enlatados que nos proponen nuestros dueños.

La dominación, la tiranía, la dictadura, la manipulación, la mentira y el esclavismo no están únicamente en la ley electoral y esas cosas. Está en nuestros desafortunados hábitos diarios. Por eso pelar la granada es un acto de liberación.

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José Ortega

ortega_abogados@hotmail.com

EL LARGO CAMINO HACIA EL ÚLTIMO SUEÑO DE LA MARIPOSA

Hay novelas que se escriben por encargo y otras que surgen como consecuencia de un proceso vital. Cuando una historia nace por pura necesidad, porque exige nacer, podrá ser buena, mala o regular, pero no es producto del contrato con una editorial, del marketing o del mercado, sino de las emociones. Si el proceso de pensar, imaginar y escribir la historia está además impregnado de discretos toques mágicos, nos sentimos transportados a un mundo que está ya lejos de lo cotidiano. Ésta es la función del arte: Crear sentimientos en el espectador. La labor del artista es encontrar en lo gris, lo diario y lo vulgar, un toque de grandeza para expresarlo y trasladarlo a los otros.

Una casa no es más que un conjunto de piedras, vigas y tejas. Cuando trabajaba en arqueología me ocupaba a diario de esos pedruscos polvorientos y sobre todo mudos de poblados y necrópolis, y procuré darles voz en LA PIEDRA RESPLANDECIENTE (Fundamentos, 2001) y otras novelas del mismo ciclo. En este caso, la vieja casa resuena, revive, se expresa y parece proclamar que entre las piedras, las vigas y las tejas vibra una presencia a la que a falta de otro término más adecuado podríamos llamar alma.

Es largo el camino que condujo hasta EL ÚLTIMO SUEÑO DE LA MARIPOSA. Esta novela es el fruto de los vaivenes de la vida, que parecen azarosos sólo al primer vistazo, pero que echando la vista atrás conforman un camino. No un camino rectilíneo, ni despejado, ni claro, pero un camino.

Todo camino tiene una meta. Ésta es la meta.

Y por cierto, EL ÚLTIMO SUEÑO DE LA MARIPOSA tiene página en Facebook y hay que pulsar ME GUSTA, que da mucho prestigio. Gracias.

CONFERENCIA CON PSICOFONÍA

Veréis, yo fui a dar una conferencia sobre la reforma de la ley de costas. Y la di. La grabé como siempre hago y después la colgué como es mi costumbre. Eso era todo, o eso pensaba. Porque al cabo de unos días una amiga me llamó la atención sobre algo extraño que se oía en el minuto 15,37 a 15,39. Lo comprobé y sentí un escalofrío en la espalda. No es una persona del público. Es otra cosa. Parece la voz de una niña.

Casualmente la persona a la que cargué con la responsabilidad del video es un productor de cine amigo mío que estaba de público y que que aún no sabe nada de esto. A ver qué cara pone cuando le cuente que tenía al lado lo que parece ser un espíritu.

Nunca me había pasado una cosa así. No tengo ninguna explicación. La conferencia tuvo lugar en la casa de cultura de Pego, en Alicante. Está instalada en un vejo caserón de piedra en el centro histórico, pero eso es todo lo que sé.

Si alguien quiere escuchar la voz, ya he puesto arriba el momento en el que aparece:

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VOLARÁS CON LAS ALAS QUE HAY EN TUS SUEÑOS

Abrí la puerta del despacho y allí estaba: un hombre delgado, de unos cuarenta años, nervioso, casi ansioso, locuaz, que portaba un maletín rebosante de documentos y planos. Un hombre preocupado que necesitaba una solución para que Costas no le quitara su casa de la playa. Nunca pensé que aquel momento tan profesional y serio pudiera traerme a éste otro, cuando espero confiado y esperanzado la publicación de mi novela El último sueño de la mariposa.

¿Qué tiene que ver aquella visita a un despacho de abogados con la historia de un escritor solitario que se refugia en un antiguo caserón para escribir su gran obra?

Juan Luis, que así se llamaba mi visitante, era un pintor reconocido, hijo de marqueses y heredero de una mansión arruinada. Y yo entonces estaba empezando a hacer cine con Juan Piquer, un director casi de culto en Estados Unidos y mucho menos conocido en nuestro país.

Juan Piquer

Mi nuevo cliente comenzó a ofrecerme su casa como interior natural para las películas y yo a resistirme hasta que cedí y una tarde me acerqué con él y descubrí el gran recinto, los jardines arruinados, las andanas abandonadas y una planta baja que me fascino por sus obras de arte, su iluminación indirecta y su penumbra perfecta. Fue en aquel interior desolado donde descubrí los fascinantes autorretratos al óleo del dueño de la mansión. Estaba allí, en forma de efebo alado, encadenado como un joven Prometeo e incapaz de usar sus grandes alas igual que el albatros de Baudelaire. Era casi sobrenatural aquella imagen en la inmensa soledad de la casa decadente, donde todo lo importante parecía haber sucedido ya. Del esplendor del pasado, de la lejana juventud del pintor, de los agitados deseos de aquel ángel encadenado, sólo quedaba la vívida imagen en la penumbra.

Autorretrato de Juan Luis Javier

Adopté la casa. Me familiaricé con ella. En 1995 sirvió como decorado natural para el rodaje del largometraje de aventuras Manoa, dirigido por Juan Piquer. Usamos un espacio maltrecho para taberna guatemalteca y una andana para dormitorio de las espléndidas hermanas Pepita y Juanita.

Cartel anunciados de Manoa

Cuando en 1996 fundé mi propia productora, transformé los jardines abandonados en bosques de la prehistoria para mi serie Génesis. Era algo insólito poder grabar e iluminar sin baterías ni generadores en un exterior. Filmé allí secuencias de cuentos populares para el piloto de mi serie El arquero encantado. Celebré un funeral ibérico, preparé una escena voluptuosa, filmé a una diosa sumeria y muchas cosas más para Las Crónicas de la Tierra encantada. El croma-key (en este caso blue-backing) de grandes dimensiones en un muro de la almazara me sirvió para figurar la lucha de dos héroes contra un gigante. Es más: Destrocé un antiguo abrigo de visón de la marquesa muerta para componer las vestimentas andrajosas de mi héroe Gilgamesh, que como se sabe hizo su viaje iniciático vestido con una piel de animal.

Fotograma del episodio Alquimistas y herreros, de la serie Génesis

Más tarde tomé literalmente la casa con un equipo de cuarenta personas para el rodaje de mi cortometraje de ficción La dama del mar. Os dejo aquí unas pocas imágenes del making off para que veais cómo es la casa por dentro.

Pasó el tiempo y un día, junto con cuatro productores enanos como yo, di un sonoro portazo en la asociación de la que formaba parte y fundamos la Asociación Valenciana de Productores Independientes, desde la que comencé a creer que era realmente posible producir cine bueno. Así fue como escribí varios guiones, el último de los cuales fue El sueño de la mariposa.

Productores integrados en Asociación Valenciana de Productores Independientes (AVAPI)

Este proyecto fue un desafío. Me había propuesto escribir un guión especialmente barato de producir, con casi un único decorado y casi únicamente dos personajes. La historia comenzó a fluir, serena y constante, y yo empecé a ver en mi mente las imágenes una a una: La sangre goteando del techo, la bella gobernanta con las toallas en las manos, las velas y los libros de poemas en la bañera. También escuché la respiración agitada del héroe al subir la escalera, los crujidos de las vigas en la madrugada y el ominoso sonido de la aldaba sonando a medianoche.

Llevé el proyecto a un foro de coproducción con Galicia pero no sucedió nada. Lo presentamos a las dichosas convocatorias de ayudas y no salió.  Entonces me dediqué a algo que me proporciona muchas satisfacciones y es transformar el guión de cine en una novela. Cuando escribo una historia de ficción nunca sé qué va a suceder. La aventura va brotando y creciendo al tiempo que la voy pensando. Cuando transformo un guión en una novela, en cambio, no existe incertidumbre. Es como si tuviera delante un armazón desnudo al que proporcionar carne y sangre y eso es todo.

Aquí podéis ver el book trailer de la novela:

Y aquí un pasaje leído:

Entonces apareció una extraña sincronicidad. Juan Luis tenía otros autorretratos. Supongo que yo los había visto todos en aquella primera visita, pero ya no los recordaba. En uno de ellos aparecía un poco desorientado, apoyado junto a la pared, con la camisa blanca manchada de sangre, lo mismo que sus dedos, como si acabara de suceder algo terrible.  Encontré la imagen por casualidad, creo que en un correo electrónico que me remitió.

Autorretrato de Juan Luis

¿Por qué escribí en El sueño de la mariposa la aventura de un hombre que de pronto se encuentra desorientado, con la blanca camisa y sus manos manchadas de sangre porque acaba de suceder algo terrible? ¿Es que mi inconsciente recordaba la imagen del cuadro aunque yo la hubiera olvidado, o es que el universo hacía que todo convergiera de forma misteriosa?

Juan Luis se lamentaba a menudo del abandono de su antigua mansión, en la que ya no vivía desde hacía tiempo. Me la había prestado porque apreciaba que alguien se interesase por ella y la valorase. Aquel ruinoso conjunto de ladrillos, vigas y tejas pertenecía al pasado y en cierto sentido se había transformado en una molestia incompatible con el estilo de vida actual. Si la casa tuviera alma, se sentiría como una anciana apartada y en cierto sentido rechazada, que ofreció y dio mucho pero a la que sólo le queda el recuerdo.

¿Quería la casa que yo escribiera la historia? ¿Es ése el motivo de la sorprendente sincronicidad?

Todo es tan auténtico y tan real que Juan Luis aparece como un personaje más de la historia, como el propietario de la casa que no vive en ella y la presta a un escritor para que la habite y la viva.

El último sueño de la mariposaes una especulación con los recuerdos y una reflexión sobre el balance entre la realidad que es y la realidad que queremos que sea. Al fondo de la historia resplandece el amor como idealidad y como utopía, a la manera en la que Karl Jung describió el concepto del ánima como encarnación en otra persona de nuestra propia alma.

Aicia Rosell me encontró por la red a finales de enero de 2011. Lo recuerdo muy bien porque acababa de salir del quirófano y estaba convaleciente. Con esta novela, Alicia se dispone a iniciar una gran aventura. No es Editorial Planeta pero tiene ganas. Su actitud me recuerda lo que yo mismo sentía cuando me puse a producir mi primera serie documental para televisión y me multiplicada por diez supliendo con entusiasmo la ausencia de medios. Tenía que hacer el vestuario, el atrezzo, las animaciones electrónicas y la figuración.

Alicia Rosell

Una vez, durante un viaje de trabajo, un tipo me dijo que había visto mi serie por casualidad haciendo zapping y su primera impresión es que era un documental de la BBC. Algo después ese tipo se transformó en coproductor de Asterix, luego su opinión cuenta.

Creo que la fuerza que le pone Alicia Rosell puede dar un resultado inesperado, de esos que luego quedan en la memoria. En todo caso, iniciamos esta aventura con muchísima esperanza y una confianza sin límites. No tenemos dinero, no tenemos medios, no podemos permitirnos ningún lujo. Sólo tenemos el sueño de esta mariposa que se dispone a alzar el vuelo en diciembre y el boca a boca que vosotros podéis poner en marcha.

Una vez una cantante de jazz me regaló un cd con la música de su grupo. Allí encontré un tema que dice  “volarás con las alas que hay en tus sueños”. Así es como me siento.

José Ortega    ortega_abogados@hotmail.com

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