A-KI-TIL, LA FUERZA QUE HACE VIVIR AL MUNDO (O POR QUÉ LA NOCHE VIEJA NO TIENE NINGÚN SENTIDO).

El hombre primitivo vivía pendiente del universo, del movimiento de las estrellas, de la aparición y muerte del sol, del ciclo de las estaciones. Y concibió, como bien sabía Mircea Eliade, el padre de la Historia de las Religiones, un eterno retorno en el que todo era circular y en el que el tiempo moría y volvía a comenzar.

El momento más importante de ese eterno retorno era el fin de un año y el inicio de otro  nuevo. Ese cambio tenía lugar, no hace falta decirlo, en primavera, cuando el invierno termina y la vida renace. Luego, en la Edad Media, vino un idiota y mandó muy piadosamente que el cambio de año se celebrara el 31 de diciembre con el fin de dar más realce a la fiesta de la natividad del Señor.

En la cultura de Sumer, en Mesopotamia, la fiesta de año nuevo se llamaba a-ki-til, que significa “la fuerza que hace nacer al mundo”. Como símbolo de la nueva vida, la fiesta incluía una cópula sagrada entre el rey de la ciudad y la sacerdotisa. Es así como comienza mi novela GILGAMESH EN BUSCA DE LA INMORTALIDAD, con la celebración del año nuevo en el mes de marzo. En el recitado sumerio que tomé prestado para ese pasaje la sacerdotisa habla al rey de esta manera:

Grande es tu hermosura, dulce como la miel.

León, amado de mi corazón,

Grande es tu hermosura, dulce como la miel.

Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti.

Esposo, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara.

Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti.

León, yo quisiera ser  conducida por ti a la cámara.

Todo esto que hacemos es un poco patético y bastante paradójico. Celebramos la navidad el 24 de diciembre, sin saberlo, por motivos astronómicos, ya que por esas fechas el solsticio de invierno hace nacer al sol, pero sin embargo hemos desplazado la fiesta de año nuevo del momento que por esos mismos motivos astronómicos le pertenece. Y también sin saberlo.

En la noche del 31 de diciembre no hay nada que cambie en la naturaleza. El día 1 de enero nos aguarda el mismo frío, la misma ventisca y el mismo cielo gris. Desconexionados de la naturaleza, de sus ciclos y de sus ritmos no conseguiremos gran cosa excepto actuar como autómatas que van y vienen sin saber por qué. Ya hablé de esto en mi serie documental de televisión LAS CRÓNICAS DE LA TIERRA ENCANTADA, donde repetía constantemente la misma idea: Para el primitivo todo es sagrado, pero para nosotros todo es profano. Profanamos la tierra, profanamos las tradiciones, profanamos la historia, porque hemos perdido el vínculo con la naturaleza y por lo tanto con lo sagrado. El cambio de año en mitad del crudo invierno es un símbolo del ensoberbecimiento del género humano, que se cree tan dueño de la tierra como para celebrar un cambio de ciclo cuando no hay cambio de ciclo.

Me da la sensación de que los únicos que lo han entendido, aunque sea inconscientemente, son los valencianos. Ellos siguen celebrando como debe ser y en el momento en que debe ser, allá cuando en el mes de marzo, rozando el equinoccio de primavera, la naturaleza entera se prepara para albergar de nuevo la vida y prenden luces a las que bien podríamos llamar la fuerza que hace vivir al mundo.

¡OH…! ¡LAS LEYES DE LA HERMÉTICA FUNCIONAN!

Pues veréis… Trabajo como asesor jurídico para una institución cuyas reuniones de junta directiva, por los motivos que fueren, se resuelven a gritos. Cuando digo gritos no me refiero a hablar alto, ni a levantar la voz, sino a vaciar los pulmones a conciencia. He tenido el honor de pasar en muchas de esas reuniones unas tres horas sentado escuchando esos ejercicios de poderío pulmonar.

 Estos actos empiezan siempre tarde, sobre las siete. Cuando cojo el coche para ir allí veo cómo todo el mundo está volviendo a casa de su trabajo y no es precisamente entusiasmo lo que siento. El sentimiento habitual es algo así como qué he hecho yo para merecer esto.

Después de instruirme en EL SECRETO, pero sobre todo en esa cosa tan interesante que son las leyes de la hermética (de las que me habló el inigualable MANUEL CONESA), inicié hace pocas fechas una semana prodigiosa. Partiendo de una actitud activa de gratitud hacia el universo, cogí el coche como tantas veces para ir a la misma reunión de tantas veces. Todo era igual excepto lo que se movía en mi cabeza y en mi corazón, porque había decidido ir de buen rollito, pensando que eso era lo mejor que me podía pasar y, de conformidad con lo que nos cuentan en EL PODER DEL AHORA, que aquel momento de mi vida no sólo era todo lo que tenía, sino que además era un momento perfecto. Dice ese libro que si no te resistes al presente, la vida comenzará a trabajar a favor de ti, no contra ti.

Creo que va para quince años que estoy acudiendo a esas reuniones. Juro que nunca había visto lo que vi el otro día. Todo fue tan tranquilo, tan razonable, tan calmado y tan positivo que hasta el mismo presidente de la institución, al concluir el acto, comentó con mucha sorpresa que no había habido gritos.

 Bueno bueno… Los abogados estamos amarrados a un yugo llamado plazos judiciales, lo que significa que tienes que escribir te apetezca o no, porque al día siguiente ya no vale. Y ésta era mi situación aquel mismo día. Así que al terminar la reunión, nada de volverme a casa, nada de cenar y nada de nada. Me metí en el despacho para escribir rollos legales hasta las dos menos cuarto de aquella bendita madrugada. Y también me puse al tema no sólo con buenos sentimientos, sino contento y feliz, absolutamente centrado en el presente. Cuando terminé no sólo estaba satisfecho, sino que ni siquiera sentía cansancio.

Al día siguiente, claro está, me sentía bendecido. Después de dormir un ratillo, tenía que reunirme con un cliente en Valencia. Era un asunto latoso y me venía fatal porque tenía que salir de viaje. Con esas pocas horas de sueño, normalmente me habría presentado allí bastante mosqueado. Pero con ese estrenado sentimiento de positividad, puedo decir que lo disfruté.

 Acto seguido salí pitando para el Mar Menor, donde tenía que mantener otra reunión y donde seguí recogiendo buenas vibraciones. Un representante electo del partido socialista me dijo que todos sus compañeros de partido le advierten que tenga mucho cuidado conmigo, que no se arrime a mí, que soy un tal y un cual… Y añadió que él les contesta que está de acuerdo conmigo en todo lo que digo. Y más cosas que no pongo para no aburrir.

A todo esto, esos largos viajes que hago por carretera para ir a las playas han dejado de ser un tostón porque he descubierto el fenómeno del audiolibro y ahora viajo aprendiendo. Así que al día siguiente rodaba bajo el sol hacia una nueva playa para encontrarme con otra persona con problemas, y entretanto escuchaba CÓMO CREAR ABUNDANCIA, de Deepak Chopra (recomendado. Escuchadlo o leedlo). Curiosamente, es un texto dedicado a la abundancia principalmente en sentido económico, aunque no excluye la riqueza espiritual. Me sorprendió que la persona en cuestión abriera el bolso y me entregara una serie de billetes que yo no esperaba porque la entrevista era preliminar y normalmente dejo lo de cobrar para lo último. Deepak Chopra dice que para recibir hay que dar con generosidad y desapego y no hay que preocuparse por el dinero. En realidad nunca ha sido mi preocupación, pero ahora además me aplico el cuento de forma consciente.

Durante mi viaje de vuelta, y de forma inopinada, un amigo al que hacía tiempo que no veía me llamó para decirme que como venia la navidad, quería que me pasara por su casa para cenar o comer.

Esta es mi segunda experiencia de este tipo. La otra me sucedió con motivo de los hechos que cuento en UN HOTEL EN LA LADERA. Está aquí:

http://costasmaritimas.wordpress.com/2010/08/28/un-hotel-en-la-ladera/

La gratitud es una actitud activa que realmente exige un esfuerzo mental. En cierto sentido es una especie de gimnasia. Pero, o estoy rodeado de casualidades sin sentido, o realmente el amor, el agradecimiento y los sentimientos nobles y generosos  activan algo raro por ahí arriba, y funcionan. Sólo quería que lo supierais. Cualquiera puede conseguirlo.

PLANETA CONCIENCIA

Me he enterado hoy de que Planeta Conciencia publicó la iniciativa para celebrar el dia de la Constitución. Las fuerzas del bien convergen. Os dejo el vinculo para que podáis conocer otros contenidos de ese blog.
Anoche había 502 descargas de TODO ES MENTIRA en poco mas de un mes. Sin la ayuda de Planeta Conciencia no se entendería ese éxito.
Un saludo para todos los que tienen los ojos abiertos y especialmente para quienes los van abriendo. Como dicen, si luchamos podemos perder. Si no luchamos estamos perdidos.

http://planetaconciencia.blogspot.com/2010/12/todo-es-mentira.html

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Jose Ortega.

DIFERENCIAS ENTRE GILGAMESH Y VICENTE GUILLEM (CON REFERENCIA PUNTUAL AL ORGASMO PRE MORTEM)

 El sábado pasado encontré en una herboristería un libro de diseño modesto, que parecía autoeditado, titulado LAS LEYES ESPIRITUALES. En la contraportada se veía la foto de un señor barbudo y pelilargo que lo mismo podía ser un santo, que un profeta, que un mendigo o que un sabio. Ese tipo es VICENTE GUILLEM, un doctor en bioquímica que curra en hematología y oncología en el Clínico de Valencia pero que también se preocupa de otras cosas, por ejemplo la vida del espíritu y ayudar a los demás.

Los médicos, no todos, suelen ser pijos y deslizarse de un lado a otro en BMW embutidos en trajes razonablemente caros. Vicente Guillem no es así. Ayer me invitaron a asistir a la conferencia que tenía que dar esta tarde en la herboristería VIDA SANA de Valencia, y he podido comprobarlo.

El conferenciante no tenía ni cultivaba aspecto de estrella, ni siquiera de profeta. Ha llegado y se ha puesto, cabizbajo, a pinchar cables en su portátil para poner un power point con la modestia de un electricista que realmente está pensando en otra cosa. Después ha hecho una exposición de hora y media sobre vidas pasadas, reencarnaciones, evolución espiritual y cultivo del amor. Hora y media más de coloquio en un local pequeño atestado de seres humanos sentados en sillas y en el suelo pero también de pie, con poco oxígeno para repartir.

Me ha gustado más el conferenciante que la conferencia. El tipo me agrada porque desprende serenidad y cree en cada palabra que dice.  Esta confianza propia pone en su boca un discurso claro, sin un titubeo, ordenado y calmado que realmente transmite paz. Se puede decir que escucharlo hablar es un raro placer.

Esto no significa que la conferencia no me haya gustado ni interesado. Lo que pasa es que algunos contenidos me rascan. Vicente Guillem trabaja con enfermos terminales y cuando se ha dispuesto a hablar de casos de personas clínicamente muertas que han vuelto a la vida, estaba convencido que iba a trasladar sus experiencias profesionales, pero no ha sido así. En su lugar ha citado libros, entre ellos el clásico VIDA TRAS LA VIDA, escrito en los setenta. No es que esto no se pueda o no se deba hacer, pero yo esperaba un relato vívido de experiencias propias, no un resumen de lo que ha leído otra persona.

Otra parte de la exposición me ha causado desconcierto. Se trata del absoluto convencimiento con que el conferenciante ha expuesto la ley de justicia espiritual, según la cual las malas acciones cometidas en una vida se pagarán en una vida posterior. Puede que sea una deformación profesional de abogado, pero ese mecanismo de justicia diferida creo que no consta demostrado en ningún sitio y me suena más a expresión del deber ser, o de una necesidad psicológica, que a evidencia constatada por la investigación o por la casuística.  

La pretensión de que cada sueño que no obedezca a mera repetición de vivencias domésticas es un viaje astral, sugiere un prejuicio. Karl Jung dice que el inconsciente, a través de los sueños, nos hace llegar mensajes simplemente porque tiene más información que nosotros, ya que el inconsciente lo retiene todo y nosotros no. Vicente Guileén dice que estos mensajes no provienen del inconsciente, sino de los maestros espirituales inmateriales, y añade que estos maestros no se hacen más evidentes a fin de no perjudicar nuestra libertad de elección. Me quedo con Jung. Por lo menos hasta que lo de los maestros y ángeles quede más claro. No en nombre de la ciencia materialista, que me aburre, sino en nombre de la resistencia a tragarme un nuevo artículo de fe después de haberme tragado ya muchos en el cole, en misa y en casa cuando era niño y adolescente.

La explicación de que unas personas son malas y otras buenas porque las primeras vinieron más tarde a la vida y han evolucionado menos hacia la espiritualidad, también la considero una idea bella pero apriorística, indemostrada y desde luego indemotrable.

Hay testimonios de personas que recuerdan espontáneamente vidas pasadas y otras lo hacen de forma inducida. Eso es un hecho. Lo demás es el intento de situar ese y otros hechos en fila india para conformar con ellos una teoría que por lo demás tiene su propia contrateoría. Por ejemplo, algunos doctores se están empeñando en una explicación científica del fenómeno recurrente de la visión del túnel de luz y de la inmensa paz al abrazar la muerte. Lo achacan a no sé qué enzimas, hormonas o caldos que se disparan o se diluyen en el proceso de morir (por cierto, Vicente Guillem no ha hecho referencia alguna a la extraña experiencia de orgasmo que se vive en los instantes previos a la muerte o a algún tipo de muerte, creo que en particular la producida por asfixia, y que conduce a algunos cachondos a ponerse al borde de la extinción metiendo la cabeza dentro de una bolsa de plástico).

Cuando trabajaba con Historia de las Religiones percibí la forma obsesiva en la que el hombre prehistórico elaboraba leyes generales que explicasen cada palmo de la realidad. No sólo de la visible, también de la invisible. La creencia egipcia en la caverna llamada poéticamente las doce horas de la noche obedece al convencimiento (convencimiento erróneo) de que durante la noche el sol viaja de occidente a oriente por debajo de la tierra. Ellos recogían unos pocos datos y los ponían en fila india para elaborar una ley. Nosotros también. No hemos cambiado. No nos conformamos con constatar los datos disponibles relativos a recuerdos de vidas anteriores. Nos empeñamos en usarlos para decodificar los misterios de lo invisible en unas cuantas leyes que lo explican todo estupendamente y nos quedamos tan felices.

 Recuerdo que cuando estaba en la Universidad acudí a una conferencia de Salvador Paniker titulada, si no recuerdo mal, CRÍTICA AL IDEALISMO CULTURAL CONTEMPORÁNEO, en la que ponía en solfa el horror vacui de la cultura moderna en su ansia de elaborar una teoría que explique cada detalle de la realidad. Tanto la obsesión del habitante primitivo del Nilo como la manía del científico contemporáneo creo que son la consecuencia de aquella misma ansiedad ante el universo, que sólo se calma elaborando una ley, redactando una teoría o fundando una religión. La lección de metafísica que he escuchado hoy es en mi opinión otra expresión de ese fenómeno.

Vicente Guillem ha dicho hoy que no existen ni el infierno ni el purgatorio eternos. La elaborada teoría que ha expuesto sobre las cosas invisibles, lo que sucede antes del nacimiento y después de la muerte, la existencia de mundos más sutiles en los que los humanos viven una existencia semiespiritual, la enunciación de leyes espirituales  según las cuales las penas por nuestras faltas nos esperan en vidas futuras, creo que obedece a un patrón teórico carente (hasta donde yo sé) tanto de indicios como de pruebas y que conforma una doctrina tan gratuita como la del Antiguo Testamento. En cierto sentido, esta formulación, que remite a una constante evolución hacia la espiritualidad a través de muchas vidas, es parecida a la de Theilard de Chardín, el cura metido a antropólogo que se decidió a acuñar una ley que explicase el paso del australopitecus africanus al pitecantropus y de éste al homo sapiens, en una línea de progresivo refinamiento espiritual del género humano que finalmente le hiciera converger con Dios. 

La doctrina de Vicente Guillem me gusta, pero en la misma forma que a mi abuela le gustaban el Génesis bíblico o el Evangelio. En uno y en otro caso se trata de una cuestión de fe.  Está bien cada cosa que se haga o se diga para conducir a los humanos a experimentar el amor, pero personalmente no me apetece el nuevo evangelio de una nueva religión basada sólo en ideas y juicios previos. Digo más, a riesgo de que me pelen: El auditorio estaba formado por practicantes y/o maestros de Reiki, grupos de meditación y personas ya sensibilizadas, lo que se me antoja un público entregado de antemano y en cierto sentido acrítico. Prueba de ello es la pregunta que surge en el coloquio, sobre si se debe hablar mentalmente con un hijo muerto. Una pregunta dirigida al conferenciante como si se dirigiera a un cura o a un vidente. Salvando las obvias diferencias y con mucho respeto, esto me recuerda el coloquio posterior a una conferencia que di a unas amas de casa para denunciar la química escondida en los alimentos. Desde el principio advertí que no soy médico. Incluso así me preguntaron si era saludable comer atún en conserva.

Vicente Guillem afirma que todos evolucionamos hacia una forma más elaborada y más espiritual y que la medida de nuestra evolución se define por nuestra capacidad de experimentar amor. Bueno, bien… Eso me mola. Sólo eso sería suficiente para escuchar, leer y seguir a este hombre bueno. Todo lo demás me despierta dudas.

Ahora voy a decir por qué me gusta el personaje. Es fácil: Me gusta porque no sólo tiene toda la pinta de un tipo sencillo y honesto, sino que además deja evidencia de ello porque no cobra. No cobra ni por el libro ni por sus conferencias. Todo lo que ha estudiado, todo lo que sabe, lo regala. Y cuando habla, no te miente ni te dice medias verdades. Puedes no estar de acuerdo con todo lo que dice, pero nace en ti la tendencia a fiarte de él. Con lo poco que he aprendido hoy de Vicente Guillem, creo que nos iría mucho mejor si hubiera muchas personas como él, decididas a entregar a los demás su energía y su tiempo y empeñadas en trasladar el mensaje de amor que necesitamos.  Así que, incluso bajo esta lectura crítica, mando desde aquí un caluroso saludo al interesado y también a Antonia Matamoros, la propietaria de la herboristería y organizadora del acto, que por cierto tampoco gana un céntimo con la venta de los libros de Vicente, y también hay que aplaudírselo.

Mi conclusión es ésta: Siempre que hablo en público y en privado del mito de Gilgamesh, recuerdo el estupor que me causó encontrar, en una cultura como la sumeria y luego la akadia, con sus ingenuas y primitivas certezas sobre lo invisible, un hombre que duda de todo eso, que se pregunta qué rayos es lo que hay más allá y que se siente inquieto ante esa incertidumbre.

Si reduces las cosas a lo simple, cada una de las religiones, actuales o primitivas, se han presentado en sociedad con una explicación sospechosamente pormenorizada de cómo es lo invisible y de lo que sucede después de la muerte (el viaje del héroe en Gilgamesh y la muerte, deja constancia literaria de ello). Esto es lo mismo que he escuchado hoy. No encuentro ninguna diferencia. 

Necesitamos hombres buenos, convencidos y con capacidad de convencer, como Vicente Guillem, pero necesitamos aún más hombres que duden, como Gilgamesh, y enseñen la duda a los otros como medio para reconstruir la realidad, las creencias y la organización social.  

Por supuesto que el amor es la clave del cambio individual pero también social (le dije a Dokusho Villalba que en mi opinión el punto de unión entre  la revolución social y el perfeccionamiento individual es el amor, y me dijo que estaba de acuerdo, así que debe ser cierto). Sin embargo, no creo que la fórmula para conseguir ese fin sea la instalación de una nueva metafísica o de una nueva religión basadas en una doctrina que no se puede demostrar y que por tanto se fundamenta, lo mismo que todas las otras religiones del mundo, en la fe.

José Ortega

ZEITGEIST

He pasado mucho, mucho tiempo estudiando la religión primitiva. Después me metí en otros jardines, que entendía bien distintos, sin saber que todo podía converger. Hace sólo semanas que un practicante del budismo Zen muy enterado de bastantes cosas me recomendó ver Zeitgeist, una película que anda circulando por internet y que cuenta cómo son las cosas en realidad. Una película que resulta imprescindible para entender esa realidad. Y para temerla. Me ha sorprendido que Zeitgeist dedique una de sus cuatro partes al estudio de la religión primitiva, y aquí está la convergencia, porque la religión no es un resto arqueológico del pasado, y forma parte del sistema de dominación. Ya dije algo al respecto, aunque tímidamente, en TODO ES MENTIRA (http://www.mediafire.com/?rt4dh57jp4orw7u).

Esta parte contiene a mi juicio algunas incorrecciones, aunque sean menores. A menudo, cuando tienes una teoría, analizas los datos con un filtro para contruir esa teoría. Por ejemplo, no entiendo el tratamiento dle mito de Horus. Horus no muere, al menos no muere una vez en un episodio mítico. Es Osiris, su padre, quien muere y posteriormente Horus sostiene un combate eterno con Seth, el traidor que había matado a Osiris, no a Horus. Lo que sucede es que Osiris y Horus son la misma identidad. Escribí un artículo sobre este asunto en VERDOLAY, la revista del Museo Arqueológico de Murcia. Su título es CONSIDERACIONES SOBRE EL DESCUARTIZAMIENTO RITUAL y se puede consultar aquí: http://lugalbanda.eresmas.net/Antropologia%20cult%20Descuartizami ento.html

Por otro lado, el afán de aportar datos que sirvan a la teoría conduce a atribuir el mito de Moisés en la canastilla a un simple plagio del mito de Sargón de Akad y a deslizar la idea de que el precedente del diluvio pertenece a la religión egipcia, cuando el mismo documental alude a su pertenencia a la tradición mesopotámica. En un momento la traducción alude por mero error material a las leyes de Salón, en lugar de las leyes de Solón. Bueno, todo esto no tiene importancia. Lo que sí la tiene es que el mundo de la mitología se incorpora al mundo de la lucha contra la tiranía, la dominación y la manipulación. Nos esperan tiempos muy duros que harían empalidecer a George Orwell. Es preciso ver ZEITGEIST, entenderlo y difundirlo. Hay en la sociedad una gran esperanza, pero stamos en medio de un proceso muy inquietante hacia la supresión de todo tipo de libertad individual por el único procedimiento para que unos pocos puedan prevalecer sobre muchos, es decir, el engaño.

 Por cierto, la película se refiere a la costumbre de los gobiernos norteamericanos de fingir agresiones para meter a su país en guerras. Se le olvida un precedente que a nosotros nos importa, porque fue así como comenzaron la guerra de Cuba. Haciendo estallar un barco de bandera estadounidense en un puerto de aquella isla (ya no me acuerdo cual).

Teneis que verla: